BLOG 2021. VOLAR.

Semáforos (agosto).

              Los colores del semáforo son universales. Rojo, amarillo y verde. Prohibido pasar, recomendación de detenerse, paso permitido. Actividad ilegal, actividad alegal, actividad legal.  Sí, los semáforos son una metáfora de la vida, evalúan gestiones cotidianas  e incluso son una señal que explica la actividad económica y social de un país.

            Un semáforo sirve para saber si se ha comprendido una explicación: “no entiendo nada”, “tengo dudas”, “está claro”. Sirve como indicador de notas: “suspenso”, “aprobado justo”, “aprobado alto/notable”. No sólo eso; su lógica se puede usar para valorar personas. Además, esta evaluación tiene un interesante componente transversal; se puede ser un buen miembro de una familia, un mal trabajador y un amigo respetable. Somos así. Por eso la costumbre de discriminar “buenas personas” de “malas personas” no tiene sentido alguno: depende del contexto. En realidad, lo que se puede evaluar es un comportamiento concreto. Es la misma idea que decía Winston Churchill cuando le preguntaban su opinión de los franceses: “no lo sé, no conozco a todos”. Lo mismo sirve cuando nos piden opinión sobre una persona concreta:”no lo sé, no conozco todos sus comportamientos”.

 Evaluamos a menudo a los demás, nos evaluamos poco a nosotros mismos. El dicho de que “las comparaciones son odiosas” es falso; “las comparaciones son inevitables” es más correcto. Además, aparecen conclusiones sorprendentes. Preferimos ganar 2.000 euros al mes si los que nos rodean ganan 1.800 a ganar 3.000 si los que nos rodean ganan 3.500 euros. En otras palabras, lo que cuenta es estar mejor en términos relativos, no absolutos. ¿Absurdo? No. Lógico y razonable. Siempre proporciona bienestar interior vernos un poco mejor que los demás. Son cosas que no se dicen pero que  se piensan.

Ahora bien, ¿cómo pueden los semáforos ser un indicador razonable de la actividad económica de un país? Se puede contestar a esta cuestión con una pregunta; si ves un semáforo rojo, no hay ningún policía a la vista y no aparece ningún coche, ¿qué haces?

En general, si vamos andando cruzamos. Aunque la idea tiene sentido práctico (al fin y al cabo, no vamos a tener ningún accidente, no nos van a multar y vamos a ganar tiempo) existen un aspecto muy inquietante que merece la pena valorar. ¿Damos ejemplo así a los niños? Hay una regla clara: semáforo rojo, no pasar. Sin embargo, aparece una excepción: no hay riesgo alguno si cruzamos. ¿Entonces? A cruzar. El ejemplo es pésimo, ya que, de manera inconsciente, se puede pensar que existen razones por las que me puedo saltar las reglas. Eso no es bueno; de hecho, ya existen semáforos con luces parpadeando en los que se indica que si no hay circulación podemos cruzar la carretera.

Claro que la cosa empeora si estamos conduciendo. En algunas culturas no se comprende que si el semáforo está rojo y no viene nadie lo adecuado sea esperar. Las personas que actúan así reciben burlas de los demás. Sin embargo, en otros casos no pasa lo mismo. Me asombró la anécdota, razonada por un amigo experto en “semaforología”, de Canadá. Si alguien se saltaba el semáforo rojo, le metían una multa descomunal. Por ejemplo, 3.000 euros. Si una persona no tiene dinero, la solución es fácil. Se hacen trabajos para la comunidad. Si una persona no tiene gana de trabajar, la solución es fácil. Visita a la cárcel. Consecuencia número uno: nadie se salta el disco  rojo. Consecuencia número dos: se cumplen el resto de reglas.

Claro que hay países en los que un semáforo rojo es semejante a una señal de  ceda al paso o en los que la circulación es un caos de automóviles que recuerda a las barracas de los autos de coche. Pues bien, existe asociación entre el cumplimiento íntegro de las reglas de tráfico y la  situación económica de un país. El ejemplo más famoso de esta idea apareció en Nueva York, cuando se permitía a los funcionarios de la ONU (Organización Naciones Unidas) saltarse las reglas de circulación y aparcar atascando, por ejemplo, la salida de un centro comercial o de un colegio. Los países más desarrollados tendían a ser respetuosos con los  demás, los menos desarrollados, sin embargo, no lo eran.

En un mundo azotado por la pandemia, con un cambio climático en ciernes (basta recordar que en el océano Ártico las temperaturas son las más altas de la historia, los incendios han arrasado más de 500.000 hectáreas en Estados Unidos, se ha batido el récord histórico de concentración de dióxido de carbono, hemos tenido inundaciones brutales en Alemania y Bélgica, lluvias torrenciales en China o temperaturas de 50 grados en Iraq que han colapsado el sistema eléctrico entre múltiples sucesos semejantes) se torna necesario regular los comportamientos humanos mediante la lógica del palo y la zanahoria más adecuada para evitar catástrofes mayores y generar bienestar social en equilibrio con nuestro medio.

Y todo empieza por un simple semáforo.

 

Rojo, amarillo y verde.

 

Cultura y equilibrios (agosto).

Vaya con lo que ha pasado en Afganistán. Muy difícil, comprenderlo y entenderlo. Es más, todos los análisis que se puedan hacer dependen de nuestra perspectiva espacial y temporal; es decir, lo vemos desde nuestro sistema cultural y social en pleno siglo XXI. Sin embargo, las cosas son más complejas.

            El domingo 15 de agosto diferentes análisis de “expertos” indicaban que la gran duda era saber si los talibán iban a conquistar Kabul antes del invierno y lo lograron esa misma tarde. Sí; una vez visto todo el mundo es listo. Está claro: hacer predicciones, en especial sobre el futuro, es muy delicado. Un proverbio ruso dice que también es difícil predecir el pasado; tiene sentido ya que la interpretación de la historia tiene múltiples aristas.

            La visión conocida de Afganistán es la de un país de muchas tribus difícilmente gobernable en la que los señores de la guerra campan a sus anchas. Una intuición sencilla relacionada con esta idea nos lleva a pensar en la existencia del país como entidad jurídica sin tener un gobierno central que se pueda ocupar de mantener un mínimo equilibrio en todo su territorio. En nuestro contorno más cercano (basta pensar en la Unión Europea) no ocurre lo mismo. Así se puede comprender con más claridad el tema de la perspectiva.

            Además, no se trata tan sólo del tema de la nacionalidad. En otras culturas, una persona se siente más identificada por su raza (por ejemplo, pastún) y su religión (por ejemplo, musulmán de la rama chií) que por su nacionalidad (en este caso, afgano). Y todavía hay más. Cuando tenemos nuestras necesidades cubiertas comenzamos a pensar en otras cosas. No es el caso de personas que vivan en una zona rural preocupadas de cómo van a ir las cosechas o más aún, no es el caso de mujeres que tienen el grave riesgo verse sometidas a un estado islámico ultraconservador. Eso sí son problemas serios. Serios de verdad.

            En contextos así quien tiene todas las de ganar son los grupos bien organizados cuya prioridad absoluta sea alcanzar el poder, sin importarles perder incluso la vida en el camino. Y eso nos lleva a la situación actual. Cuando Joe Biden, el presidente norteamericano, dice que ellos no van a ayudar a combatir a quien no desea hacerlo se refiere al ejército “teórico” del país. Con independencia del juicio que cada uno pueda tener de la estrategia norteamericana en esa región, esta idea subraya la importancia de estar convencido de un objetivo sin importar el precio. No es lo mismo luchar por algo que se considera un planteamiento vital que luchar por sobrevivir o por dinero. La moral, fuerza, espíritu y determinación de los unos (o como escribiría Miguel de Unamuno de los hunos) no tiene nada que ver con la de los otros.

            En definitiva, ha quedado una situación difícil y complicada de gestionar que nos lleva a reflexionar acerca de los frágiles equilibrios en los que se mueve nuestro mundo. Como  demuestran los fenómenos meteorológicos asociados al  cambio climático, pequeños cambios sin aparente importancia nos llevan escenarios que ni siquiera nos habíamos imaginado previamente. De la misma forma que la aparición de un virus en Wuhan ha cambiado completamente la situación mundial (lo grave no era la tasa de mortalidad del virus; lo grave era cómo desequilibró todo el sistema sanitario y económico), una variación geopolítica aparentemente regional tiene influencia global. Si la guerra de Siria ya supuso un incremento enorme de refugiados cuyo efecto se sintió en toda Europa, en el caso de Afganistán nos va a tocar revivir lo mismo. Vivimos pensando  que las cosas van a seguir así por los siglos de los siglos, y sin embargo una situación puede tener variaciones significativas en unos pocos segundos. En este sentido, minusvaloramos la realización de planes B. Nos cuesta comprender que son necesarios los planes C, D, E….y así hasta la Z o la omega, según el alfabeto que usemos.

            Cuando aparecen en prensa nombres como el mulá Akhundzada, Sher Mohamed A. Stanekzai, Sirajuddin Haqqani (Estados Unidos ofrece cinco millones de dólares por dar una información que lleve a su detención), Abdul Hakim Haqqani o el mulá Abdul Ghani Baradar (antiguo colaborador del ya fallecido Mulá Omar) observamos que la situación es un rompecabezas muy complicado de resolver. ¿Cómo gestionar esto?

            El análisis del sofá de casa o del tertuliano de turno está alejado de la realidad. Lo fácil es criticar a la Unión Europea (como se hizo en su plan con Turquía para los refugiados sirios) o a Estados Unidos por montar campamentos o dar ayudas para evitar un éxodo mayor. Es indudable que las cosas deben empezar así; otra cosa es que la falta de instituciones globales eficaces para la gobernanza mundial impida alcanzar soluciones mejores.

            Sin embargo, estas instituciones son necesarias para resolver estos desequilibrios que alcanzan, demasiadas veces, la categoría de catástrofes.

Gigantes (agosto).

Estamos acostumbrados a los relatos. El Premio Nobel de Economía Robert J.Shiller lo expone magistralmente en su libro “Narrativas económicas. Cómo las fake news y las historias virales afectan a la marcha de la economía”. Un ejemplo de  historia podría comenzar un 25 de julio de 1999 en el pabellón multiusos de Lisboa terminando el 3 de agosto del 2021 en Saitama (Japón).  El protagonista, la selección española de baloncesto. Los eventos mencionados son partidos contra Estados Unidos. El primero, la final del Mundial Junior con victoria para España (94 – 87); el segundo, la derrota en la Olimpiada de Tokio 2020 (81 – 95). Así tenemos una narrativa asociada al deporte.

            El deporte tiene muchas ventajas. La más obvia y simple: es bueno para la salud. Además, si la “guerra es la continuación de la política por otros medios”, podemos afirmar que “el deporte es un medio para evitar la guerra”. ¿Cómo negarlo? Las selecciones que ganan mundiales o los equipos que ganan títulos de prestigio los celebran mediante desfiles que recuerdan los recibimientos que tenían los legionarios del Imperio Romano cuando volvían a casa para celebrar sus múltiples victorias. Basta revisar imágenes del presente año con las victorias de Italia en la Eurocopa, el Chelsea en la Champions o el Atlético de Madrid en la Liga.

            Otra ventaja que no se puede menospreciar es que si hacemos deporte no hacemos actividades perjudiciales para la salud. Es lo que en economía se llama coste  de oportunidad: el tiempo invertido en cuidar al cuerpo no se puede usar para hacer un botellón, fumar unos cigarros o mirar como un simple autómata una pantalla. Por cierto: los algoritmos han logrado una hazaña tecnológica; las pantallas nos observan y nos escuchan más que nosotros a ellas. Por eso a menudo nos llegan sorprendentes anuncios de publicidad que están relacionados con nuestras costumbres y hábitos, sean éstos beneficiosos o perjudiciales para nuestra salud.

            Además, el deporte crea relatos de grandes batallas vencidas a nivel individual o de equipo. Incluso los más humildes pueden celebrar un ascenso o una victoria puntual, como ejemplifica el Alcoyano, no sólo por su conocida moral; en la temporada pasada fue capaz de eliminar el Real Madrid en la competición de Copa.

            Nada como obtener una medalla en una competición olímpica, aunque muchas veces los  medios tienden a ir a lo fácil: en especial, las grandes estrellas futbolísticas. Un competidor olímpico sólo sale en la prensa si obtiene alguna medalla, lo cual traslada un mensaje inadecuado a la sociedad. Para empezar, sólo acudir al evento tiene un mérito enorme. Para continuar, el gran esfuerzo que realiza una persona se valora a nivel comparativo, no a nivel individual. ¿Quién tiene más mérito? ¿Un corredor que ha sido plata dejándose llevar debido a sus condiciones innatas o un corredor que ha realizado un esfuerzo salvaje para poder alcanzar el mínimo olímpico?

            Para comprender otros aspectos comparativos nos vamos a la “paradoja del bronce”, acuñada por Manuel Conthe. En términos objetivos, es mejor ser plata que bronce. Sin embargo, obtener el tercer puesto nos hace más ilusión ya que nos comparamos con los que están más abajo. Quien ha sido segundo mira hacia arriba, y se queda con la pena de no haber alcanzado la medalla de oro.

            En consecuencia, podemos decir que acudir a una Olimpiada es de Gigantes (excepción: algunos miembros del comité). No se debe despreciar los favoritos que no lograron la gloria prevista.

            No obstante, entre todos los gigantes merece la pena destacar a la selección española de baloncesto. Cuando los deportes de equipo hacían ridículo tras ridículo (no por el hecho de perder; por el hecho de no alcanzar su potencial) unos jóvenes liderados primero por  Juan Carlos Navarro y Raul López, después por Pau Gasol y Navarro, más tarde por Ricky Rubio y Marc Gasol, lograron triunfos que se consideraban impensables. En este sentido, ese es el gran legado de esta selección: inspirar a los deportes de equipo como el fútbol, balonmano o waterpolo en sus categorías masculina y femenina a adquirir su máximo nivel.

            El deporte es duro. Muchos jóvenes (y sus padres) no comprenden que un contrato en un club de fútbol no presupone nada. Lo que se debe ver como educación, se ve como competición. Michel, exjugador del Real Madrid, decía que competía consigo mismo, con un compañero de  equipo por un puesto y con el jugador rival.

 

 

 

            La principal competición es contra uno mismo. Aspiramos al desarrollo personal perpetuo, y ese es el mayor aprendizaje que proporciona el deporte. Por eso estas líneas son un homenaje a todos los que buscan mejorar cada día, a todos los que han acudido a una olimpiada como fruto de su esfuerzo (destacando el impresionante e inesperado papel de Asier Martínez, sexto en los 110 metros vallas) y a la selección española de baloncesto  por su ejemplo, esfuerzo, humildad, victorias, derrotas y recuerdos.

 

Croac, croac! (Julio).

              Una de las mejores fuentes de aprendizaje viene dada por las fábulas. Sus comparativas, sus conclusiones, su entrada en el mundo de la naturaleza y de los animales nos lleva a un mundo sin igual. ¿Cuál escoger como la más adecuada? Existen muchísimas. Vamos a hacer una selección para ser conscientes incluso de cómo moldean nuestra cultura. ¿Cuáles nos vienen directamente a la mente?

Una de mis preferidas, la del zorro que como no llega a comer las uvas y dice que no están maduras. Eso ocurre a menudo, y tiene dos visiones, una positiva y otra negativa. En el primer caso, es un buen consuelo cuando no se llega a un objetivo valorar que el mismo no merecía la pena. Dicho consuelo sirve también para no tener remordimientos por no cumplir el objetivo soñado. En el segundo, es una excusa para no esforzarse más. Como tantas otras veces en la vida, es difícil discriminar un caso de otro.

La fábula de la cigarra y la hormiga es también muy conocida. Incluso nos ha llevado a asociar a cada animal como un “gandul” o un “trabajador”.  Es uno de los grandes retos como seres humanos y sociedad: tendemos es descansar hoy y trabajar mañana. Ya lo decía Oscar Wilde: “puedo resistir todo menos la tentación”.

            El caso de la rana y el escorpión es otro de los fundamentales. Cuando van a cruzar un río, el escorpión anima a la rana a llevarlo encima, pero claro, siempre está el riesgo del temido picotazo. “¿Cómo voy a hacerlo, si así nos vamos a hundir los dos?”. Así comienzan a cruzar el río y el final es conocido por todos: el escorpión pica a la rana ya que está en su naturaleza. En tiempos de neurociencia en los que ya destacan incluso científicos que se dedican a investigar cómo piensan las plantas (Stefano Mancuso), es cierto que cada uno de nosotros tiene desarrollada su forma de ser. Pero nada está perdido, y merece la pena ser optimista: existen mecanismos para mejorar nuestro carácter en las partes que más nos incomoden.

            Se ha puesto de moda la fábula de la rana hirviendo. Se trata de introducir al animalito en un recipiente e ir calentando poco a poco. Pasado un tiempo, todo está perdido. El agua está tan caliente que el pobre batracio ya no tiene escapatoria y es consciente de su triste final. Ahora bien, ¿qué enseñanzas nos aporta esta pequeña historia? No lo olvidemos: los clásicos tienen enseñanzas que son atemporales. En un mundo en el que no dejan de repetirse ciertos patrones, captar su esencia es fundamental para poder comprender los sucesos que ocurren a nuestro alrededor y responder así mejor a ellos.

            A nivel personal, nos podemos quedar apalancados dentro de un mercado laboral concreto y para cuando nos damos cuenta buscar trabajo es más complicado que nunca. Aunque pueda parecer extraño, existen muchas personas de más de 40 años que se apuntan a formación de grado medio, grado superior e incluso nivel universitario que logran así reciclarse logrando dar un impulso (otra palabra de moda) a su vida. Otros se quedan como la rana en el agua.

            A nivel empresarial, lo mismo. Nuestra tendencia a pensar que las cosas van a seguir siempre igual impide ver la luz de alarma cuando aparecen pequeñas señales peligrosas. Las cosas “se van a hacer así ya que siempre ha sido así, es como funcionamos” y eso es una fórmula infalible que lleva al fracaso. La rana se queda en el agua.

            Incluso a nivel político y social se puede aplicar esta teoría. Se ven introduciendo debates, historias e incluso pensamientos determinados en el sistema y para cuando nos damos cuenta si tenemos una opinión diferente en algún tema delicado corremos el riesgo de ser  etiquetados. Aquí no se va a introducir ningún ejemplo; basta asuntos en los que nos podamos sentir cohibidos al tratarlos. Existen muchas opciones en muchos contextos. Son aspectos que muchas veces se han “precocinado”. Sea de una u otra forma, ya estamos de nuevo en el agua.

            El caso trivial por excelencia es el del cambio climático. Podemos vivir felizmente llenando la atmósfera de gases y el océano de plástico de manera que para cuando nos demos cuenta…..pues eso, que estamos en el agua. Con el inconveniente de que todos vamos en el mismo barco y en este caso el mar es un Universo inhóspito y de momento, sin vida. Es inexplicable, se mire como se mire, la falta de medidas o la lentitud con la que se toman para poder mitigar el cambio climático.

 

            Terminamos con la historia de la cuerda y el elefante. Un niño pregunta a su padre cómo puede ser que una cuerda tan débil sea suficiente para mantenerlo atado. El padre le dice: “cuando el animal era pequeño, estiró y estiró y no pudo salirse. Se acostumbró y se quedó así”.

 

Clasismo (julio).

              ¿Vivimos en un mundo de clases sociales?  Es cierto que “todos somos iguales ante la ley”, pero más cierto es que “algunos son más iguales que otros”. La afroamericana Isabel Wilkerson ha escrito el libro “castas”, en el cual argumenta que los problemas de racismo permanecen. Para el profesor de Economía de la Hoover Institution (think thank de la Universidad de Stanford) John Cochrane el asesinato de George Floyd ha tenido un impacto político y cultural mayor que el Covid. Así pues, el debate es pertinente. Eso sí, la razón por la que está oculto es muy sencilla: nos cuesta admitir que vivimos en un mundo de clases sociales. Por eso fue tan eficaz la denuncia de Podemos en sus comienzos contra la “casta”.

            La mayor parte de las culturas considera que todas las personas somos iguales: hombres y mujeres, mayores y niños, empresarios y trabajadores, gobernantes y gobernados. Eso no es incompatible con la existencia de una jerarquía; de hecho, son necesarias. Un mundo con una igualdad absoluta no puede avanzar: no existen incentivos para hacerlo. Y esa es la regla principal de la economía: “las personas responden a incentivos”. Por eso si se premian  las investigaciones mediante patentes se obtienen mejores medicamentos. Si nos castigan con 2.000 euros por saltarnos un semáforo (aunque no pase nadie por la calle) evitaremos hacerlo para evitar pagar semejante multa.

            Entonces, ¿somos iguales? En teoría, sí. En la práctica, no. Comenzamos por una evidencia: aquellos que tienen amplios recursos económicos se permiten abogados que les permiten la mejor defensa en caso de juicio. Y existen ejemplos para dar y regalar. En las películas los malos siempre terminan en la cárcel, los buenos, después de múltiples peripecias, terminan siendo felices y comiendo perdices. La realidad no es así. Conocemos los casos de personas que habían sido condenadas con pruebas falsas que han terminado en libertad. No conocemos los casos de personas que habían sido condenadas por pruebas falsas que no han terminado en libertad. Y no podemos conocerlas por definición ya que en caso contrario estarían libres. Los avances tecnológicos permiten ser optimista: ¿cómo hacer actividades delictivas si es más fácil que nos estén grabando? Pero cuidado, ¿acaso no se puede manipular un vídeo que “demuestre” una actividad comprometida de alguna persona? Un asunto delicado, sí.

            Uno de los clasismos más evidentes es el que permite la UEFA. Amenazó  a las autoridades británicas con cambiar la sede de la final de la Eurocopa si no permitían saltarse la cuarentena a losinvitados VIP. Por supuesto, ha logrado su objetivo. Y después se permiten hacer campañas contra el racismo o fomentar el respeto a los demás.  En una investigación realizada por The Guardian (revista británica) se estiman en 6.500 los trabajadores fallecidos desde 2011 en las infraestructuras necesarias para la realización del Mundial de fútbol de Qatar. En su mayoría son inmigrantes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh  y Sri Lanka. Ya se sabe, “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”.

            Claro que el clasismo en el fútbol no termina ahí. Mientras que un aficionado no se puede tomar una cervecita viendo a su equipo favorito, en la zona VIP se puede beber alcohol sin límite alguno. Como si unos estuviesen civilizados y otros no. Eso sí que es tener al personal ordenado.

            Es curioso, esto de la riqueza. En unas culturas, está muy bien. Meritocracia, esfuerzo y trabajo. Viva los ricos. En otras, está mal: “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos”. ¿Qué se puede decir? La clave está en la generación de dicha riqueza. No es lo mismo  levantar un imperio empresarial de la nada o ser un artista maravilloso que recibir una herencia enorme o aprovechar contactos políticos para adquirir contratos en condiciones ventajosas que nos permitan ser millonarios. Y a veces no es tan fácil distinguir un caso de otro.

            Así, la estrategia, muy clara: como “ser casta superior” está mal visto, se deben ocultar los privilegios. Por eso, mejor no comentar el derecho a tener unas pensiones enormes, las cesantías, las compensaciones económicas, las dietas, las puertas giratorias o  las prebendas que se dan en muchos puestos políticos. La cosa no termina ahí; existen muchas profesiones en las que se pagan salarios muy altos debido a derechos adquiridos a lo largo del tiempo que nadie del gremio está dispuesto a admitir. Basta usar expresiones como ”nadie nos ha regalado nada”, “siempre se ha hecho así” o  “nos lo hemos ganado”.

            Por eso, es fundamental el periodismo de investigación. Por eso, es fundamental recordar casos como el del periodista holandés especializado en crimen organizado Peter R. de Vries, herido después de recibir un tiroteo el pasado 6 de julio en Amsterdam.

 

            Sí; se hace  cualquier cosa por estar en una clase superior.

 

Arquitectura de las decisiones (julio).

              Estamos todo el día tomando decisiones. Unas las meditamos, otras las tenemos interiorizadas como consecuencia de la cultura en la que vivimos, algunas han sido dirigidas e incluso manipuladas (una compra, un voto, una opinión, una inversión o una actividad concreta), la mayoría son inconscientes y reiteradas. Ahora bien, ¿son correctas? ¿Reflexionamos sobre ellas? ¿Hacia dónde nos llevan? ¿Existe algún mecanismo para mejorarlas? Sin duda, el verano es buena época para reflexionar sobre ello.

            Uno de los instrumentos que proporciona la Economía de la Conducta es el de la Arquitectura de las Decisiones. Se trata de “empujar”  a las personas hacia la “dirección correcta”. Para ello, habría que definir bien el concepto de “dirección correcta”. Esto nos llevaría a trabajadores más productivos, ciudadanos más solidarios o empresarios más eficientes. Conocer los mecanismos que usamos para tomar decisiones es útil para mejorar, pero también se puede usar para engañar. Desarrollaremos la primera opción mediante tres ideas.

Primera idea. ¿Nos gustamos como somos? Sí, todo perfecto. No, hay dos opciones. Uno, aunque no me gusta como soy, me cuesta tanto cambiarlo que voy a seguir igual. Para consolarme, al menos cambiaré mi relato mental. Dos, ya que no me gusta como soy, voy a cambiar. Iré instalando hábitos, hábitos y más hábitos hasta generar costumbre. Es fundamental que el coste de no ir a hacer deporte sea mayor que el coste de hacerlo. Debemos tener en cuenta nuestro mayor enemigo: la tiranía del corto plazo. Ocurre a todos los niveles. De hecho criticamos a los políticos ya que piensan en el voto de mañana, no en la mejora de la comunidad pasado mañana. Eso al menos tiene un componente racional, en tanto ellos salen ganando si son elegidos. El remedio es generar los incentivos adecuados para evitar esos problemas. La rendición de cuentas, por ejemplo, es una buena opción.

            Pasamos de los políticos a nosotros mismos. Priorizamos el corto plazo, aunque perdamos a medio o largo plazo. No nos apetece formarnos más, alimentarnos mejor o probar otras opciones nuevas de vida, ya que “es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Por supuesto, esta frase es falsa (además de contener una contradicción en sí misma), pero la hemos adoptado como buena. Y eso ocurre siempre. En nuestra educación hay muchas frases que nos han interiorizado y nos parecen ciertas, cuando no lo son. Por ejemplo, “Hacienda somos todos” es una frase falsa. Hacienda es una institución del Estado. Punto.

Pasamos a la segunda idea. El sistema económico está montado para aumentar nuestro consumo y hacerlo más pronto que tarde. Si es necesario, endeudándonos. Es más, siempre se tiene en cuenta que no dejamos de repetir nuestros hábitos. Por eso todas las suscripciones o contratos de suministro se cobran por defecto. Eso no está mal; el problema es que se aprovechan de nuestra dejadez y si no revisamos los números a veces nos cobran cantidades enormes. Es debido a nuestra propensión al status: tendemos a quedarnos como estamos. Por eso es mucho, mucho más difícil captar un cliente que retener uno. En un mundo en el que se habla a menudo de cómo invertir el dinero o como administrar nuestro tiempo, poco se habla de cómo racionalizar el gasto y de cómo estar con mayor energía cuando realizamos diversas actividades de nuestra cotidiana.

            Está bien decidir para ser lo que queremos ser. Está mejor decidir siendo conscientes de cómo es el sistema en el que vivimos. Ahora sólo falta la tercera idea: el Ikigai.

Se trata de un círculo en el que converge nuestra profesión, nuestra pasión, nuestra vocación y sobre todo, nuestra misión. Es un equilibrio entre aquello en lo que eres bueno, lo que amas, lo que el mundo necesita y aquello por lo que pueden pagarte. Un sistema educativo efectivo y moderno debe tener estas ideas presentas, ya que si las personas no desarrollan todo su potencial la sociedad tampoco lo hará.

En todo caso, debemos tener en cuenta que interactuamos con personas de forma constante. Por lo tanto, es conveniente tener habilidades sociales. ¿Cuáles son las mejores? Para ello, acudimos a Dale Carnegie, autor de uno de  los libros más importantes del pasado siglo: “cómo hacer amigos e influir en las personas”. Un pero: el título del libro es un despropósito. Debería llamarse inteligencia social.

Propone cosas como mirar las cosas desde el punto de vista de la otra persona, no criticar mucho, respetar la dignidad de los demás, brindar elogios y reconocimientos sinceros, ofrecer buena reputación a la que hacer honor, evitar las discusiones, conservar el equilibrio vital, tener sentido del humor y aprovechar el enorme poder del entusiasmo. Eso fue clave en la expansión del cristianismo: la pasión y energía que transmitía San Pablo resultó decisiva.

En resumidas cuentas, ya tenemos una primera arquitectura para mejorar nuestras decisiones.     

Para el neurocientífico argentino Mariano Sigman, “somos lo que decidimos”.

Mejorando nuestras decisiones, nos mejoramos a nosotros mismos y a los demás.

Izquierda, centro, derecha (julio).

              Un delantero va a tirar un penalty. ¿Dónde es mejor lanzar? ¿A la izquierda, a la derecha o al centro? Teniendo en cuenta que la mayoría de las veces los porteros se tiran a un lado, lo más fiable es tirar al centro. Inconveniente: si el portero se queda quieto y lo para el lanzador tiene la sensación de hacer el ridículo. Lo interesante es que lo mismo pasa en sentido contrario: si el portero se queda quieto y el balón va despacio hacia un lado es ahora el portero quien se siente mal.

            Estos aspectos emocionales son interesantes al lanzar la pena máxima. Desde luego, las estadísticas cuentan. Cuando hay una tanda de cinco penaltys para decidir una eliminatoria, el  que se falla más veces es el cuarto lanzamiento. No obstante, hay una estadística que pesa más: el que tira primero gana el 60% de las veces. Es difícil comprender, en un mundo tan gobernado por los datos, como hay equipos que deciden lanzar en segundo lugar. Si nos jugamos una cantidad de dinero a cara o cruz y la probabilidad de cara es el 60%, es de necios apostar a cruz,¿no? En fin, aspectos que estaban infravalorados en las decisiones políticas o empresariales como las emociones o las estadísticas han ido ganando cada vez más peso a lo largo del tiempo.

            Así, esto nos lleva a la política actual: izquierda, centro, derecha. ¿Es tan importante? ¿Qué voto es el más adecuado? ¿Qué estrategias son las que se llevan sin que nos demos cuenta? ¿Es para tanto el tema de las redes sociales y la interferencia de potencias extranjeras en otros procesos electorales?

            El “gurú” de Pedro Sánchez, Iván Redondo, no anda desencaminado cuando dice que “las emociones más básicas de los votantes son el miedo, el rechazo y la esperanza”. Es algo que se ha hecho siempre. Cada uno de nosotros puede reflexionar acerca de si fue efectivo el famoso mantra de “que vienen los vascos”. Desde luego, su peso tiene. No obstante, la estrategia que  se lleva es la siguiente: buscar una asociación negativa con el rival. Así, el PP es  “la derecha rancia” o “una organización criminal”. Podemos, una organización “neocomunista”. Vox es “fascismo”. Ciudadanos puede ser “la derecha cobarde” o “la veleta”. Respecto del PSOE; basta asociarlo a “los independentistas, los antisistema o Bildu”. Esto nos lleva a los eslóganes de las recientes elecciones de Madrid: “democracia o fascismo”, “libertad o comunismo”. Yo soy lo bueno, tú eres lo malo. Es un problema aunque hay un consuelo: en la política regional no se llega al paupérrimo nivel existente en la política nacional.

            Es quizás este juego de asociaciones un aspecto muy relevante que tiene muchas aristas. Desde luego, a nivel publicitario: muchos famosos anuncian productos debido a que asociamos las características por las que admiramos a una persona a un bien o servicio que se pretende vender. Deseamos  fiabilidad, consistencia, seguridad, resistencia o confianza. Siempre hay un famoso para ello. Es el denominado efecto halo. Bueno, cosas de negocios. Ahora bien, existe un aspecto muy preocupante; la búsqueda asociaciones negativas para evitar debates importantes. Pensemos en los chiringuitos (el que le ha montado Isabel Díaz Ayuso a Tony Cantó en la comunidad de Madrid es una completa vergüenza y desacredita su discurso liberal; recuerda al debate que se generó cuando Pablo Iglesias se compró su pequeña “choza” de Galapagar). Una crítica a un despilfarro público diciendo que es un chiringuito sirve para decir que alguien es de cierto partido político. Eso es un problema social.

En asuntos como la iglesia, el feminismo o los toros hay que tener cuidado, ya que una persona puede elegir callarse (sea en el sentido que sea) para que no le etiqueten de alguna forma. Al menos ya hubo periodistas que comentaron el hecho de que si la iglesia o los empresarios apoyan los indultos eso quiere decir que es una medida progresista.

Los indultos. La primera evidencia: es lógico que haya personas a favor y personas en contra. La segunda evidencia: es lógico que entre los diputados del PSOE muchos estén a favor y entre los del PP muchos estén en contra. La tercera evidencia: es una vergüenza que todos ellos voten lo que les manden. La conclusión: eso no es un sistema representativo de la sociedad, es un sistema que representa al líder de cada partido. La preocupación: la mayor parte de los medios de comunicación ha tomado claro partido por una opción. En muchos periódicos había artículos de opinión que llevaban a la misma conclusión.

En definitiva, ¿izquierda, derecha o centro?

            Para responder a esta pregunta, vamos a viajar a Israel y Suecia. En el primer caso, una coalición de 8 partidos (hay 15) se ha cargado a Benjamin Netanhayu. En el segundo, ha caído el socialdemócrata Stefan Löfven.

            En los dos casos, se han aliado partidos de todo el espectro político. No han visto izquierda, derecha o centro.

Han visto poder.

El dinero público no es de nadie (junio).

            Frases como las de Carmen Calvo, pocas. Ante la subida de la luz a tarifas descomunales y el apaño aplicado consistente en discriminar los precios por horas, no tiene mejor ocurrencia que decir: “lo importante no es la hora a la que se lava o plancha; lo importante es quién lo hace”. Penoso. Sea de una u otra forma, una idea debe quedar clara: la Unión Europea decidió que se redujese el CO2 en un 55% de aquí al año 2030 (la previsión inicial era de un 40%). Como indica la ley de la oferta y la demanda, al haber menos emisiones, los “derechos de contaminación” que pagan las empresas son más caros. Así, la tonelada, que en el año 2016 cotizaba a 6 euros, en la actualidad está en cifras cercanas a los 60 euros. Es lo que pasa cuando los políticos/reguladores intervienen en los mercados sin pensar en sus consecuencias. Es lo que pasa cuando se gestiona el dinero de los demás sin pagar las consecuencias por los errores. Y esto nos lleva a otra frase de Carmen Calvo: “el dinero público no es de nadie”.

            El problema del denominado “dinero público” comienza por su nombre: debería llamarse dinero de los contribuyentes. Parece un matiz superfluo. No lo es. El nombre de los conceptos o ideas influye en la percepción que tenemos de las mismas. Muchas campañas para lograr ciertos objetivos se llaman “de sensibilización”, no de “coacción”. Las palabras, las palabras. Uno de los objetivos de los impulsores del procés catalán es que los diferentes medios de comunicación hablen de diálogo entre Cataluña y España, para que así nuestros cerebros las perciban como entidades diferenciadas.

            En todo caso, una estrategia política clara es inventar problemas y generar estúpidos debates para no afrontar de manera directa sus tres labores fundamentales. Uno, la gestión del gasto público. Dos, la gestión de los impuestos. Tres, las reglas de convivencia. Sí, es cierto que los puntos dos y tres entran algo en el debate político. Respecto de la gestión de impuestos, la idea de introducir un mínimo global a las empresas del 15% va en la dirección adecuada, ya que así se estima según la OCDE (organización para la cooperación del desarrollo económico) que podrían aflorar 200.000 millones de euros  que podría ir, en teoría, para ayudas sociales. Es extraño, pero la estimación para España es pequeña: tan sólo mil millones de euros. Es difícil saber cómo llevar a cabo estas medidas, es difícil saber cómo se hacen estos estudios. En fin, misterios de la economía y la estadística.

            Lo asombroso es lo poco que aparece en el debate el tema de la correcta gestión del gasto público. Para empezar, los incentivos de muchos políticos son lograr la mayor cantidad de recursos posibles. Eso aumenta de una forma enorme su poder: si alguien no se porta bien, no tendrá subvenciones. En España, por primera vez, el peso del sector público ha superado al sector privado dentro del PIB. En un caso extremo, el objetivo del político sería cobrar todos los impuestos posibles y asignar a cada ciudadano su salario. No hace falta estudiar mucha historia para saber lo que ocurre en ese caso.

Sea de una u otra forma, existe un método más sencillo para arreglar estos  problemas: reducir los impuestos en lugar de pagar subvenciones. ¿Por qué no se hace? Si alguien alude que se va mucho dinero a diversos “chiringuitos” la estrategia es asociarlo a un partido político concreto para desacreditarlo. Triste y real. 

En fin, vamos a las cifras. Todas ellas son aportaciones de mis compañeros en labores divulgativas Carlos Medrano y José Félix García en una reciente conferencia sobre el gasto público.  España es líder mundial en el “índice del dolor” (suma de caída del PIB, incremento de deuda pública, mortalidad covid, rendimiento de los mercados, tipo de cambio efectivo real). El paro juvenil es del 40%. El sector público ya es del 51% del PIB superando al sector privado por primera vez en la historia. Los residentes españoles en el extranjero han pasado de 1.400.000 (año 2009) a 2.600.000 (año 2021). El salario medio ha subido desde 2010 un 11% frente al salario mínimo que ha subido un 50%. Desde marzo de 2020 el BCE ha comprado 104.000 millones de euros de deuda soberana española. Una subida del 1% de interés supone un incremento de gasto de 13.600 millones de euros. El presupuesto público de Navarra ha pasado de 4.005.305.026 euros en el año 2016 a 4.870.520.378 euros en el año 2021. En el año 2020 el gasto era de 7.000 euros por habitante. Según el banco de España, los pensionistas reciben un 74% más de lo que cotizaron. El déficit presupuestario de la Seguridad Social programado para este año es de 14.808,16  millones de euros.

            Sí. Tenemos un problema con el gasto.

            Pero claro, el dinero público no es de nadie.

Agenda 2022 (mayo)

            Bueno, ya falta menos para el 2022. Al menos, está más cercano que el año 2050. Es una idea que se ha puesto de moda: hacer predicciones para dentro de mucho tiempo. Si están equivocadas, se olvidan. Si se cumplen, ya habrá alguien interesado en recordarlo. En fin, un desastre. ¿Por qué no pensar en el año 2022? Salvo imprevistos graves, todo hace pensar que será el momento de la recuperación. ¿Qué ocurrirá a partir de entonces? ¿Hacia dónde vamos?

            Vivimos en la época de los expertos. Es otro truco de los políticos cuando toman medidas: si aciertan, el mérito es de ellos. Si fallan, la culpa es de los expertos. Así cualquiera, ¿verdad?

En realidad, los partidos políticos (en especial los de alcance nacional) se han convertido en oligopolios. Si estás en el bando ganador, lo mismo terminas ministro. En caso contrario, a buscar trabajo. Es el procedimiento digital. Si antes había dictaduras y bien está que vayan desapareciendo, tenemos que esta estructura se ha mantenido dentro de los partidos. Y eso es un problema grave. Por supuesto, no lo van a admitir: quien ha ganado la batalla interna manda. Y el que se mueve no sale en la foto.

            Cuando nos abordan los problemas del futuro entran los temas habituales: vivimos en un mundo único, va a aumentar el teletrabajo, debemos cuidar el medio ambiente, hay que tener cuidado con las pandemias del futuro, vienen grandes cambios en el mercado laboral debido a las mejoras tecnológicas….muy bonito, pero visión y soluciones, pocas. Las decisiones deben ir hacia otros caminos, los cuales vamos a comenzar a explorar en las presentes líneas.

            Uno.- Hay un problema muy grave con la deuda, la cual alcanza ya el 125% del PIB (1billón cuatrocientos mil millones de euros; para hacernos una idea de la magnitud de esa cifra, en segundos  serían, pese a todo, ¡¡más de un millón de años!!). Como el Banco Central Europeo compra deuda pública a mansalva, los tipos de interés están artificialmente bajos. La solución: el que venga detrás, que arree.

            Dos.- Existe un problema intergeneracional. Los jóvenes tienen problemas para buscar trabajo e independizarse. Además, están pagando las pensiones de sus mayores a cambio de nada. La solución: un “ambicioso plan de empleo juvenil”.

            Tres.- Aparecen nuevas inversiones: además de las empresas “verdes y sostenibles”, tenemos más opciones como las criptomonedas, tierras raras, incluso tierras o minerales de las lunas u otros planetas. Recientemente la sonda china Tianwen (preguntas al cielo) ha aterrizado en Marte. Lo que es de turismo, no va.

            Cuatro.- la dicotomía entre poder duro (a través de la coacción) y el blando (influir en otros agentes  valiéndose de medios culturales o ideológicos), ha terminado.

Ahora se lleva el poder afilado (sharp power) consistente en usar de forma engañosa la información con propósitos hostiles. De manera suave, propaganda y manipulación. De manera más grave, interfiriendo en el sistema informático de un país paralizando infraestructuras básicas como oleoductos y cobrar posibles rescates. Por cierto, el país referido es Estados Unidos y el pago, de cinco millones de dólares.

            Cinco.- ha llegado la economía de la atención (Tim Wu). Está por todos lados: pantallas, anuncios, discursos o entretenimiento diverso. Las grandes empresas valoran el tiempo medio de cada cliente en la red (Twitter, Facebook) o el tiempo que tardamos en decidir una compra (grandes almacenes).

            Seis.- de la mano del concepto anterior, se desarrollan una serie de algoritmos que nos pueden llevar a tomar decisiones predeterminadas. Esto nos lleva a que países como Chile estén regulando el derecho al libre albedrío de pensamiento. Precisamente el  senador chileno Guido Girardi lo advierte: “la tecnología ya puede saber cuáles son tus emociones, tus sentimientos e incluso leer tu inconsciente”.

            Además, otras tendencias se asoman. Por ejemplo, priorizar el uso a la posesión. Las experiencias a los bienes. Los dispositivos móviles a la conversación humana. Las pantallas a los libros. Así, pasamos de la economía lineal a la economía circular. De la racionalidad a nuestro estado primitivo más profundo, pasando por las emociones. Esas a las que atizan muchos políticos y algunos medios de comunicación. Para evitar la manipulación, es preciso conocer las seis emociones básicas. Dichas emociones son la alegría y la sorpresa (a mejorar), la tristeza y el miedo (a controlar), la ira el asco (a controlar un poco más). Si sabemos las razones por las que desarrollamos cada una, nos conoceremos mejor a nosotros mismos y a los demás.

            En definitiva, las tendencias descritas deben estar presentes para tomar decisiones en el ámbito personal, privado y público de manera más eficiente.

            Todas las decisiones en todos los momentos de todas las personas de todos los lugares de este bello punto azul pálido que es nuestro planeta influyen en el futuro.

            Todas las decisiones deben estar orientadas a un propósito sencillo: evitar el sufrimiento humano de hoy y de mañana.

Superliga (mayo).

              Parece que no ha durado mucho el proyecto de superliga, no. Ni siquiera una semana. Las primeras conclusiones son obvias: “el fútbol es del pueblo”, “los poderosos sólo quieren dinero y más dinero”, “las competiciones nacionales quedan desfasadas ya que los equipos más grandes, al tener plaza asegurada en la competición europea, podrían jugar con suplentes o hacer estrategias según su conveniencia”. Dejemos estos asuntos para el debate: sin duda, dan mucho que hablar. Pasemos a la valoración desde el punto de vista de la economía de la conducta.

            Para ello, recordemos un principio básico: en unos contextos determinados, el comportamiento humano tiende a replicarse. Ahí es donde está la clave desde el punto de vista del aprendizaje: se trata de valorar esos contextos. Así, mediante leyes por un lado o la inculcación de la responsabilidad personal por otro se pueden lograr resultados que supongan una mejora global para el comportamiento de la comunidad.

            Un primer punto que llama la atención es la falta de lealtad por parte de los clubs que abandonan el proyecto a las primeras de cambio. Cuidado: no estoy haciendo una valoración subjetiva. No se trata de indicar si eso está bien o está mal. Es un hecho objetivo que de un día para otro la superliga sólo puede organizar un torneo de verano (o de invierno; como la supercopa española en Arabia o el mundial de Qatar). El Brexit de los diferentes clubs puede deberse a dos razones: o no han calibrado el alcance de crear la superliga o han preferido quedarse en lo “malo conocido antes que lo bueno por conocer”. En todo caso, ya tenemos una primera conclusión: vivimos tiempos difíciles para la lealtad. Aunque siempre ha tenido un precio, en estos momentos es más bajo que nunca. El honor, el honor. El cumplimiento de la palabra dada….son cosas que se van olvidando. Era un poco exagerado, en tiempos pretéritos, realizar duelos a muerte “por honor”. Evariste Galois, un genio de las matemáticas, murió con tan sólo 20 años por esa razón. Sí, eso es una barbaridad. Pero de ahí a no fiarnos de una palabra a no ser que venga sustentada por un contrato va un abismo.

            Segundo punto: en instituciones con un gran poder como los partidos políticos u organizaciones internacionales que forman monopolios administrativos las batallas internas son brutales. Un caso paradigmático es la FIFA o la UEFA. Es una frase histórica de Konrad Adenauer: “hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido”. Por cierto, tiene una frase mejor: “la mejor forma de calmar a un tigre es dejar que te devore”. Muchos ciudadanos están hartos de las injusticias del mundo o de la gobernabilidad en la que viven. Sin embargo, sólo mueven los dedos para cliquear en el ordenador. Sin duda, han sido devorados.

            En estas batallas internas al final el ganador se lleva todo. La valía no importa. Y muchas veces se deciden por detalles. Un ejemplo claro: año 2008. El PP de Mariano Rajoy ha perdido las elecciones. Comienza una desbandada en el partido que pide un cambio de timón. Empiezan a irse unos, otros, otros….hasta que Francisco Camps, entonces todo poderoso presidente de la Comunidad Valenciana, decide apoyar a Rajoy. Si se hubiese ido por otro lado, los dirigentes posteriores del PP, los ministros y altos cargos que conocimos a partir del 2011 hubiesen sido otros. ¿Meritocracia? Estar en el bando adecuado en el momento justo.

            Tercer punto: la existencia de superligas en el mundo de otro orden. Por ejemplo, los consejeros delegados de las grandes empresas están de acuerdo en que deben cobrar cantidades siderales de dinero. Cuesta admitir que lo generen, ya que si fuese así la cotización de su empresa se hundiría al cambiar el consejero delegado. Eso sí, hay presidentes o ejecutivos de carrera contrastada en el mundo de la empresa como Juan Roig en Mercadona, José María Alvarez Pallete en Telefónica o Amancio Ortega y Pablo Isla en Inditex.

Así, es prioritario evitar en la economía mercados en los que unos pocos se llevan todo. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, presidida por Cani Fernández, vela por el cumplimiento de todo ello. Se trata de impedir  la existencia de superligas que se lleven la mayor parte del pastel con la excusa de que así “ganamos todos”. Es la teoría del goteo. En Europa este puesto lo ocupa, con gran solvencia, la danesa Margrethe Vestarger. Por desgracia, es necesario controlar otras competencias a nivel mundial. Por ejemplo, a nivel financiero los fondos de BlackRock (Larry Fink, 8.6 billones de dólares), Vanguard (Mortimer J.Buckley, 6.2 billones de dólares) y State Street (Cyrus Taraporevala, 3.1 billones de dólares) gestionan, haciendo un simple suma, 18 billones de dólares. Por eso se les llama las “Big Three”.

            Eso sí que es una superliga. Lo demás son tonterías.

EMOCIONES Y POLÍTICA (mayo).

Por fin terminaron las elecciones de la Comunidad de Madrid. A veces parecía que no existía otra cosa. Es una pena pero es así: el peso de la política está sobredimensionado en los medios. Claro está, me refiero al peso de la política como amarillismo, en el sentido de sobrevalorar ocurrencias personales y de infravalorar las ideas de gestión (subir impuestos, bajarlos, gastar más en sanidad o infraestructuras) o las normas de convivencia (mantener el cierre perimetral, cambiar la hora del toque de queda o legislar sobre asuntos más delicados como la eutanasia) que va a realizar cada partido.

En fin, se trata de valorar los resultados electorales desde un prisma, a poder ser, más profundo. Las tertulias se limitan a los números, y con saber sumar y restar es fácil razonar los tipos de gobiernos que se pueden dar. La gran polarización existente ha creado dos bloques claramente determinados: la izquierda y la derecha. Esa es, quizás, la primera conclusión. Todavía se sigue dando importancia a la separación entre unos y otros cuando en la práctica dicha separación no existe como tal. Si valoramos la tendencia numérica de los últimos años en España llama la atención comprobar que en general, el PSOE ha bajado los impuestos y el PP los ha subido. Y no, no es una interpretación de los datos. Son cifras, y los números no engañan aunque a los que engañan le gustan mucho los números. En este sentido, llama la atención un comentario que realizó Antonio Garamendi, presidente de la patronal, cuando hablaba de la presión fiscal en España. “Si dividimos los impuestos entre el total de la población, estamos por debajo de la media. Si dividimos los impuestos entre el total de la población que paga, estamos por encima de la media”. Bueno, el político ya tiene una estadística para elegir, según quiera demostrar que hay poca presión fiscal o mucha presión fiscal. Es otra vieja expresión: hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas.

Llama la atención que por una vez, estas elecciones no las han ganado todos. Precisamente, siempre existía alguna pequeña estadística a la que agarrarse cuando la cosa iba mal, pero en esta ocasión no ha sido así: tres partidos políticos han admitido haber sufrido una gran derrota.

            Siempre que se dan unos resultados aparecen los análisis que explican todo aplicando otra idea típica: “una vez visto, todo el mundo es listo”. Y no, no es así. Precisamente antes de las elecciones el asesor de Pedro Sánchez, el todo poderoso Iván Redondo, lo tenía muy claro, con un mensaje semejante a éste: “hoy en día la gestión política en sí misma no se lleva. Lo importante son las emociones, en especial tres: el miedo, el rechazo y la esperanza. Lo que debemos hacer es gestionarlas a nuestro favor”. Si observamos el lema de los diferentes partidos, tenía razón: en un caso era “libertad o comunismo”, en el otro “democracia o fascismo”. De nuevo el retrovoto: votar a un partido para que no gane otro. Azuzando el miedo que pueda tener un potencial elector al comunismo o al fascismo, nos llevamos su voto.

            Así, surge una duda razonable: ¿tiene razón Iván Redondo y sus rivales lo han hecho mejor? ¿O más bien lo que cuenta es la gestión y todo esto de las emociones es una tontería? Es un debate interesante y fascinante, cuya contestación nos servirá para valorar hacia donde van a ir las contiendas electorales del futuro.

            La gestión es importante, sobre todo si es nefasta. Tendemos a remarcar lo negativo y a no valorar con la misma intensidad lo positivo. Pero el peso de la emoción es mayor. El miedo funciona. No en este caso: siempre. Por esa razón lo más útil en marketing es hacerle ver al cliente potencial como se va a encontrar si no nos compra. No de una forma directa: lo tiene que descubrir por sí mismo. Y lo mismo funciona en los votos. Sin embargo, todavía se puede profundizar más, hasta nuestros instintos más primarios. Es el denominado nivel reptiliano. Deseamos mantener nuestra identidad y evitar siempre el peligro.  Por eso hay electores que nunca votarán a ciertas opciones políticas, según se sienta más navarro, español o vasco; más de izquierdas o de derechas.

            Pues bien, esto es un problema de futuro. Los gurús electorales, en especial desde la época de Dick Morris como asesor de Bill Clinton en las elecciones de 1996 con su célebre lema “es la economía, estúpìdo”, se han aplicado el cuento y además de las emociones buscan asociaciones. Es decir, que se perciba un candidato como “de los míos”.

            Y eso es peligroso, muy peligroso. Lo que debería preocuparnos es cómo se ingresa, cómo se gasta y que normas de convivencia usamos. Sin embargo, eso no parece importar a muchos políticos.

            ¿Y a la sociedad civil?

El dedo y la Luna (abril; corregido de una versión anterior)

              Dice Confucio que“Cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo”. Su enseñanza es muy sencilla: olvidamos lo importante, nos centramos en tonterías. Por ejemplo, puede ocurrir que por una discusión estúpida se pierda una amistad. Esta situación todavía es más triste cuando pensamos en conocidos que han fallecido. Hay tres tipos de penas. Uno, no haber pasado más tiempo con esa persona. Dos, haber tenido algún percance emocional que tambaleó la relación. Tres, no haberle dicho algo especial o sentimientos simples y profundos como “te aprecio mucho”. En ese caso, concluimos dos cosas. Una, nos preocupamos de muchas tonterías y olvidamos las cosas que realmente importan. Dos, pensamos que cambiaremos. Por supuesto, seguiremos igual.

            No obstante, deberíamos hacer matices al dicho del dedo y la Luna. Primer matiz, hay cosas que parecen estúpidas, no nos preocupamos por ellas y al final se crean problemas mayores. Casos tipo: educación de los niños, concesión de caprichos a amigos y conocidos. Está muy bien hacer favores o intentar que los demás estén contentos y felices. Pero con un equilibrio: a veces se nos va la mano y no tenemos vuelta atrás. Por lo tanto, cuidado con eso. En economía, existe un nombre para casos que se asocian a este patrón: es el denominado “efecto de los cristales rotos”. Si vemos en un barrio o ciudad unos cristales rotos y volvemos pasado un tiempo, es fácil que las cosas hayan empeorado. Al no cortar el problema de raíz, se ha hecho mayor. El hecho de no arreglar el estropicio inicial se considera barra libre para poder realizar las fechorías que se estimen oportunas.

            Esto sirve para aplicar dos conclusiones relacionadas con la educación. Primero, su definición: “saber lo que hay que hacer cuando no sabemos lo que hacer”. Eso, todavía, no lo pueden hacer los algoritmos ni los teléfonos móviles. Dos, tendemos a sobreproteger a los niños. Y el mundo es como es. Es mejor hacerlos fuertes y competentes. Eso tiene un coste: caídas y fracasos.

            Vamos al segundo matiz. No es necesario estar todo el día pensando en cosas importantes. Un maravilloso libro del filósofo italiano Nuccio Ordine, denominado “la utilidad de lo inútil”, expone las ventajas de disfrutar de un paseo, una siesta, un atardecer, una visión de un bosque o la lectura de una atractiva novela. En este caso, nosotros debemos valorar las cosas “inútiles” que nos hacen felices. Sí, habrá quien piense en las drogas, el tabaco, el alcohol o vicios semejantes. No es el caso. Hablamos de estimulantes culturales, aquellos que nos emocionan. No de estimulantes externos. En el ámbito de la cultura o el arte, comprenderlo y disfrutarlo genera reacciones químicas internas que nos aportan sensaciones hermosas y logran conmovernos. En el ámbito de las drogas, es necesario introducir en nuestro cuerpo ciertas sustancias que tarde o temprano nos harán pagar un coste en forma de estado secundario.

            Está muy bien pensar en el objetivo de la Luna. Sin embargo, a veces confundimos el medio. A los niños les decimos: “estudia para ser alguien en la vida”. A los adultos, “busca trabajo para poder tener tu casita y vivir contento y feliz”. No es exacto. Se debe profundizar más.

El primer paso es el propósito: “Medita el ámbito en el que tienes las capacidades, la personalidad y las competencias para crear valor en la comunidad.” Una vez realizado, recuerda que “Estar preparado es todo” (William Shakespeare). A partir de ahí, se trata de “Aprender las reglas. Y después, jugar mejor que nadie” (Albert Einstein). Estas reglas tienen su evolución. Tenemos conceptos fundamentales y genéricos: leer, escribir, matemáticas, lenguaje o historia son prioritarios. Después la especialización: vienen los itinerarios de secundaria para desembocar en la Formación Profesional o el Bachiller que termina, así mismo, en la Universidad. Eso sí: todo está relacionado y el desarrollo personal no debe parar.

La Luna de una empresa está basada en la maximización de beneficios. Sin embargo, la Responsabilidad Social Corporativa va ganando, poco a poco, peso. En este contexto, el objetivo, además, del beneficio, son las personas (lo cual incluye clientes, proveedores, trabajadores y comunidad en la que está localizada) y el equilibrio medioambiental.

¿Cuál es la Luna de los países? Pandemia aparte, los indicadores económicos de referencia son el PIB (producto interior bruto), inflación, desempleo y deuda pública. Claro que lo más importante es la sociedad, las personas. Pero la evidencia es tozuda: si estos indicadores fallan, tarde o temprano llega el caos, el desorden y quizás el populismo.

Es el momento de volver al comienzo del artículo. Existen especialistas en comunicación que focalizan los dedos, las dedas y los dedes con la idea de ocultar la Luna para seguir en la poltrona o crear un negocio con escaso valor social, puro humo.

Y sin embargo, la Luna llena es preciosa, inspiradora y luminosa.

Diálogo intergeneracional (pendiente).

              Diálogo por aquí, diálogo por allá. Hoy en día todo se arregla con diálogo. Sin embargo, a veces es un absurdo. Si de un matrimonio una parte se quiere separar y otra no, no hay arreglo posible. Lo que se debe hacer es buscar mecanismos para poder llevar la situación de la mejor manera posible. Es uno de los problemas que tiene la educación: cuando un alumno afronta un problema, sea el que sea, siempre tiene una única solución. Eso es válido en matemáticas (y no siempre) pero en muchos otros aspectos, no. La ciencia ha logrado resolver problemas que aparentemente no tenían solución. Unas veces no se conocía algún dato crucial, otras veces no se había desarrollado suficientemente los instrumentos que se podían aplicar (en forma de conocimiento o de aparatos avanzados) y otras veces pasaban las dos cosas a la vez.

            Una sugerencia para arreglar este problema es que cuando se planteen ejercicios de exámenes, las opciones sean: solución única, varias soluciones, no hay solución, faltan datos para resolver el problema. Ahora que se está planteando dejar la memoria de lado (lo cual es una locura absoluta: ¿qué somos los seres humanos sin memoria?), que se aproveche la ocasión para plantear en los exámenes más preguntas abiertas. Las cuales, por cierto, no se copian con tanta facilidad. Es peor para corregir, es mejor para aprender.

            Volvemos al diálogo. Entre partidos políticos, entre países, entre instituciones, entre empresas, entre sindicatos, entre religiones…sin duda, ¿quién va a estar en contra de eso? Sin embargo, merece la pena afrontar un diálogo completamente olvidado: el diálogo intergeneracional. ¿Qué piensan los jóvenes de esta situación? Sí, existe algún foro donde dan sus opiniones, pero si buceamos un poco más abajo, ¿qué pasa con los adolescentes? Tenemos el arquetipo de personas enganchadas todo el tiempo al móvil. Nacidos en un mundo digital, pertenecen a la llamada generación IG (Instant Gratification) y por desgracia, presentan una proporción de problemas mentales más elevada que las generaciones previas. Y claro, lo más sencillo es echarles la culpa. ¿Por qué no escucharles? Más aún, ¿por qué no afrontar las responsabilidades de algunos padres? Profesores de niños con 5 años ya denuncian que en clase no pueden parar: eso es debido a que en casa los dejan delante de pantallas para que no molesten y claro, cuando están en el aula son muy revoltosos. Hay un cambio impresionante en nuestro tiempo: hace sólo 30 años, la primera preferencia temporal de los padres en su tiempo de ocio era estar con sus hijos; ahora está entre la tercera y la cuarta posición. ¿Cómo afrontan este problema los políticos? Fácil:”es prioritario bajar el desempleo juvenil”. Lo difícil es cómo hacerlo. Eso se arregla con una “comisión”, una “mesa de trabajo” o algo semejante.

            Para afrontar cualquier problema es fundamental tener una visión clara de la situación. ¿Dónde habrá trabajo en el futuro? Hay dos opciones. O nos dedicamos al diseño de máquinas o aprendemos alguna cosa que no puedan hacer las máquinas. ¿Cuáles serán las clases sociales del futuro? Hay tres opciones. Los privilegiados (sea por conocimiento, aptitudes, herencias o pelotazos), los indispensables (aquellos que realizarán trabajos fundamentales para la convivencia social) y los demás (algunos intelectuales como Harari les llaman, sin afán despectivo, los excluidos). En consecuencia, habrá que reformar el sistema educativo teniendo estos aspectos en cuenta. En Alemania, por ejemplo, a los 12 años los alumnos realizan pruebas objetivas donde se valoran sus aptitudes para así orientarlos mejor dentro de su carrera profesional. No es algo vinculante; años tenemos para conocer nuestra vocación y pasión.

            ¿Y los mayores? Aquí aparece el tema de las pensiones, y claro, como hay millones de votantes la táctica más usada es la de la patada hacia adelante: “el que venga detrás que arree”. Siempre que se han hecho reformas ha sido por obligación, con la oposición votando hipócritamente en contra. Sin embargo, la cuestión tiene mucha miga. En algunas provincias ya hay más pensionistas que cotizantes. La esperanza de vida se ha disparado, de forma que un prejubilado de 60 años va a disfrutar de su pensión, en términos estadísticos, 30 años. Existen viudas que cobran pensiones ridículas y necesitan ayudas de sus hijos para subsisitir. En otros casos, ciertas profesiones han dejado también pensiones minúsculas. Pero claro, como los que tienen capacidad de movilización son los que más cobran sólo se escucha esos casos. ¿Por qué no todos? ¿Cómo puede ser?

            Si pensamos en términos intergeneracionales, los jóvenes lo tienen muy difícil. Están pagando unas pensiones que ellos no van a poder cobrar en el futuro. Van a tener que pagar una cantidad de deuda sideral. Sus perspectivas de trabajo son peores.

            Sin embargo, confiamos en su potencial. También sabemos que los mayores deben tener unos recursos dignos pero su reparto debe equilibrarse. Y ese contrato social marcará nuestro futuro.

            Tenemos que hablar.

Cuello de botella (abril).

              Vaya con el atasco del Ever Given en el canal de Suez. La economía mundial paralizada, cientos de buques bloqueados en una espera semejante a las que se dan en las barracas más demandadas de los parques de atracciones en la época AC (antes del coronavirus). Ahora vemos la realidad de otra forma, ya que en la época DC (durante el coronavirus) toda la visión está sesgada por las restricciones aplicadas a de la convivencia humana. En todo caso, es pertinente ir preparando todo lo que pueda venir cuando lleguemos a los tiempos PC (post coronavirus).

            En muchos procesos productivos se tiene un especial cuidado por evitar los denominados “cuellos de botella”: fases de dichos procesos en los que un mínimo percance ralentiza la producción final. Generalizando la idea a la economía global, es claro que el canal de Suez estaría encajado en esta definición. Por lo tanto, es importante analizar lo que podemos aprender del bloqueo, felizmente superado, para evitar otros casos en los que pueda volver a producirse.

            En primer lugar, es increíble la rapidez con la que se olvidan las cosas. En un mundo sobrecargado de noticias y novedades, este bloqueo ya no es relevante. Debería haber generado un debate mundial, pero no lo ha hecho. La pandemia, la política, los deportes y los sucesos puntuales dominan la opinión pública y la opinión publicada. No es lo más equilibrado.

            En segundo lugar, la economía real (cuando se nos llena la boca de conceptos como el teletrabajo, la digitalización o la hiperconexión) es fundamental para mantener nuestro nivel de bienestar actual. De hecho, entre el 70 y el 80% del comercio mundial se hace por transporte marítimo. Es más: el 13% de todos los bienes que se intercambian de esta forma pasan por el canal de Suez. Así, según la aseguradora alemana Allianz las pérdidas semanales de un bloqueo de esas características están entre 6.000 y 10.000 millones de dólares. Tiene su miga, ¿no?

            Puestos a las cifras, vamos a continuar jugando con ellas, en este caso nos vamos a los números relacionados con el Ever Given. Esta “pequeña canoa” pesa 220.000 toneladas y lleva 20.000 contenedores. Son las cosas de la tecnología avanzada: hace sólo diez años los barcos “sólo” tenían capacidad para 10.000 contenedores. Su eslora de 400 metros y los casi 60 metros de manga equivalen a cuatro estadios de fútbol. No cabe olvidarlo: la medida actual de superficie ya no es el metro cuadrado; es el campo de fútbol. En definitiva, se trata de un coloso con un coste superior a los 170 millones de dólares.

            Volvemos a la lista anterior. En tercer lugar, olvidamos muchos problemas sociales si no hay un suceso que permita poder comentarlo y/o conocerlo. Por ejemplo, hace un año 400.000 marineros quedaron confinados en los mares y puertos debido a la pandemia. En la actualidad, la mitad de todos ellos permanecen a bordo sin que hayan sido relevados. ¿Cómo puede ser? Precisamente hace un año, los consejeros delegados de las grandes empresas recordaban “humildemente” que el puesto del reponedor o vendedor de un supermercado, por ejemplo, era más importante que el suyo. Hay frases muy bonitas que en la práctica se aplican pocas veces.

 

            En cuarto lugar, existen cuellos de botella anclados en nuestros pensamientos más profundos. Veamos: el debate sobre la salud mental de la sociedad está abierto, lo cual es de agradecer. Aunque el sector público debe tomar medidas, eso no debe impedir recordar que, en realidad, las medidas empiezan por uno mismo. ¿Tenemos algún problema que nos bloquea? Debemos valorarlo en profundidad. Un hijo adicto al móvil, un puesto de trabajo en el aire o unos padres delicados se pueden ver como una carga pero también son un reto más que aparece en nuestras vidas. Idea clave: ¿qué de diríamos a un amigo que tiene nuestro problema? Seguro que le diríamos: “no te pongas dramático que no es para tanto”. Pues bien, se trata de aplicarnos el cuento. Desde luego, no se trata de edulcorar la realidad; se trata de buscar otro enfoque. Muchos problemas no tienen solución: por lo tanto, lo mejor y más práctico es convivir con ellos.

            Por último, llegamos a los cuellos de botella de las empresas. Los de toda la vida. ¿Qué es lo más útil? Evitarlos. No hay más. Sí, es fácil escribir soluciones fáciles cuando uno no está bregado en la gestión diaria de una empresa. Sin embargo, la enseñanza profunda no es esa. Es otra: si tenemos claro que puede existir una dificultad, haremos todo lo necesaria para evitarla. Es como hacer medicina preventiva para una empresa, no para una persona.

            Y es que la medicina para las personas es complicada. Sólo la vacuna Pfizer tiene 280 componentes que proceden de 19 países distintos. 

 

            Su correcta gestión pasa por evitar, claro está, los cuellos de botella.

ECONOMÍA CIRCULAR, ECONOMÍA AZUL.

La economía circular está de moda. El concepto viene definido por la palabra misma: consiste en convertir el proceso productivo sea un círculo virtuoso en el que la materia prima y el residuo sean lo mismo. En nombre técnico, “cradle to cradle”. Aunque el concepto no es nuevo, la llegada de los fondos financiados por la Unión Europea ha hecho que adquiera una relevancia inusitada. Es una estrategia que va ganando cada vez más adeptos desde que Larry Fink, CEO de la gestoría BlackRock  y una de las personas más poderosas del mundo afirmó que las inversiones deberían servir para crear un mundo mejor. En otras palabras, el beneficio pasaba a no ser el único propósito de las empresas. Se iba a tener en cuenta a las personas y al medio ambiente. Es la denominada responsabilidad social corporativa (RSC).

            Volvamos a la economía circular. Se debe remarcar que aborda de manera adecuada el problema de la evaluación de los recursos y los desechos. En la economía tradicional, la extracción de bienes naturales como los minerales, la madera o el petróleo se considera riqueza. Está claro que si talamos todo el Amazonas el Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil subirá, pero a medio plazo no podemos considerar el país más rico que antes. Por otro lado, en la economía tradicional los desechos… ¡son desechados!  Su relevancia a nivel teórico es baja (externalidades). Sin embargo, su uso es fundamental. No es lo mismo contaminar un río o emitir CO2 que reciclar los residuos e introducirlos en otro proceso productivo.

            Esto nos lleva a las “Diez R” que resumen la economía circular: rechazar, reducir, rediseñar, reutilizar, reparar, rehabilitar, restaurar, remodelar, reciclar y recuperar.  

            VirginijusSinkevicius es el comisario europeo de medioambiente, océanos y pesca. Se ha puesto manos a la obra. Además de preparar normas que van a influir en el problema de la duración de los productos, su reutilización y su reparabilidad, estima que con medidas de este calado el PIB de la Unión Europea subirá en un 0,5% adicional hasta el año 2030 y que además se crearán 700.000 puestos de trabajo. El plan consiste en mejorar el diseño de los materiales, divididos en siete grupos: dispositivos electrónicos y tecnológicos; construcción y edificios; baterías y vehículos; comida, plásticos, ropa y empaquetado. A nivel circular, los pasos son, también, siete. Innovación y diseño; producción y reelaboración; distribución; consumo, reutilización y reparación; recogida; reciclado; materias primas y residuos.

            Existen corrientes de pensamiento que buscan amplificar la idea de economía circular. La bióloga Janine Benyus trabaja la biomimética. La psicológa industrial Edita Olaizola profundiza en la idea anterior a partir de la biomimética organizacional: la empresa debería aprender de la naturaleza. Y esto nos lleva a la meta final: es la economía azul de Gunter Pauli. El sistema económico debe integrarse en la naturaleza actuando como ella misma. ¿Cómo resumir esta idea? Dejemos que lo haga el propio autor del concepto.

“Al estimular los exitosos procedimientos que encontramos en los ecosistemas naturales, podemos comenzar a elegir modelos con un alcance generoso y una propensión al reciclado, cuya meta sea la gestión planetaria y biológica, y cuyo futuro sea la perpetuidad. Esa es la economía. Cuando comenzamos a captar la plenitud de este paradigma, la imagen de la economía azul se eleva como ave fénix de las cenizas de la inestabilidad económica hallando fuerza e inspiración en la naturaleza.”

      La economía azul tiene como base asegurar que los ecosistemas mantengan su trayectoria evolutiva de manera que todos podamos beneficiarnos del inagotable caudal de creatividad, adaptación y abundancia de la naturaleza.         La clave es imitar la eficiencia sin recursos de los ecosistemas. En esencia, la biodegrabilidad más la renovabilidad no es igual a sostenibilidad, ya que ésta sólo será factible cuando nuestro sistema elimine el concepto de deshecho y comience a reciclar los nutrientes y la energía tal y como lo hace la naturaleza.

Existen ejemplos de pequeños proyectos que han tenido un éxito notorio, como la aparición del velcro, inspirado en las avispas. El libro Economía Azul, de Gunter Pauli, fue publicado en el año 2014: propone en diez años un total de 100 innovaciones con  100 millones de empleos.

      Llama la atención como este modelo evalúa en un producto los beneficios para el productor, el consumidor…¡y el planeta! Por ejemplo, la producción de cierto café puede ser, para los diversos agentes económicos, un proceso rico, limpio, barato, rápido, saludable y seguro. Para el planeta se genera menos energía, metanos, rastrojos, talas, basuras y la alimentación es más segura.

Nuestro modelo económico está basado en la estimulación excesiva de la demanda para satisfacer caprichos e ignorar necesidades básicas. Un ecosistema nos enseña a innovar, colaborar, tener paciencia y ser perseverante.

            ¿Será este el camino del futuro? Todos los demás llevan al desequilibrio, así que aunque sea por eliminación nos acercamos a un mundo azul.

Ciudades, personas, empresas, instituciones, gobiernos: preparados, listos, ¡ya!

 

La nueva economía digital: bitcoin, blockchain.

¿Qué es el bitcoin? ¿Y el blockchain? ¿Merece la pena invertir en esa moneda digital? ¿Va a revolucionar esta tecnología el mundo? Estas son las preguntas que están en boca de todos, preguntas cuya respuesta sólo están al alcance del juez que gobierna nuestra vida: el tiempo.

Un bitcoin es un registro compuesto de muchos  números y muchas letras. Debe cumplir una serie de requisitos. El más lógico; no se pueden hacer dos intercambios a la vez. Por supuesto, se deben cumplir otras condiciones. Vamos a enumerarlas. Uno, son transacciones ordenadas, conocidas y validadas por todos los participantes de la red. Eso implica que sean públicas: se comunican a todos los nodos de la red. Ahora bien, ¿qué tecnología permite hacer eso? El blockchain, compuesto por cadenas de bloques que van acumulando toda la información en un enorme libro mayor digital también denominado “ledger”. Dos, se deben evitar las transacciones maliciosas. Tres, dichas transacciones no pueden ser modificadas.

Estas restricciones tienen una ventaja: proporcionan una seguridad prácticamente total (siempre y cuando el desarrollo de los ordenadores cuánticos, en los que se están invirtiendo ingentes cantidades de dinero, no nos digan lo contrario). Eso lleva aparejado una desventaja: las transacciones son lentas. Por eso el bitcoin es más un activo financiero (si bien cotiza en el mercado de derivados de Chicago) que una moneda. Por eso mismo sería más adecuado denominarlo como “oro digital”.

El bitcoin nació en el año 2008 a partir de un programa informático creado por Satoshi Nakamoto (no se sabe si es una persona o un equipo de trabajo). La primera transacción se realizó en enero del año 2009. En la actualidad, hay emitidos aproximadamente 18 millones de bitcoins. El límite, 21 millones. El último aparecerá en el año 2140.

¿Cómo se puede comprar un bitcoin? Hay dos opciones. La primera, acudir a un intermediario digital como Binance, Huobi global (ambos de China) o Coinbase (Estados Unidos). En cierta forma es semejante a comprar acciones: nos vamos a una plataforma, hacemos la transacción dejando nuestra tarjeta de crédito o mediante transferencia bancaria y asunto arreglado. En este caso, una vez que tenemos el bitcoin, dicha plataforma nos deja una especie de “cuenta corriente”, aunque siempre podemos correr el riesgo de que la web colapse o sufra un ataque informático. Por eso hay otra opción más útil: tener un billetero digital. Siempre que podamos entrar en Internet y podamos usar la aplicación correspondiente tenemos acceso al mismo mediante una contraseña. Y de nuevo, aquí vienen los problemas: si perdemos la contraseña, perdemos todo. No hay solución posible. Y sí, la cosa es grave: se estima que 5 millones de bitcoins se han esfumado como consecuencia de este pequeño detalle.

Regresamos a las formas de comprar bitcoins. La segunda: haciendo minería. Sí, minando. Como si estuviésemos buscando oro. De hecho, es lo mismo. Lo que ocurre es que se debe desencriptar el bitcoin y eso lleva mucho tiempo y sobre todo, mucha energía. El gasto en electricidad mundial usado en este concepto es mayor que, por ejemplo, el de Bélgica. Un mundo complejo y complicado, sin duda.

¿Merece la pena comprar bitcoins? Ventaja: son siempre nuestros. Nadie nos los puede tocar. No se pueden embargar. No van a sufrir efectos inflacionarios: el sistema, en este caso, es muy robusto. Inconvenientes: la volatilidad en la fluctuación de la moneda como consecuencia de que también tiene un componente especulativo.

Existen muchas monedas virtuales más como el litecoin o el ethereum (la segunda más usada: es la “plata digital”). Esta moneda está asociada a los smart contracts, que consisten en un programa de software que se ejecuta junto a una transacción financiera. Una aplicación sencilla: si compramos un billete de avión con este método y no hay vuelo nuestro dinero es reembolsado al momento. Este concepto, más desarrollado, nos lleva a la digitalización de la propiedad.

Todavía hay más. Están los token, “monedas digitales” semejantes a una ficha de las barracas de autos de choque. Los ICO (initial coin offering; no es lo mismo que instituto de crédito oficial) van a amplificar los mercados financieros. Se usan para financiar DAO (organizaciones autónomas descentralizadas).¿Cómo funciona? Si deseamos captar capital para un festival de verano, se ofrecen tokens consistentes en una proporción de la recaudación del mismo (por ejemplo, un 1%) a cambio de dinero; por ejemplo, 100 euros. Si hay festival y es un éxito, podemos multiplicar la inversión. Si la cosa no funciona, la inversión se multiplica por cero. En resumen, tenemos oro digital, inversiones digitales, contratos digitales y monedas digitales. Todo ello está sustentado en una tecnología que ocupará cada vez más espacio en nuestra vida cotidiana.

¿Es el fin de los sistemas dirigidos? Si se cumple la ley de Johnston: “lo que se puede descentralizar se va a descentralizar”, está claro que sí.

Saber (diversos medios, febrero).

            Un dicho popular nos dice que el saber no ocupa lugar, aunque no es del todo exacto. Siempre queda registrado en alguna neurona. Además, ahora ya no es tan necesario. Es más útil usar el apéndice de nuestro cerebro, ese artilugio llamado teléfono móvil. ¿Para qué memorizar una fecha de cumpleaños, un teléfono móvil o el DNI? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué conocer la capital de Burkina Faso? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué estudiar la tabla periódica? Consultar el teléfono es suficiente. ¿Para qué memorizar? Consultar el teléfono es suficiente.

            No. Nunca es suficiente. La creatividad y la intuición se desarrollan a partir de muchos conceptos, ideas y definiciones asimiladas que se solapan entre sí creando nuevas conexiones, las cuales amplifican nuestro conocimiento. Si la educación es saber  que hacer cuando no sabemos lo que hacer, es muy difícil tomar decisiones si hemos perdido la capacidad de usar el cerebro. Bien, eso es un debate conocido. De hecho, los gurús de Silicon Valley no quieren que sus hijos usen el móvil. Lógico y normal. No es sólo el hecho del atontamiento mental. Hay algo peor: la adicción. ¿Qué ocurriría si el alcohol, el tabaco o las drogas serían gratis? Se consumiría más. Como todas las consultas en las pantallas provocan reacciones semejantes en el interior  nuestro cerebro, terminamos todos enganchados.

            El tema de las redes sociales tiene una implicación más profunda. Enseña cómo la definición importa, ya que cuando afirmamos que son “sociales” les damos una visión no ajustada a la realidad. En verdad, son redes pero de pescar. Meditemos acerca de los mejores momentos de nuestra vida. Todos ellos son compartidos con alguien. Es complicado tener una felicidad plena consultando de manera permanente el móvil. Nadie se arrepiente, antes de morir, de no haber estado durante más horas consultando pantallas. Tampoco se arrepiente de no haber comprado un Ferrari o una joya más cara.

            En este sentido, existen tres corrientes de pensamiento peligrosas. Uno, no es necesario saber ni desarrollar la memoria ya que todo está en el teléfono móvil. Bien, esta afirmación ha sido rebatida en el apartado anterior. Dos, hay que especializarse en algo muy concreto: así son los nuevos tiempos económicos. Sin ser falsa, esta afirmación no es correcta. El pensamiento multidisciplinar importa. Enseña a hacer asociaciones que no son simples a la vista. No consiste en estudiar carreras de ámbitos que no tengan nada que ver unos con otros; consiste en esforzarse por conocer otros ámbitos de conocimiento. Nada más, nada menos. Tres, el “efecto tertuliano”. Si queremos saber mucho de todo terminamos sin saber nada de nada. Ya comentaba Marlon Brando que “lo curioso de ser famoso es que te preguntan de todo y tus opiniones son tenidas en cuenta como si fueses un experto”.

 

Estos es peligroso, ya que al final acudimos a simples ocurrencias, las cuales vienen determinadas por sesgo de disponibilidad (comentamos las ideas que están más de moda) y el sesgo de confirmación (sólo nos fijamos en aquello que confirma nuestros pensamientos preestablecidos).

            El saber está emparejado con el desarrollo humano. Hay una regla que demuestra la neurociencia: creer saber envejece, querer saber rejuvenece. La curiosidad, conocer, estudiar, aprender y desaprender nos lleva siempre a tener la sensación de crecer y hacer que nuestra vida merezca la pena. No está montado así el sistema de hoy: estamos rodeados de estímulos para consumir pronto y pedir prestado, no en comprar más tarde y ahorrar para el futuro.

            Sin embargo, saber es fundamental. Amplia nuestro pensamiento y la visión del mundo. Nos aporta certezas generando nuevas dudas. Sin embargo, este coste siempre merece la pena. Así, querer saber sirve para aproximarnos a las grandes preguntas, aquellas que siempre nos han empujado a llegar hasta la sociedad de hoy. ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? ¿Cómo podemos mejorar la situación económica y sanitaria de la comunidad? ¿Cómo aumentar la calidad y la cantidad de nuestros años de vida? Si hubiésemos consultado estas preguntas a un teléfono móvil, no hubiésemos tenido respuestas. No nos imaginamos a los grandes líderes o científicos de todos los tiempos como Jesús, Einstein, el matrimonio Curie, o Hipatia de Alejandría pendientes de una simple pantalla. Los vemos como personas curiosas que siempre aprendieron para así poder enseñar y viceversa en un feedback sin fin.

            Las opciones son muchas: astronomía, física, literatura, arte, matemáticas, senderismo, deporte, espiritualidad, arqueología, arquitectura,  religión, psicología, sociología, economía, tecnología, medicina o estadística. Todo ello no está reñido con el entretenimiento: existen múltiples espectáculos de música, cine, danza o teatro conmovedores.

            La expresión homo sapiens sapiens nos dice que “el hombre sabe que sabe”. No podemos olvidarlo, como mi inolvidable alumno Ramiro Giménez Cara a quien van dedicadas estas líneas. Falleció en clase con tan sólo 97 años.

            Sabía que la actitud, no la aptitud, es lo que determina nuestra altitud.

            Y quería seguir sabiendo.

El dedo y la Luna (pendiente).

                Dice Confucio que “Cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo”. Su enseñanza es muy sencilla: olvidamos lo importante, nos centramos en tonterías. Por ejemplo, puede ocurrir que por una discusión estúpida se pierda una amistad. Esta situación todavía es más triste cuando pensamos en conocidos que han fallecido. Hay tres tipos de penas. Uno, no haber pasado más tiempo con esa persona. Dos, haber tenido algún percance emocional que tambaleó la relación. Tres, no haberle dicho algo especial o sentimientos simples y profundas como “te aprecio mucho”. Las conclusiones, dos. Una, nos preocupamos de muchas tonterías y olvidamos las cosas que realmente importan. Dos, cambiaremos. Por supuesto, seguiremos igual.

            No obstante, deberíamos hacer matices al dicho del dedo y la Luna. Primer matiz, hay cosas que parecen estúpidas, no nos preocupamos por ellas y al final se crean problemas mayores. Casos tipo: educación de los niños, concesión de caprichos a amigos y conocidos. Está muy bien hacer favores o intentar que los demás estén contentos y felices. Pero con un equilibrio: a veces se nos va la mano y no tenemos vuelta atrás. Por lo tanto, cuidado con eso. En economía, existe un nombre para casos que se asocian a este patrón: es el denominado “efecto de los cristales rotos”. Si vemos en un barrio o ciudad unos cristales rotos y volvemos pasado un tiempo, es fácil que las cosas hayan empeorado. Al no cortar el problema de raíz, se ha hecho mayor. El hecho de no arreglar el estropicio inicial se considera barra libre para poder realizar las fechorías que se estimen oportunas.

            Ahora que estamos en temas educativos, se deben hacer dos enfoques. Primero, la definición de educación: “saber lo que hay que hacer cuando no sabemos lo que hacer”. Eso, todavía, no lo pueden hacer los algoritmos ni los teléfonos móviles. Dos, tendemos a sobreproteger a los niños. Y el mundo es como es. Es mejor hacerlos fuertes y competentes. Eso tiene un coste: caídas y fracasos.

            Vamos al segundo matiz. No es necesario estar todo el día pensando en cosas importantes. Un maravilloso libro del filósofo italiano Nuccio Ordine, denominado “la utilidad de lo inútil”, expone las ventajas de disfrutar de un paseo, una siesta, un atardecer, una visión de un bosque o la lectura de una atractiva novela. En este caso, nosotros debemos valorar las cosas “inútiles” que nos hacen felices. Sí, habrá quien piense en las drogas, el tabaco, el alcohol o vicios semejantes. No es el caso. Hablamos de estimulantes culturales, no de estimulantes externos. En el ámbito de la cultura o el arte, comprenderlo y disfrutarlo genera reacciones químicas internas que nos aportan sensaciones hermosas y logran conmovernos. En el ámbito de las drogas, es necesario introducir en nuestro cuerpo ciertas sustancias que tarde o temprano nos harán pagar un coste en forma de estado secundario.

            Está muy bien pensar en el objetivo de la Luna. Sin embargo, a veces confundimos el medio. A los niños les decimos: “estudia para ser alguien en la vida”. A los adultos, “busca trabajo para poder tener tu casita y vivir contento y feliz”. No es exacto. Se debe profundizar más.

El primer paso es el propósito: “Medita el ámbito en el que tienes las capacidades, la personalidad y las competencias para crear valor.” Una vez realizado, recuerda que “Estar preparado es todo” (William Shakespeare). A partir de ahí, se trata de “Aprender las reglas. Y después, jugar mejor que nadie” (Albert Einstein). Estas reglas tienen su evolución. Tenemos conceptos fundamentales y genéricos: leer, escribir, matemáticas, lenguaje o historia son prioritarios. Después la especialización: vienen los itinerarios de secundaria para desembocar en la Formación Profesional o el Bachiller que termina, así mismo, en la Universidad. Eso sí: todo está relacionado y el tema multidisciplinar es cada vez más importante.

La Luna de una empresa estaba basada en la maximización de beneficios. Sin embargo, la Responsabilidad Social Corporativa va ganando, poco a poco, peso. En este contexto, el objetivo, además, del beneficio, son las personas (todas las componentes de la empresa directas e indirectas; clientes, proveedores, trabajadores y comunidad en la que está localizada) y el equilibrio medioambiental.

¿Cuál es la Luna de los países? Pandemia aparte, los indicadores económicos de referencia son el PIB (producto interior bruto), deuda pública, desempleo y control presupuestario. No se trata de olvidarnos de lo más importante: las personas. Pero la evidencia es tozuda: si estos indicadores fallan, tarde o temprano llega el caos, el desorden y quizás el populismo.

Es el momento de volver al comienzo del artículo. Existen especialistas en comunicación que focalizan los dedos con la idea de ocultar la Luna para seguir en la poltrona o crear un negocio con escaso valor social, que es sólo humo.

Y sin embargo, la Luna llena es preciosa, inspiradora y luminosa.

Robin Hood (marzo).

            Lo nunca visto, lo inesperado: Robin Hood existe y ha dejado a los “malvados” reyes financieros que se aprovechan de la clase baja inversionista en ruinas. Sin embargo, esta noticia, que ha sido la más destacada en la última semana de enero del presente año, ha pasado casi desapercibida por los medios. ¿Cómo puede ser?

            En esta historia, Robinhood es una aplicación creada por Vladimir Tenev y Baiju Bhatt cuyo propósito es llevar la inversión a la clase baja sin intermediarios. En la vida real, cuando compramos un producto financiero se suele pagar una pequeña comisión al agente económico (denominado “broker”) que nos permite hacer la transacción. El objetivo de la aplicación es evitarlo para dar así más poder al pequeño inversor. En estos momentos, Robinhood es considerada una Start Up con un valor de mercado aproximado de 12.000 millones de dólares. Sin embargo, los vaivenes bursátiles actuales, con una gran volatilidad, no permiten asegurar que dicha cifra sea una referencia continuada en el tiempo.

            Existen muchas redes sociales cuyos nombres están en la mente de todos. Sin embargo, Internet es un océano de opciones múltiples. En este caso, acudimos a Reddit: una plataforma popular en Estados Unidos que, entre otras opciones, permite invertir en bolsa. Tiene lógica: la cooperación entre personas sirve para afinar la información del mercado y poder elegir así mejores opciones. Así, en esta red los chats se llaman subreddit. El que nos ocupa se llama Wallstreebets (apuestas de Wall Street), el cual es un foro creado por Jaime Rogozinski. En el mismo, existen según las últimas estimaciones casi seis millones de partícipes.

            Los grandes fondos de inversión crean terremotos en el mercado financiero si logran concertar explícita o implícitamente operaciones dirigidas a un valor concreto. Es lo que se denomina especulación. Si por ejemplo empiezan a aparecer órdenes de venta de una acción determinada o de un bono particular sus valores se hunden, debido a que el mercado está considerando su valor es alto. De la misma forma, si ocurre lo contrario los precios se disparan. Así, PharmaMar, la empresa española que anunció un posible medicamento para combatir el covid 19 se disparó: los inversores crean que van a generar una buena rentabilidad futura.

            Si la bolsa sube, los poseedores de acciones verán incrementada su riqueza y si baja pasará el efecto contrario. No es un mecanismo muy difícil de entender, no. Sin embargo, el mercado bursátil también permite realizar operaciones en las que se gana dinero….si los valores bursátiles bajan. Aunque hay muchas posibilidades, en esta ocasión me voy a centrar en las “ventas a corto”. Supongamos que un inversor, Luis, piensa que las acciones de la empresa “la gaviota azul” van a bajar. Otro inversor, Pablo,  posee 1.000  acciones de 50 euros cada una tiene intención de mantenerlas en su cartera durante mucho tiempo ya que piensa que van a subir.

            Luis le propone a Pablo un pacto: “me prestas las acciones durante un año y a cambio te doy 400 euros”. No es mal negocio para Pablo: va a ganar ese dinero a cambio de nada, ya que su intención era mantener las acciones. Luis piensa que las acciones van a bajar, y las vende al momento. Ingresa, por lo tanto, 50.000 euros. Si pasado el año las acciones han bajado a 40 euros se gasta en la recompra de las mismas 40.000 euros. Por lo tanto, gana la diferencia (10.000 euros) menos lo que debe pagar por haber tenido las acciones (400 euros), es decir: 9.600 euros. Por supuesto, si las acciones suben la operación le sale al revés. Bueno, es la bolsa.

            Existen fondos especializados en las “ventas a corto”. Se dedican a estudiar empresas que están a un precio objetivo muy alto para realizar operaciones de este tipo. En Estados Unidos, Game Stop era una empresa con un valor supuestamente alto: se dedica al comercio (en pleno confinamiento) y a los videojuegos (los cuales se compran cada vez menos: es más cómodo jugar online). Una empresa ideal para estos fondos, como por ejemplo, Melvin Capital o Citron Research.

            Estos fondos, ¿son buenos o malos? Por un lado, son útiles ya que corrigen los valores bursátiles. Por otro, muchas operaciones de este tipo pueden dejar los precios de algunas acciones por el suelo. ¿Seguro?

            Muchos pequeños inversores de Reddit al grito de YOLO (“you only live once”, sólo se vive una vez) han comprado a la orden de “las acciones siempre suben” (Dave Portnoy, Bort Sool Plataforma) valores de empresas que podían bajar y han disparado su valor. Por ejemplo, Game Stop se ha revalorizado un 1.680%. Por otro lado, Melvin Capital ha bajado su valor de 12.500 millones a 8.000 millones, necesitando el rescate de fondos como Point Asset Management o Citadel.

            Por primera vez, la cotización de la acciones ha oscilado a partir de…acciones concertadas de pequeños inversores. Desde abajo hacia arriba.

            ¿Es el comienzo de una nueva época? ¿Se puede trasladar a otros frentes?

Diálogo, pactos, debates (febrero).

            En cualquier campaña electoral las palabras más usadas son “diálogo”, “pactos” y “debates”. Ahora bien, su sentido es completamente vacío y dirigido. Todos dicen lo mismo: “somos el partido del diálogo”, “no pactaremos con los otros” y “estamos abiertos a cualquier debate”. En definitiva: no deja de ser una estrategia para no abordar temas importantes de difícil resolución. Tiene toda lógica y sentido del mundo: si el elector percibe al rival como muy negativo es más sencillo ganar el voto propio, aunque sea por eliminación o por ser el menos malo.

            Vamos a comenzar por la palabra “diálogo”. ¿Quién no lo desea? ¿Quién no está dispuesto a hablar hasta el amanecer hasta llegar a una solución común? Por desgracia, dicha solución no siempre existe. En casos continuos sí, en casos dicotómicos es imposible,  en casos ordinales es muy difícil. El matiz es capital, y merece un análisis más profundo. En términos estadísticos, una variable continua es aquella que puede tener tantos decimales como queramos; por ejemplo el peso o la altura. Una variable dicotómica es aquella que sólo puede tomar dos valores, como fumar. Sí o no. Una variable ordinal sería una calificación final (suspenso, aprobado, notable, sobresaliente).

 Pensemos en la discusión de los fondos de reconstrucción por parte de la Unión Europea. Se trata de cómo financiar las ayudas y cómo usarlas. Al final, el debate consiste en un tema numérico: ¿cuánto? Sí, claro que existe una condicionalidad, pero el asunto principal son los números. Está claro que un país debe recibir una ayuda entre cero e infinito. A partir de ahí, se negocia. El dinero es una variable continua y siempre se puede llegar a una solución en la que ni todos están completamente satisfechos, ni nadie está completamente disgustado.

Pensemos en un caso dicotómico: referéndum de autodeterminación. Sólo hay dos posibilidades; o se hace, o no se hace. En este caso, es imposible llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos. Uno logra su objetivo, el otro no lo logra. Una analogía muy sencilla viene dada por dos miembros de una pareja de los cuales uno se quiere separar y el otro no. No hay arreglo posible. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Por esa razón un buen negociador buscará vericuetos que le lleven a lograr su objetivo. Puede ser alargar la situación, puede ser lograr un poder o influencia que permita doblegar al rival. El resto, es cuento.

Pasamos a los “pactos”. ¿De dónde viene esa maldita manía de decir que “no voy a pactar con otro partido” si después resulta ser falso? Es más, la única persona que en este sentido cumplió su promesa es Albert Rivera. Hoy está fuera de la política. Por lo visto, decir la verdad se penaliza. Por otro lado, en lugar de repetir esa afirmación recomiendo firmar ante notario la imposibilidad de pactar con un partido concreto. Precedente en Cataluña hay: Artur Mas se comprometió a no pactar con el Partido Popular.

Y es que todavía hay más. La promesa de no pactar, además de ser falsa, es estúpida. ¿Por qué no van a pactar Vox y Bildu? Los primeros lo harían si los segundos renuncian a ciertos principios, y los segundos lo harían si los primeros renuncian a ciertos principios. Vamos a un ejemplo extremo: si Bildu necesita los votos de Vox para realizar un referéndum de independencia  y Vox lo aceptase, ¿no pactaría con ellos? Si algo se ha demostrado en el mundo de la política es que las líneas rojas no existen.

Terminamos con los “debates”. Los hay útiles: por ejemplo, cómo repartir las ayudas europeas. En realidad, esa es la clave: debatir cómo ingresar, cómo gastar y las normas de convivencia. Todo ello con un objetivo prioritario: el bien común. El resto, es paja. Recientemente Pablo Iglesias comentó que la situación de Puigdemont era equivalente a la de los  republicanos represalidados que huyeron de España. Está bien pensando: así se desvía la atención de aspectos más importantes como la gestión de la pandemia o el retraso de las vacunas. Son cortinas de humo. Fumatas negras.

Muchos debates están relacionados con la identidad. Esto incluye la nación (vasco, español, europeo), la situación laboral (trabajador, empresario), edad (jóvenes, maduros, jubilados) el género (hombre, mujer) o más en Estados Unidos, la raza (blancos, hispanos, negros, asiáticos). Aquí lo importante es que todos estén en igualdad de condiciones, sin que exista discriminación positiva (salvo que sirva para arreglar alguna situación injusta) o negativa. Por desgracia, la mayor parte de las veces se usa un populismo fácil y barato cuyo único objetivo final es el voto, sin exponer medidas concretas que sirvan para arreglar un problema. Se quedan en un simple “hay que”.

¿Diálogo? Valorar si el asunto a tratar es continuo o dicotómico.

¿Pactos? Siempre se hacen, de manera explícita o implícita.

¿Debates? Basta de tanto fuego de artificio. Bien común.

Pensamiento crítico, imaginación, ideas (enero).

            Encuesta realizada por el CIS (centro de investigaciones sociológicas).

Pregunta número uno: ¿qué piensas del feminismo?

Pregunta número dos: ¿qué piensas de la iglesia?

Pregunta número tres: ¿qué piensas de los toros?

Pregunta número cuatro: ¿qué piensas del aborto?

No es difícil imaginar las respuestas más comunes a estas cuestiones. Respecto del primer caso, lo común es decir “la igualdad está muy lejos, tenemos que seguir peleando”. Respecto del segundo: “la iglesia está muy alejada de la realidad, esto de que los curas no puedan casarse es retrógrado, luego pasa lo que pasa”. Tercera: “no puede ser que la muerte de un animal sea una fiesta; es una salvajada”. La cuarta depende, en gran manera, de nuestra educación previa y nuestros contactos sociales. La respuesta va desde el “nosotras parimos, nosotras decidimos” hasta “siempre es un asesinato, y debería condenarse como tal”.

El encabezamiento del artículo indica un orden fundamental para poder avanzar como sociedad. Sin pensamiento crítico e imaginación no puede haber ideas. Y una comunidad no puede avanzar ni progresar sin ideas. En este caso, ¿a quién le interesa tener una población dormida y anestesiada? A todos aquellos con privilegios que desean mantener a cualquier precio. Sí, lo primero que nos viene a la cabeza son los políticos. Tiene sentido: ¿dónde estarían trabajando algunos de ellos sin su puesto actual? En demasiadas ocasiones su mérito es única y exclusivamente su carrera dentro del partido. Cada vez es más raro ver perfiles asociados a una carrera profesional brillante. Eso no ocurría en el pasado. Para muestra, un botón. Pensemos en los últimos presidentes del gobierno de España. Con sus luces y sombras, Felipe González y José María Aznar tenían una visión de estado. Son figuras respetadas en el panorama nacional e internacional. Si pasamos a José Luis Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy, su perfil es más bajo. Es más, cuando Pedro Sánchez no sea presidente del gobierno (cosa que pasará), ¿qué perfil tendrá? De hecho, cumple una característica jamás vista: decir un día una cosa, la contraria y hacer una tercera que no la había dicho ni a la mañana ni a la tarde.

 Por supuesto, existen más sectores que ganan con la pasividad social. Grandes empresas que juegan con nuestros datos. Sí, las tecnológicas. Eso de que “si no pagas por algo, el producto eres tú” ya está pasado de moda. Ahora se lleva: “cuando no tienes elección, la elección eres tú” (Kiran Bir Sethi, educadora). Cada vez metemos más tiempo en los dispositivos electrónicos y la pantallas, vivimos en una “economía de la atención” (Tim Wu, profesor). Es más, muchos articulistas cobran según el número de clics recibidos por su noticia. Por esa razón el objetivo no es el suceso en sí mismo, es generar el titular suficientemente atractivo para hacer clic.

Esto no es bueno para la crítica, ya que nos deja en el cerebro simples frases, sin pensar en la implicación de cada cosa. Eso lo saben los gurús políticos (Iván Redondo es el de Pedro Sánchez). La falta de pensamiento crítico implica percibir la realidad en forma de titulares atractivos que no llevan a la reflexión.

Así, se orquesta una campaña que implica realizar cambios en el poder judicial, alargar la provisionalidad en instituciones públicas estratégicas, cambiar también la ley de enjuiciamiento criminal otorgando más peso a los fiscales (los cuales dependen del Estado, claro), instaurar una agencia gubernamental para discriminar lo verdadero de lo falso, aprobar una ley de educación más que conflictiva o pactos políticos que se habían negado por activa y pasiva en el pasado. Todo parece obedecer a un único fin: perpetuarse en el poder. Y eso ocurre en diferentes países, en diferentes formas.

Juan Ignacio Martínez, entrenador de fútbol, recuerda de su experiencia en China que su sistema educativo, orientado a la obediencia y a un menor espíritu crítico, crea futbolistas con poca creatividad. Es una explicación atractiva que sirve para intuir la razón por la cual China, con 1.300 millones de habitantes y una creciente afición al deporte del balón, tiene un nivel internacional tan bajo. Lo decía también Figo, exfutbolista reconocido con un balón de oro: “ahora se aprende a jugar en las escuelas y academias, es todo rígido y nada natural”. ¿Corremos ese riesgo como sociedad? ¿Acaso no existe un confinamiento perimetral en torno a los cerebros para evitar la entrada de ideas infecciosas?

Santiago Grisolía nos recuerda que “las libertades y derechos nunca se consolidan. Cada generación debe batallarlo”. Sí. Tenemos la obligación de hacerlo. No podemos avanzar sin dudar  y sin desarrollar nuestra imaginación.

 Feminismo, en términos lingüísticos, es opuesto a machismo. La iglesia realiza una labor social que ahorra millones de euros al Estado todos los años. Existen animales de los que nos alimentamos cada día con una vida más dura y cruel que la de los toros. El aborto genera depresiones, aunque en lugares donde está terminantemente prohibido se genera más delincuencia. Sí; una pregunta puede tener muchas respuestas.

Estimado lector: piensa, duda, imagina.

HOSTELERÍA: UN NEGOCIO SOCIAL (enero).

            La hostelería: ¿abierta o cerrada? Es el dilema que nos azota: ¿economía o salud? Cómo han cambiado los tiempos en los que la duda era la libertad o la seguridad….y es que la cosa es muy complicada. No es tan fácil estimar la relación causa efecto entre una actividad o un contacto concreto y la adquisición del coronavirus. Es lo que tiene la epidemiología: el modelo determinista modificado de Rothman es complejo. Se necesitan condiciones muy claras para saber cómo se adquiere una enfermedad. Ni todos los fumadores terminan con cáncer de pulmón, ni todos los enfermos de cáncer de pulmón son fumadores.

            Va pasando el tiempo y los números sobreestiman los contagios en los bares y subestiman los contagios en las casas. Ahora bien, ¿cómo se explica? Muy fácil. Si cuatro amigos que han pasado un rato juntos en el bar enferman, el hecho es público y notorio. Si lo pasan en una casa, se puede ocultar. Nadie quiere parecer un irresponsable. Por lo tanto, no se comenta. Lo mismo ocurre cuando los médicos quieren saber la causa de una enfermedad: las personas tienden a decir que han bebido menos o que han hecho más deporte del real.

            Pasamos de la visión epidemiológica a la económica. Sí, es cierto que se deben mantener los trabajos esenciales. Ahora bien, para cada persona es esencial su trabajo, ¿no? Sí, es cierto que los servicios públicos esenciales se deben mantener. Ahora bien, ¿no es la hostelería un servicio público esencial? Muchos trabajadores tienen, al menos, un tesoro matutino: su café, su almuerzo o su comida. En realidad, su descanso. ¿Se les impide eso? Es por seguridad. Sin embargo, nadie puede estar más interesado que el hostelero en mantenerla. Un cierre en términos económicos y sobre todo de reputación es devastador. Y aquí tenemos el siguiente salto. Es fácil medir los números; la reputación y otros intangibles, no. ¿Probamos a hacerlo? ¿Qué sentimientos, qué expectativas tenemos las personas antes los hechos pendientes y futuros? Su evaluación es fascinante. Para introducirla, debemos considerar unas declaraciones de Matthier Ricard. Este monje budista tiene un título llamativo: está considerado el hombre más feliz del mundo. Sí, el principio de que “las condiciones externas no deberían condicionar la felicidad” aparece en cualquier libro de autoayuda. Sin embargo, hay otra idea muy llamativa: “la calidad de las relaciones humanas es el factor que más determina nuestro nivel de satisfacción en la vida”.  También merece resaltarse el principio del contacto con la naturaleza. Por desgracia, sólo pensamos en la red de Internet. No obstante, la red del micelio es más importante: conecta las plantas entre sí.

            Supongamos un Ricard en el mundo de la hostelería. ¿Qué nos diría? “La verdad es que hemos hecho unas inversiones enormes para tener el local en condiciones: ampliación de ventanas para tener ventilación, aparatos para controlar el CO2 (a partir de un nivel el aire se considera más cargado y la sala se debe refrigerar), aspersores en el techo y por supuesto: todos los artilugios de limpieza que se necesitan”.

No obstante, no se trata sólo de más inversión y  más trabajo: es evidente que el mantenimiento de cada local lo exige. Hay más: “uno de los papeles no reconocidos que tenemos es el de policía. Tienes que ver si se cumplen los protocolos establecidos, contar los clientes que están en el establecimiento, evitar el consumo en la barra….durante el día hay, a lo mejor, 3.000 policías. Cuando se cierran los locales, sólo quedan los habituales”. Los números no se pueden olvidar: “los gastos fijos son enormes; los ingresos son variables y a la baja. Así, los ERTES son inevitables. Normal”. La administración es flanco de críticas pero al menos “si los papeles están en regla las ayudan llegan, si bien distan de ser suficientes”. Eso sí, “es más fácil cerrar 1.000 bares de 4 trabajadores cada uno que cerrar una fábrica con 4.000 trabajadores”.

De todas formas, es útil buscar aspectos positivos, aunque sea por salud: no es muy conocido que el tabaco y el pesimismo matan lo mismo. Si no podemos dejar los vicios, seamos optimistas. “Estamos muy agradecidos a todos los clientes ya que nos apoyan y comprenden. Esto incluye también los policías, en una gran mayoría da gusto tratar con ellos. Además, sin el esfuerzo de otros sectores como la investigación o la sanidad la situación sería peor. Por cierto, es injusto también demonizar a los jóvenes: la gran mayoría cumple las reglas y estamos encantados con ellos. Todo ello sin olvidar lo más importante: los enfermos y los fallecidos por coronavirus”.

Michael Eisner, antiguo director ejecutivo de Walt Disney, decía que tenían el mejor negocio del mundo: la esperanza. “Fueron felices y comieron perdices”.

Nosotros pensamos que la hostelería tiene, además de otros servicios, un negocio fundamental: las relaciones humanas. Es el denominado Ubuntu africano: “yo soy porque tú eres”.

Javier Otazu, Patxi Baztán.

Equilibrio (enero).

Uno de los primeros conceptos que se aprenden en economía es el de equilibrio: punto de intersección entre la oferta y la demanda. Pensemos en el mercado eléctrico; una subida de la demanda implica un aumento de la cantidad intercambiada a precios más altos. Por supuesto, no podemos olvidar que el mercado eléctrico está intervenido y tiene unos condicionantes especiales que por sencillez se obvian. Por otro lado, una subida de la oferta (lo cual es debido a una mejora tecnológica o a una disminución de los costes) implica un aumento de la cantidad intercambiada a precios más bajos.

Los mercados tienden al equilibrio. Por ir a un caso más sencillo, vamos a los patinetes eléctricos. Si la oferta es mayor que la demanda los empresarios ven que no van a vender todos sus productos. ¿Qué hacen? A nivel estratégico, disminuyen la cantidad de patinetes que van a fabricar. A nivel táctico, bajan los precios. Lógicamente, si la demanda es mayor que la oferta ocurre lo contrario: aumentan la producción y los precios.

Sin embargo, la vida no es tan sencilla. El estudio de la oferta y la demanda supone que todas las decisiones de los agentes económicos son independientes entre sí y eso no es cierto. Un consumidor compra un producto si ve que está de moda, un productor decide cantidades y precios según las estrategias que, piensa, van a adoptar sus competidores. Para analizar este caso usaremos la teoría de juegos. Y en este caso se producen diversos escenarios. Unas veces no hay equilibrios, otras veces sí existen. Además, puede ser que esos equilibrios sean adecuados en términos sociales (por ejemplo, cuando las empresas compiten entre sí tienden a ser más eficientes y bajar precios, lo cual conlleva un beneficio para toda la sociedad) y otras veces no (por ejemplo, los países tienden a gastar una cantidad enorme de dinero en armamento ante el temor de que un posible rival pueda usar su capacidad militar para disuadirle en los términos que desee).

Resumiendo: el equilibrio es la tendencia a la que nos llevan las fuerzas económicas y sociales en un escenario concreto. Unas veces es bueno, otras veces es malo. Además, hay veces que no llegamos al equilibrio previsto: un cambio en el escenario varía la tendencia y el resultado final. Un papel prioritario del Estado, quizás un poco marginado, es reorientar las fuerzas del mercado para  evitar un equilibrio negativo en términos sociales y medioambientales.

Hay más tipos de equilibrios, por ejemplo los económicos. Una empresa no puede sobrevivir si las cuentas están todos los años en números rojos. Un Estado, sí. Bueno, eso es lo que dice la teoría. Para verificar si es cierta o no puede pasar mucho tiempo. Es una de las curiosidades de la economía. Puede tener razón a la vez quien piensa una cosa y  la contraria.

Unos dicen que no importa la deuda, ya que el Estado siempre va a tener recursos para poder pagarla. En el límite de los límites incluso podría pactar con el banco central la impresión de dinero y a vivir. Claro que habría inflación y los ahorros de las personas irían al vertedero, pero la deuda se pagaría. Otros dicen que tarde o temprano el Estado quebrará. En el límite de los límites esa quiebra podría ser dentro de muchísimos años, más incluso que la vida de quien lo ha predicho. Así, es imposible demostrar que esa persona no tenía razón.

Lo más complicado es el equilibrio personal. ¿En qué consiste? Digamos que tiene muchas aristas. Consiste en ser consistente entre lo que decimos, lo que hacemos y lo que pensamos. Consiste en repartir el tiempo de forma coherente con nuestros valores y preferencias: el trabajo, la familia, las aficiones o el cuidado del cuerpo en términos físicos, intelectuales y espirituales. Esto es muy importante, ya que somos más cuidadosos gastando  dinero que gastando tiempo. Es decir, miramos las ofertas de frutas y verduras para poder ahorrar unos céntimos (no está mal: al fin y al cabo, muchos pocos hacen un mucho) pero no nos importa estar dos horas al día (que son 7.200 segundos) navegando entre noticias y redes sociales. ¿No es absurdo? Si pensamos de forma imaginaria en un salario por hora de diez euros estaríamos tirando a la semana 140 euros. Se mire como se mire, eso es un desastre.

Es más, podemos analizar equilibrios globales. A nivel financiero, la deuda mundial no para de aumentar. O al final no se paga, o se convierte en perpetua o se inventa algo. A nivel medio ambiental, el desarrollo sostenible es un concepto muy bonito que requiere más práctica por parte de todos.

Todo esto nos lleva a la segunda ley de la termodinámica: el incremento de la entropía (desorden) es mayor que cero.

 Pensamiento Catedral (enero).

                El arte ha evolucionado en el tiempo. Tiene sentido: desde las cuevas de Altamira el hombre, como el buen vino, ha mejorado. En este caso, comenzamos por pinturas rupestres. Conforme van pasando los años, las cosas cambian y poco a poco van costando más tiempo. En muchos casos, aparecen reyes o faraones que desean pasar a la posteridad con un monumento que honre su nombre. También se puede crear el arte por sí mismo.  Lo hacía Miguel Angel Buonarroti, cuando comentaba que veía la estatua dentro del molde y simplemente dejaba que salía. Bueno, tiene un dicho mejor: lo malo de tener objetivos es cumplirlos. El corolario, obvio y sencillo: debemos llenar el vacío que nos queda de alguna forma. No obstante, las grandes obras como las pirámides de Egipto o las catedrales tienen un propósito mayor, o bien de índole religioso, o bien de índole sagrado (para que un fallecido ilustre tenga su “merecido descanso”).

 En general, la mayor parte de las personas comprende el valor de una obra de Velázquez o Goya. Incluso en algunos casos nos podemos llegar a sentir conmovidos. Sin embargo, hoy en día el concepto de arte no está tan claro. Para unos, el fútbol es arte. Para otros, son millonarios dando patadas a un balón. Y eso por no entrar en obras surrealistas, como el retrete de Marcel Duchamp. Cabe destacar el caso en el que una empleada de limpieza del Museo Bolzano de Milán, que tiró a la basura botellas de champán, confetis y otros desperdicios. Era una obra denominada “¿Dónde vamos a bailar esta noche?”.

Anécdotas aparte, vamos a las catedrales. Los arquitectos que la ideaban y los trabajadores que las iniciaban ya sabían que no iban a ver su final. Pensaban en el largo plazo, no sólo en sus hijos. Era para las generaciones futuras. Y eso, en un mundo como el de hoy, gobernado por el corto plazo y las elecciones más próximas, no se lleva.

Sin embargo, las cosas pueden estar cambiando. No en el sentido de las tonterías que se decían en medio del confinamiento (más que la palabra del año podríamos decir que ha sido, por desgracia, la actividad del año) como que “íbamos a salir mejores”. Sí en el sentido de comprender el coste para la economía y la sociedad de no ser precavidos de cara a lo que pueda ocurrir en el futuro. Y eso nos debe empujar a tomar decisiones mejores.

El filósofo australiano Roman Krznaric explica en su libro “El buen antepasado” estas ideas. Podríamos concluir en una tesis fundamental: nuestra preocupación por ser buenos antepasados debe tener más peso en nuestras decisiones presentes. Por eso, el “pensamiento catedral”, consistente en valorar comportamientos cuyos frutos no se puedan detectar hasta pasados muchos años, quizás dos generaciones, es muy pertinente.  Todo ello nos lleva a la siguiente pregunta: ¿seremos unos buenos antepasados?

Tiene lógica; ¿acaso no está abierto el debate de que nuestros hijos pueden vivir peor que nuestros padres? Este concepto nos ayuda a ser más previsores de cara a lo que pueda ocurrir en el futuro, comenzando por el cambio climático. No obstante, hay más posibilidades de uso.

A nivel individual, un paso de un “pensamiento catedral” sería, además del consabido plan de pensiones, crear una cuenta de ahorro para un nieto recién nacido de manera que así pueda estudiar en un futuro en la universidad. Otro paso sería alimentarse mejor: los beneficios de dietas como la mediterránea son abrumadores.

En el ámbito empresarial las cosas son diferentes: al dinamismo económico y la evolución tecnológica se le debe añadir la complejidad del mundo financiero. Es el mundo de las OPAs, fusiones, adquisiciones, intercambios de acciones o asociaciones tipo joint venture. Es por eso que la visión debe ser, sobre todo, personal y pública. Eso no quita para que una empresa no busque la manera de adelantarse al futuro y así poder adaptarse a los nuevos parámetros económicos y sociales, aunque hay algo mejor que eso: es más útil crear el futuro.

Llegamos al ámbito público. Comenzamos por una pregunta divertida: ¿cuáles de los dirigentes de hoy, nacionales o regionales, será recordado en el futuro por su buen hacer? Angela Merkel y Jacinda Ardern (Nueva Zelanda) seguro. El resto, no está tan claro. Pasamos a la segunda pregunta divertida: ¿qué dirigentes de ayer son recordados hoy por su gran labor política? Helmut Kohl en Alemania, seguro. Otros como Mijail Gorbachov en Rusia generan ambivalencia en su país de origen.

Primera moraleja: las claves de los avances sociales las crean los científicos, los empresarios y los pensadores. Es decir, las ideas. Sin ideas, no hay avance. Los políticos están sobrevalorados para bien e infravalorados para mal (pueden hundir países).

Segunda moraleja: pese a todo y más en un mundo global, es pertinente buscar mecanismos para adaptarse al futuro y  para crearlo.

Tercera moraleja: toda catedral comienza por una piedra.

 

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