MAQUIAVELISMO

 

1.1 Comportamientos basados en el maquiavelismo.

1.      MENTIRAS Y SEÑALES.

        De nuevo, este es un concepto que ya ha aparecido antes. ¿Sabías que el índice de mentiras ha subido? Dicha noticia viene testada en prensa o en diversos estudios (sean académicos, sean divulgativos). No olvides una cosa: vivimos en un mundo rodeado de mentiras. Es duro admitirlo, nos gustan las cosas bien hechas, la vida feliz del trabajo en la oficina, el buen coche, el piso acogedor, las vacaciones en la playa, y los niños, esos angelitos, estudiando y llenándonos de paz y alegría. Por eso las historias que terminan así nos animan, realmente alimentan nuestra esperanza en un mundo mejor. Y no digo que no pueda mejorar, la tendencia de la humanidad, sin ninguna duda, es esa.

          Pero mentimos. Lo hacemos de forma activa, de forma pasiva. Siempre encontramos la razón para justificar la mentira. Y no sólo mentimos a los demás. También nos mentimos a nosotros mismos (muchas más veces de lo que pensamos). Y no digo que todo esto sea un pecado mortal, no. Digo que hay que saberlo. Y aprovecharnos de ello. ¿Cómo?

           Existe una gran diferencia entre lo que decimos y lo que hacemos. En esto, ni tú ni yo nos distinguimos de los demás. Una primera idea (la más conocida) es fijarte en los hechos de las personas, no en sus palabras. Ya que así es como se conoce a la persona de verdad. La segunda idea es más sofisticada. Debes fijarte, sobre todo, en las señales que manda una persona. Eso es capital. La razón es que las señales son inconscientes, y tienen un significado mucho más profundo de lo que parece, un significado que muchas veces es contradictorio. Por ejemplo, si alguien te dice de forma reiterada que se encuentra bien, tienes razones para pensar que le ocurre algo. Si alguien salta a la mínima, es razonable pensar que por algún camino, por el que sea, su vida no va bien. En este contexto, no debes dormirte nunca. Más ejemplos.

           Imagínate que le preguntas a una persona; ¿qué tal las vacaciones? La respuesta es siempre, y de forma cansina, aburrida: “Pues bien. De vacaciones siempre se está bien”. No es lo mismo que te cuente alguna experiencia que ha pasado en las mismas, o cualquier cuestión asociada a las mismas. Lo mismo para cualquier cuestión: ¿Qué tal estás? ¿Qué vida llevas? A menudo te contestan: “como siempre”. Tú debes reflexionar, dentro de tu cultura, que es lo que esa respuesta encierra. No falles.

           Por último, existen avances increíbles en el arte de detectar una mentira. Además de increíbles, también son inquietantes. Por un lado, ordenadores que detectan un mínimo movimiento en la pupila cuando mentimos (ojo, si estamos preparados para una pregunta determinada no se caza la mentira) y por otro lado y más inquietante todavía, avances en neurología que detectan que parte del cerebro se activa al mentir. Pero una campaña electoral en la que se puede leer el cerebro del político con una maquinita de esas sería mucho más divertida, yo, al menos, vería algún mitin y todo. Seguro.

            Un último estudio, sin maquinita. Un embustero, cuando cuenta algo falso, tiende a decir más detalles insignificantes de manera reiterada, y sobre todo, a dar menos referencias de sí mismo.

            No olvides las señales.

2.      CULPAR A LOS DEMÁS: EL CHIVO EXPIATORIO.

           Todos tenemos frustraciones (claro que hay excepciones, se trata de un caso general). Y cuando no se cumple alguno de nuestros sueños o de nuestros simples (no menos importantes) objetivos diarios tendemos a ver que fallan los demás (ojo, hay casos, que son los menos, en los cuales una persona ve siempre como culpable de sus propios errores a ella misma y sólo a ella misma; ni tanto, no tan poco) en lugar de administrar nuestros errores. Además, hay que tener cuidado, ya que estos hechos tienen un efecto dominó, el cual si bien afecta casi siempre de forma grave a la familia, puede aceptar también a los amigos o a los compañeros del trabajo, junto con el nivel que mostremos en dicho trabajo.

            Todo esto viene asociado a que en general, nos sobrevaloramos, y como dice el viejo refrán, vemos la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio. Así que, por favor, medita sobre esto.

            Eso sí, la culpa no sólo es a los demás. Puede ser un hecho, la culpa puede ser del mercado, del tiempo, de todo lo que se te ocurra. Y a veces es bueno no cubrirnos de porquería, pero todo debe tener un límite: el de la objetividad.

            Este hecho, culpar a los demás (quizás es expresión más adecuada decir a otros factores) tiene un efecto más curioso todavía; hay casos en los que excusamos un acontecimiento cercano “mi abuela está enferma” para justificar, por un lado, ciertos comportamientos o por otro lado el incumplimiento de diversos objetivos (estudios, trabajo, alcanzar cierto nivel físico…) y eso es algo gravísimo. Tan grave que, amigo lector, incita a hacer inventario personal rápidamente. Un ejemplo; una persona que se pone a régimen pero que cuando trabaja de tarde llega a casa a las diez de la noche con un único incentivo: comer, si puede, un mínimo de un buey. La razón es que “el trabajo es muy duro y no lo puedo evitar”. O el caso de otra persona que decide dejar el tabaco pero medita que es mejor esperar un tiempo ya que “en el trabajo donde estoy hay mucha tensión. Cuando se rebaje cambiaré el chip”. Ni que decir que ese momento no llega nunca. Y es que los sesgos de comportamiento de este estilo se cogen en edad joven (alrededor de 20 años) y en el futuro, difícilmente cambian. Si no es una cosa, es otra. Y peor es aún el efecto de la inercia o el hecho de vernos cada vez más acomodados, algo inevitable conforme pasan los años, sobre todo si no hacemos nada en contra.

            Una última curiosidad en este hecho, que también se denomina la búsqueda del “chivo expiatorio”; ¿sabes uno que usamos a menudo? Echar la culpa…a las costumbres. Yo sigo haciendo esto así ya que en mi empresa, en mi familia, en mi pueblo, en mi tierra, en definitiva, en donde te dé la gana, siempre ha sido así. Y lo que siempre ha sido así no tiene porqué ser siempre cierto. Amigo mío, no dejes de preguntarte cosas y de buscar autocrítica. Y si algo no funciona, analiza bien la situación…comenzando por ti mismo.

3.      LAS FUERZAS OCULTAS.

             A menudo, en situaciones familiares, de familia o de trabajo existe un juego de fuerzas oculto del que no somos conscientes. El objeto de este pequeño capítulo es que aprendas a percibirlas. Se dan cuando, inconscientemente, actuamos de una determinada manera debido a alguna fuerza oculta (no se negocia igual teniendo otras ofertas). Un ejemplo, muy socorrido en ciertas situaciones de crisis, es que la tasa de divorcios baja debido a que la hipoteca es muy alta, no sé puede mantener con un solo sueldo, y como se dice, “ya escampará”, o esperaremos a que surja alguna nueva solución. Por lo tanto, estamos en un caso en el que una fuerza (a veces es muy evidente, otras no) determinada hace que tengamos que pasar por situaciones desagradables.

            Hay muchas más. Por ejemplo, una pareja en la cual todo el dinero lo lleva el hombre y la mujer tiene que pasar por el aro debido a ello (situación, por desgracia común hace no mucho tiempo y que se ha arreglado gracias a la independencia económica de la mujer). Pero este efecto es curioso, ya que hay mujeres (y hombres) que permiten cierta situación debido a su posición privilegiada (no es lo mismo aguantar a alguien que gana al mes 20.000 euros, que aguantar a alguien que está en el paro y depende de ti. Seguro que, en una situación crítica, la paciencia es diferente para cada caso). Hay más efectos; puede ocurrir que el que tenga que aguantar sea el hombre, ya que si deja la relación la mujer se queda el piso y la custodia de los hijos.

        Antes que nada, otro matiz. No deseo por nada del mundo que se malinterprete un tema tan delicado y tan de moda. Ocurre que se da un juego de fuerzas del cual muchas veces somos inconscientes. Este juego de fuerzas comienza desde muy niños. No se trata igual al propietario del balón de fútbol con el que echamos el partido en el recreo, que al que no lo tiene. Dentro de una cuadrilla, no se trata igual al que pone el apartamento para ir todos de vacaciones que al que no lo tiene. Se ríen más fácilmente las gracias del que se encuentra en una situación privilegiada. Y así sucesivamente.

            Insisto. No es mi voluntad denunciar este tipo de situaciones. Claro que en general, no son buenas. Quiero que te fijes en una cosa: este tipo de situaciones existe. Existe muchas más veces de las que te das cuenta. Sólo quiero que lo sepas y actúes en consecuencia. Hay tantas posibilidades…imagínate que tienes un restaurante. Vienen a cenar los clientes habituales y otros nuevos. Hay problemas en la cocina. ¿A quién vas a atender mejor? De verdad, piénsalo. Esta situación de fuerza oculta se da tantas veces…es muy fácil denunciar la hipocresía de Hollywood o de Estados Unidos si eres Brad Pitt. Pero si eres un actor que comienza y se abre camino, ¿montarías bronca por la guerra de Irak?

4.      LA CARADURA Y LA VERGÜENZA.

            Vale, vale. El título no es muy correcto, pero de vez en cuando viene bien un poco de marketing, ¿no? Quiero alertarte de una estrategia que cada vez aplican más personas, y de otra estrategia…que aplicamos todos.

            Si vas de viaje en un autobús y quieres descansar, a menudo el que está delante tuya tumba tanto la silla que vas incómodo. Si no dices nada, dormirá bien contento. Si le pides, por favor, que no tumbe tanto la suya te dirá “lo siento, no me había dado cuenta”, y todos tan contentos.

            ¿Todos? No, amigo lector, no. Debes entender que tu compañero de viaje está aplicando una estrategia cada vez más común en la vida cotidiana: hacerse el tonto. Es cierto que te ha pedido disculpas, pero si tú hubieses sido un poco más vergonzoso ahí queda la situación: la otra persona durmiendo como un pachá y tú echando sapos y culebras por la boca. Repito, insisto, reitero y todo lo que tú quieras: esta estrategia es cada vez más común en nuestra vida. Te voy a poner varios ejemplos. Después, estoy seguro, tu imaginación hará el resto.

            Antes, una anécdota. ¿Habías pensado alguna vez que si vas a cenar con tres amigos la cena sale, de media, mucho más barata que si vas a cenar con 15 compañeros de tu empresa? La razón es que aparece la estrategia del “caradura” que sabe que si pide solomillo la subida global es poca, y así disfruta de su plato favorito por un módico precio. Hoy en día lo que ha ocurrido es que todo el mundo pide solomillo, vino crianza y si me apuras, caviar. Pero el resultado, ya lo sabes. Tu bolsillo se queja, aunque como ya lo llevas asumido de antemano, la cosa no es tan grave.

            Hay muchas posibilidades, muchas más. Cuando estás en el trabajo y a tu compañero se le “olvida” cierta tarea, cuando estás con tus compañeros de estudio debéis hacer un trabajo y a alguien “se le pasa”, cuando estás con tu familia y resulta que tú poner la mesa, la recoges, limpias…si no dices nada descuida, que nadie se va a quejar.

            No te confundas. No vives rodeado de diablos que quieren aprovecharse a tu costa (aunque quizás conozcas alguno). Pero si alguien puede apropiarse de una pequeña cosa, mejor que mejor. Así que ya sabes, ya puedes apañarte para defender tus derechos.

            Ten en cuenta que la estrategia “caradura” la aplican algunas personas, la estrategia “hacerse el tonto” la aplicamos todos, empezando por nosotros. Y si tú no la has aplicado nunca, enhorabuena. San Pedro te espera, con una sonrisa, a la entrada del cielo. De todas formas, ¿sabes lo gracioso? Que a veces, nos creemos más listos por actuar así. ¡¡Y lo hace todo el mundo!!

            Tú eres quien debe meditar cuando aplicar alguna de estas estrategias, cuándo y cómo defenderte cuando te las aplican a ti. Suerte… y a por ello.

5.      APARIENCIAS Y REALIDAD.

             Lo que observamos, vivimos está lleno de apariencias. Nos olvidamos  de ver la realidad a través de las apariencias. Y nos quedamos tan felices. Esto nos lleva a no tener en cuenta:

  • Las motivaciones de los actores (alguien puede ser muy amable por interés)
  • Quien tiene el control.
  • Quien gana, quien pierde.
  • La gente suele luchar por dinero, poder y sexo.

          Pensar en ello nos lleva a evaluar mejor una decisión. Por ejemplo, entendemos que una modelo de 22 años se vaya con un millonario de 60, pero cuando ocurre eso entre una mujer (o al revés, por supuesto, que hay que tener cuidado con la corrección política) de 22 años de un país del tercer mundo y un(a) occidental de 60, nos parece mal.

          Si pensamos un poco, no observamos diferencia alguna entre un caso y otro.

6.      EFECTO FIABILIDAD.

            En un mundo en el que estamos buscando de forma constante la percepción, no tenemos en cuenta un pequeño detalle; “meter la pata” de vez en cuando nos hace ser más simpáticos y es muy útil para todo tipo de relaciones.

            De hecho, Kennedy mejoró en las encuestas…¡cuando tuvo errores! Y es que es normal, ¿quién no los tiene? No tenerlos da una sensación de androide en todo tipo de nuestras relaciones. Y hay que tenerlos con naturalidad.

            Este principio se va aplicando cada vez más, por eso muchos asesores políticos buscan que el candidato se “uno de los nuestros”, con sus errores y aciertos.

7.      PROYECTOS EMPRESARIALES SOSTENIBLES.

            A menudo cuando realizamos proyectos empresariales “son enemigos tuyos todos aquellos a quienes has lesionado al ocupar cualquier principado mientras no puedes conservar como amigos a aquellos que te introdujeron en él por no poderles dar satisfacción en la medida en que se habían imaginado y porque las obligaciones que con ellos has contraído te impiden usar contra ellos medicinas fuertes”; la enseñanza principal de este consejo es que para realizar un proyecto empresarial (o político) sostenible se debe tener pactado a priori los repartos de riqueza, sueldos o cargos que se van a establecer dejando una puerta abierta a otras opciones.

           Winston Churchill sabía que sus enemigos reales estaban dentro de su partido, ya que eran ellos los que deseaban aspirar a su puesto. Así será siempre, pues todo ello está incluido en la naturaleza humana, pero si conocemos que muchos proyectos empresariales (¡incluso de país!) se incumplen por un reparto de rentas que deja a minorías descontentos podremos manejarnos mucho mejor.

8.      LA TISIS.

            La tisis es una enfermedad fácil de curar y difícil de reconocer que cumple una propiedad: si no se ha identificado con el tiempo ni se le ha aplicado la medicina pertinente es fácil de reconocer y difícil de curar.

           Lo mismo ocurre en los Estados, las empresas y las personas. Debido a la tiranía del corto plazo, no damos la suficiente importancia a los problemas del futuro. Si procuramos tenerlos previstos, se les puede encontrar fácil remedio, pero si se espera a tenerlos encima la medicina nunca llega a tiempo al haber convertido la enfermedad en incurable.

            Es fácil culpar a los políticos o a algunos empresarios de no haber sido cautos para prevenir sus problemas de tisis, pero (recordemos la estrategia del chivo expiatorio) muchos trabajadores no lo hemos hecho. Como llegados a un puesto de trabajo no nos preocupamos del mismo, nos quedamos tan felices y pensamos que el mundo va a ser siempre igual. Tiene su sentido ya que nos han educado para ello. Pero cuando nuestra empresa tiene problemas secuencialmente se nos pueden formar dos entrelazados entre sí: no tenemos poder de negociación ante una hipotética bajada de sueldos y el mercado laboral se nos cierra.

9.      TENDEROS Y GUERREROS.

             Harold Wilson, diplomático inglés, distinguía a los negociadores como guerreros y tenderos. Los primeros buscaban la negociación para ganar tiempo y tener así una posición más fuerte; los segundos intentan ganar la confianza de la otra parte y moderar las exigencias desde los dos puntos de vista para llegar a una situación en la que las dos partes salgan ganando con el pacto. Maquiavelo explica la idea desde el punto de vista de una guerra: “jamás se debe permitir que continúe un problema para evitar una guerra porque no se la evita sino que se la retrasa con desventaja tuya”.

            Si los hombres fueran buenos se guerrero sería despreciable, pero en los tiempos que corren debes distinguir los dos tipos de negociadores para lograr el mayor beneficio para ti. Las fuerzas ocultas existentes en cualquier tipo de negociación hacen que a una persona le interese tomar una u otra posición.

10. RESENTIMIENTO.

       Los hombres hacen daño por miedo o por odio, y el odio, a menudo, tiene como germen un resentimiento personal o social.

          Cuando hablamos de resentimiento debemos pensar en el que tenemos a los demás o en el que nos pueden tener.

            A menudo nos indignamos por la actitud que ha tenido una persona hacia nosotros. Una cuestión es la vida cotidiana (familiar o laboral), y en ese caso estamos hablando de problemas mayores. Pero mucho más sencillo es el caso en el que alguien, por ejemplo, no nos invita a una fiesta.

            Salvo casos excepcionales, lo que ocurre es que esa persona tiene un criterio distinto al nuestro o que simplemente se ha olvidado. Estamos tan pendientes de nuestras vidas personales que pocas veces decidimos tomar actitudes negativas de forma puntual contra alguien, ya que tenemos mucho que perder y poco que ganar.

            Por lo tanto, querido lector, si tienes algún resentimiento por algo puntual, bórralo de la mente. Es lo mejor y lo más sano para ti.

            Siendo claros, salvo excepciones (que siempre van a existir) pensamos que otras personas hacen algo contra nosotras por perjudicarnos, sin caer en una premisa económica fundamental: lo que querían eran beneficiarse ellos mismos. Y punto.

            Si le damos la vuelta a la argumentación, usando la empatía (con cuidado, ya nos advirtió Bernard Shaw que “no desees para los demás lo que deseas para ti; pueden tener distintos gustos”) podemos intuir resentimientos en el sentido inverso.

           Pero debes tener mucho cuidado ya que como advierte Maquiavelo “quien cree que nuevas recompensas hacen olvidar a los grandes hombres las viejas injusticias de que han sido víctimas, se engaña”. Para variar, es cierto. Por desgracia, el mundo es injusto. Y este es un principio eterno. Debes comprender que si algo hace que se nos “revuelvan las tripas” es la injusticia. La injusticia puede crear el mayor de los resentimientos: el que pasa de generación o generación. Por eso los países que han tenido guerras “inciviles” tardan tanto tiempo en recuperarse. Los expertos hablan de tres generaciones.

11. AGRADECIMIENTO HUMANO Y NECESIDADES.

          Por desgracia, no es bueno ser amable en el fondo. Muchas personas son amables en las apariencias pero “te la clavan en la espalda”. Sí, esto nos ha pasado a todos. Eso sí, para tener la conciencia tranquila cuando la hemos clavado nosotros siempre hemos pensado que era por pura necesidad.

            Todo eso lo conocemos, pero hay un problema debido a la naturaleza humana: “dado que los hombres, cuando reciben el bien de quien esperaban iba a causarles mal se sienten más obligados con quien ha resultado ser su benefactor…” existen personas que siguen este tipo de estrategia, personas que deben tener algún tipo de “fuerza oculta” como activo, ya que en caso contrario dejan de ser racionales.

            ¿Quién no conoce personas que no pagan nunca y a las que cuando toca nos sentimos más agradecidos? Como de las personas amables esperamos mucho, no valoramos esa amabilidad. De personas con más defectos no esperamos nada, y por eso cuando se portan bien estamos encantados de la vida. Observa que todo depende del punto de referencia que tengas acerca de la otra persona.

 

12. LAS TROPAS DE LOS ESTADOS Y DE LAS EMPRESAS.

    Un Estado puede contratar tropas mercenarias, auxiliares o propias. También se pueden realizar mixturas consistentes en tener tropas mercenarias y auxiliares, por ejemplo.

      El problema de los mercenarios es que se les paga un poco de sueldo y no tienen excesivos incentivos a morir por ti. En resumen, lo peor de los mercenarios es la desidia.

      El problema de las tropas auxiliares es que si pierdes te quedas deshecho y si vences te conviertes en prisionero suyo. En resumen, lo peor de las tropas auxiliares es su virtud.

        Lo mejor es que las tropas sean propias, ya que creen en ti y están dispuestos a cualquier cosa por ti. Les has conquistado por la mente y por el proyecto, no por el dinero (aunque siempre se tiene en cuenta). Esa es la mayor ganancia, ya que como advirtió Tácito: “Nada es tan débil e inestable como la aureola de poder que no se sustenta en la propia fuerza”.

         ¿Cómo aplicar esta idea a las empresas y la economía actual? No hace falta mucha imaginación para observar que dentro de una empresa los trabajadores son los mercenarios (sin usar la idea peyorativa que se pueda interpretar con esa palabra), la externalización de servicios serían las tropas auxiliares y los dueños de las empresas serían las tropas propias, ya que van a recibir de forma directa los beneficios de la empresa.

           Una empresa basada en tropas propias sería…una cooperativa. ¡Qué casualidad! Justo el tipo de empresa que se va a desarrollar debido al cambio de modelo productivo que estamos viviendo.

           Eso sí, una empresa de trabajadores estándar no se puede convertir en cooperativa de golpe, aunque haya casos donde se ofrezca esa posibilidad. Lo que debes hacer si eres empresario es que el trabajador se sienta partícipe de tu proyecto, para lo bueno y para lo malo, teniendo una parte del sueldo variable según le vaya a la empresa. Esta idea nos la han dado de la siguiente forma los técnicos: que el salario esté ligado a la productividad, no a la inflación.

          Pero la idea, que puede ser un poco idealista, es muy buena. Reduce las bajas y aumenta la productividad por sí misma.

13. EL RESPETO A LA PALABRA DADA.

            La historia demuestra, por desgracia, que a menudo han llegado más lejos quienes han tenido poco miramiento hacia sus propias promesas y han tenido la astucia suficiente para burlar al ingenio de los hombres que quienes se han fundado en la lealtad.

             Es preocupante, pero es así. El consejo según el cual “Debéis, pues, saber que existen dos formas de combatir: la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre; la segunda, de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, es necesario a un príncipe saber utilizar correctamente la bestia y el hombre (…). No puede, por tanto, un señor prudente - ni debe- guardar fidelidad a su palabra cuando tal fidelidad se vuelve en contra suya y han desparecido los motivos que determinaron su promesa. Si los hombres fueran todos buenos, este precepto no sería correcto, pero – puesto que son malos y no te guardarían a ti su palabra- tú tampoco tienes por qué guardarles la tuya (…). Es necesario saber colorear bien esta naturaleza y ser un gran simulador y disimulador: los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”.

            Podemos pensar que estas ideas se pueden aplicar a las más altas esferas, pero no es cierto. Cuando las cosas van bien, todas las familias y empresas van bien. Pero cuando menos lo esperamos, surgen sorpresas: negocios comunes, objetivos divergentes, reparto de tiempo con algún familiar en el hospital o reparto de herencias son un buen ejemplo de todo lo que digo.

14. VER Y PALPAR.

           Tendemos a juzgar por los ojos, no por las manos. Cada uno ve lo que pareces, pero pocos palpan lo que eres. Debemos intentar palpar a los demás fijándonos en las señales que mandan, teniendo mucho cuidado con las que mandamos nosotros.

            Es fácil observar que “el vulgo se deja seducir por las apariencias y por resultado final de las cosas, y en el mundo no hay más que vulgo”. Si Maquiavelo conociera las nuevas tecnologías estaría de acuerdo con esta idea, y sí, es cierta la célebre cita de que “el fin justifica los medios” ya que en la era de la información pocas cosas llenan más la vanidad que verse en la prensa, la radio o la televisión. Y salvo casos extremos, no importa mucho como ha llegado una persona a ocupar una determinada posición. Como la vemos en la misma, creemos que ha hecho suficientes méritos para llegar a la misma y no reflexionamos nada más.

15. LA CONDICIÓN DE LOS TIEMPOS.

           Los tiempos cambian de forma muy acelerada. La única forma de avanzar sería “creo, además, que prospera aquel que armoniza su modo de proceder con la condición de los tiempos y que, paralelamente, decae aquel cuya conducta caen en contradicción con ellos (…). Si se cambiase la naturaleza de acuerdo con los tiempos y las cosas, nunca cambiaría la fortuna”. De todas formas, esto hace que a veces no sea clara la forma de actuar de las personas. Como sabemos por la causalidad inversa, cuando ha ocurrido algo vemos con más facilidad sus causas. Pero si hay algo básico es que “vale más ser impetuoso que precavido porque la fortuna es mujer y es necesario, si se quiere tenerla sumisa, castigarla y golpearla. Y se ve que se deja someter antes por éstos que por quienes proceden fríamente. Por eso siempre es, como mujer, amiga de los jóvenes, porque éstos son menos precavidos y sin tantos miramientos, más fieros y la dominan con más audacia”.

            Sin entrar en el posible machismo que pueda haber en el texto (hay que entender la historia en su contexto) ante la duda lo más recomendable es ser impetuoso. Hay muchísimos casos en los la indecisión y la precaución nos han llevado a lo peor.

            Y una cosa más. Es claro que este caso se puede confundir con la tisis, pero una cosa es prever el futuro y otra vivir con armonía. Muchas veces seguimos con costumbres antiguas que hoy ya no valen ya que a estas alturas sabemos que se sobrevaloran mucho las mismas; “como siempre ha sido así…”.

16. INGELITENTE.

             Definimos una persona ingelitente como aquella especialista en expulsar a las personas menos capaces para quedarse él mismo con el puesto que le interesa.

                 Las grandes organizaciones (no hay que pensar siempre en los políticos) están llenas de personas ingelitentes, las cuales son en una proporción mayor que en otras áreas psicópatas (= persona que no tiene empatía por los demás).

               Allí donde estás hay personas ingelitentes. Cuídate de ellas o aprende a ser una de ellas según lo necesites. Es un consejo, otro más, poco ético. Pero reina la ley de la selva. Si no comes, te comen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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