ECONOMIA HUMANISTA.

Aquí aparece una selección de artículos que, simplemente, pretenden tocar el corazón de cada lector. Gracias.

Economía humanista.

                “Erase una vez un hombre que vivía en la Rareza. Luego de muchas aventuras y de un largo viaje a través de la Ciencia Económica, encontró la Sociedad de la Abundancia. Se casaron y tuvieron muchas necesidades” (Jean Baudrillard).

                ¿Qué necesidades tenemos hoy en día? ¿Cuáles son básicas, cuáles son creadas? Es conocida la pirámide de las necesidades Maslow, aunque muchos autores piensan que la clasificación correcta es la de Manfred Max-Neef. Así, necesitamos afecto, subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. ¿Está la ciencia económica orientada hacia la satisfacción de estos objetivos en el conjunto de la sociedad? Claro que no. Los objetivos estándar son que suba el PIB (producto interior bruto), que la inflación tenga un nivel razonable y que baje el desempleo. Desde luego, hay muchos más. Pero todos ellos están formados por indicadores económicos. ¿Y los indicadores humanos? ¿Nos orienta la educación a desarrollarlos? ¿O nos prepara única y exclusivamente a entrar  en el “mercado laboral”? ¿A qué se deberían dedicar los Estados?

                Posiblemente la orientación más útil, en un contexto de crisis, sea la de Michael Lewitt: “La finalidad de la reconstrucción de las economías occidentales es (se supone) proporcionar a los ciudadanos la estabilidad que les permita vivir de forma que les merezca la pena y disfrutar de una vida que les resulte satisfactoria. Sin unas economías saneadas, las personas tienen dificultades para encontrar trabajo, alimentar a sus familias, educar a sus hijos, desarrollar relaciones sociales, emprender nuevos negocios, alcanzar metas científicas y ayudar a otros menos afortunados que ellos. Una economía saneada es sin duda la base de una sociedad productiva cuyo objetivo es mejorar la suerte de sus ciudadanos y hacer del mundo un lugar mejor”. Puede originar cierta controversia la insistencia en tener una “economía saneada” ya que habrá quien piense que lo mejor es endeudarse para poder lograr estos objetivos. Menos discutible es todo lo demás.

                Y es que con el parámetro principal al que están orientados las economías globales, es decir, la subida del PIB, se dan diversas paradojas. Las más interesantes las nombra Carlos Taibo en su interesante libro (del que he sacado alguna idea más para ilustrar este artículo) “¿Por qué el decrecimiento?”. Y es que, hay formas curiosas de subir el PIB. Por ejemplo, los embotellamientos de tráfico suben el PIB (y bajan nuestro buen humor) ya que se gasta más gasolina. Los accidentes de coche también lo suben, ya que hay que arreglarlos o comprar nuevos. Talar bosques sube el PIB ya que toda la materia obtenida se usa en diferentes procesos productivos. La fabricación de tabaco, de cárceles o de misiles también es muy positiva para la economía. Según este enfoque, es mejor llevar a los niños a la guardería y no dejarlos al cuidado de sus padres o abuelos. En el primer caso el PIB sube; en el segundo no. De forma todavía más divertida, los alimentos que compramos y no consumimos suben el PIB mientras que tener una huerta usada para el consumo autosuficiente no lo hace. Un río contaminado también tiene su utilidad, ya que como no se puede beber agua del mismo se embotella. Y más PIB al bote.

                Todavía hay más. ¿Qué ocurre con la naturaleza? Se olvida. Pensemos en la Tierra. En nuestra querida amiga Gaia, según la hipótesis de James Lovelock. Vamos a clasificar, según el criterio de los economistas naturalistas, la tierra en cinco tipos de objetos. Primero, aquellos apropiados y valorados que producimos nosotros, como las casas, los coches o las mesas. Segundo, los apropiados y valorados que no producimos como el petróleo, el carbón, los minerales o los bosques. Como ha quedado claro, su extracción aumenta el PIB. Tercer tipo de objetos, aquellos directamente útiles que han sido apropiados, como los ríos, lagos, costas o playas. Cuarto tipo, los objetos útiles para ser usados por el hombre en sus elaboraciones o industrias. Aquí tendríamos la luz solar, los saltos de agua, el viento o el calor. Este tipo de objetos es cada vez más usado en las diferentes energías alternativas. Quinto tipo, los objetos que componen la biosfera y los recursos naturales no apropiables como el   ozono el material interior a la tierra que expulsan los volcanes. Como de todos estos objetos sólo se evalúan económicamente los dos primeros, no nos hemos preocupado de los demás hasta que ha llegado el cambio climático con las “rebajas”.

                En un mundo formado por humanos que habitan en su patria – tierra las preocupaciones principales deberían ser, precisamente, los humanos y su patria, ¿no?

                De eso debe tratar la economía humanista. Por eso, la vida no es tener y parecer. La vida es más. Aspiramos a más. En palabras de Edgar Morín: “en todas las épocas, los humanos han sido conformistas, sometidos, relegados a tareas monótonas, dedicados a la repetición permanente del ciclo de nacimiento y muerte, sin olvidar que los jóvenes, antes de ser adultos domesticados, arden en deseos de aventura”. Según este enfoque, ¿qué personas son dignas de admiración? Las que forman “las minorías valientes y aventureras que cruzaron el horizonte, intentando llegar más allá de lo visible, de lo concebible, y que arrastraron a la humanidad en esa prodigiosa aventura que es su historia”.

                No hay viaje más hermoso.

RELATO.

 

                Nuestro objetivo es desarrollar la ciudadanía social, entendido como “ejercicio efectivo de los derechos económicos y sociales (ganarse la vida, protección, alto nivel de salud física y mental, medioambiente sano, educación digna, adquisición de los beneficios del progreso científico para lograr que las personas puedan adquirir las competencias que les permitan desarrollar todo su potencial”.

                En este contexto, “observamos cómo gobiernos paralizados y partidos políticos estancados siguen sin dar respuestas creíbles a las nuevas demandas de unas sociedades en efervescencia, que están cambiando a una velocidad inalcanzable para quienes operan con ideas del pasado”. Y es que no podemos olvidar que “la finalidad de la democracia es hacer llegar a cada hombre hasta la nobleza”.

            Pensamos, que “el secreto de la vida es tener una misión. Algo a lo que dedicas tu vida entera cada minuto del día de todos los días de tu vida. Y lo más importante: debe ser algo que posiblemente no puedas realizar”. Es verdad que nosotros cumplimos ese principio ya que nuestra misión es que las personas vuelvan a creer en la política, en la economía, en la lucha por un objetivo común, de manera que se restaure la confianza entre los sectores público, privado y sociedad civil. Sin eso cuesta prosperar en un entorno cambiante con una amplia competencia.

            Sabemos que “nadie se ha arruinado nunca vendiendo a la gente lo que quiere oír” pero nosotros no podemos ir con nuestros principios, ya que la consistencia es algo que debe permanecer en el tiempo. Se pueden cambiar las ideas en el sentido de Keynes, ya que “si cambian las circunstancias puedo cambiar mi pensamiento”, pero no hacerlo en el sentido de Groucho Marx, “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

            Observamos discursos negativos que posiblemente tienen un fondo cierto, ya que “se ha reprimido, de una forma u otra, todo impulso natural humano para que algún mamón gane dólares a costa de tu culpa. Hay personas que se lo tragan debido a que no quieren liarla. Por desgracia, adaptarse así exige que el adaptado destruya su personalidad. Si tu vida es triste y aburrida, te lo mereces. Si quieres ser un imbécil, puedes serlo. Pero no esperes que te respeten. Al fin y al cabo, un imbécil es un imbécil”.

            Sin embargo, posiblemente el diagnóstico sea otro. “Ninguno de los problemas es tan importante como el desarrollo espiritual de manera que nos queda un pueblo cuerdo, sin ideales. Se trata de seguir lentamente el curso de la civilización moderna, con el fin de no quedar atrás, sin ningún entusiasmo creativo”.

            ¿Eso es positivo? Claro que no. Pero tiene una solución: “si pudiéramos convencer a los españoles de que el negocio de la vida cotidiana también tiene un significado eterno, entonces el nombre de España pronto volvería a ser más oído más allá de sus propias fronteras. Necesitamos ideales”.

 Y es que hoy en día se está perdiendo la esperanza en el futuro. Se habla de que la siguiente generación vivirá peor que ésta. Eso se puede revertir, ya que pensamos que “nuestro futuro es mejor que nuestro pasado. Por eso camino hacia adelante sin miedo, ya que nosotros somos los responsables de nuestro futuro. Al fin y al cabo, son tus decisiones y no tus condiciones lo que determinan tu destino”.

Hoy en día muchos partidos políticos de muchos países cumplen aquello de que “llegados a cierta edad, los muertos empiezan a hacerte más compañía que los vivos”.

Para eso, sólo hay un remedio, y es que “hay algo peor que no ver; es no tener una visión”.

Nosotros vemos que el performance de las personas, es decir, lo que hacen, es muy bajo. Nosotros pensamos que el potencial de las personas, lo que pueden hacer, es muy alto. Eso es debido a que no se dan las condiciones que hagan que sus energías dormidas puedan despertarse y desarrollarse con ilusión, esperanza y determinación.

Por eso, pensamos que la suerte acompaña a los valientes. Estamos dispuestos a trabajar muy duro sabiendo que “la inteligencia y la capacidad no son suficientes. Debe haber la alegría de hacer algo maravilloso”.

En este mundo tan difícil y complicado, queremos poner contigo una estrella en la vida de los demás porque su luz, aunque tenue, vacilante y lejana, siempre alumbra un sueño.

Pero necesitamos una cosa.

Tu vela.

Google AnalyticsUA-44495578-1