EMOCONIA

 

Se trata de conocer las principales características de la ECONOMÍA DEL COMPORTAMIENTO.

 

 Pautas de economía emocional y del comportamiento.

 

La economía emocional y del comportamiento se dedica, mediante un enfoque interdisciplinar, a comprender pautas de comportamiento de los seres humanos con aportaciones añadidas de la psicología, la neurología (emociones), la sociología y la estadística.

1.- “El cerebro es plástico (se adapta a nuestras pautas y comportamientos, los cuales generan hábitos y necesidades)”.           Una persona que fuma debe comprender que si desea dejarlo está luchando contra su cerebro, el cual, como dicen muchos expertos, se ha “cerrado”. Así que la enseñanza es obvia: si alguien es joven, le conviene ser “esclavo” de buenos hábitos. Todos conocemos personas que mantienen hábitos deportivos o culturales desde muy jóvenes. Por otro lado, si alguien es mayor tampoco hay mayor problema: si conocemos contra lo que luchamos seremos mucho más efectivos.

2.- “Las personas se mueven por sus expectativas y sus experiencias, aunque están condicionadas por la codicia y el miedo”. Los actos diarios de nuestras vidas dependen de lo ya vivido (educación, experiencias) y de las expectativas que tengamos acerca del futuro.

3.- “Inexistencia de condiciones iniciales; las circunstancias y emociones del momento cambian nuestra forma de actuar”. No siempre compramos la misma comida: la hora del día (antes, después) y otros factores (ansiedad, estado de ánimo, clima) hacen que variemos nuestras compras o actividades. (Cuando los jueces están cansados, ¡dan más libertades condicionales!).

4.- “Nos movemos por emociones en un 80% (sistema 1 del cerebro, no reflexivo) y por racionalidad en un 20% (sistema 2 del cerebro, racional)”. Todo este análisis lo ha desarrollado de forma excepcional Daniel Khaneman en su última obra, “Piensa rápido, piensa despacio”. De todas formas, debemos tener en cuenta que muchas veces tomamos la decisión de forma inconsciente y la racionalizamos después.

5.- “Es muy difícil que una persona entienda algo si su sueldo depende de que no lo entienda”. Este dicho del escritor Upton Sinclair siempre ha sido cierto. Todos sobrevaloramos el trabajo que hacemos pensando que es fundamental para el conjunto de la sociedad.

Esta ley tiene un corolario:

“La parte más sensible del cuerpo humano es el bolsillo”.

6.-  “En términos racionales, tomamos una decisión si a nivel personal los ingresos debidos a la misma (en tiempo, dinero, y energía) superan los costes (incluido, por supuesto, el de oportunidad)”. Cuando un futbolista admite que no se queda en el equipo de su tierra por dinero es cierto: el coste de trasladarse a otro lugar, la adaptación, la incertidumbre del futuro o perder prestigio social en su ciudad no le compensa respecto de la diferencia de salario que le va a pagar el otro equipo.

 7.- “Las comparaciones son inevitables”. Es el momento de olvidarnos del dicho de que las comparaciones son odiosas. No podemos dejar de compararnos. Una persona prefiere ganar más que su entorno, siempre que supere un salario digno (“la felicidad consiste en ganar 500 euros más que tu cuñado”).

 8.- “Sobrevaloramos el corto plazo”. Estamos sujetos a la tiranía del corto plazo. Y no es algo caprichoso, es algo natural. Conocemos múltiples casos de personas que no pueden seguir una dieta, no se ponen a estudiar o abandonan proyectos que ven lejanos debido a que caemos en los pequeños vicios de la vida cotidiana. Esta ley es peligrosa, ya que también los políticos (como todos los humanos) están sujetos a la misma. Eso hace que las medidas económicas que se toman en un momento dado a veces no sean las mejores a largo plazo.

9.- “El principio físico de la inercia es aplicable a los seres humanos: llegados a un punto tendemos a quedarnos como estamos”. Este principio una vez más también es peligroso, ya que nos puede llevar a caer en el tedio. Someternos a unas rutinas que ya no dejamos hace que el tiempo de nuestra vida pase mucho más deprisa.

10.- “Subestimamos la influencia del azar en los acontecimientos de la vida cotidiana, buscando para diferentes acontecimientos causas sencillas y muchas veces equivocadas”. Si alguien llega a presidente de una gran empresa pensamos que es un genio o muy inteligente sin tener en cuenta la suerte que haya podido tener. Además, para explicar diversos sucesos buscamos causas sencillas; por ejemplo, “los incendios han sido devastadores por culpa de los políticos” o “la crisis es debida a que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. El mundo es mucho más complejo.

En este contexto, cuando ocurre un acontecimiento inesperado (como la crisis financiera o el 11-S) las causas parecen más obvias. Esto lleva a un corolario:

“Imposibilidad de tomar la mejor decisión” No es posible tomar la mejor decisión nunca ya que…siempre va a depender de lo que hagan los demás y del azar.

            Javier Otazu Ojer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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