CORONAECONOMÍA.

RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS RELACIONADOS CON EL NUEVO MUNDO ECONÓMICO QUE NOS VA A TOCAR VIVIR.

Una nueva normalidad.

Idea aplicada por Xi Jinping (China) para definir su nuevo mandato.

¿Cómo suena?

Medidas.

 Cada vez hay más expertos que conocen cuáles son las medidas adecuadas para contener la expansión del maldito bichito. Sólo falla un pequeño detalle: las diferencias en el enfoque son enormes. Para unos el confinamiento de seis semanas es excesivo, para otros es necesario. Unos dicen que está bien parar la actividad “no esencial”, otros dicen que es un disparate. Unos dicen que es adecuado no poder salir a pasear, otros dicen que es lo más seguro. Unos dicen que está muy bien que Google controle nuestros movimientos (ya hasta manda avisos para que las personas más revoltosas se queden, de una vez, en casa), otros dicen que al final van a controlar hasta nuestras emociones. En este caso, merece la pena resaltar una hipótesis propuesta por el israelí Yuval Noah Harari. Nos podrían poner una pulsera para saber cuáles son nuestros movimientos. Sí, eso es correcto. Sin embargo, dicha pulsera puede detectar nuestras sensaciones cuando oímos un discurso político o paseamos por un centro comercial. En otras palabras: ¡el Gobierno podría deducir incluso nuestro voto!

            Todo esto expone una idea muy sencilla: seguimos sin tener claro a lo que nos enfrentamos. Cada país prueba mecanismos diferentes aunque se va alcanzando cierta convergencia. Es un método muy antiguo: se llama prueba y error.

            Es lógico priorizar la salud a la economía, es lógico que el Estado ayude a todas las personas con problemas. Pero como los recursos son limitados, se debe elegir. Para elegir, se debe tener la mejor información posible. Y para ello es fundamental el fondo (estadísticas, números) y la forma (dicha información debería transmitirla la máxima autoridad: estamos en una crisis de dimensiones desconocidas). Dicho de otra forma, el presidente del Gobierno o la presidenta de Navarra podrían informar todos los días, a la misma hora, de la situación en la que nos encontramos. No obstante, existe un problema de confianza: muchos ciudadanos no se fían de estos mensajes. Eso indica que nuestras democracias todavía no han madurado. La rendición de cuentas en el caso de ocultar datos relevantes, mentir o realizar actividades corruptas debería ser más dura y estricta. Sin embargo, personas como Juan Carlos Monedero o Cristina Cifuentes son invitados a los platós televisivos a dar su versión de la realidad, cuando su historial no es muy limpio que digamos. ¿Cómo puede ser?

            Un aspecto marginado es el tema de la cadena de suministro. Muchos agricultores tienen dificultades para poder coger su cosecha. Es muy complicado llevar a 50 personas a trabajar al campo de una en una. Sí, los sanitarios son los que tienen prioridad para adquirir los EPI (equipos de protección individual). Pero dejar recursos alimenticios tirados es un desperdicio que no nos podemos permitir, y más aún cuando toda esta historia hace que el desplazamiento de bienes y servicios sea más complicado. ¿Existe algún plan para eso? ¿Se puede crear un mecanismo de incentivos para evitar estas posibles pérdidas? Insisto: no podemos olvidarlo. Los agricultores  deben realizar su trabajo con la mayor seguridad posible.

            A nivel europeo, está el tema de la parálisis política. El Gobierno español pide la emisión de los ya famosos “coronavirus”, pero debemos entender a Europa. Tienen razones para estar resentidos debido al enorme despilfarro realizado en los años precedentes, con amplios desvíos del déficit público. Si tal y como sugieren muchos estudios la deuda sube al 130% del PIB, lo que va a ocurrir es sencillo; un rescate encubierto. El MEDE (mecanismo europeo de estabilidad) dispone de 410.000 millones de euros. Está claro que España tendrá una gran cantidad de este dinero y que Europa va a ayudar: no hay otro camino. El proyecto conjunto está en juego. La cuestión ahora será saber la labor que ocuparán los “hombres de negro” en el control de las cuentas públicas futuras. Eso sí, no puede ser que las cosas del palacio vayan tan despacio.

            Además de todo lo anterior, otra opción adicional sería la compra por parte del BCE (Banco Central Europeo) de bonos emitidos por países que necesitan financiar la ingente ayuda social que va a necesitar su población. Los intereses deberían ser negativos para aliviar la carga fiscal.

            Sigue siendo urgente la adquisición o elaboración de EPI para poder ayudar a las personas a volver a la vida normal, cosa que ocurrirá muy lentamente. ¿Existe algún plan para que empresas privadas puedan realizar esta labor? ¿Cómo se les va a recompensar?

            Por último, es difícil valorar las medidas a tomar cuando todo termine. ¿Aventuramos alguna?

            Ajustes de la Seguridad Social: más tiempo de cotización, recorte de algunas pensiones. Valoración de la renta básica. Reevaluación de los gastos del Estado.  Ampliación del presupuesto sanitario. Mayor control tecnológico. Aumento de la digitalización de la economía. Nuevos mecanismos de gobernanza global. Restricción a las ventas de pangolín en los mercados chinos.

            Bienvenidos al futuro.

Javier Otazu Ojer. Autor de Ideas de Economía de la Conducta (Behavior&Law).

www.asociacionkratos.com

Una propuesta global, muchas propuestas individuales.

                Las medidas sanitarias que estamos aplicando en el asunto de la pandemia del coronavirus son de tres tipos. Uno, prevención.  Dos, evitar contagios. Tres, buscar una cura. Dejamos este tipo de investigaciones y medidas a los científicos y sanitarios. La cuestión es otra: ¿qué se puede hacer en términos económicos?

 La economía funciona como una rueda global, de la siguiente forma. Un pequeño porcentaje de la población puede producir todo lo que necesitamos para vivir: alimentos, ropa, casa, energía. ¿De dónde obtienen estos agentes económicos sus recursos? De una rueda mayor: la provisión de otros bienes y servicios que son placeres, caprichos o mejoran nuestra conexión (entretenimiento, telefonía móvil, viajes o cultura). Si la rueda mayor no gira, la pequeña terminará parando.

            Para evitar este escenario, el Gobierno ha prometido movilizar 200.000 millones de euros para afrontar la crisis del coronavirus. Eso sí que es un plan de choque. Entre otras medidas, se busca ayudar a las familias más vulnerables, mantener la liquidez de las PYMES, aumentar la dotación sanitaria o fomentar la investigación científica. No obstante, se debe tener en cuenta que cuando la actividad económica se hunde, los ingresos impositivos asociados a la misma también. Además, aumentan los gastos en una proporción mayor: quien generaba riqueza necesita un subsidio. En definitiva, las cuentas se desequilibran. ¿Cómo se puede financiar semejante plan?

            Antes de contestar a esa pregunta, recordemos los tipos de políticas que se pueden aplicar en la actualidad. Pueden ser monetarias (Banco Central Europeo), normativas y fiscales (gobierno, pero con muchos niveles: desde la Unión Europea hasta nuestro municipio),  paternalistas (“empujar” a la población a hacer lo correcto) y fomento de la responsabilidad individual (eso depende de cada persona, en este contexto pesa mucho el tipo de sociedad en el que nos encontremos).

            Muchas de las indicaciones asociadas al estado de alarma son normativas: tenemos la obligación de estar en casa salvo razones de fuerza mayor. Respecto del tema fiscal, la cantidad de recursos para cubrir necesidades previstas e imprevistas es enorme. Además de ampliar el déficit y la deuda en magnitudes colosales y diferir el pago en el tiempo, hay otra opción. Se llama BCE (Banco Central Europeo).

            Los instrumentos de política monetaria más usados son fijar el tipo de interés de referencia, las facilidades permanentes, mantener un coeficiente de caja adecuado y las compras (ventas) de activos financieros de calidad para generar (drenar) liquidez. Todo ello está pensado para que la inflación sea del 2%, número que (de forma arbitraria) se considera adecuado para tener un crecimiento de PIB deseable y un desempleo soportable.

Sin embargo, la situación de crisis es descomunal. No se había conocido algo así desde la guerra. Por lo tanto, se requieren medidas extraordinarias. El BCE debe comprar bonos emitidos por los Estados a un tipo de interés negativo para financiar la ayuda que van a necesitar las personas en toda la zona euro. Es mejor referirnos a personas: no a empresas, PYMES, pueblos o grupos sociales. Personas. Es lo único que importa.

¿Cómo repartirlo? Esa tarea, para los expertos. Lo razonable sería una paga mínima para todas las personas que no superen cierto nivel de renta y de ingresos. Así  pueden atender sus necesidades fundamentales, no cunde el pánico, se genera sosiego y se espera una solución que llegará más pronto que tarde.

¿Otras propuestas? Expuesta la principal, valoremos más opciones.

El paternalismo libertario incita a las personas mediante empujones (“nudge”, según su terminología técnica) a hacer lo correcto permitiendo la libertad personal. Por ejemplo, campañas de sensibilización para animar a los jóvenes a comprar bienes de primera necesidad para los mayores que no pueden salir de sus casas. No es obligatorio ayudarles, pero así logramos ahorrar recursos públicos y mejoramos la sociedad. Más posibilidades: no estamos obligados a recriminar a nadie una actitud inadecuada como salir a pasear por la calle o mantener una distancia de seguridad, pero si lo hacemos, todos salimos ganando. Es cierto que no todo el mundo hace lo mismo, pero si todos nos volvemos pasivos, no dejamos de retroceder como sociedad.

¿Y la responsabilidad individual?

Hay muchas pautas de comportamiento obligatorias, pero también podemos elegir otras. Por ejemplo, nos va a tocar convivir más a nivel familiar. Ser más tolerante, evitar discusiones inútiles, mantener el buen sentido del humor y pensar actividades que fomenten el desarrollo personal son cosas prioritarias. Además, la gran conexión que permite la red, la televisión a la carta y las plataformas online nos proporcionan múltiples opciones de entretenimiento. Más aún: podemos ordenar, archivar o limpiar todas esas cosas que siempre dejamos para mañana.

Por último, está demostrado que las personas necesitamos “frases mágicas” de estímulo. En este caso, se proponen dos.

“Somos lo que decidimos” (Mariano Sigman, neurocientífico).

“De la conducta de cada uno depende el destino de todos” (Alejandro Magno).

            Javier Otazu Ojer. Autor de Ideas de Economía de la Conducta (Behavior & Law Ediciones)

            www.asociacionkratos.com

UNA NUEVA REALIDAD.

                Si hace tres meses nos lo llegan a contar, no lo hubiésemos creído. Hemos visto cosas así en películas como “Estallido” o en zonas muy lejanas como Africa con el Ebola. De momento, el temido virus está insertado en nuestro lenguaje cotidiano. Es muy difícil estar hablando durante diez minutos seguidos y que no salga la palabra maldita: “coronavirus”.

La bolsa se ha hundido, la información fluye de forma atropellada. Por un lado, China anuncia que el virus ha sido “vencido” y por primera vez, el Presidente Xi Jinping visita Wuhan. Por otro lado, la canciller alemana Angela Merkel anuncia que esperan entre un 60 y 70% de infectados en la población total (al menos, 4 de cada 5 serán antisintomáticos o muy leves). Entre medio, aparecen diferentes escenarios. Dos autores de referencia en el mundo de las simulaciones son Warwick McKibbin y Roshen Fernando. En su trabajo “Los impactos macroeconómicos globales del Covid-19: siete escenarios” dejan ya sólo tres posibilidades: bajo impacto (mueren 15 millones de personas en el mundo, uno de cada 500 a nivel mundial), medio y alto (68 millones de fallecidos, uno de cada 115). Las pérdidas económicas irían desde los 2,4 billones de dólares hasta los 9 billones de dólares. Para hacernos una idea, el PIB de España es de 1,3 billones de dólares.

            Sí, la realidad ha cambiado. Dentro de las empresas que cotizan en bolsa, están subiendo las que se dedican a la investigación farmacéutica, prueban vacunas experimentales, fabrican material médico, se dedican a la eduación a distancia, realizan consultas médicas online, almacenan datos en la nube o tienen negocios de producción y distribución de mascarillas, guantes de látex o papel higiénico. El panorama es sorprendente. La primera semana de marzo la mayor preocupación de los políticos era la aprobación de la ley de libertad sexual. La última semana de febrero la cuestión era solemne: se reunía la mesa del diálogo por Cataluña. Aunque siempre es ventajista valorar el pasado desde la perspectiva del presente, ¿no parecen ahora estos debates delirantes?

            A nivel preventivo, se deben tomar todas las medidas pertinentes  desde todos los ámbitos: público, privado y personal. Ello es debido a la rápida propagación del virus y a su bajo nivel sintomático. El hecho de que pueda estar 14 días en el interior de una persona sin que seamos conscientes de ello nos obligaciones a extremar todas las precauciones. Las opciones, variadas: en Shanghai se está usando una aplicación de móvil (Apipay Health Code) que marca un color a cada persona, como si fuera un semáforo. Rojo, amarillo y verde. Si un portador del primer color pasea por la calle, la multa es gigantesca. Lo mismo ocurre si es un “listo” que deja el móvil en casa para no ser localizado y se salta la cuarentena: como mínimo, multazo. En Rusia la cosa es más peliaguda: se puede terminar en la cárcel.

 

            Por otro lado, está la investigación terapéutica. Aunque hay muchos estudios clínicos comenzados, no se esperan resultados concluyentes hasta dentro de un año. Se llegan a dar aspectos curiosos: un laboratorio de Londres ofrece 4.000 euros para voluntarios que deseen introducirse a sí mismos una cepa del virus comprobando si la terapia que se aplica es o no efectiva. En todo caso, prácticas de este tipo son habituales en la investigación médica. Louis Pasteur predicó con el ejemplo.

            Además de las medidas de prevención habituales, existen más consideraciones. En epidemiología, cuando se investiga la existencia de una posible enfermedad de una persona se aplican dos tipos de pruebas. En primer lugar las pruebas sensibles: son aquellas cuyo objetivo es descartar a los no enfermos. Se usan para enfermedades contagiosas, graves y con buen tratamiento precoz. Tienen pocos falsos negativos (personas enfermas que dan negativo en la prueba) y muchos positivos, los cuales no tienen porqué estar enfermos. Las pruebas específicas sirven para confirmar la enfermedad. Tienen pocos falsos positivos (personas sanas que dan positivo en la prueba), muchos negativos.

            Hoy en día las pruebas sensibles nos las hacemos a nosotros mismos: si no hemos tenido contacto directo con algún foco de la enfermedad, hemos mantenido unas pautas de higiene básicas y no tenemos ningún tipo de problema respiratorio es difícil que estemos contagiados. En caso contrario, se trata de confirmarlo con una prueba específica.

            En definitiva, estamos en una nueva realidad. El nivel de contagio es más alto del esperado, la sanidad está en riesgo de colapsar y ahora toca afrontar toda esta historia. ¿Nos ha enseñado algo?

 Nos ha enseñado que las portadas de los medios y nuestras preocupaciones son relativas.

Nos ha enseñado que somos simple química: una cosita minúscula ha alterado nuestra vida.

Nos recuerda que el pánico es peligroso: bolsa de valores, supermercados.

Nos debería enseñar que la colaboración conjunta y la responsabilidad individual son el único camino para crear un futuro sostenible.

Sólo así se pueden cambiar las predicciones.

Es nuestro turno.

Javier Otazu Ojer (autor de Ideas de Economía de la Conducta, Behavior&Law Ediciones).

www.asociacionkratos.com

 

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