Tema Economía y Actividad Económica. ¿Qué es y para qué sirve la economía?

Reflexiones iniciales:

            La economía se interesa por cómo es la conducta de un ser humano tipo que actúa en función de ciertos hechos (objetivos y subjetivos) y que busca la solución más satisfactoria para su propio bienestar.

Consideraciones generales:

            Economía es una palabra que procede de las voces griegas clásicas oikos y nomos, que quiere decir, aproximadamente, administración de la casa. Ello implica que las personas tienen criterio para saber, en cada momento y situación, que es lo que desean y la razón de ello.

            Además, el criterio anterior viene dado para la racionalidad de las personas. Dicha racionalidad implica que dadas las mismas premisas, todos los seres humanos tienen los mismos juicios. Por lo tanto, la economía se encontrará en el terreno de la lógica. Eso genera que dadas ciertas condiciones, se puede predecir el comportamiento humano. La dificultad de la premisa de la racionalidad es que no existe una definición comúnmente aceptada de racionalidad para el conjunto de los economistas. Eso hace que se busquen aspectos muy genéricos, pero útiles, para poder llegar a las conclusiones pedidas en el marco de la teoría económica.

            El ser humano es insaciable: le gusta disponer de cantidades mayores de todos los bienes posibles, siempre que ello le genere más satisfacción o placer.

            La insaciabilidad humana tiene una barrera infranqueable: el mundo en el que vivimos está limitado, es decir, existe escasez de medios para llegar a los objetivos buscados de insaciabilidad.

            Así, se genera un problema de elección por los medios escasos disponibles y sus posibles aplicaciones a la consecución de objetivos alternativos.

            Con todas estas premisas, se define la Economía como la ciencia social que estudia el comportamiento humano en un mundo de recursos escasos en el que hay que elegir cómo aplicarlos para conseguir el mayor bienestar posible en cada momento.

La medida del bienestar y los incentivos.

            La situación es la siguiente; una persona (o país, por ejemplo) tiene unos recursos disponibles y unos objetivos. A partir de los mismos, debe elegir. La elección del binomio recursos – objetivos depende de dos aspectos: lo que nos costará transformar los recursos en objetivos, y el bienestar que nos reportan estos objetivos. En términos más sencillos; estamos hablando de un análisis coste – beneficio.

           Este análisis es muy sencillo en términos monetarios; una empresa, por ejemplo, debe elegir que tipo y cuantos productos puede sacar a la venta; a partir de ahí, asigna sus recursos productivos (que también se valoran fácilmente en términos monetarios) y si la operación es rentable, la lleva adelante.

            Sin embargo, para una persona el análisis es mucho más complejo. Desde el punto de vista de los recursos, en general se usan las horas de trabajo. Ahora bien, ¿qué tipo de trabajo? De nuevo, hay un doble problema. Para una persona puede ser agradable trabajar de profesor, y para otra, una pesadilla. Por otro lado, puestos a elegir, no parece un trabajo desagradable ir a un plató de la televisión y contar todas tus miserias. Pero para ir, hace falta capacidad, suerte; factores que, muchas veces, escapan de nuestra posibilidades.

            En conclusión, tenemos que a unas personas les gusta más un tipo de trabajo que otro (dentro del reducido ámbito de elección que tenemos). Y, además, unas personas tienen más capacidad para hacer un trabajo que otras. Por ejemplo, Maradona tenía una gran capacidad para ser futbolista. Para ser entrenador, no parece tenerla (además, el hecho de que el señor tenga la costumbre de levantarse al mediodía hace que la selección argentina…¡¡no pueda entrenarse por las mañanas!!). En sí, tenemos dos hechos: los subjetivos (que prefiero) y los objetivos (las capacidades).

            Pero todavía hay más. La existencia de gustos diferentes por parte de las personas no es grave; es normal que, con un sueldo determinado, una persona decida, por ejemplo, irse de vacaciones al Caribe y otra, quizás, prefiera comprarse una buena moto. Si la elección es individual, no hay problema. Pero eso ocurre en un ámbito muy peculiar: el personal. Vamos, ahora, a una empresa. Si está formada por varios socios, puede ocurrir, que, tras obtener amplios beneficios, unos prefieran repartirse el dinero y otros reinvertir para tener mayores beneficios futuros. ¿Qué es mejor? Problemas. Nos vamos, por último, a un Gobierno central. Tiene una partida de sanidad, (supongámoslo así) de 100 millones de euros. Puede construir un hospital o financiar nuevas investigaciones en el tratamiento del cáncer. ¿Qué es mejor? Más problemas. Veremos mecanismos que proporciona la economía para poder valorar estos objetivos finales. Sin embargo, por desgracia, no son infalibles. Al menos, su uso nos proporciona cierto acercamiento a la solución de estos problemas.

            Así, se pueden valorar las satisfacciones de forma indirecta mediante los incentivos que motivan a la acción (Marshall). Estos incentivos mandan una señal indirecta acerca de lo que los seres humanos desean conseguir. No son fáciles de observar, pero mediante las preferencias reveladas (Paul Samuelson) se intuye la intensidad efectiva con la que una persona desea obtener una cosa (a posteriori).

            Por otro lado, el coste de oportunidad es la cantidad que sacrifico de un bien para obtener otro. Si tengo que elegir entre estudiar una hora o hacer deporte (supuesto que sólo quiero hacer una de esas dos cosas) es obvio que dicho estudio implica que NO voy a hacer deporte y viceversa. Este concepto económico se aplica de forma constante, y la mayor parte de las veces somos inconscientes del mismo.

            Por ejemplo, si un sábado nos suena el despertador a las ocho de la mañana y nos sentimos cansados podemos pensar que es mejor dormir un poco más ya que “la semana ha sido muy dura y me merezco un descanso. Por una hora más no pasa nada”. Sin embargo, ¿cuál es el coste de oportunidad de esa hora de sueño? Puede ser una hora de deporte, de estudio, un paseo por el parque, un café con un amigo…hay que tenerlo en cuenta. Eso sí, si la semana ha sido dura, dura de verdad, es mejor dormir un poco más.

Ampliación de posibilidades de elección: la cooperación humana.

            La especialización de las personas hace que la capacidad de elegir sea más alta. Si mi objetivo, por ejemplo, es hacer un viaje, me puede costar mucho saber que destino tiene mejor relación calidad precio, que fechas son mejores para acudir a un determinado país o que medio de locomoción es el más adecuado una vez que llegue a mi destino (alquilar un coche, contratar un chófer, ir en taxi…) .Para ello, se acude a lugares especializados, es decir, a las agencias de viaje.

             Supongamos más; por ejemplo, que alguien desea ir a Camboya. Después de mirar diversas agencias el precio del viaje parece desproporcionado respecto de lo que yo estaba dispuesto a pagar (o bien, en su término económico, el precio de reserva). He perdido tiempo y dinero para nada. Mi situación es peor que antes y no he ganado nada; por lo tanto, he incurrido en costes irrecuperables (estimado alumno, comprueba, mediante este principio, el carácter subjetivo que tiene muchas veces la economía: puede haber personas que estén satisfechas después de incurrir en estos costes, ya que, al fin y al cabo, así han aprendido algo).

                En todo caso, en economía y en nuestra vida diaria es objetivo común la búsqueda de la eficiencia, que es el nivel de recursos que hay que dedicar para obtener un nivel determinado de bienestar. Se observa el concepto de eficiencia con un ejemplo sencillo. Si una máquina está programada para fabricar 20 piezas en una hora, dicha máquina será ineficiente en uno de estos dos supuestos:

a/ En una hora, hace menos de 20 piezas.

b/ Tarda más de una hora en hacer 20 piezas.

               Ocurre que, en economía, es difícil saber si somos eficientes o no. Por ejemplo, una fábrica que logra 100 coches por hora, ¿es eficiente? Pues no está claro; quizás había alguna forma de ubicar a las personas y las máquinas que haría fabricar más de 100 coches en una hora. Pero, a lo mejor eso no era posible. En todo caso, una cuestión debe ser abordada; si bien la búsqueda de la eficiencia es un término inexcusable para todos los agentes económicos (personas, empresas, gobiernos), su medición es difícil. Podemos pensar que somos eficientes, y sin embargo, no lo somos. Y, claro está, podemos ser eficientes y pensar que no lo somos.

               Una sociedad de cooperación está regida por las transacciones. Estas van desde el caso más sencillo (una isla con 2 personas, de las cuales una se especializa en cocos, otra en peces para intercambiar sus bienes y salir ambas ganando) hasta el más complejo (en el cual, ante la inmensidad de bienes que se pueden adquirir en el mercado se usa el dinero como unidad de cuenta). Así, cada sistema económico tiene diferentes tipos de transacciones, las cuales, como ya ha quedado explicado están destinadas a mejorar el bienestar global. Es evidente que el estudio de los diferentes sistemas de asignación de recursos debe ser clave en el estudio de la economía.

Participantes en el conjunto de la economía.

            El sistema económico está formado por tres tipos de actores (también denominados agentes económicos) :

             * Las familias, que tienen su patrimonio personal, aportan mano de obra y consumen bienes y servicios.

            * Las empresas, que producen bienes y servicios, y usan como recurso para ello diversos factores de producción (inputs) que son el capital, el trabajo y los recursos naturales.

            * El Sector Público, cuyo objetivo es facilitar las transacciones en el sistema desde cualquiera de sus instituciones, en una doble vertiente: por un lado, buscando obtener una eficiencia global para el conjunto de la economía, y por otro, acometiendo la producción de bienes y servicios que otras instituciones no pueden acometer en las mismas condiciones (defensa nacional o justicia, por ejemplo).

            La interrelación dada por estos tres elementos define los diferentes tipos de sistemas económicos.

Ciencia positiva.

            Es fundamental comprender que la economía es una ciencia positiva en el sentido de que estudia cómo son las cosas, no cómo deberían ser (eso sería tratado por las leyes, por ejemplo). No obstante, esa idea no debe confundir los términos, ya que es cierto que sabiendo como son las cosas podemos pensar leyes o sistemas que permitan que esas cosas sean mejores.

            Veamos esa idea con un ejemplo muy sencillo: el tabaco. En un principio, fumar era una opción libre (aunque no recomendable por los efectos que tiene para la salud). Al comprobar que fumar perjudica a otras personas (por ejemplo, en centros cerrados, ya que el humo se condensa más), el Estado puede emitir una ley que prohíba fumar en ciertos centros.

            Es curioso, en el caso del tabaco, intuir un pequeño estudio económico. Olvidando de forma momentánea las muertes que genera el tabaco, a nivel monetario, ¿le interesa al gobierno que las personas fumen? Por un lado no, ya que como consecuencia del tabaco se generan muchas enfermedades que hay que tratar, elevando el gasto en sanidad. Pero por otro sí, ya que como consecuencia del tabaco muchas personas mueren antes de lo previsto. Estas personas se han pasado toda su vida cotizando y al final, por tanto, no pueden disfrutar de su pensión. Esta pensión beneficiará al resto de personas, que necesitará cotizar menos para cobrar lo mismo. Es curioso, pero un estudio reciente hecho por una universidad norteamericana llegaba a la conclusión de que, restando ingresos y gastos, era mejor que la gente fumara (es de suponer que el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, no tiene en cuenta este tipo de estudios ya que se está planteando la prohibición de fumar en los parques).

Principios de economía básicos.

            El coste de oportunidad; de una cosa es lo que sacrificamos por conseguirla.

            El principio de marginalidad implica que aumentas la actividad de cierto trabajo (o proceso productivo) si su beneficio marginal es superior a su coste marginal, y la disminuyes si es al revés.

            El principio de rendimientos decrecientes implica que si un bien se produce con dos factores o más y aumentamos uno dejando fijo el otro, hay un punto a partir del cual la producción aumenta en una tasa decreciente.

            El principio efecto – difusión, también llamado externalidad, dice que los costes o beneficios de la producción o consumo de algunos bienes no afectan sólo a la persona u organización que decide la cantidad que se produce o se consume.

            El principio de realidad dice que lo que importa a los individuos es el valor real del dinero o su renta, es decir, el poder adquisitivo, y no su valor facial.

            Nota.- de nuevo, estos principios de economía básicos están basados en un manual de economía clásico, “Economía. Principios es instrumentos”, de Arthur O Sullivan y Steven M. Sheffrin. Pearson Prentice Hill, 2.002. Habría que argumentar de nuevo que, según el manual que usemos de referencia, estos principios pueden variar ligeramente.

Pensar como un economista.

            Si analizamos la afirmación desde el economista profesional, tenemos que los economistas elaboran teorías, recogen datos y los analizan para intentar verificarlas o refutarlas (desde este enfoque, es el tipo de estudio que lleva un físico o un biólogo). Una forma sencilla de hacer estos análisis es realizar supuestos; así, si bien en la economía diaria de un país se producen millones de transacciones diarias (entre millones de personas) se supone una economía formada sólo por dos personas que intercambian dos bienes. Posteriormente, se generaliza el resultado de este estudio. Cada estudio tiene sus conceptos básicos, y a partir de ahí, usando los principios de economía y ciertas herramientas matemáticas se intenta llegar a múltiples conclusiones.

            Un ejemplo. Un economista puede deducir a partir de los datos de un país que por cada décima porcentual que suba el crecimiento económico (del 2,5 al 2,6%; por ejemplo) el número de empleados asciende en 50.000 personas. Para ello tendrá que contrastar, en los años posteriores, si esta afirmación es cierta o no.

            Pero cada persona en particular puede pensar como un economista. Hay múltiples anécdotas que lo corroboran. Así, una noche de fiesta una persona lleva 5 cubatas y no sabe si tomar otro. El coste de oportunidad directo es el precio del cubata (¿estoy dispuesto a sacrificar 5 euros por un cubata adicional?). Pero pensando un poco más, ese coste es mayor. La resaca al día siguiente será más fuerte, y corro el riesgo de terminar la noche vomitando. Si esta persona sigue pensando, a lo mejor se le presenta un posible ligue y con ese cubata está más inspirado. Desde luego, tiene incentivos para tomar ese cubata. Si se realiza un análisis global (tampoco es cuestión de retirarse a un apartado a hacer un análisis de ingresos y gastos, habría que tener en cuenta el coste de tomar una buena decisión) se llega a la conclusión (es un suponer) más adecuada para cada persona.

            Existe una bibliografía joven (desde el año 2.006, aproximadamente, que nace con “Freakeconomics”, de Steven Levitt, y se desarrolla con muchísimos libros, los más destacados son los del “Economista camuflado”, de Tim Harford) que desarrolla múltiples aplicaciones de la vida real (a nivel personal y global) y que enseña a llegar a soluciones mejores y eficientes si aprendemos a pensar como economistas. Sin duda, es un campo que dará mucho que hablar y que, posiblemente, se desarrollará a medio plazo.

Microeconomía y Macroeconomía.

            De la misma forma que la física se divide por niveles (cosmología, mecánica cuántica, óptica, etc) la economía, como ciencia, también. Esos niveles son más simplificados y se tienen en cuenta en la evolución de la asignatura a lo largo del curso. Estos niveles son la microeconomía y la macroeconomía. Vamos a definirlos. (Fuente: Principios de Economía. Gregory Mankiw. Mc Graw Hill. Posiblemente, el clásico más estudiado en las diferentes facultades universitarias, sin olvidar el más antiguo de Paul Samuelson).

            La microeconomía estudia el modo en que los hogares y las empresas toman decisiones y de la forma en que interactúan en los mercados.

            La macroeconomía estudia los fenómenos que afectan al conjunto de la economía, entre los que se encuentran la inflación, el desempleo y el crecimiento económico.

            Es importante incidir en una cuestión; en la microeconomía, la teoría está aceptada por el total de teóricos que se dedican a la misma, y además, está en constante evolución con los nuevos y apasionantes campos de estudio formados por la Economía Conductual y la Neuroeconomía. Sin embargo, en la macroeconomía los economistas no se ponen de acuerdo. La razón es que algunas políticas económicas pueden tener diferentes efectos, los cuales dependen de la percepción de las personas. Una idea muy sencilla: bajadas de impuestos. Para unos economistas, originan menor recaudación fiscal (obvio, ya que el estado recauda menos dinero). Pero es que como en el caso del tabaco estudiado anteriormente, se puede originar el efecto contrario: puede ocurrir que la actividad económica se reactive (al fin y al cabo, las cosas son más baratas), se compre y se venda más, y a la larga la recaudación fiscal suba. ¿Quién tiene razón? Por desgracia, no se puede saber hasta que se aplique la medida.

           Puede ser curioso, en esta parte introductoria, incluir proposiciones en las cuales esté de acuerdo un porcentaje amplio de economistas. Se trata de que al leer estas líneas, se reconozcan ámbitos prácticos de aplicaciones de economía (fuente: Principios de Economía, Mankiw).

1.      La limitación de los alquileres máximos reduce la cantidad de viviendas disponibles y su calidad (93%).

2.      Los aranceles y los contingentes sobre las importaciones normalmente reducen el bienestar económico general (93%).

3.      Los tipos de cambio flexibles y fluctuantes constituyen un sistema monetario internacional eficaz (90%).

4.      La política fiscal (por ejemplo, una reducción de los impuestos y/o un aumento del gasto público) produce un significativo efecto estimulante en una economía que no se encuentre en el nivel de pleno empleo (90%).

5.      El objetivo de que el presupuesto del Estado esté equilibrado debe plantearse a lo largo del ciclo económico y no año a año (85%).

6.      Las prestaciones en efectivo aumentan el bienestar de los beneficiarios más que las transferencias en especie del mismo valor monetario (84%).

7.      Un elevado déficit presupuestario público afecta negativamente a la economía (83%).

8.      Un salario mínimo eleva el desempleo de los jóvenes y de los trabajadores no cualificados (79%).

9.      El gobierno debería reestructurar el sistema de asistencia social de tal manera que se parezca a un “impuesto negativo sobre la renta” (79%).

10. Los impuestos sobre las emisiones contaminantes y los permisos de contaminación transferibles son mejores para controlar la contaminación que la imposición de unos límites máximos de contaminación (78%).

Pero como ya ha quedado dicho, los economistas discrepan, y dan consejos contradictorios a los responsables de política económica. Existen 3 razones básicas para ello:

1.      Los economistas discrepan acerca de la validez de las distintas teorías positivas del modo en que funciona el mundo.

2.      Los economistas pueden tener valores diferentes.

3.      Eso implica puntos de vista normativos diferentes sobre lo que debe tratar de conseguir la política económica.

Origen y evolución de la Economía.

            La economía personal es implícita al ser humano. Si viviésemos solos en una isla decidiríamos con varios de los conceptos y principios económicos vistos cuanto tiempo dedicamos a coger cocos, cuanto a pescar y cuanto a descansar.    

            La transacción comienza desde el momento que un ser humano coopera con otro. El caso más sencillo es el de la antigua familia tradicional, con el hombre trabajando y la mujer haciendo las tareas de casa (esta relación viene, prácticamente, de la época del Neandertal).

            Conforme una sociedad se especializa, hay personas que cazan, otras se dedican a la agricultura, otras a la seguridad…Estos bienes y servicios comienzan a intercambiarse y al final, se torna necesaria una unidad de cuenta (que nace en la antigua civilización de los Sumerios, en la actual Irak, y que está formada por granos de trigo. Así, un animal vale 1000 granos, otro 5000, un grano de uva puede ser equivalente a un grano de trigo) que posteriormente se convierte en el dinero, tal y como nosotros lo conocemos.

            Así, la economía evoluciona conforme a la historia del ser humano (puede ser más abierta, como la romana, o más cerrada, como la feudal).

            Se comienza a hablar del nacimiento de la Teoría Económica (hay pequeños incisos previos: estudios desde el Islam, la Escuela de Salamanca, las tablas de Quesnay, y varios más) con la célebre obra de Adam Smith de “La riqueza de las Naciones”, publicada en 1.776. Es la época de los economistas clásicos. A partir de ahí, sólo hablar de la historia del Pensamiento Económico nos llevaría múltiples debates.

            De todas formas, es importante tener cosas en cuenta para ayudar a comprender la situación actual y los diferentes enfoques que están tomando los gobiernos. Tras la Segunda Guerra Mundial se decide redefinir la arquitectura económica mundial con la cumbre de Bretton Woods (1.944) donde nacieron los actuales Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM) y la Organización del Comercio Mundial (OCM). Es una época en la cual los gobiernos tienen amplia intervención en la Economía, impulsándola mediante el aumento del gasto público cuando sea necesario para reactivarla (medidas keynesianas, llamadas así en honor al economista más influyente del siglo XX, John Maynard Keynes). No obstante, tras la crisis del petróleo (1.973) estas políticas comienzan a generar inflación, y parecen dudosas. Aparece otra opción que es dejar al mercado que actúe por sí mismo, en el marco de pensamiento de Milton Friedman, y dichas políticas comienzan a aplicarse en la década de los 80, con Reagan y Thatcher (“el Estado es el problema, no la solución”).

            En otras palabras y sin entrar en discusiones, existe un rango de actuación del gobierno que es la total intervención (medidas keynesianas, impulsando la demanda) y la no intervención (sólo la estrictamente necesaria, se trata de dejar al mercado que actúe por sí mismo para que la célebre “mano invisible” de Smith lleve a la eficiencia del mercado).

            En definitiva, esto abre una ventana de estudios inmensa.

Conceptos fundamentales.

 

  1. Definición de Economía.
  2. Racionalidad (eficiencia, consistencia).
  3. Insaciabilidad.
  4. Limitación y escasez.
  5. Elección.
  6. Objetivos (fácilmente medibles, evaluación subjetiva).
  7. Bienestar.
  8. Incentivo.
  9. Preferencia revelada.
  10. Coste de oportunidad.
  11. De la cooperación a la transacción.
  12. Agentes económicos: Empresas, Consumidores, Administraciones Públicas.
  13. Sistemas económicos.
  14. Ciencias positivas y ciencias normativas.
  15. El precio, el coste y el valor (precio de reserva).
  16. Los modelos económicos.

 

 

 

 

 

 

 

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