CONSEJOS PARA LOS ESTUDIANTES.

Activo y pasivo personal.

                Es sabido que la contabilidad de una empresa se rige por el activo y por el pasivo, de manera que el activo es “lo que tengo y lo que me deben” y el pasivo está formado por los “fondos propios y por las deudas”.

                De la misma forma, las personas tenemos nuestro activo y nuestro pasivo, aunque su evaluación se mide de forma diferente; el activo estaría formado por nuestras experiencias positivas, las habilidades que tenemos, las capacidades y habilidades para rendir en la vida diaria, nuestros sueños y nuestras esperanzas. Resumiendo, el activo estaría formado por todos los aspectos positivos de nuestra vida.

                El pasivo, por el contrario, estaría formado por nuestras experiencias negativas, nuestras miserias o el conocido como “jardín secreto”: esas manías, miedos o temores que deseamos ocultar a los demás.

                Evaluando el activo y el pasivo tendríamos marcada la personalidad de cada uno. Eso sí, esto no es contabilidad: el activo y el pasivo pueden ser diferentes.

                Todos conocemos personas con las que deseamos estar: alegres, vitales, optimistas, con energía, proyectos e ilusiones. En éstas el activo es mayor que el pasivo.

                En el tiempo que nos ha tocado vivir existen también personas que, en cierta medida, se han rendido. Sí, es triste. Pero es así. Su vida se ha quedado de cierta manera y ahí sigue. Por supuesto, ello no está relacionado al 100% con la situación económica, ya que hay personas que ganan mucho dinero pero el trabajo no les llena o tienen una vida familiar desgraciada que de puertas hacia fuera parece generar la mayor de las felicidades. Siguen viviendo de la forma en la que están y aunque no lo son  viven como autómatas (no podemos olvidar que todos tenemos el mismo valor como persona por el hecho mismo de serlo; es decir, no deseo hacer una clasificación “peyorativa”. Se trata de hacer algo constructivo).

                Luego están las personas que tienen un pasivo mayor que el activo. Parte de estas personas son las llamadas “tóxicas”, ya que generan energía negativa debido a su carácter. Desde luego, también hay personas que son encantadoras y pueden estar en esta clasificación, al fin y al cabo, ¿cómo saber lo que bulle en el cerebro de alguien cuando ni siquiera controlamos el nuestro?

                El cerebro, el cerebro. Para muchos expertos éste es el siglo de la neurociencia, y predicen que sabremos dónde está la conciencia, podremos aprender idiomas con implantes cerebrales o más aún, podremos curar a violadores o pederastas mediante intervenciones en la cabeza.

                Sí, llegaremos a ello, pero esto puede esperar.

                No es difícil elegir la clasificación más agradable, ¿verdad? Todos nos apuntaríamos al grupo de las personas con un activo mayor que un pasivo. Eso sí, ¿cómo?

                Existen aspectos claramente positivos, como un ascenso en el trabajo. Otros claramente negativos, como un accidente de coche. Uno iría a un activo, otro a un pasivo.

                Pero existen otros que según los tomemos nos van a beneficiar, por ejemplo una discusión fuerte con un amigo. Podemos agobiarnos por ello o reflexionar de forma positiva: ver que es mejor no entrar en ciertos temas, quizás esa persona no merezca la pena, o puede que yo no haya actuado de forma correcta. Seguro que en otra ocasión lo haré mejor.

                En el fondo se trata de trabajar dos aspectos. Primero, llenar el activo y bajar el pasivo. Segundo, pensar en el activo y no pensar (salvo lo imprescindible, no es cuestión de huir de la realidad, faltaría más) en el pasivo. Sí, es más fácil decirlo que hacerlo, pero conociendo la idea seguro que tomamos mejores decisiones y vemos el mundo de otra manera.

                Sí, existen experiencias amargas que dejan huella, que no tienen consuelo.

                Mal tratadas, nos pueden bloquear, causar enfermedades o eliminar cierta alegría.

                Si no son mal tratadas (pues no existe buen tratamiento para aquello que no tiene remedio) nos dejan una enseñanza fundamental: la de la responsabilidad personal con el mundo que nos ha tocado vivir.

                Como dice León Tolstoi, todas las familias felices son iguales, todas las familias tristes lo son a su manera.

                Lo mismo ocurre con las personas.

                ¿Y qué patrón tienen las personas felices?

                Su activo es mayor que su pasivo.

                Valoran lo que tienen, cada retroceso es un avance a largo plazo, aportan alegría, aprenden de los errores ganando todavía más energía, son consistentes entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen, aprovechan sus recursos personales, ríen y agradecen el hecho de vivir.

                De todas formas, de todas estas características, ésta es mi preferida:

                Ven cada amanecer como una oportunidad.

 

Cómo evitar el estrés y el agobio.

Uno de los problemas más recurrentes de nuestro tiempo es el agobio, y con él, la ansiedad que genera. En una situación de retroceso económico y de crisis como la que nos ha tocado vivir, se está perdiendo cierta alegría. Este efecto ya nos lo advirtieron los argentinos, cuando sufrieron la famosa crisis del “corralito”. También lo remarcó el antiguo embajador francés en España, Bruno Delaye, cuando comentó que “en España han estallado dos burbujas, la inmobiliaria y la de la ilusión”.

                ¿Cómo evitar el agobio? ¿Qué hacer para evitar la ansiedad?

                No es difícil contestar a estas preguntas y no es fácil aplicar los remedios, pero lo mejor es tener una serie de pautas, ya que como dijo Buda: “no es grave no tener conocimiento. Lo grave es tener conocimiento y no aplicarlo”.

                Pienso que una persona busca un triple equilibrio personal, basado en tres aspectos:

                UNO: la economía está pensada sólo a nivel monetario, pero esa es una de las mayores falsedades de nuestro tiempo. La economía debe enseñarnos a gestionar de manera correcta el dinero, el tiempo y la energía. Por desgracia, no lo hace.

                DOS: si no somos congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos tenemos cierto un pequeño desequilibrio interno al que los psicólogos llaman “disonancia cognitiva” que nos genera inquietud. No es bueno pensar que tengo que estudiar y estar tomando una copa en un bar. No es bueno pensar que tengo que adelgazar y comer un pastel de chocolate. No es bueno pensar que tengo que buscar trabajo y estar viendo “sálvame” en la televisión.

                TRES: una persona es como una empresa que debe adaptarse a su tiempo, generando sus propios recursos para sobrevivir. Por supuesto, los estudiantes están invirtiendo tiempo para tener un desarrollo profesional sostenible en el tiempo, y así tiene que ser. Y por supuesto, una persona con discapacidad, un jubilado o un niño deben tener su propia renta generada por la comunidad.

                En este contexto, nos engañan. A los niños se les dice: “tienes que estudiar”. Y es una de las falsedades de nuestro tiempo. Los niños, como los mayores, deben conocerse a sí mismos. Así sabrán sus talentos (aquello para lo que tienen más facilidad), lo que les gusta y a partir de ahí elegirán el tipo de competencias que deben adquirir para vivir en equilibrio con su tiempo.

                Así, hemos llegado al tercer equilibrio: la consistencia entre lo que queremos hacer, lo que podemos hacer y lo que sabemos hacer.

                Si hacemos una pequeña reevaluación personal y reflexionamos, tengamos la edad que tengamos, en medios para llegar a este triple equilibrio ya tendremos un gran avance.

                Vamos a ver como todos los agobios personales vienen de estos desequilibrios:

                1.- Mala gestión del tiempo, vemos que “no nos da la vida”. Este es otro absurdo de nuestra vida, ya que, que yo sepa, el tiempo que tiene cada persona al día es el mismo: 24 horas. No hay más. Ni menos.

                2.- Personalmente, no hay nada que valore más que el tiempo. Es por eso que tengo un principio grabado de forma absoluta: “El dinero va y viene. El tiempo sólo se va”.

                3.- Aunque no lo he comentado, otro agobio viene dado por hacer “lo que todo el mundo hace”, y no. El trabajo que vayamos a desarrollar nos debe motivar intrínsecamente; más importante que el salario es la sensación interna de saber que hemos realizado una actividad de forma correcta y que nuestro trabajo ha mejorado la vida de otras personas. No olvides que el salario motiva si tu trabajo es aburrido (dicho sea con el mayor de los respetos: trabajar en una cadena de producción o hacer siempre la misma contabilidad en la oficina). Pero si el trabajo es creativo…¡un salario alto por objetivos distorsiona, de forma negativa, tus resultados!

                4.- Cuando nos vamos de vacaciones, hacemos un presupuesto monetario. Al final, como si fuese una obra pública, se hace siempre mayor. Por eso hay que dejar una bolsa de dinero para imprevistos. Curiosamente, con los presupuestos temporales pasa lo contrario. Siempre hay imprevistos que nos sorprenden. Por desgracia, no tenemos costumbre de hacer bolsas de tiempo para imprevistos y nos agobiamos. Ejemplo: los atascos de coches cuando la gente va a trabajar. Tienen fácil solución: ¡salir cinco minutos antes!

                5.- También olvidamos la energía. Un desajuste temporal o vital, un disgusto, un imprevisto quita energía. Recuerda un principio: “según pienses y te tomes las cosas, así serás”.

                Y es que los mejores remedios para evitar los agobios nos los da Richard Wiseman, después de una investigación de años:

                1.- Escucha tu intuición, tu voz interior o tu locus interno, como le quieras llamar.

                2.- Detecta oportunidades en cada momento.

                3.- Predice bien tu futuro.

                4.- Haya donde tengas un imprevisto, cambia la forma de verlo y dale la vuelta. Seguro que hay algo positivo.

                Y es verdad. Más que principios para evitar agobios, son las actitudes comunes de las personas más felices.

                Yo las tomo. ¿Te apuntas?

 AHORA YA ESTÁS MÁS PREPARADO PARA ESTUDIAR....

 

 MUY IMPORTANTE: si te falta poco para terminar la carrera es recomendable acudir al curso-conferencia "Tu modelo de negocio personal", en la sección correspondiente.

Como organizar los estudios.

            Todos hemos oído los típicos consejos de “ir al día”, de “estar tranquilo el día anterior al examen”, de “programar el curso”, “hacer resúmenes” o de “saber esquematizar bien la asignatura”. Como sería de una simpleza enorme repetirlos todos, vamos a aprender ideas nuevas. Eso sí, deben tomarse como caramelos: las que gustan se cogen; las que no, se dejan. Todos somos distintos y lo que es válido para una persona para otra no sirve.

1.- Olvídate de la crisis. El bombardeo mediático que tenemos encima hace que veamos todo más negativo, y frases como “con la que está cayendo”, “tu carrera es un carné de paro” o “virgencita, virgencita que me quede como estoy” tienen connotaciones negativas. El hecho de no tenerlas en mente hará que se vea todo de forma más positiva.

2.- Por supuesto, las ideas de programación global siguen siendo válidas. Ello implica que te plantees un tipo de estudio para cada asignatura a corto, medio y largo plazo y que en el caso de suspender asignaturas hagas autocrítica y aprendas de tus errores.

3.- No vale con programar sólo los estudios. Tu programación debe ser holística. Una persona necesita más caminos de formación ya que eso aumenta el crecimiento personal. Es decir, tendrás dotaciones de tiempo libres: no las tires. Las puedes usar, según tu contexto personal, para aprender idiomas,  trabajar en algún contrato de media jornada,  hacer deporte,  bailar,  leer,  pintar…la opción la eliges tú. La idea de fondo es “diversificación”.

4.- No olvides, en consonancia con lo anterior, todo lo que tienes: tiempo, dinero (quizás no mucho), y energía. Por lo tanto, repártelo bien.

5.- No te llenes el día con actividades ya que un imprevisto puede romper tu programación. Eso conlleva dejar unas horas (al día, a la semana) para lo que te apetezca hacer en ese momento.

6.- No veas mucha televisión. La televisión quita mucha felicidad a medio y largo plazo. Nadie, en el momento de morir, se arrepiente de haber visto pocas horas de  televisión. (De la misma forma, nadie se arrepiente de no haber metido más horas extras en la oficina).

7.- Los psicólogos llaman disonancia cognitiva a la disfunción existente entre lo que deseas hacer y lo que haces. Evítala, ya que la disonancia genera “costes mentales” de manera que  debido a ella nos encontramos peor con nosotros mismos.

8.- Evita que las preocupaciones te ahoguen usando una dotación de un cuarto de hora al día para las mismas. Recuerda que estadísticamente sólo se cumplen el 5% de nuestras preocupaciones.

9.- Evita la dispersión mental. Se pierde mucho tiempo cuando estudiando empiezas a ver lo que te falta para terminar o lo que llevas aprendido. Entonces es fácil comenzar a pensar en musarañas. También se pierde tiempo cuando dudas de tu programación. Procura “fluir” cuando estés estudiando.

10.- Cuidado con las compañías. Predicen mucho mejor tus notas las notas de los compañeros con los que te rodeas que tus resultados académicos previos. De hecho, es curioso: una persona está más satisfecha si ha suspendido dos asignaturas y sus amigos tres (o más) que si ha suspendido una y sus amigos han aprobado todas. Las comparaciones son inevitables, y los contagios también. Por contagiar, se contagia hasta la gordura.

11.- No estudies en entornos donde te pueden despistar. Si estás concentrado y alguien te molesta el tiempo estimado para recuperar tu nivel de concentración anterior es de quince minutos.

12.- Ten un plan b. Si cuando llegan los exámenes observas que vas justo de tiempo, prepara a tope unas asignaturas estudiando el resto a un nivel más bajo.

13.- Ten cuidado con “la tiranía del corto plazo”. Es más cómodo estar pastando en la hierba que estudiando. Pero eso conlleva a corto plazo disonancia cognitiva, a medio plazo suspensos y a largo plazo tiempo (hay que repetir la asignatura) y dinero (hay que volver a pagar por la misma, y las matrículas sucesivas son cada vez más caras). Por supuesto, si un día estás cargado descansa.

14.- Aunque tengas muchos libros o apuntes para estudiar asignaturas, busca los conceptos fundamentales de las mismas. Daniel Khaneman ha demostrado que se aprende más de los resúmenes de los libros…¡que de los libros! (sin duda, esto es una advertencia para  escritores y editores).

16.- Evita el “derrotismo adolescente”, el cual consiste en no hacer todo lo que puedes. Así, siempre te quedas contento, pero es una postura cobarde e improductiva. Si suspendes es “porque has querido”, y si apruebas es “porque eres muy bueno”.

17.- Recuerda que el mejor predictor del éxito de una persona es su esfuerzo, no su inteligencia.

18.- No existe una relación lineal horas estudiadas-nota. Si estudiando 20 horas sacas un 4 (un punto cada 5 horas) para sacar un 5 necesitarás más de 5 horas ya que el salto de calidad es mayor.

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