BLOG 2021. VOLAR.

Cuello de botella (pendiente).

              Vaya con el atasco del Ever Given en el canal de Suez. La economía mundial paralizada, cientos de buques bloqueados en una espera semejante a las que se dan en las barracas más demandadas de los parques de atracciones en la época AC (antes del coronavirus). Ahora vemos la realidad de otra forma, ya que en la época DC (durante el coronavirus) toda la visión está sesgada por las restricciones aplicadas a de la convivencia humana. En todo caso, es pertinente ir preparando todo lo que pueda venir cuando lleguemos a los tiempos PC (post coronavirus).

            En muchos procesos productivos se tiene un especial cuidado por evitar los denominados “cuellos de botella”: fases de dichos procesos en los que un mínimo percance ralentiza la producción final. Generalizando la idea a la economía global, es claro que el canal de Suez estaría encajado en esta definición. Por lo tanto, es importante analizar lo que podemos aprender del bloqueo, felizmente superado, para evitar otros casos en los que pueda volver a producirse.

            En primer lugar, es increíble la rapidez con la que se olvidan las cosas. En un mundo sobrecargado de noticias y novedades, este bloqueo ya no es relevante. Debería haber generado un debate mundial, pero no lo ha hecho. La pandemia, la política, los deportes y los sucesos puntuales dominan la opinión pública y la opinión publicada. No es lo más equilibrado.

            En segundo lugar, la economía real (cuando se nos llena la boca de conceptos como el teletrabajo, la digitalización o la hiperconexión) es fundamental para mantener nuestro nivel de bienestar actual. De hecho, entre el 70 y el 80% del comercio mundial se hace por transporte marítimo. Es más: el 13% de todos los bienes que se intercambian de esta forma pasan por el canal de Suez. Así, según la aseguradora alemana Allianz las pérdidas semanales de un bloqueo de esas características están entre 6.000 y 10.000 millones de dólares. Tiene su miga, ¿no?

            Puestos a las cifras, vamos a continuar jugando con ellas, en este caso nos vamos a los números relacionados con el Ever Given. Esta “pequeña canoa” pesa 220.000 toneladas y lleva 20.000 contenedores. Son las cosas de la tecnología avanzada: hace sólo diez años los barcos “sólo” tenían capacidad para 10.000 contenedores. Su eslora de 400 metros y los casi 60 metros de manga equivalen a cuatro estadios de fútbol. No cabe olvidarlo: la medida actual de superficie ya no es el metro cuadrado; es el campo de fútbol. En definitiva, se trata de un coloso con un coste superior a los 170 millones de dólares.

            Volvemos a la lista anterior. En tercer lugar, olvidamos muchos problemas sociales si no hay un suceso que permita poder comentarlo y/o conocerlo. Por ejemplo, hace un año 400.000 marineros quedaron confinados en los mares y puertos debido a la pandemia. En la actualidad, la mitad de todos ellos permanecen a bordo sin que hayan sido relevados. ¿Cómo puede ser? Precisamente hace un año, los consejeros delegados de las grandes empresas recordaban “humildemente” que el puesto del reponedor o vendedor de un supermercado, por ejemplo, era más importante que el suyo. Hay frases muy bonitas que en la práctica se aplican pocas veces.

 

            En cuarto lugar, existen cuellos de botella anclados en nuestros pensamientos más profundos. Veamos: el debate sobre la salud mental de la sociedad está abierto, lo cual es de agradecer. Aunque el sector público debe tomar medidas, eso no debe impedir recordar que, en realidad, las medidas empiezan por uno mismo. ¿Tenemos algún problema que nos bloquea? Debemos valorarlo en profundidad. Un hijo adicto al móvil, un puesto de trabajo en el aire o unos padres delicados se pueden ver como una carga pero también son un reto más que aparece en nuestras vidas. Idea clave: ¿qué de diríamos a un amigo que tiene nuestro problema? Seguro que le diríamos: “no te pongas dramático que no es para tanto”. Pues bien, se trata de aplicarnos el cuento. Desde luego, no se trata de edulcorar la realidad; se trata de buscar otro enfoque. Muchos problemas no tienen solución: por lo tanto, lo mejor y más práctico es convivir con ellos.

            Por último, llegamos a los cuellos de botella de las empresas. Los de toda la vida. ¿Qué es lo más útil? Evitarlos. No hay más. Sí, es fácil escribir soluciones fáciles cuando uno no está bregado en la gestión diaria de una empresa. Sin embargo, la enseñanza profunda no es esa. Es otra: si tenemos claro que puede existir una dificultad, haremos todo lo necesaria para evitarla. Es como hacer medicina preventiva para una empresa, no para una persona.

            Y es que la medicina para las personas es complicada. Sólo la vacuna Pfizer tiene 280 componentes que proceden de 19 países distintos. 

 

            Su correcta gestión pasa por evitar, claro está, los cuellos de botella.

ECONOMÍA CIRCULAR, ECONOMÍA AZUL.

La economía circular está de moda. El concepto viene definido por la palabra misma: consiste en convertir el proceso productivo sea un círculo virtuoso en el que la materia prima y el residuo sean lo mismo. En nombre técnico, “cradle to cradle”. Aunque el concepto no es nuevo, la llegada de los fondos financiados por la Unión Europea ha hecho que adquiera una relevancia inusitada. Es una estrategia que va ganando cada vez más adeptos desde que Larry Fink, CEO de la gestoría BlackRock  y una de las personas más poderosas del mundo afirmó que las inversiones deberían servir para crear un mundo mejor. En otras palabras, el beneficio pasaba a no ser el único propósito de las empresas. Se iba a tener en cuenta a las personas y al medio ambiente. Es la denominada responsabilidad social corporativa (RSC).

            Volvamos a la economía circular. Se debe remarcar que aborda de manera adecuada el problema de la evaluación de los recursos y los desechos. En la economía tradicional, la extracción de bienes naturales como los minerales, la madera o el petróleo se considera riqueza. Está claro que si talamos todo el Amazonas el Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil subirá, pero a medio plazo no podemos considerar el país más rico que antes. Por otro lado, en la economía tradicional los desechos… ¡son desechados!  Su relevancia a nivel teórico es baja (externalidades). Sin embargo, su uso es fundamental. No es lo mismo contaminar un río o emitir CO2 que reciclar los residuos e introducirlos en otro proceso productivo.

            Esto nos lleva a las “Diez R” que resumen la economía circular: rechazar, reducir, rediseñar, reutilizar, reparar, rehabilitar, restaurar, remodelar, reciclar y recuperar.  

            VirginijusSinkevicius es el comisario europeo de medioambiente, océanos y pesca. Se ha puesto manos a la obra. Además de preparar normas que van a influir en el problema de la duración de los productos, su reutilización y su reparabilidad, estima que con medidas de este calado el PIB de la Unión Europea subirá en un 0,5% adicional hasta el año 2030 y que además se crearán 700.000 puestos de trabajo. El plan consiste en mejorar el diseño de los materiales, divididos en siete grupos: dispositivos electrónicos y tecnológicos; construcción y edificios; baterías y vehículos; comida, plásticos, ropa y empaquetado. A nivel circular, los pasos son, también, siete. Innovación y diseño; producción y reelaboración; distribución; consumo, reutilización y reparación; recogida; reciclado; materias primas y residuos.

            Existen corrientes de pensamiento que buscan amplificar la idea de economía circular. La bióloga Janine Benyus trabaja la biomimética. La psicológa industrial Edita Olaizola profundiza en la idea anterior a partir de la biomimética organizacional: la empresa debería aprender de la naturaleza. Y esto nos lleva a la meta final: es la economía azul de Gunter Pauli. El sistema económico debe integrarse en la naturaleza actuando como ella misma. ¿Cómo resumir esta idea? Dejemos que lo haga el propio autor del concepto.

“Al estimular los exitosos procedimientos que encontramos en los ecosistemas naturales, podemos comenzar a elegir modelos con un alcance generoso y una propensión al reciclado, cuya meta sea la gestión planetaria y biológica, y cuyo futuro sea la perpetuidad. Esa es la economía. Cuando comenzamos a captar la plenitud de este paradigma, la imagen de la economía azul se eleva como ave fénix de las cenizas de la inestabilidad económica hallando fuerza e inspiración en la naturaleza.”

      La economía azul tiene como base asegurar que los ecosistemas mantengan su trayectoria evolutiva de manera que todos podamos beneficiarnos del inagotable caudal de creatividad, adaptación y abundancia de la naturaleza.         La clave es imitar la eficiencia sin recursos de los ecosistemas. En esencia, la biodegrabilidad más la renovabilidad no es igual a sostenibilidad, ya que ésta sólo será factible cuando nuestro sistema elimine el concepto de deshecho y comience a reciclar los nutrientes y la energía tal y como lo hace la naturaleza.

Existen ejemplos de pequeños proyectos que han tenido un éxito notorio, como la aparición del velcro, inspirado en las avispas. El libro Economía Azul, de Gunter Pauli, fue publicado en el año 2014: propone en diez años un total de 100 innovaciones con  100 millones de empleos.

      Llama la atención como este modelo evalúa en un producto los beneficios para el productor, el consumidor…¡y el planeta! Por ejemplo, la producción de cierto café puede ser, para los diversos agentes económicos, un proceso rico, limpio, barato, rápido, saludable y seguro. Para el planeta se genera menos energía, metanos, rastrojos, talas, basuras y la alimentación es más segura.

Nuestro modelo económico está basado en la estimulación excesiva de la demanda para satisfacer caprichos e ignorar necesidades básicas. Un ecosistema nos enseña a innovar, colaborar, tener paciencia y ser perseverante.

            ¿Será este el camino del futuro? Todos los demás llevan al desequilibrio, así que aunque sea por eliminación nos acercamos a un mundo azul.

Ciudades, personas, empresas, instituciones, gobiernos: preparados, listos, ¡ya!

 

La nueva economía digital: bitcoin, blockchain.

¿Qué es el bitcoin? ¿Y el blockchain? ¿Merece la pena invertir en esa moneda digital? ¿Va a revolucionar esta tecnología el mundo? Estas son las preguntas que están en boca de todos, preguntas cuya respuesta sólo están al alcance del juez que gobierna nuestra vida: el tiempo.

Un bitcoin es un registro compuesto de muchos  números y muchas letras. Debe cumplir una serie de requisitos. El más lógico; no se pueden hacer dos intercambios a la vez. Por supuesto, se deben cumplir otras condiciones. Vamos a enumerarlas. Uno, son transacciones ordenadas, conocidas y validadas por todos los participantes de la red. Eso implica que sean públicas: se comunican a todos los nodos de la red. Ahora bien, ¿qué tecnología permite hacer eso? El blockchain, compuesto por cadenas de bloques que van acumulando toda la información en un enorme libro mayor digital también denominado “ledger”. Dos, se deben evitar las transacciones maliciosas. Tres, dichas transacciones no pueden ser modificadas.

Estas restricciones tienen una ventaja: proporcionan una seguridad prácticamente total (siempre y cuando el desarrollo de los ordenadores cuánticos, en los que se están invirtiendo ingentes cantidades de dinero, no nos digan lo contrario). Eso lleva aparejado una desventaja: las transacciones son lentas. Por eso el bitcoin es más un activo financiero (si bien cotiza en el mercado de derivados de Chicago) que una moneda. Por eso mismo sería más adecuado denominarlo como “oro digital”.

El bitcoin nació en el año 2008 a partir de un programa informático creado por Satoshi Nakamoto (no se sabe si es una persona o un equipo de trabajo). La primera transacción se realizó en enero del año 2009. En la actualidad, hay emitidos aproximadamente 18 millones de bitcoins. El límite, 21 millones. El último aparecerá en el año 2140.

¿Cómo se puede comprar un bitcoin? Hay dos opciones. La primera, acudir a un intermediario digital como Binance, Huobi global (ambos de China) o Coinbase (Estados Unidos). En cierta forma es semejante a comprar acciones: nos vamos a una plataforma, hacemos la transacción dejando nuestra tarjeta de crédito o mediante transferencia bancaria y asunto arreglado. En este caso, una vez que tenemos el bitcoin, dicha plataforma nos deja una especie de “cuenta corriente”, aunque siempre podemos correr el riesgo de que la web colapse o sufra un ataque informático. Por eso hay otra opción más útil: tener un billetero digital. Siempre que podamos entrar en Internet y podamos usar la aplicación correspondiente tenemos acceso al mismo mediante una contraseña. Y de nuevo, aquí vienen los problemas: si perdemos la contraseña, perdemos todo. No hay solución posible. Y sí, la cosa es grave: se estima que 5 millones de bitcoins se han esfumado como consecuencia de este pequeño detalle.

Regresamos a las formas de comprar bitcoins. La segunda: haciendo minería. Sí, minando. Como si estuviésemos buscando oro. De hecho, es lo mismo. Lo que ocurre es que se debe desencriptar el bitcoin y eso lleva mucho tiempo y sobre todo, mucha energía. El gasto en electricidad mundial usado en este concepto es mayor que, por ejemplo, el de Bélgica. Un mundo complejo y complicado, sin duda.

¿Merece la pena comprar bitcoins? Ventaja: son siempre nuestros. Nadie nos los puede tocar. No se pueden embargar. No van a sufrir efectos inflacionarios: el sistema, en este caso, es muy robusto. Inconvenientes: la volatilidad en la fluctuación de la moneda como consecuencia de que también tiene un componente especulativo.

Existen muchas monedas virtuales más como el litecoin o el ethereum (la segunda más usada: es la “plata digital”). Esta moneda está asociada a los smart contracts, que consisten en un programa de software que se ejecuta junto a una transacción financiera. Una aplicación sencilla: si compramos un billete de avión con este método y no hay vuelo nuestro dinero es reembolsado al momento. Este concepto, más desarrollado, nos lleva a la digitalización de la propiedad.

Todavía hay más. Están los token, “monedas digitales” semejantes a una ficha de las barracas de autos de choque. Los ICO (initial coin offering; no es lo mismo que instituto de crédito oficial) van a amplificar los mercados financieros. Se usan para financiar DAO (organizaciones autónomas descentralizadas).¿Cómo funciona? Si deseamos captar capital para un festival de verano, se ofrecen tokens consistentes en una proporción de la recaudación del mismo (por ejemplo, un 1%) a cambio de dinero; por ejemplo, 100 euros. Si hay festival y es un éxito, podemos multiplicar la inversión. Si la cosa no funciona, la inversión se multiplica por cero. En resumen, tenemos oro digital, inversiones digitales, contratos digitales y monedas digitales. Todo ello está sustentado en una tecnología que ocupará cada vez más espacio en nuestra vida cotidiana.

¿Es el fin de los sistemas dirigidos? Si se cumple la ley de Johnston: “lo que se puede descentralizar se va a descentralizar”, está claro que sí.

Saber (diversos medios, febrero).

            Un dicho popular nos dice que el saber no ocupa lugar, aunque no es del todo exacto. Siempre queda registrado en alguna neurona. Además, ahora ya no es tan necesario. Es más útil usar el apéndice de nuestro cerebro, ese artilugio llamado teléfono móvil. ¿Para qué memorizar una fecha de cumpleaños, un teléfono móvil o el DNI? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué conocer la capital de Burkina Faso? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué estudiar la tabla periódica? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué memorizar? Consultar el teléfono es suficiente.

            No. Nunca es suficiente. La creatividad y la intuición se desarrollan a partir de muchos conceptos, ideas y definiciones asimiladas que se solapan entre sí creando nuevas conexiones, las cuales amplifican nuestro conocimiento. Si la educación es saber  que hacer cuando no sabemos lo que hacer, es muy difícil tomar decisiones si hemos perdido la capacidad de usar el cerebro. Bien, eso es un debate conocido. De hecho, los gurús de Silicon Valley no quieren que sus hijos usen el móvil. Lógico y normal. No es sólo el hecho del atontamiento mental. Hay algo peor: la adicción. ¿Qué ocurriría si el alcohol, el tabaco o las drogas serían gratis? Se consumiría más. Como todas las consultas en las pantallas provocan reacciones semejantes en el interior  nuestro cerebro, terminamos todos enganchados.

            El tema de las redes sociales tiene una implicación más profunda. Enseña cómo la definición importa, ya que cuando afirmamos que son “sociales” les damos una visión no ajustada a la realidad. En verdad, son redes pero de pescar. Meditemos acerca de los mejores momentos de nuestra vida. Todos ellos son compartidos con alguien. Es complicado tener una felicidad plena consultando de manera permanente el móvil. Nadie se arrepiente, antes de morir, de no haber estado durante más horas consultando pantallas. Tampoco se arrepiente de no haber comprado un Ferrari o una joya más cara.

            En este sentido, existen tres corrientes de pensamiento peligrosas. Uno, no es necesario saber ni desarrollar la memoria ya que todo está en el teléfono móvil. Bien, esta afirmación ha sido rebatida en el apartado anterior. Dos, hay que especializarse en algo muy concreto: así son los nuevos tiempos económicos. Sin ser falsa, esta afirmación no es correcta. El pensamiento multidisciplinar importa. Enseña a hacer asociaciones que no son simples a la vista. No consiste en estudiar carreras de ámbitos que no tengan nada que ver unos con otros; consiste en esforzarse por conocer otros ámbitos de conocimiento. Nada más, nada menos. Tres, el “efecto tertuliano”. Si queremos saber mucho de todo terminamos sin saber nada de nada. Ya comentaba Marlon Brando que “lo curioso de ser famoso es que te preguntan de todo y tus opiniones son tenidas en cuenta como si fueses un experto”.

 

Estos es peligroso, ya que al final acudimos a simples ocurrencias, las cuales vienen determinadas por sesgo de disponibilidad (comentamos las ideas que están más de moda) y el sesgo de confirmación (sólo nos fijamos en aquello que confirma nuestros pensamientos preestablecidos).

            El saber está emparejado con el desarrollo humano. Hay una regla que demuestra la neurociencia: creer saber envejece, querer saber rejuvenece. La curiosidad, conocer, estudiar, aprender y desaprender nos lleva siempre a tener la sensación de crecer y hacer que nuestra vida merezca la pena. No está montado así el sistema de hoy: estamos rodeados de estímulos para consumir pronto y pedir prestado, no en comprar más tarde y ahorrar para el futuro.

            Sin embargo, saber es fundamental. Amplia nuestro pensamiento y la visión del mundo. Nos aporta certezas generando nuevas dudas. Sin embargo, este coste siempre merece la pena. Así, querer saber sirve para aproximarnos a las grandes preguntas, aquellas que siempre nos han empujado a llegar hasta la sociedad de hoy. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? ¿Cómo podemos mejorar la situación económica y sanitaria de la comunidad? ¿Cómo aumentar la calidad y la cantidad de nuestros años de vida? Si hubiésemos consultado estas preguntas a un teléfono móvil, no hubiésemos tenido respuestas. No nos imaginamos a los grandes líderes o científicos de todos los tiempos como Jesús, Einstein, el matrimonio Curie, o Hipatia de Alejandría pendientes de una simple pantalla. Los vemos como personas curiosas que siempre aprendieron para así poder enseñar y viceversa en un feedback sin fin.

            Las opciones son muchas: astronomía, física, literatura, arte, matemáticas, senderismo, deporte, espiritualidad, arqueología, arquitectura,  religión, psicología, sociología, economía, tecnología, medicina o estadística. Todo ello no está reñido con el entretenimiento: existen múltiples espectáculos de música, cine, danza o teatro conmovedores.

            La expresión homo sapiens sapiens nos dice que “el hombre sabe que sabe”. No podemos olvidarlo, como mi inolvidable alumno Ramiro Giménez Cara a quien van dedicadas estas líneas. Falleció en clase con tan sólo 97 años.

            Sabía que la actitud, no la aptitud, es lo que determina nuestra altitud.

            Y quería seguir sabiendo.

El dedo y la Luna (pendiente).

                Dice Confucio que “Cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo”. Su enseñanza es muy sencilla: olvidamos lo importante, nos centramos en tonterías. Por ejemplo, puede ocurrir que por una discusión estúpida se pierda una amistad. Esta situación todavía es más triste cuando pensamos en conocidos que han fallecido. Hay tres tipos de penas. Uno, no haber pasado más tiempo con esa persona. Dos, haber tenido algún percance emocional que tambaleó la relación. Tres, no haberle dicho algo especial o sentimientos simples y profundas como “te aprecio mucho”. Las conclusiones, dos. Una, nos preocupamos de muchas tonterías y olvidamos las cosas que realmente importan. Dos, cambiaremos. Por supuesto, seguiremos igual.

            No obstante, deberíamos hacer matices al dicho del dedo y la Luna. Primer matiz, hay cosas que parecen estúpidas, no nos preocupamos por ellas y al final se crean problemas mayores. Casos tipo: educación de los niños, concesión de caprichos a amigos y conocidos. Está muy bien hacer favores o intentar que los demás estén contentos y felices. Pero con un equilibrio: a veces se nos va la mano y no tenemos vuelta atrás. Por lo tanto, cuidado con eso. En economía, existe un nombre para casos que se asocian a este patrón: es el denominado “efecto de los cristales rotos”. Si vemos en un barrio o ciudad unos cristales rotos y volvemos pasado un tiempo, es fácil que las cosas hayan empeorado. Al no cortar el problema de raíz, se ha hecho mayor. El hecho de no arreglar el estropicio inicial se considera barra libre para poder realizar las fechorías que se estimen oportunas.

            Ahora que estamos en temas educativos, se deben hacer dos enfoques. Primero, la definición de educación: “saber lo que hay que hacer cuando no sabemos lo que hacer”. Eso, todavía, no lo pueden hacer los algoritmos ni los teléfonos móviles. Dos, tendemos a sobreproteger a los niños. Y el mundo es como es. Es mejor hacerlos fuertes y competentes. Eso tiene un coste: caídas y fracasos.

            Vamos al segundo matiz. No es necesario estar todo el día pensando en cosas importantes. Un maravilloso libro del filósofo italiano Nuccio Ordine, denominado “la utilidad de lo inútil”, expone las ventajas de disfrutar de un paseo, una siesta, un atardecer, una visión de un bosque o la lectura de una atractiva novela. En este caso, nosotros debemos valorar las cosas “inútiles” que nos hacen felices. Sí, habrá quien piense en las drogas, el tabaco, el alcohol o vicios semejantes. No es el caso. Hablamos de estimulantes culturales, no de estimulantes externos. En el ámbito de la cultura o el arte, comprenderlo y disfrutarlo genera reacciones químicas internas que nos aportan sensaciones hermosas y logran conmovernos. En el ámbito de las drogas, es necesario introducir en nuestro cuerpo ciertas sustancias que tarde o temprano nos harán pagar un coste en forma de estado secundario.

            Está muy bien pensar en el objetivo de la Luna. Sin embargo, a veces confundimos el medio. A los niños les decimos: “estudia para ser alguien en la vida”. A los adultos, “busca trabajo para poder tener tu casita y vivir contento y feliz”. No es exacto. Se debe profundizar más.

El primer paso es el propósito: “Medita el ámbito en el que tienes las capacidades, la personalidad y las competencias para crear valor.” Una vez realizado, recuerda que “Estar preparado es todo” (William Shakespeare). A partir de ahí, se trata de “Aprender las reglas. Y después, jugar mejor que nadie” (Albert Einstein). Estas reglas tienen su evolución. Tenemos conceptos fundamentales y genéricos: leer, escribir, matemáticas, lenguaje o historia son prioritarios. Después la especialización: vienen los itinerarios de secundaria para desembocar en la Formación Profesional o el Bachiller que termina, así mismo, en la Universidad. Eso sí: todo está relacionado y el tema multidisciplinar es cada vez más importante.

La Luna de una empresa estaba basada en la maximización de beneficios. Sin embargo, la Responsabilidad Social Corporativa va ganando, poco a poco, peso. En este contexto, el objetivo, además, del beneficio, son las personas (todas las componentes de la empresa directas e indirectas; clientes, proveedores, trabajadores y comunidad en la que está localizada) y el equilibrio medioambiental.

¿Cuál es la Luna de los países? Pandemia aparte, los indicadores económicos de referencia son el PIB (producto interior bruto), deuda pública, desempleo y control presupuestario. No se trata de olvidarnos de lo más importante: las personas. Pero la evidencia es tozuda: si estos indicadores fallan, tarde o temprano llega el caos, el desorden y quizás el populismo.

Es el momento de volver al comienzo del artículo. Existen especialistas en comunicación que focalizan los dedos con la idea de ocultar la Luna para seguir en la poltrona o crear un negocio con escaso valor social, que es sólo humo.

Y sin embargo, la Luna llena es preciosa, inspiradora y luminosa.

Robin Hood (marzo).

            Lo nunca visto, lo inesperado: Robin Hood existe y ha dejado a los “malvados” reyes financieros que se aprovechan de la clase baja inversionista en ruinas. Sin embargo, esta noticia, que ha sido la más destacada en la última semana de enero del presente año, ha pasado casi desapercibida por los medios. ¿Cómo puede ser?

            En esta historia, Robinhood es una aplicación creada por Vladimir Tenev y Baiju Bhatt cuyo propósito es llevar la inversión a la clase baja sin intermediarios. En la vida real, cuando compramos un producto financiero se suele pagar una pequeña comisión al agente económico (denominado “broker”) que nos permite hacer la transacción. El objetivo de la aplicación es evitarlo para dar así más poder al pequeño inversor. En estos momentos, Robinhood es considerada una Start Up con un valor de mercado aproximado de 12.000 millones de dólares. Sin embargo, los vaivenes bursátiles actuales, con una gran volatilidad, no permiten asegurar que dicha cifra sea una referencia continuada en el tiempo.

            Existen muchas redes sociales cuyos nombres están en la mente de todos. Sin embargo, Internet es un océano de opciones múltiples. En este caso, acudimos a Reddit: una plataforma popular en Estados Unidos que, entre otras opciones, permite invertir en bolsa. Tiene lógica: la cooperación entre personas sirve para afinar la información del mercado y poder elegir así mejores opciones. Así, en esta red los chats se llaman subreddit. El que nos ocupa se llama Wallstreebets (apuestas de Wall Street), el cual es un foro creado por Jaime Rogozinski. En el mismo, existen según las últimas estimaciones casi seis millones de partícipes.

            Los grandes fondos de inversión crean terremotos en el mercado financiero si logran concertar explícita o implícitamente operaciones dirigidas a un valor concreto. Es lo que se denomina especulación. Si por ejemplo empiezan a aparecer órdenes de venta de una acción determinada o de un bono particular sus valores se hunden, debido a que el mercado está considerando su valor es alto. De la misma forma, si ocurre lo contrario los precios se disparan. Así, PharmaMar, la empresa española que anunció un posible medicamento para combatir el covid 19 se disparó: los inversores crean que van a generar una buena rentabilidad futura.

            Si la bolsa sube, los poseedores de acciones verán incrementada su riqueza y si baja pasará el efecto contrario. No es un mecanismo muy difícil de entender, no. Sin embargo, el mercado bursátil también permite realizar operaciones en las que se gana dinero….si los valores bursátiles bajan. Aunque hay muchas posibilidades, en esta ocasión me voy a centrar en las “ventas a corto”. Supongamos que un inversor, Luis, piensa que las acciones de la empresa “la gaviota azul” van a bajar. Otro inversor, Pablo,  posee 1.000  acciones de 50 euros cada una tiene intención de mantenerlas en su cartera durante mucho tiempo ya que piensa que van a subir.

            Luis le propone a Pablo un pacto: “me prestas las acciones durante un año y a cambio te doy 400 euros”. No es mal negocio para Pablo: va a ganar ese dinero a cambio de nada, ya que su intención era mantener las acciones. Luis piensa que las acciones van a bajar, y las vende al momento. Ingresa, por lo tanto, 50.000 euros. Si pasado el año las acciones han bajado a 40 euros se gasta en la recompra de las mismas 40.000 euros. Por lo tanto, gana la diferencia (10.000 euros) menos lo que debe pagar por haber tenido las acciones (400 euros), es decir: 9.600 euros. Por supuesto, si las acciones suben la operación le sale al revés. Bueno, es la bolsa.

            Existen fondos especializados en las “ventas a corto”. Se dedican a estudiar empresas que están a un precio objetivo muy alto para realizar operaciones de este tipo. En Estados Unidos, Game Stop era una empresa con un valor supuestamente alto: se dedica al comercio (en pleno confinamiento) y a los videojuegos (los cuales se compran cada vez menos: es más cómodo jugar online). Una empresa ideal para estos fondos, como por ejemplo, Melvin Capital o Citron Research.

            Estos fondos, ¿son buenos o malos? Por un lado, son útiles ya que corrigen los valores bursátiles. Por otro, muchas operaciones de este tipo pueden dejar los precios de algunas acciones por el suelo. ¿Seguro?

            Muchos pequeños inversores de Reddit al grito de YOLO (“you only live once”, sólo se vive una vez) han comprado a la orden de “las acciones siempre suben” (Dave Portnoy, Bort Sool Plataforma) valores de empresas que podían bajar y han disparado su valor. Por ejemplo, Game Stop se ha revalorizado un 1.680%. Por otro lado, Melvin Capital ha bajado su valor de 12.500 millones a 8.000 millones, necesitando el rescate de fondos como Point Asset Management o Citadel.

            Por primera vez, la cotización de la acciones ha oscilado a partir de…acciones concertadas de pequeños inversores. Desde abajo hacia arriba.

            ¿Es el comienzo de una nueva época? ¿Se puede trasladar a otros frentes?

Diálogo, pactos, debates (febrero).

            En cualquier campaña electoral las palabras más usadas son “diálogo”, “pactos” y “debates”. Ahora bien, su sentido es completamente vacío y dirigido. Todos dicen lo mismo: “somos el partido del diálogo”, “no pactaremos con los otros” y “estamos abiertos a cualquier debate”. En definitiva: no deja de ser una estrategia para no abordar temas importantes de difícil resolución. Tiene toda lógica y sentido del mundo: si el elector percibe al rival como muy negativo es más sencillo ganar el voto propio, aunque sea por eliminación o por ser el menos malo.

            Vamos a comenzar por la palabra “diálogo”. ¿Quién no lo desea? ¿Quién no está dispuesto a hablar hasta el amanecer hasta llegar a una solución común? Por desgracia, dicha solución no siempre existe. En casos continuos sí, en casos dicotómicos es imposible,  en casos ordinales es muy difícil. El matiz es capital, y merece un análisis más profundo. En términos estadísticos, una variable continua es aquella que puede tener tantos decimales como queramos; por ejemplo el peso o la altura. Una variable dicotómica es aquella que sólo puede tomar dos valores, como fumar. Sí o no. Una variable ordinal sería una calificación final (suspenso, aprobado, notable, sobresaliente).

 Pensemos en la discusión de los fondos de reconstrucción por parte de la Unión Europea. Se trata de cómo financiar las ayudas y cómo usarlas. Al final, el debate consiste en un tema numérico: ¿cuánto? Sí, claro que existe una condicionalidad, pero el asunto principal son los números. Está claro que un país debe recibir una ayuda entre cero e infinito. A partir de ahí, se negocia. El dinero es una variable continua y siempre se puede llegar a una solución en la que ni todos están completamente satisfechos, ni nadie está completamente disgustado.

Pensemos en un caso dicotómico: referéndum de autodeterminación. Sólo hay dos posibilidades; o se hace, o no se hace. En este caso, es imposible llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos. Uno logra su objetivo, el otro no lo logra. Una analogía muy sencilla viene dada por dos miembros de una pareja de los cuales uno se quiere separar y el otro no. No hay arreglo posible. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Por esa razón un buen negociador buscará vericuetos que le lleven a lograr su objetivo. Puede ser alargar la situación, puede ser lograr un poder o influencia que permita doblegar al rival. El resto, es cuento.

Pasamos a los “pactos”. ¿De dónde viene esa maldita manía de decir que “no voy a pactar con otro partido” si después resulta ser falso? Es más, la única persona que en este sentido cumplió su promesa es Albert Rivera. Hoy está fuera de la política. Por lo visto, decir la verdad se penaliza. Por otro lado, en lugar de repetir esa afirmación recomiendo firmar ante notario la imposibilidad de pactar con un partido concreto. Precedente en Cataluña hay: Artur Mas se comprometió a no pactar con el Partido Popular.

Y es que todavía hay más. La promesa de no pactar, además de ser falsa, es estúpida. ¿Por qué no van a pactar Vox y Bildu? Los primeros lo harían si los segundos renuncian a ciertos principios, y los segundos lo harían si los primeros renuncian a ciertos principios. Vamos a un ejemplo extremo: si Bildu necesita los votos de Vox para realizar un referéndum de independencia  y Vox lo aceptase, ¿no pactaría con ellos? Si algo se ha demostrado en el mundo de la política es que las líneas rojas no existen.

Terminamos con los “debates”. Los hay útiles: por ejemplo, cómo repartir las ayudas europeas. En realidad, esa es la clave: debatir cómo ingresar, cómo gastar y las normas de convivencia. Todo ello con un objetivo prioritario: el bien común. El resto, es paja. Recientemente Pablo Iglesias comentó que la situación de Puigdemont era equivalente a la de los  republicanos represalidados que huyeron de España. Está bien pensando: así se desvía la atención de aspectos más importantes como la gestión de la pandemia o el retraso de las vacunas. Son cortinas de humo. Fumatas negras.

Muchos debates están relacionados con la identidad. Esto incluye la nación (vasco, español, europeo), la situación laboral (trabajador, empresario), edad (jóvenes, maduros, jubilados) el género (hombre, mujer) o más en Estados Unidos, la raza (blancos, hispanos, negros, asiáticos). Aquí lo importante es que todos estén en igualdad de condiciones, sin que exista discriminación positiva (salvo que sirva para arreglar alguna situación injusta) o negativa. Por desgracia, la mayor parte de las veces se usa un populismo fácil y barato cuyo único objetivo final es el voto, sin exponer medidas concretas que sirvan para arreglar un problema. Se quedan en un simple “hay que”.

¿Diálogo? Valorar si el asunto a tratar es continuo o dicotómico.

¿Pactos? Siempre se hacen, de manera explícita o implícita.

¿Debates? Basta de tanto fuego de artificio. Bien común.

Pensamiento crítico, imaginación, ideas (enero).

            Encuesta realizada por el CIS (centro de investigaciones sociológicas).

Pregunta número uno: ¿qué piensas del feminismo?

Pregunta número dos: ¿qué piensas de la iglesia?

Pregunta número tres: ¿qué piensas de los toros?

Pregunta número cuatro: ¿qué piensas del aborto?

No es difícil imaginar las respuestas más comunes a estas cuestiones. Respecto del primer caso, lo común es decir “la igualdad está muy lejos, tenemos que seguir peleando”. Respecto del segundo: “la iglesia está muy alejada de la realidad, esto de que los curas no puedan casarse es retrógrado, luego pasa lo que pasa”. Tercera: “no puede ser que la muerte de un animal sea una fiesta; es una salvajada”. La cuarta depende, en gran manera, de nuestra educación previa y nuestros contactos sociales. La respuesta va desde el “nosotras parimos, nosotras decidimos” hasta “siempre es un asesinato, y debería condenarse como tal”.

El encabezamiento del artículo indica un orden fundamental para poder avanzar como sociedad. Sin pensamiento crítico e imaginación no puede haber ideas. Y una comunidad no puede avanzar ni progresar sin ideas. En este caso, ¿a quién le interesa tener una población dormida y anestesiada? A todos aquellos con privilegios que desean mantener a cualquier precio. Sí, lo primero que nos viene a la cabeza son los políticos. Tiene sentido: ¿dónde estarían trabajando algunos de ellos sin su puesto actual? En demasiadas ocasiones su mérito es única y exclusivamente su carrera dentro del partido. Cada vez es más raro ver perfiles asociados a una carrera profesional brillante. Eso no ocurría en el pasado. Para muestra, un botón. Pensemos en los últimos presidentes del gobierno de España. Con sus luces y sombras, Felipe González y José María Aznar tenían una visión de estado. Son figuras respetadas en el panorama nacional e internacional. Si pasamos a José Luis Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy, su perfil es más bajo. Es más, cuando Pedro Sánchez no sea presidente del gobierno (cosa que pasará), ¿qué perfil tendrá? De hecho, cumple una característica jamás vista: decir un día una cosa, la contraria y hacer una tercera que no la había dicho ni a la mañana ni a la tarde.

 Por supuesto, existen más sectores que ganan con la pasividad social. Grandes empresas que juegan con nuestros datos. Sí, las tecnológicas. Eso de que “si no pagas por algo, el producto eres tú” ya está pasado de moda. Ahora se lleva: “cuando no tienes elección, la elección eres tú” (Kiran Bir Sethi, educadora). Cada vez metemos más tiempo en los dispositivos electrónicos y la pantallas, vivimos en una “economía de la atención” (Tim Wu, profesor). Es más, muchos articulistas cobran según el número de clics recibidos por su noticia. Por esa razón el objetivo no es el suceso en sí mismo, es generar el titular suficientemente atractivo para hacer clic.

Esto no es bueno para la crítica, ya que nos deja en el cerebro simples frases, sin pensar en la implicación de cada cosa. Eso lo saben los gurús políticos (Iván Redondo es el de Pedro Sánchez). La falta de pensamiento crítico implica percibir la realidad en forma de titulares atractivos que no llevan a la reflexión.

Así, se orquesta una campaña que implica realizar cambios en el poder judicial, alargar la provisionalidad en instituciones públicas estratégicas, cambiar también la ley de enjuiciamiento criminal otorgando más peso a los fiscales (los cuales dependen del Estado, claro), instaurar una agencia gubernamental para discriminar lo verdadero de lo falso, aprobar una ley de educación más que conflictiva o pactos políticos que se habían negado por activa y pasiva en el pasado. Todo parece obedecer a un único fin: perpetuarse en el poder. Y eso ocurre en diferentes países, en diferentes formas.

Juan Ignacio Martínez, entrenador de fútbol, recuerda de su experiencia en China que su sistema educativo, orientado a la obediencia y a un menor espíritu crítico, crea futbolistas con poca creatividad. Es una explicación atractiva que sirve para intuir la razón por la cual China, con 1.300 millones de habitantes y una creciente afición al deporte del balón, tiene un nivel internacional tan bajo. Lo decía también Figo, exfutbolista reconocido con un balón de oro: “ahora se aprende a jugar en las escuelas y academias, es todo rígido y nada natural”. ¿Corremos ese riesgo como sociedad? ¿Acaso no existe un confinamiento perimetral en torno a los cerebros para evitar la entrada de ideas infecciosas?

Santiago Grisolía nos recuerda que “las libertades y derechos nunca se consolidan. Cada generación debe batallarlo”. Sí. Tenemos la obligación de hacerlo. No podemos avanzar sin dudar  y sin desarrollar nuestra imaginación.

 Feminismo, en términos lingüísticos, es opuesto a machismo. La iglesia realiza una labor social que ahorra millones de euros al Estado todos los años. Existen animales de los que nos alimentamos cada día con una vida más dura y cruel que la de los toros. El aborto genera depresiones, aunque en lugares donde está terminantemente prohibido se genera más delincuencia. Sí; una pregunta puede tener muchas respuestas.

Estimado lector: piensa, duda, imagina.

HOSTELERÍA: UN NEGOCIO SOCIAL (enero).

            La hostelería: ¿abierta o cerrada? Es el dilema que nos azota: ¿economía o salud? Cómo han cambiado los tiempos en los que la duda era la libertad o la seguridad….y es que la cosa es muy complicada. No es tan fácil estimar la relación causa efecto entre una actividad o un contacto concreto y la adquisición del coronavirus. Es lo que tiene la epidemiología: el modelo determinista modificado de Rothman es complejo. Se necesitan condiciones muy claras para saber cómo se adquiere una enfermedad. Ni todos los fumadores terminan con cáncer de pulmón, ni todos los enfermos de cáncer de pulmón son fumadores.

            Va pasando el tiempo y los números sobreestiman los contagios en los bares y subestiman los contagios en las casas. Ahora bien, ¿cómo se explica? Muy fácil. Si cuatro amigos que han pasado un rato juntos en el bar enferman, el hecho es público y notorio. Si lo pasan en una casa, se puede ocultar. Nadie quiere parecer un irresponsable. Por lo tanto, no se comenta. Lo mismo ocurre cuando los médicos quieren saber la causa de una enfermedad: las personas tienden a decir que han bebido menos o que han hecho más deporte del real.

            Pasamos de la visión epidemiológica a la económica. Sí, es cierto que se deben mantener los trabajos esenciales. Ahora bien, para cada persona es esencial su trabajo, ¿no? Sí, es cierto que los servicios públicos esenciales se deben mantener. Ahora bien, ¿no es la hostelería un servicio público esencial? Muchos trabajadores tienen, al menos, un tesoro matutino: su café, su almuerzo o su comida. En realidad, su descanso. ¿Se les impide eso? Es por seguridad. Sin embargo, nadie puede estar más interesado que el hostelero en mantenerla. Un cierre en términos económicos y sobre todo de reputación es devastador. Y aquí tenemos el siguiente salto. Es fácil medir los números; la reputación y otros intangibles, no. ¿Probamos a hacerlo? ¿Qué sentimientos, qué expectativas tenemos las personas antes los hechos pendientes y futuros? Su evaluación es fascinante. Para introducirla, debemos considerar unas declaraciones de Matthier Ricard. Este monje budista tiene un título llamativo: está considerado el hombre más feliz del mundo. Sí, el principio de que “las condiciones externas no deberían condicionar la felicidad” aparece en cualquier libro de autoayuda. Sin embargo, hay otra idea muy llamativa: “la calidad de las relaciones humanas es el factor que más determina nuestro nivel de satisfacción en la vida”.  También merece resaltarse el principio del contacto con la naturaleza. Por desgracia, sólo pensamos en la red de Internet. No obstante, la red del micelio es más importante: conecta las plantas entre sí.

            Supongamos un Ricard en el mundo de la hostelería. ¿Qué nos diría? “La verdad es que hemos hecho unas inversiones enormes para tener el local en condiciones: ampliación de ventanas para tener ventilación, aparatos para controlar el CO2 (a partir de un nivel el aire se considera más cargado y la sala se debe refrigerar), aspersores en el techo y por supuesto: todos los artilugios de limpieza que se necesitan”.

No obstante, no se trata sólo de más inversión y  más trabajo: es evidente que el mantenimiento de cada local lo exige. Hay más: “uno de los papeles no reconocidos que tenemos es el de policía. Tienes que ver si se cumplen los protocolos establecidos, contar los clientes que están en el establecimiento, evitar el consumo en la barra….durante el día hay, a lo mejor, 3.000 policías. Cuando se cierran los locales, sólo quedan los habituales”. Los números no se pueden olvidar: “los gastos fijos son enormes; los ingresos son variables y a la baja. Así, los ERTES son inevitables. Normal”. La administración es flanco de críticas pero al menos “si los papeles están en regla las ayudan llegan, si bien distan de ser suficientes”. Eso sí, “es más fácil cerrar 1.000 bares de 4 trabajadores cada uno que cerrar una fábrica con 4.000 trabajadores”.

De todas formas, es útil buscar aspectos positivos, aunque sea por salud: no es muy conocido que el tabaco y el pesimismo matan lo mismo. Si no podemos dejar los vicios, seamos optimistas. “Estamos muy agradecidos a todos los clientes ya que nos apoyan y comprenden. Esto incluye también los policías, en una gran mayoría da gusto tratar con ellos. Además, sin el esfuerzo de otros sectores como la investigación o la sanidad la situación sería peor. Por cierto, es injusto también demonizar a los jóvenes: la gran mayoría cumple las reglas y estamos encantados con ellos. Todo ello sin olvidar lo más importante: los enfermos y los fallecidos por coronavirus”.

Michael Eisner, antiguo director ejecutivo de Walt Disney, decía que tenían el mejor negocio del mundo: la esperanza. “Fueron felices y comieron perdices”.

Nosotros pensamos que la hostelería tiene, además de otros servicios, un negocio fundamental: las relaciones humanas. Es el denominado Ubuntu africano: “yo soy porque tú eres”.

Javier Otazu, Patxi Baztán.

Equilibrio (enero).

Uno de los primeros conceptos que se aprenden en economía es el de equilibrio: punto de intersección entre la oferta y la demanda. Pensemos en el mercado eléctrico; una subida de la demanda implica un aumento de la cantidad intercambiada a precios más altos. Por supuesto, no podemos olvidar que el mercado eléctrico está intervenido y tiene unos condicionantes especiales que por sencillez se obvian. Por otro lado, una subida de la oferta (lo cual es debido a una mejora tecnológica o a una disminución de los costes) implica un aumento de la cantidad intercambiada a precios más bajos.

Los mercados tienden al equilibrio. Por ir a un caso más sencillo, vamos a los patinetes eléctricos. Si la oferta es mayor que la demanda los empresarios ven que no van a vender todos sus productos. ¿Qué hacen? A nivel estratégico, disminuyen la cantidad de patinetes que van a fabricar. A nivel táctico, bajan los precios. Lógicamente, si la demanda es mayor que la oferta ocurre lo contrario: aumentan la producción y los precios.

Sin embargo, la vida no es tan sencilla. El estudio de la oferta y la demanda supone que todas las decisiones de los agentes económicos son independientes entre sí y eso no es cierto. Un consumidor compra un producto si ve que está de moda, un productor decide cantidades y precios según las estrategias que, piensa, van a adoptar sus competidores. Para analizar este caso usaremos la teoría de juegos. Y en este caso se producen diversos escenarios. Unas veces no hay equilibrios, otras veces sí existen. Además, puede ser que esos equilibrios sean adecuados en términos sociales (por ejemplo, cuando las empresas compiten entre sí tienden a ser más eficientes y bajar precios, lo cual conlleva un beneficio para toda la sociedad) y otras veces no (por ejemplo, los países tienden a gastar una cantidad enorme de dinero en armamento ante el temor de que un posible rival pueda usar su capacidad militar para disuadirle en los términos que desee).

Resumiendo: el equilibrio es la tendencia a la que nos llevan las fuerzas económicas y sociales en un escenario concreto. Unas veces es bueno, otras veces es malo. Además, hay veces que no llegamos al equilibrio previsto: un cambio en el escenario varía la tendencia y el resultado final. Un papel prioritario del Estado, quizás un poco marginado, es reorientar las fuerzas del mercado para  evitar un equilibrio negativo en términos sociales y medioambientales.

Hay más tipos de equilibrios, por ejemplo los económicos. Una empresa no puede sobrevivir si las cuentas están todos los años en números rojos. Un Estado, sí. Bueno, eso es lo que dice la teoría. Para verificar si es cierta o no puede pasar mucho tiempo. Es una de las curiosidades de la economía. Puede tener razón a la vez quien piensa una cosa y  la contraria.

Unos dicen que no importa la deuda, ya que el Estado siempre va a tener recursos para poder pagarla. En el límite de los límites incluso podría pactar con el banco central la impresión de dinero y a vivir. Claro que habría inflación y los ahorros de las personas irían al vertedero, pero la deuda se pagaría. Otros dicen que tarde o temprano el Estado quebrará. En el límite de los límites esa quiebra podría ser dentro de muchísimos años, más incluso que la vida de quien lo ha predicho. Así, es imposible demostrar que esa persona no tenía razón.

Lo más complicado es el equilibrio personal. ¿En qué consiste? Digamos que tiene muchas aristas. Consiste en ser consistente entre lo que decimos, lo que hacemos y lo que pensamos. Consiste en repartir el tiempo de forma coherente con nuestros valores y preferencias: el trabajo, la familia, las aficiones o el cuidado del cuerpo en términos físicos, intelectuales y espirituales. Esto es muy importante, ya que somos más cuidadosos gastando  dinero que gastando tiempo. Es decir, miramos las ofertas de frutas y verduras para poder ahorrar unos céntimos (no está mal: al fin y al cabo, muchos pocos hacen un mucho) pero no nos importa estar dos horas al día (que son 7.200 segundos) navegando entre noticias y redes sociales. ¿No es absurdo? Si pensamos de forma imaginaria en un salario por hora de diez euros estaríamos tirando a la semana 140 euros. Se mire como se mire, eso es un desastre.

Es más, podemos analizar equilibrios globales. A nivel financiero, la deuda mundial no para de aumentar. O al final no se paga, o se convierte en perpetua o se inventa algo. A nivel medio ambiental, el desarrollo sostenible es un concepto muy bonito que requiere más práctica por parte de todos.

Todo esto nos lleva a la segunda ley de la termodinámica: el incremento de la entropía (desorden) es mayor que cero.

 Pensamiento Catedral (enero).

                El arte ha evolucionado en el tiempo. Tiene sentido: desde las cuevas de Altamira el hombre, como el buen vino, ha mejorado. En este caso, comenzamos por pinturas rupestres. Conforme van pasando los años, las cosas cambian y poco a poco van costando más tiempo. En muchos casos, aparecen reyes o faraones que desean pasar a la posteridad con un monumento que honre su nombre. También se puede crear el arte por sí mismo.  Lo hacía Miguel Angel Buonarroti, cuando comentaba que veía la estatua dentro del molde y simplemente dejaba que salía. Bueno, tiene un dicho mejor: lo malo de tener objetivos es cumplirlos. El corolario, obvio y sencillo: debemos llenar el vacío que nos queda de alguna forma. No obstante, las grandes obras como las pirámides de Egipto o las catedrales tienen un propósito mayor, o bien de índole religioso, o bien de índole sagrado (para que un fallecido ilustre tenga su “merecido descanso”).

 En general, la mayor parte de las personas comprende el valor de una obra de Velázquez o Goya. Incluso en algunos casos nos podemos llegar a sentir conmovidos. Sin embargo, hoy en día el concepto de arte no está tan claro. Para unos, el fútbol es arte. Para otros, son millonarios dando patadas a un balón. Y eso por no entrar en obras surrealistas, como el retrete de Marcel Duchamp. Cabe destacar el caso en el que una empleada de limpieza del Museo Bolzano de Milán, que tiró a la basura botellas de champán, confetis y otros desperdicios. Era una obra denominada “¿Dónde vamos a bailar esta noche?”.

Anécdotas aparte, vamos a las catedrales. Los arquitectos que la ideaban y los trabajadores que las iniciaban ya sabían que no iban a ver su final. Pensaban en el largo plazo, no sólo en sus hijos. Era para las generaciones futuras. Y eso, en un mundo como el de hoy, gobernado por el corto plazo y las elecciones más próximas, no se lleva.

Sin embargo, las cosas pueden estar cambiando. No en el sentido de las tonterías que se decían en medio del confinamiento (más que la palabra del año podríamos decir que ha sido, por desgracia, la actividad del año) como que “íbamos a salir mejores”. Sí en el sentido de comprender el coste para la economía y la sociedad de no ser precavidos de cara a lo que pueda ocurrir en el futuro. Y eso nos debe empujar a tomar decisiones mejores.

El filósofo australiano Roman Krznaric explica en su libro “El buen antepasado” estas ideas. Podríamos concluir en una tesis fundamental: nuestra preocupación por ser buenos antepasados debe tener más peso en nuestras decisiones presentes. Por eso, el “pensamiento catedral”, consistente en valorar comportamientos cuyos frutos no se puedan detectar hasta pasados muchos años, quizás dos generaciones, es muy pertinente.  Todo ello nos lleva a la siguiente pregunta: ¿seremos unos buenos antepasados?

Tiene lógica; ¿acaso no está abierto el debate de que nuestros hijos pueden vivir peor que nuestros padres? Este concepto nos ayuda a ser más previsores de cara a lo que pueda ocurrir en el futuro, comenzando por el cambio climático. No obstante, hay más posibilidades de uso.

A nivel individual, un paso de un “pensamiento catedral” sería, además del consabido plan de pensiones, crear una cuenta de ahorro para un nieto recién nacido de manera que así pueda estudiar en un futuro en la universidad. Otro paso sería alimentarse mejor: los beneficios de dietas como la mediterránea son abrumadores.

En el ámbito empresarial las cosas son diferentes: al dinamismo económico y la evolución tecnológica se le debe añadir la complejidad del mundo financiero. Es el mundo de las OPAs, fusiones, adquisiciones, intercambios de acciones o asociaciones tipo joint venture. Es por eso que la visión debe ser, sobre todo, personal y pública. Eso no quita para que una empresa no busque la manera de adelantarse al futuro y así poder adaptarse a los nuevos parámetros económicos y sociales, aunque hay algo mejor que eso: es más útil crear el futuro.

Llegamos al ámbito público. Comenzamos por una pregunta divertida: ¿cuáles de los dirigentes de hoy, nacionales o regionales, será recordado en el futuro por su buen hacer? Angela Merkel y Jacinda Ardern (Nueva Zelanda) seguro. El resto, no está tan claro. Pasamos a la segunda pregunta divertida: ¿qué dirigentes de ayer son recordados hoy por su gran labor política? Helmut Kohl en Alemania, seguro. Otros como Mijail Gorbachov en Rusia generan ambivalencia en su país de origen.

Primera moraleja: las claves de los avances sociales las crean los científicos, los empresarios y los pensadores. Es decir, las ideas. Sin ideas, no hay avance. Los políticos están sobrevalorados para bien e infravalorados para mal (pueden hundir países).

Segunda moraleja: pese a todo y más en un mundo global, es pertinente buscar mecanismos para adaptarse al futuro y  para crearlo.

Tercera moraleja: toda catedral comienza por una piedra.

 

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