BLOG 2.014.

CON ESTE ARTÍCULO CIERRO LA COLECCIÓN CORRESPONDIENTE A ESTE AÑO Y ABRO, PRÓXIMAMENTE, LA SIGUIENTE. MUCHAS GRACIAS.

Nuevo año, nuevos proyectos. 

               Como siempre que termina un nuevo año y comenzamos uno nuevo, todos nos hacemos nuevos proyectos llenos de ilusión y esperanza. No está mal ese dicho de que “mi futuro es siempre mejor que mi pasado, por eso camino hacia adelante sin miedo”. Al fin y al cabo, esta frase denota cierto compromiso y determinación ante la posibilidad de que todo lo que está por venir es mejor que lo ya vivido, pese a que nos repitan aquello de que “la siguiente generación va a vivir peor que la precedente”. No podemos olvidar que vemos el pasado mejor de lo que fue debido a que hoy  no tenemos en cuenta la incertidumbre que teníamos entonces; sólo valoramos la incertidumbre del ahora.

            Entonces, ¿cómo podemos hacer los proyectos ante el año nuevo?

            A mi modo de ver, un buen comienzo es planteándonos dos preguntas. Primero, ¿hacemos lo que nos gustaría hacer? Segundo: lo que nos pasa, ¿es lo que nos hubiera gustado que nos pasara?

            Si contestamos no a cualquiera de estas dos preguntas debemos replantearnos nuestra vida, ya que, como nos recuerda Montaigne, “si las cosas no van como deseas durante un corto espacio de tiempo, ello puede ser debido al azar. Pero si las cosas no van como deseas durante un largo espacio de tiempo, la responsabilidad es tuya”. Y ojo, que estas preguntas no sólo son útiles a nivel personal. También lo son a nivel empresarial o incluso institucional.

            Entonces, ¿qué planteamiento podemos hacer?

            Comenzaremos por el enfoque personal, el cual abarca tres líneas diferentes. La primera sería valorar si estamos desarrollando nuestro potencial humano. Si la respuesta es negativa, necesitaremos una amplia reflexión acerca de nuestro papel en el mundo. La segunda línea tendría que ver con nuestra voz interior, el famoso locus interno de los romanos. ¿Estamos de acuerdo con la vida que llevamos? ¿O hay algo dentro de nosotros mismos que nos incita a cambiar el ritmo? Podemos tener alguna relación personal o profesional envenenada que nos origina trastornos internos, lo que llaman los psicólogos “entropía psíquica”. ¿Merece la pena seguir así? Está claro que no, pero para contestar a esa pregunta prefiero quedarme con un dicho alemán que dice algo tan sencillo como que “es mejor un final con horror que un horror sin final”. La tercera línea tiene que ver con dejarnos llevar, con la dejadez. Pienso que muchos de los problemas que se dan en las interacciones humanas y con nosotros mismos son simple y llanamente dejadez.

            Sí, es muy fácil decirlo. Pero cualquiera de nosotros puede hacer una lista en la que se proponga eliminar tres aspectos que supongan dejadez, desidia o pereza. ¿Por qué no hacerlo?

            Saltamos al enfoque empresarial, en el que no se debe obviar la responsabilidad que tienen las empresas no sólo en términos de beneficio; cada vez más se tendrán en cuenta los impactos medioambientales y sociales de cada empresa, y eso afectará al “voto” en éste ámbito, en el cual un voto es, simplemente, una compra.

            El enfoque institucional es el más delicado ante la ruptura que existe, a nivel de confianza, entre la sociedad civil y la clase política. En medio de la crisis que estamos viviendo, se perciben “gobiernos paralizados y partidos políticos estancados que siguen sin dar respuestas creíbles a las nuevas demandas de las sociedades en efervescencia, que están cambiando a una velocidad inalcanzable para quienes operan con ideas del pasado”. Y es que “la finalidad de la democracia es hacer llegar a cada hombre hasta la nobleza”, es decir, dar los medios para que las personas puedan desarrollar sus capacidades.

            Sin embargo, pienso que necesitamos ideales. Como dijo Ramiro de Maeztu, “ninguno de los problemas es tan importante como el desarrollo espiritual. Tenemos un pueblo cuerdo pero sin ideales, que se dedica a seguir lentamente el curso de la civilización moderna, con el fin de no quedar atrás, sin entusiasmo creativo”. Y eso no puede ser. El cambio no debe ser sólo a nivel económico, debe ser a nivel de expectativas. Los grandes medios de comunicación económica dicen que España va bien, sin embargo muchos españoles van mal. Algo falla.

            En fin, cambio de año, cambio de proyectos.

            Proyecto personal: desarrollar nuestro potencial, seguir nuestra voz interior y evitar la dejadez humana. Mejorar nuestro alrededor. Dar felicidad cuando llegamos, no cuando nos vamos.

            Proyecto empresarial: aumentar su responsabilidad en términos medioambientales y sociales.

            Proyecto de las instituciones públicas: poner los medios para que las personas puedan de ganarse la vida, tener un alto nivel de salud física y mental, un medioambiente sano, un alto nivel de educación y disfrutar del beneficio científico.

            Nuevo año, nuevos proyectos.

(Del 14 al 22 de diciembre).

Pensamiento lineal, realidad exponencial. 

                Nuestro cerebro tiende a pensar linealmente, de manera que eso nos genera dos sesgos mentales. Primero, que las tendencias habituales de la vida permanecerán a lo largo del tiempo. Segundo, que esa ley tan famosa de la proporcionalidad que aprendimos a pequeños (uno es a dos como diez es a veinte) se repite a menudo.

                Para comprender mejor estas dos ideas, vamos a ver varios ejemplos.

                Cuando llegamos a un puesto de trabajo o la economía se mueve en un determinado sentido tendemos a pensar que todo ello se mantendrá. Sin embargo, es una constante que lo único invariable son los cambios. El futuro nunca es el que era, y todos esos cuentos con final feliz nos han hecho pensar que cuando la realidad llega a un determinado nivel no va a cambiar (comeremos perdices) nos han hecho mucho  daño. Conviene recordar esta idea ahora que comienza la Navidad, ya que es una época muy dura para muchas personas, en especial para aquellas que han perdido recientemente seres queridos. Así, nos invade la nostalgia “que bonitas eran aquellas navidades en las que estábamos todos…”. Y así, puede que las Navidades pretéritas hayan sido mejores que las actuales. Desde luego, hay una excepción: aquellos que tienen niños y que ven estas fiestas reflejadas en sus sonrisas.

                Así, tenemos una primera conclusión: la realidad es la que es, la vida tiene muchas cosas buenas pero también tiene muchas desgracias, con lo cual la principal premisa es adaptarse al mundo (es más sano que intentar que el mundo se adapte a ti) y recordar, con responsabilidad, a las personas que ya no están. Es decir, ni bloqueándonos por su ausencia, ni olvidándonos de ellos “tirando hacia adelante”.

                Vamos a la segunda parte de la linealidad. Es obvio que si voy a 100 kilómetros por hora, en una hora hago 100 kilómetros y en 2 horas hago 200. Sin embargo, esta idea se repite en pocos aspectos de la realidad.

                Un caso muy sencillo; los estudios. Muchos alumnos hacen cuentas del estilo: “si estudiando 3 horas he sacado un 3, estudiando 5 sacaré un 5”. No tiene ningún sentido, ya que una cosa es que nos suenen las cosas, con lo cual se saca con facilidad un 3, y otra aprobar, lo cual exige mucha más destreza. Eso es cierto en muchas actividades intelectuales: podemos estar más inspirados, más concentrados en un momento dado, lo cual nos permite decir que en cinco minutos hemos sacado mucho provecho a cierto trabajo.

                Un atleta que entrenando duro vea que va bajando su marca personal sabe que esa relación no es lineal ya que siempre tendrá un límite.

                El tema del pensamiento lineal tiene una excepción; la valoración de las cantidades. Así, no somos muy conscientes de las altas cifras que se dan respecto del dinero que se ha evaporado (pero evaporado de verdad: hemos visto que algunos de estos ladrones  han ido a la cárcel,  pero ¿cuánto han devuelto?). Por ejemplo, 80 euros son el doble de 40 euros, pero una cantidad de 12 millones de euros o de 100 millones de euros la catalogamos cerebralmente como “burrada” y así nos parece que es la misma.

                Y no es la misma. La verdad es que no conozco el funcionamiento exacto de la proporcionalidad de las penas. Entiendo que no vamos a hacer la relación “euro robado, diez minutos de cárcel” ya que sería muy complicada y alguno de estos “amigos de lo ajeno” estaría sometido a cadena perpetua, pero seguro que se pueden hacer mejoras para reducir los incentivos a realizar robos. Por ejemplo, lo presunción de culpabilidad.

                En contraposición a un pensamiento lineal vivimos una realidad exponencial, en la que los cambios suceden a una velocidad vertiginosa. Hace dos años, ¿quién pensaba que el petróleo iba a ser tan barato y que Estados Unidos iba a ser autosuficiente? Hace un año, ¿quién pensaba que se iba a instaurar en emirato entre Irak y Siria? ¿Quién pensaba en la aparición del fenómeno Podemos?

                Todas estas cosas eran impensables. Pero es que si nos vamos a los avances tecnológicos, la cosa todavía asusta más. Coches sin conductor, aplicaciones como Uber, pastillas inteligentes para adelgazar, un control tecnológico absoluto de todas nuestras constantes vitales, unos teléfonos móviles que se han convertido en pequeños ordenadores, la llegada de nuevas aplicaciones que permiten pagar móvil a móvil o  las empresas que se dedican a imprimir cenas son un buen ejemplo.

                De todos estos cambios, el más sorprendente será el de la predicción de posibles enfermedades, lo cual disparará la esperanza de vida. Google está investigando ya en medicina basada en nanotecnología. Eso permitirá identificar a las células enfermas y avisar directamente a nuestro médico que podrá llegar a ser…un asistente virtual.

                En fin, vivimos en una realidad de cambios exponenciales con un cerebro preparado, tan sólo, para pensar linealmente. Pero toca adaptarse, ¿no?

(Del 8 al 14 de diciembre)

HACER DE LA POLÍTICA UN ARTE.

                Como ha quedado claro que nuestras ideas principales deben ser cuatro, aquí propongo una exposición de las principales. Posteriormente se reabrirán todas las maneras de llegar a este objetivo, pero he pensado un doble juego de palabras que, pienso, puede ser muy atractivo para la ciudadanía.

                “En un mundo en el que parecen enfrentarse políticas antiguas con propuestas políticas, nosotros creemos en una cuarta propuesta, atractiva y provocativa. Nosotros creemos que se puede hacer de la política un ARTE.

                El arte está relacionado con la creatividad, las propuestas rompedoras y otras formas de ver las cosas. Y en unos tiempos tan convulsos como los que estamos viviendo, hacer de la política un arte es una condición necesaria para lograr un mundo mejor. Pero es que podemos usar el arte para esgrimir las cuatro propuestas en las que se apoya nuestro programa.

                A de adaptación a los nuevos tiempos. Una adaptación que debe incluir las personas, las comunidades, nuestro país. Muchas personas se están quedando fuera del sistema de manera que tienen el riesgo de no ver desarrollado su potencial personal. Muchas comunidades se pueden quedar fuera del sistema, lo cual se puede ver en zonas de España en la que las personas jubiladas llegan a doblar a los jóvenes.

                R de revolución en la relación existente entre los partidos políticos y la ciudadanía. La participación de las personas en fundamental en el desarrollo de un análisis político, ya que sus opiniones deben ser tenidas en cuenta. La manera más sencilla lograr este objetivo es crear las listas abiertas, que quitan poder a los partidos para dárselos a las personas. Esa idea se debe complementar con el voto libre de los representantes electos, con la excepción de los objetivos fundamentales del programa.

                T de transparencia en las cuentas públicas. Es inadmisible que la Hacienda Pública pueda conocer todas nuestras cuentas y que nosotros no podamos conocer las suyas. Este tipo de relaciones debe ser de igual a igual. Desde luego, cuando se pierde la confianza sólo queda la transparencia.

                E de equilibrio. La vieja relación izquierda y derecha está vieja y caduca; de hecho los programas económicos de los grandes partidos son indistinguibles. Se debe velar por el triple equilibrio entre el sector público (respetado), el privado (responsable) y el civil (ONG, sociedad civil) que debe ser robusto. Ninguna economía puede funcionar de manera correcta sin ese equilibrio”.

                Estoy seguro de que este tipo de presentación va a dar titulares y que, sin duda, es una noticia nueva, ya que ningún partido está dando ideas de este estilo.

(1-7 diciembre. Una reflexión sobre el aficionado del Depor asesinado en Madrid).

Fútbol y violencia.

                El debate acerca de la muerte del aficionado del Deportivo en los prolegómenos del partido entre el Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña no cesan. ¿Qué es lo que se puede aprender de todo ello?

                Lo primero y evidente, cuando los dirigentes de los equipos dicen que “esto no tiene nada que ver con el fútbol” la verdad es que se comete una falsedad, ya que las personas (o animales) que quedaron para pegarse no eran precisamente aficionadas al ballet.

Por otro lado,  no se puede olvidar que mientras que otros deportes han evolucionado como entretenimiento en sí mismos el fútbol lleva aparejado sentimientos de pertenencia, colectivo, banderas y enfrentamientos entre aficiones “enemigas”. Y eso es así debido a una cuestión histórica: el fútbol se desarrolló después de la Primera Guerra Mundial a la vez que los fenómenos fascistas.

                Mucho cuidado, ya que eso no implica para nada que el fútbol sea un deporte fascista. Pero sí que muchas bandas agregadas al mismo lo son; el límite del paroxismo se encuentra en Argentina: los célebres Barras Bravas llegan a tener, en algunos equipos, un protagonismo desmesurado hasta llegar al nivel de aprobar ciertos fichajes. El Duce italiano Mussolini lo entendió muy bien cuando en el mundial de Italia (1.934) animó a su selección con su célebre consejo: “ganar o morir”.

                Países como Inglaterra parecía que no tenían remedio: los “hooligans” ingleses causaban pavor allí donde iban. Sin embargo ahora tienen la liga más competitiva y mejor organizada de Europa: un seguidor del Manchester, por ejemplo, puede comprar hoy la entrada para ir a verlo dentro de dos meses. Eso demuestra que las cosas se pueden hacer bien aunque en este caso con un alto peaje: los 39 muertos de Heysel (Bélgica, final de la Copa de Europa del año 1.985).

                Por desgracia, no es la única violencia la que se realiza entre hinchas. No es difícil ver peleas en partidos de juveniles o agresiones a árbitros que pueden llegar a venir incluso de los propios padres. Dando ejemplo. ¿Cómo se puede frenar esa violencia? Sería carísimo poner un regimiento de policías en todos los partidos que existen durante un fin de semana, claro está. La solución es educar en valores al estilo de las viejas olimpiadas: lo importante es participar. Pero aquí es donde viene el principal drama del fútbol: se premia la trampa.

                Es completamente inadmisible que a nivel profesional se premie al tramposo. Si un jugador hace teatro y provoca la expulsión injusta de un rival es apodado de “listo”. Es decir, el fin justifica los medios. Y no es de recibo que ese tipo de actitud no sea sancionable. Existen tecnologías que permiten verlo: basta con aplicarlas. Pero no se hace.

                ¿Qué es lo que ocurre? Los niños tienden a repetir lo que hacen los mayores. Así, si un jugador logra engañar al árbitro es fácil que se lo eche en cara al rival durante todo el partido. Y ese tipo de situaciones incitan a la violencia. Se deberían cortar de raíz aplicando tecnología y sanciones, pero no se hace. ¿Cómo puede ser? ¿No ven las autoridades que todo eso incita a la trampa y a la mentira en otros órdenes de la vida? Es inexplicable.

                En una reciente entrevista a Javier Aguirre, antiguo entrenador de Osasuna y actual seleccionador de Japón, comentó que lo que más le había sorprendido del fútbol japonés era que si el árbitro pitaba una falta los jugadores la sacaban en el sitio donde se había producido. Vamos, que no se preocupaban de adelantar el balón o de trampear a lo largo del partido. Resulta que lo que debería ser lógico y normal es una sorpresa. ¿Hasta dónde hemos llegado?

                Una de las competiciones mejor organizadas es la liga de baloncesto norteamericana, la NBA. Allí, la tecnología está a la orden del día. Los clubes tienen topes salariales para evitar grandes desigualdades en la competición. Las actitudes agresivas o tramposas son duramente castigadas. La crítica a los árbitros es prácticamente mínima y quien lo hace se expone a duras sanciones. Los jugadores están obligados a realizar actividades por el bien de la comunidad. Incluso al llegar a la competición reciben cursos en los que les enseñan a llegar a fin de mes. Sí, lo han leído bien. A llegar a fin de mes. Se trata de aprender a administrarse. ¿Por qué no aprendemos de ellos?

                Desde luego, el fútbol, como todos los deportes, tiene también muchos valores positivos: premia el esfuerzo, la creatividad, el trabajo en equipo o la solidaridad. Estos son los que se deben fomentar para construir un mundo mejor. Incluso tiene la ventaja de que las sorpresas son relativamente frecuentes, cosa que no ocurre en otros deportes. Eso proporciona incertidumbre y emoción.

                Lo que ocurre es que por desgracia también permite desarrollar valores negativos. Valores que deben ser erradicados.

(24 30 Noviembre). Un diagnóstico y un posible tratamiento para todos nuestros males.

Diagnóstico, tratamiento.

                Pronto comenzará un nuevo año que, entre otras novedades, estará marcado por la gran cantidad de citas electorales que se darán en el mismo.

                ¿Qué nos deparará el nuevo año? ¿Mejorará el paro? ¿Volverá la senda del crecimiento económico? ¿Mejorarán las tensiones mundiales? Todas estas cuestiones son muy complejas de resolver, ya que basta ver lo que ha pasado durante este año: hechos como la irrupción del Estado Islámico en Siria, la revolución de Ucrania o incluso la confesión de Jordi Pujol eran completamente impredecibles y demuestran que vivimos en un mundo en el que cada vez con más intensidad predomina la incertidumbre. Por eso es importante plantear un diagnóstico acerca de la situación económica y social que nos va a tocar vivir. Como cualquier médico sabe, sin un buen diagnóstico no es posible un buen tratamiento.

                Es difícil negar que estamos viviendo una época de desencanto y de desilusión en la cual observamos cómo muchos de los sueños y esperanzas que teníamos en nuestro futuro se han quedado en eso, en sueños. Se percibe un gran desengaño respecto de los partidos políticos y muchas son ya las personas que no creen en la tan manida “regeneración democrática”, en la “eliminación de la corrupción” y en el “fin de las prebendas”.

                ¿Qué podemos hacer ante ello? ¿Existe salida? La ciudadanía está desilusionada ya que percibe que ninguno de los partidos tradicionales se preocupa de sus problemas. ¿Cuáles son esos problemas, qué es lo que preocupa hoy a la sociedad?

                1.- La crisis económica es debida, principalmente, al gran desajuste existente entre la sociedad y la economía. En otras épocas la economía se adaptaba bien a la sociedad, ya que las clases más bajas podían trabajar primero en el campo y después en las ciudades. Sin embargo, los avances tecnológicos nos han llevado a una situación especial: ya no es necesario que trabaje tanta gente, en consecuencia el trabajador ha perdido poder de negociación, y aparecen dos nuevas clases sociales que antes no existían. Está formada por las personas que se han quedado ya fuera del sistema y no van a poder trabajar (llamada, por algunos expertos, las personas de producto marginal cero) y por otro por aquellas personas que trabajando no salen de la miseria. En otras palabras, por primera vez existen personas que trabajando son pobres; y todo ello es debido a la precariedad y a la bajada de los salarios.

                2.- La política no ejerce el papel de regulación social que debería. Muchas personas creemos que se ha convertido en un circo más, como el del corazón o el deporte. Un día sí y otro también vemos a políticos dando sus opiniones y repartiendo estopa al rival del otro lado sin profundizar en nuestros problemas reales. Y el problema no son los políticos: el problema son las estructuras en las que se encuentran y en los incentivos que tienen.

                Estos problemas nos han llevado a una pérdida de esperanza generalizada que recuerda a la Argentina del corralito, cuando decían que “hemos perdido la alegría”.

                El ritmo de vida que tenemos nos lleva muchas veces a sacar lo peor que tenemos dentro lo cual genera casos de corrupción, inacción, pasividad y desencanto, de manera que al centrar nuestra vida en el dinero olvidamos los ideales o el altruismo. Y eso es así ya que lograr la fama, el poder o la presencia en los medios de comunicación hace que muchas personas sean capaces de hacer cualquier cosa para lograrlo.

                Todo este cóctel hace que podamos diagnosticar la situación como sigue: desencanto general, sistema que demasiadas veces saca lo peor que tenemos dentro.

                Sabiendo eso, está claro que necesitamos unas instituciones y un sistema económico y social que nos permita sacar lo mejor de nosotros mismos. Y es que las personas podemos ser en un mismo día ángeles y demonios: incluso Hitler era muy cariñoso con su perro cuando le sacaba a pasear todos los días con una cometa.

                Así, hemos llegado al meollo de la cuestión. ¿Cómo logramos ese sistema económico?

                Precisamente ahí es donde debería estar el debate, en el cómo. Necesitamos una justicia más rápida y efectiva; así  los incentivos para delinquir serán más bajos. Necesitamos un plan económico focalizado en energías renovables, tecnologías avanzadas o en aspectos diferenciales de cada región previamente debatidos por expertos para posicionarnos en el mercado global. Necesitamos una educación que genere  “entrepreneurs”, es decir, personas con iniciativa, creatividad y audacia en todos los ámbitos de la vida. Necesitamos una fiscalidad que no permita que algunas empresas con beneficios enormes paguen impuestos ridículos. Necesitamos una administración rápida y ágil para realizar todas las gestiones burocráticas de la forma más sencilla posible. Necesitamos cambiar la estructura de los partidos políticos para que su prioridad sea el bien común.

                Necesitamos tantas cosas…

                ¿Cómo lo hacemos?

(17-23 Noviembre. Un debate sobre el final de la clase media).

¿Se acabó la clase media? 

                Uno de los economistas más influyentes del mundo, Tyler Cowen, ha escrito el libro “Se acabó la clase media”. En el mismo, expone que a medio plazo la población de nuestro planeta se compondrá en un 15% de personas con una vida cómoda y estimulante y que el 85% restante se quedará estancado con una situación descendiente de manera que su mayor aspiración será sobrevivir. En España Esteban Hernández ha escrito un libro titulado “el fin de la clase media” donde expone las mismas ideas. Incluso usa un tono más pesimista, en el que argumenta que van existiendo cada vez más personas que generan un producto marginal cero, es decir, que ya no les contratan ni cobrando un sueldo inferior al anterior. ¿Tienen razón estos pensadores? ¿Podemos pensar que la clase media está en fase de decadencia?

                Para contestar a estas preguntas, podemos valorar las tres tendencias que ve imparables Juan Martínez Barea en su interesante libro “El mundo que viene”. Así, la primera vendría dada por la hiperconectividad. Muchas personas viven enganchadas a la red en todo lugar, en todo momento y en cualquier tipo de plataforma. La segunda tendencia es la aceleración tecnológica, que avanza exponencialmente. Pensemos, simplemente, en nuestros teléfonos móviles. Lo único que queda de eso es el nombre: en realidad son pequeños ordenadores. Los impresionantes avances tecnológicos han hecho que hayan bajado las ventas de dispositivos como las cámaras fotográficas o los GPS. Muchos de ellos ya tienen incluso traductores, de manera que permiten hablar con una persona en otro idioma ya que el móvil traduce la frase al idioma que deseemos. Y eso sin olvidar todo lo que permite el móvil en términos de aplicaciones. Por último, la tercera tendencia es la irrupción de cuatro mil millones de nuevos ciudadanos, en especial, aquellos que habitan los BRICS (Brasil, Rusia, India o China) sin olvidar potencias en ciernes como México, Corea del Sur, Indonesia o Sudáfrica.

                ¿Qué ventajas tiene todo ello? Principalmente dos. Por un lado, la geografía ya no es tan importante a nivel de servicios, ya que se pueden ofrecer a partir de la red, con lo cual la competencia global es feroz. Como consecuencia de ello, los precios bajan hasta llegar a la denominada “ley del precio único”, de forma que no se puede bajar más los mismos. Esto ocurre en los llamados mercados de competencia perfecta: en ellos, hay infinitos consumidores y productores, los bienes son homogéneos (los productos son de la misma claridad), hay información perfecta (en Internet llegan a existir incluso comparadores de comparadores de precios) y no existen constes de transacción. Todo ello pasa en el mercado de servicios en Internet. Todo ello es positivo a nivel de consumidor.

                ¿Qué desventajas tiene? De nuevo, principalmente dos. Primero, que puede ocurrir que el ganador se quede con todo el mercado. Cuando todos aquellos que buscan trabajo se apuntan a una red social particular, nadie va a buscar trabajo en otra red, a no ser que sea algo muy específico. Segundo, que es difícil diferenciarse en la red, es decir, encontrar un hueco donde una persona pueda generar su propio mercado.

                ¿Y qué podemos pensar de todo ello dentro del mercado de trabajo? Una forma de verlo es pensar al revés, es decir, meditar acerca de nuestros gustos como consumidores. Así, tendemos a gastarnos mucho dinero en lo que más nos gusta, mientras que gastamos lo justo para lo demás, de manera que como sólo lo vemos necesario compramos productos de marca blanca.

                Esto implica, a nivel personal, que tendrán buenos puestos de trabajo aquellos que puedan ofrecer al mercado productos de alto valor añadido y que en consecuencia estén muy preparados para ello y que tendrán (o no tendrán) puestos tan buenos de trabajo aquellos que se dediquen a actividades de bajo valor añadido. Respecto al tema de la educación, es cierto que por desgracia muchos titulados no encuentran trabajo. Pero es que la proporción de paro está disparada en las personas sin educación. Tiene lógica. Un titulado en medicina puede trabajar de médico o de cualquier otra cosa. Alguien que no está titulado sólo puede trabajar en cualquier otra cosa.

                Vivimos en lo que uno de los pensadores de referencia mundial, Buyng Chul Han, considera la “sociedad de la competencia”. Es necesario competir brutalmente para no quedarse fuera del mercado. A su modo de ver, antiguamente vivíamos en la “sociedad del cansancio”, de forma que nos dedicábamos a trabajar en una fábrica y luego nos íbamos a casa a descansar. Eso es pasado.

                Si queremos evitar la pérdida de la clase media, tenemos mucho que hacer. Debemos potenciar la capacidad de innovar y competir de las personas. Debemos hacer reformas para que las personas puedan dar lo mejor de sí mismas. Debemos saber la posición que deseamos ocupar en el mundo como país posicionándonos, de una vez, estratégicamente.

                Y todo ello siguiendo el valioso consejo del doctor Venkataswamy: “la inteligencia y la capacidad no son suficientes. Debe haber la alegría de hacer algo maravilloso”.

                ¿Estamos preparados?

(10-16 noviembre. Conclusiones del Congreso de Avila).

Las pensiones, ¿una pirámide de Ponzi?

                Una pirámide de Ponzi consiste en una estafa en la cual las personas que están en la base van alimentando a las que han entrado ya en el negocio. Casos típicos son, en España, el de Fórum Filatélico o en Estados Unidos el de Bernard Madoff. En ambos casos estos “chiringuitos” financieros ofrecían unas altas rentabilidades que se iban cubriendo con las aportaciones de los nuevos inversores hasta que el sistema cae por su propio peso.

                Hoy en día todos los inversores se cuidan muy mucho de invertir en negocios de este estilo aunque se ofrezcan muchas opciones del denominado “marketing multinivel”.

                Muchos de los debates que escuchamos a día de hoy están relacionados con la corrupción y la economía, aunque a mi modo de ver los problemas más importantes de España son dos: el paro y la sostenibilidad de las pensiones. Y aunque es verdad que el problema del paro se comenta a menudo y sale siempre como una de las principales preocupaciones de las personas, no ocurre eso en el caso de las pensiones. Y la verdad es que es algo que no puedo comprender.

                España tiene actualmente unos 16 millones de personas que están trabajando, las cuales pueden mantener a todos los pensionistas, si bien las cuentas no terminan de encajar y se echa mando del fondo de reserva. Lo que ocurre es que los pensionistas van a seguir aumentando sin parar…y curiosamente, eso es algo que se puede calcular.

                La cuestión es muy sencilla. Nadie sabe cómo va a ir la economía dentro de tres años. Ni siquiera dentro de un año; los organismos que se dedican a ello no dejan de corregir las diferentes previsiones de crecimiento económico de cada país. Recordemos que las cifras de paro que tenemos actualmente eran completamente inimaginables hace poco tiempo. Sin embargo, podemos intuir el número de personas que se va a jubilar en el año 2.050. La razón es simple: todas estas personas ya han nacido. Si pensamos que en esa época la edad de jubilación (y eso contando por lo bajo) estará en 70 años, son todos los nacidos en el año 1.980 quitando una pequeña proporción de fallecidos por diferentes circunstancias de la vida. Eso quiere decir que si se mantiene la población ocupada no habrá dinero para poder pagar a los jubilados una cantidad digna.

                Y es que no podemos olvidar que el sistema de pensiones español es en realidad un pacto intergeneracional por el cual los trabajadores pagan las pensiones de los mayores a partir de sus cotizaciones sociales sabiendo que en el futuro los jóvenes les pagarán a ellos sus jubilaciones.

                La verdad es que el sistema funciona muy bien si hay más trabajadores que jubilados. Sin embargo, si permanecen las tendencias demográficas actuales eso no es lo que va a ocurrir en el futuro, con lo cual todos aquellos que están pagando ahora su cotización van a tener una pensión ridícula. Es decir, la pirámide se romperá. Por supuesto, no es una estafa en el sentido de Madoff, ya que algo se cobrará. Pero si evaluamos la rentabilidad financiera de la inversión es posible que sea ridícula. Como el Gobierno lo sabe, ya se está preparando un plan para mentalizar a todo el mundo: próximamente todos los trabajadores recibirán, con la nómina, una aproximación del cobro que tendrían de su pensión si sigue trabajando en las mismas condiciones hasta la edad de su jubilación. Y además no podemos olvidar  el aumento de la esperanza de vida.

                Para entender nuestra perspectiva demográfica, veamos unas curiosidades:

                1.- De todas las personas que han llegado a los 65 años en la historia de la humanidad, dos terceras partes están vivas ahora.

                2.- Cuando se ideó el sistema de pensiones actual el 35% de la población superaba los 65 años. Hoy, el 35% supera los 89 años.

                3.- Una mujer española tiene 1,27 hijos, cifra muy alejada del 2,1 establecido como referencia de reposición de la población.

                4.- La persona tipo del año 2.050 en Alemania tendrá 51,2 años, una madre anciana, no tendrá hermanos, tendrá un primo y posiblemente no tenga hijos.

                Y todo ello sin nombrar al conjunto de personas que no va a tener una jubilación por estar fuera del mercado laboral y que se tendrá que conformar con una pensión no contributiva asistencial. Por desgracia, los técnicos sólo nombran la sostenibilidad del sistema de pensiones. Sin embargo, ¿dónde está la sostenibilidad de las personas? ¿Qué medidas se están tomando para todas ellos?

                Por supuesto, se tomarán medidas. Es seguro que usaremos las “cuentas nocionales”, según las cuales toda la pensión percibida tendrá una perfecta correspondencia con todas las cotizaciones realizadas.

                Pero el problema me parece muy grave, y es que estamos viviendo nuestro “invierno demográfico”, según el cual las personas “votan con los pies”. Es decir, tienen menos hijos y se van del país.

                Como dijo August Comte, la responsabilidad del Gobierno es “Saber para prever a fin de poder”.

                Así que manos a la obra.

(17 - 23 noviembre). Artículo de próxima publicación acerca de los retos a los que se enfrentan Europa y España en particular. Saldrá rápidamente a la luz. Disculpad las molestias, gracias.

 (10-16 noviembre). Siento decir que el sistema de pensiones está quebrado, de manera que se ha convertido en una pirámide de Ponzi. Próximamente escribiré un artículo sobre el tema. Lo que ocurre es que la estafa es tan ajustada que todavía me tengo que documentar un poco más.

(3-9 noviembre). Los casos de corrupción arrasan nuestro país, llevándonos a una situación cada vez más delicada. Es el momento de meditar un poco acerca de ello.

¿Corrupción institucionalizada?

                Propongo la siguiente pregunta para la próxima encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas): ¿Cree usted que la corrupción está institucionalizada?

            Desconozco los resultados, pero por si acaso he realizado esta encuesta durante los últimos días entre diversos conocidos y la respuesta es siempre la misma. Por supuesto, es afirmativa. Y es que, como dicen los americanos, “si anda como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, posiblemente sea un pato”.

            ¿Qué podemos hacer ante ello? ¿Hay alguna solución?

            Las respuestas de los partidos políticos ha sido la de siempre, por ejemplo: “lo siento, perdimos perdón por lo que ha ocurrido, esto no volverá a pasar”. Otras posibilidades serían “estamos haciendo todo lo que está en nuestra manos para combatir la corrupción” o “la mayor parte de los políticos son gente honrada”. Las soluciones, las de siempre. “Vamos a aprobar un código ético para combatir la corrupción”, “quitaremos la militancia a todos los imputados” (debido a la presión y el hartazgo social, esta solución es nueva), “haremos una comisión de investigación” o “tomaremos medidas más duras”. Los debates, los de siempre. Se resumen en el “y tú más”. Habría sido bonito, en el último debate, oír a algún político decir: “lamento y me avergüenzo de los casos de corrupción que han surgido en mi partido. Van a desaparecer sin dilación. Respecto del suyo, puede hacer lo que desee. Los ciudadanos y yo nos limitamos a ver lo que pasa”.

            Por desgracia, los últimos casos parecen evidenciar una resignación en la población absoluta. Y toda esta situación es gravísima, ya que así no podemos avanzar como país. Indudablemente cada vez se está perdiendo más alegría y más ilusión. En épocas de decadencia, cada uno procura agarrarse a lo que puede. Unas veces de forma legal, otras de forma ilegal, otras de forma poco ética aunque sea legal. La falta de ejemplaridad observada desde las altas esferas es el germen del desmoronamiento moral general. Y así no se puede seguir.

            Así que es el momento de volver a la primera pregunta. ¿Qué podemos hacer? ¿Hay alguna solución?

            Sí la hay. Y eso pasa por una cuestión: los partidos políticos van siempre por detrás de la sociedad. No van a realizar ajustes hasta que no tengan otro remedio debido a que la presión social es muy fuerte. Y es normal que sea así: las personas desean mantener sus privilegios, y cuando ven amenazados los suyos ceden algunos para no perder todos. La historia de la humanidad es así.

Por lo tanto, es el momento de “sugerir” las siguientes medidas para los partidos, teniendo en cuenta un patrón básico: deben ser absolutamente transparentes. Es lo requerido cuando hemos perdido la confianza en ellos.

Primero, cuentas transparentes a golpe de clic, aunque sea para los afiliados. Y de paso, que se puedan conocer las cuentas de todas las administraciones públicas a las que está suscrito cada ciudadano (ayuntamiento, comunidad autónoma, país). Es indispensable y recíproco. Si Hacienda tiene derecho a ver mis cuentas cuando lo desea, yo también tengo derecho a ver las suyas cuando quiera. Repito, indispensable.

Segundo, mínima exposición a los medios de comunicación. Como dice con acierto el escritor Javier Sierra, “el día en que la política deje de estar omnipresente en nuestra vida y sea una simple herramienta y no un fin en sí misma habremos madurado como civilización”. Ya en Alemania se redujo esta exposición. Y es que deben hacer su trabajo y hablar en los foros destinados a su trabajo. Punto. Así, cuando se realice cualquier tipo de debate en el congreso o en el senado  quien esté interesado que lo siga en un canal de televisión vía Internet destinado a tal fin.

Tercero, reducción de las firmas necesarias para realizar cualquier iniciativa legislativa popular. Así la ciudadanía se sentirá más representada.

Cuarto y no por más repetido menos importante. Para los diputados, listas abiertas y libertad de voto. Mientras las listas electorales sigan siendo cerradas los partidos nos estarán indicando que no desean cambiar su comportamiento. ¿No vivimos en la sociedad de la meritocracia? Sí, la meritocracia de llevarse bien con el dictador. Perdón, con el secretario general. Además, las listas abiertas llevan emparejadas la libertad absoluta de voto en cualquier tipo de debate, ya que el diputado se debe a sus electores. No a su partido. Entiendo que si no se realiza esta medida se pueden sustituir los políticos por macetas, para que el parlamento nos parezca más agradable. Son más baratas, sólo hay que regarlas.

En un momento en el que el desencanto no puede ser mayor y las expectativas más bajas, es necesario virar el timón. Fiscalidad transparente, mínima exposición a los medios, iniciativas populares, listas abiertas, voto libre.

¿Es mucho pedir?

Javier Otazu Ojer. Profesor de Economía de la UNED de Tudela.

(27 de octubre-2 de noviembre). En una semana ya más tranquila que parece volver a los asuntos de corrupción que tanto nos han molestado y que son muy reiterativos, toca pensar en la nueva economía que viene. Esto sí que es preocupante. Aunque es mejor verlo como una oportunidad.

La nueva economía. 

            Observando la última encuesta de la EPA (encuesta de población activa) detectamos cierta mejora en el mercado laboral. Bien está. Pero hay un problema grave: queda un paro estructural, según los expertos, de tres millones y medio de personas. Repito, tres millones y medio de personas. ¿Qué se puede hacer?

            El primer paso es comprender las tendencias irreversibles de la nueva economía. Y entre todas ellas, destacan dos: la economía colaborativa y la llegada de la sociedad del coste marginal cero (Jeremy Rifkin).

            La economía colaborativa ha saltado definitivamente a la fama con el problema generado por la aplicación Uber, la cual descargamos en el móvil para localizar a personas que vayan a realizar el traslado que tenemos previsto en su coche. La idea es aprovechar el viaje de la otra persona y hacerlo compartido. Todo ello a cambio de una pequeña cantidad de dinero.

            Como es lógico y normal, este asunto ha indignado a los taxistas, los cuales han pedido la prohibición de la aplicación. De todas formas, es indudable que de una forma u otra este tipo de aplicaciones han venido para quedarse. Y es más: Google ya está probando el coche sin conductor. Además de que posiblemente eso reducirá los accidentes, una persona podrá solicitar uno de estos coches para desplazarse de un lugar a otro. Esto nos lleva a un escenario que preocupa sobremanera a los fabricantes de coches: es posible que en el futuro las personas ya no quieran comprarse uno. Bastará alquilarse uno durante las vacaciones, de manera que el resto del año se usa el transporte público o la economía colaborativa.

            Claro que eso sólo es el comienzo. Las opciones para ir de vacaciones o intercambiar diferentes servicios son inimaginables. Ventajas: hará falta menos dinero para vivir. Desventajas: hará falta menos trabajo, el Estado recaudará menos cantidad de dinero vía impuestos.

            Lo que ocurre es que, en todo caso, esto no es nada en comparación con lo que va a suceder con el tema del coste marginal cero. Según Rifkin, la gran eficiencia lograda por el capitalismo lleva implícita una transformación que no tiene vuelta atrás. Si nos olvidamos de la obsolescencia programada, tenemos que llegan bombillas LED que sirven ya para toda la vida. Más aún, los avances de Internet permiten que, por primera vez, las ventas puedan ser ilimitadas. ¿Por qué? Se pueden comprar todos los libros, discos, software o videojuegos que queramos a golpe de clic ya que no necesitan soporte físico. Y eso es un mundo completamente nuevo.

            Y es que todo esto nos lleva a la pérdida de muchos puestos de trabajo. A nivel de fábricas debido a la robotización continua y a la constante mejora tecnológica. Y es que, si meditamos un poco, ¿cuánto tiempo hace que no vemos construir una fábrica nueva? La construcción ha bajado, pero se siguen haciendo casas. Pero, ¿fábricas?

            Más pérdidas de puestos de trabajo, todos los intermediarios. Internet permite la transacción directa entre el productor y el consumidor. El caso tipo son los viajes. Más posibilidades, todo lo que se pueda hacer con la ayuda de Internet. Si una persona tiene una avería, algún vídeo te explica cómo arreglarlo. Si necesitamos traducir algo al inglés, existen traductores gratuitos. Si queremos recibir un curso específico, existen muchas posibilidades gratuitas. Incluso existen webs donde se pueden compartir diferentes archivos entre los usuarios.

            Más aún: se están desarrollando asistentes virtuales que incluso podrán hacer las veces de médicos. Un concurso en Estados Unidos premia a la empresa que haga el mejor. Incluso podemos pensar en que, pese a todo, siempre será necesario un transportista para llevar el material de un lugar a otro. Tampoco. Se están desarrollando drones (aviones teledirigidos) pequeños para que puedan llevar nuestras compras del almacén hasta nuestra casa.

 Y todo sin olvidar otra cuestión relacionada con Internet: el tiempo que pasamos navegando, sea buscando información, chateando, jugando o disfrutando de alguna red social. Aunque sea una perogrullada, este es un tiempo que no pasamos en otro lado, por ejemplo en el cine, en la cafetería, en el campo o con nuestras personas más cercanas.

Visto así, uno puede ver el futuro negro. Bueno, pues depende. Lo que se divisa, como consecuencia de todo lo anterior, son dos cuestiones en dos niveles. Primero, a nivel personal existirán tres posibles ubicaciones relacionadas con el trabajo. Los parados de larga duración, los trabajos de bajo valor añadido y los trabajos de alto valor añadido. Sí, las clases medias perderán cierto peso. Segundo, a nivel de países existirán los que se especialicen en productos de alto valor añadido, como Estados Unidos. Allí se están desarrollando las fábricas 4.0, con maquinarias flexibles e interconectadas entre sí, lo que les permite abarcar nichos de mercado de todo tipo: desde los  más pequeños y personalizados hasta los más grandes. Por otro lado, existirán los países que se especializarán en productos de bajo valor añadido: materias primas, ropa o semejantes.

¿Qué podemos hacer?

Prepararnos para el futuro. Corremos el enorme riesgo de que la nueva economía nos alcance mientras discutimos si son galgos o podencos.

(20-26 octubre). En una semana en la que sólo han existido tres asuntos: el ébola, Cajamadrid y Cataluña bueno será volver a repensar en el mundo de la política. ¿Existe algún discurso que todavía pueda llegar a la gente? Propongo uno.

Presentación de un partido imaginario.

                Estimados oyentes (lectores), muchas gracias por su atención.

                Estamos aquí para presentar lo que pretende ser la aportación a la sociedad de nuestro partido, pues ese y no otro tiene que  ser el objetivo del mismo.

                Es por eso que en nuestras expresiones no pueden estar aquellas del estilo “vamos a buscar la regeneración de la política”, “tenemos una serie de medidas infalibles para combatir la corrupción” o “tenemos ideas para reducir el paro en un 5%”. No es nuestro objetivo. Simplemente, queremos algo más sencillo, más humilde. No queremos salir en los medios a todas las horas. Nuestro partido es sólo una herramienta de regulación social, no un fin en sí mismo. Un instrumento para canalizar ideas de todos. Los expertos, por el conocimiento de cada tema particular. Los no expertos, debido a que ven cada tema desde un enfoque contrario al de los expertos. Es por eso que son enfoques complementarios y por lo tanto, imprescindibles.

                ¿Cómo se puede lograr todo ello? ¿Existen mecanismos para lograrlo?

                Uno de los problemas de la política actual es el peso de la estructura de los partidos en los componentes de los mismos, las cuales dan un poder impresionante al mandatario principal y a la cúpula que le rodea. Este poder se ve acrecentado por el enorme bombardeo mediático existente de políticos y de sus opiniones. Es algo que no nos parece eficiente.

                Hoy en día se asocia un partido a la persona que lo comanda y a una idea simple. La persona es la misma para todos, la idea no. Por ejemplo, el PP se puede ver como Rajoy-centro derecha, Rajoy-derecha ultraconservadora o Rajoy-recortes. La idea depende de la campaña de un partido y la de sus rivales. Recordemos que el PSOE, en su momento, fue identificado como Felipe González- el cambio, aunque en épocas más difíciles la percepción del electorado era Felipe González- corrupción. La gran subida de Podemos es debida, a nuestro entender, al binomio Pablo Iglesias- acabar con los privilegios de la “casta”.

                Creemos que eso debe ser superado. Pensamos que lo más razonable es usar diferentes medios (Internet, televisiones, periódicos o radios)  de forma que cada partido pueda exponer cada una de sus opiniones en los asuntos más importantes. Así la democracia abarca todas las ideas de cada partido y no sólo las que están de moda, ya que eso es tergiversar el espíritu de la misma. Al fin y al cabo, estamos en la era de las tecnologías de la información.

                Eso sólo un principio. Para cumplir nuestro papel como reguladores sociales, pensamos que hay una medida a la que tarde o temprano llegaremos. No sabemos en qué momento, pero llegaremos.

 

De la misma forma que Hacienda puede ver las cuentas de cada uno de los ciudadanos si así lo desea, los ciudadanos deberían tener derecho a ver las cuentas de las administraciones a las que pertenecen (ayuntamiento, diputación, comunidad autónoma y administración central) a golpe de click. No vemos una forma más clara de mejorar la gestión, la responsabilidad y el debate asociado a las cuentas públicas.

                No queremos bajar a la calle a escuchar la opinión de los ciudadanos. Queremos que ellos vengan a  decirnos sus propias opiniones.

                No queremos combatir la corrupción. Queremos eliminarla.

                No queremos que nuestra estructura sea puramente partidaria. Queremos colaboradores que nos digan dónde y cómo nos equivocamos.

                No queremos discutir más el escenario reiterado austeridad – más gasto. Queremos abrir otras vías.

                No queremos una economía basada en la izquierda o la derecha. Queremos una economía social de mercado.

                No queremos una economía basada únicamente en el Producto Interior Bruto. Queremos una economía basada también en las personas y en nuestra patria común, la tierra. En otras palabras, queremos una “bioeconomía humana”.

                No queremos imponer ideas. Queremos que nuestras ideas sean mejoradas, suprimidas o actualizadas.

                No queremos consumidores entusiastas, masas políticamente pasivas, acríticas y dóciles. Queremos ciudadanos entusiastas, políticamente activos, críticos e inconformistas.

                No queremos tantos derechos para los políticos y tantos deberes para los ciudadanos. Queremos más deberes para los políticos y más derechos para los ciudadanos.

                No queremos servirnos. Queremos servir.

                No queremos hablar. Queremos hacer.

                No queremos un Estado tecnocrático que se limite a mejorar unos indicadores económicos. Queremos crear las condiciones para que las personas encuentren trabajo, alimenten a sus familias, eduquen a sus hijos, desarrollen relaciones sociales, emprendan nuevos negocios, alcancen metas científicas y puedan ayudar a los menos favorecidos. Sólo así proporcionamos  a los ciudadanos la estabilidad que les permite vivir de forma que les merezca la pena.  En definitiva, queremos mejorar la suerte de los ciudadanos para hacer así un mundo mejor.

Manifiesto firmado por las personas que creen en la política, si es que todavía queda alguien.

EBOLA (13 octubre-19 octubre): el triste asunto de Teresa Romero y su infección del ébola nos enseña lo poco que somos y cuánto subestimamos el denominado, en estadística, error tipo alfa. Se trata de conocerlo. Así mismo, vemos cómo todo lo que podía ser noticia simplemente, no lo es.

Error tipo alfa. 

                Supongamos que una empresa farmacéutica, después de la pertinente investigación, decide probar un medicamento que le ha dado buen resultado en las pruebas del laboratorio. En ese caso se toma una muestra de personas que tienen la enfermedad y si el experimento funciona bien se decide sacar el medicamento a la venta. Estaríamos hablando de las típicas pruebas médicas a seres humanos que están siendo usados como “cobayas”. Según el caso, es decir, según el riesgo de la operación, los participantes en estos experimentos pueden cobrar dinero o no hacerlo. Y se supone que se deben firmar documentos donde el “cobaya” humano afirma tomar la medicina bajo su responsabilidad.

            En todos estos casos se plantea la hipótesis, llamada en el argot técnico “hipótesis nula” de que el medicamento no es efectivo. Al estilo de los juicios, en los que una persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario, la hipótesis nula es cierta mientras no se demuestre lo contrario. Por otro lado, la “hipótesis alternativa” nos diría que el medicamente es efectivo, y es lo que el investigador pretende demostrar.

            En éstos experimentos se pueden cometer dos tipos de errores. El primero, consiste en “rechazar la hipótesis nula cuando es cierta”. Es decir, pensar que el medicamento es efectivo cuando realmente no lo es (el error se debe al azar: las personas de la muestra se han curado más de lo debido a la casualidad o bien  tenían algún hábito saludable que desconocía el investigador). Es el error tipo alfa. Es muy grave, ya que la empresa saca un medicamento que no sirve, con lo cual se puede enfrentar a demandas, perder reputación y en consecuencia disminuir su volumen de negocio futuro.

            El segundo error consiste en “aceptar la hipótesis nula cuando es falsa”. Es decir, pensar que el medicamento no es efectivo cuando realmente lo es. Es el error tipo beta, y a la empresa le supone dejar de ganar dinero. Es algo negativo, pero el otro tipo de fallo es peor. Es decir, es mucho más grave tener un error tipo alfa que uno tipo beta. En consecuencia, las empresas tratan de minimizarlo, pero esto tiene un coste: un menor tipo alfa supone un mayor tipo beta. Así, muchas veces medicamentos que son efectivos no salen a la venta para evitar riesgos.

            Los errores tipo alfa y beta son más comunes de lo que nos parece. Cuando conocemos a alguien, nos plantemos como hipótesis nula que “es una buena persona”. Y puede que por un comportamiento que no concuerde con nuestros valores pensemos que es una mala persona cuando realmente es buena persona: eso es un error de tipo alfa. Teniendo esta idea en mente, podemos valorar mejor a otras personas.

            A nivel judicial, un error tipo alfa supone encarcelar a un inocente y un error tipo beta supone dejar libre a un culpable. Nuestro sistema judicial entiende que es preferible un culpable en libertad que un inocente en la cárcel, por eso las pruebas de culpabilidad deben ser muy claras.

            Más ejemplos. Cuando un profesor evalúa a un alumno, se plantea como hipótesis nula “el alumno merece aprobar”. Así, un error tipo alfa supone suspender a quien merece aprobar y un error tipo beta supone aprobar a quien merece suspender. En éste caso el peso del error alfa es más subjetivo.

            Llegamos, por fin, al caso del ébola. La hipótesis nula es “tomar las medidas adecuadas”. Un error tipo alfa consiste en contagiarse por tomar medidas escasas y un error tipo beta consiste en sobrepasarse con las medidas: muchos protocolos, muchas medidas de higiene o mucha desinfección, por ejemplo. En este caso, la comparación entre un error y otro no tiene color. Todas las medidas son pocas debido a que la magnitud de lo que puede ocurrir es muy, muy grave. Parece que en el caso de Teresa Romero se ha subestimado el error tipo alfa.

            Por supuesto que eso es grave y se deben depurar todas las responsabilidades pertinentes. Pero en la vida cotidiana tendemos a dejarnos llevar y no preocuparnos excesivamente por el riesgo tipo alfa.

            Así, un mínimo descuido al volante puede provocar un accidente. Un practicante de un deporte de alto riesgo se puede confiar y “dormirse” a la hora de realizar su actividad. Una persona mayor no tiene el cuidado suficiente al desplazarse por casa, y es que es algo que no puedo comprender: la gran cantidad de accidentes domésticos que tenemos en nuestro país y lo poco que se cuidan las autoridades de hacer campañas de prevención.

            Y es que podíamos aprender de las tribus perdidas por el Amazonas. Estas personas no se atreven a dormir debajo de un árbol debido al riesgo que toman: el árbol puede caerse.

 Ellos sí conocen lo que supone valorar correctamente el riesgo tipo alfa.

Interactivo, divertido, dinámico.

Enfoque 6 - 13 octubre del 2.014: el Gobierno acaba de aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Ahora bien, ¿son tan influyentes en nuestra vida? Puede que sí, puede que no...Además, ¿hay salida para la política? Se proponen dos caminos.

La política de los Presupuestos Generales del Estado (PGE).

                Recientemente el Gobierno ha aprobado los Presupuestos Generales del Estado. Como todos los años y a excepción de los analistas más independientes, las conclusiones generales son siempre las mismas. Si oímos que son “los presupuestos de la recuperación” la opinión es de alguien cercano al Gobierno; sin embargo, si son “unos presupuestos de ciencia ficción” la opinión es de alguien cercano a la oposición. Así que es muy difícil tener una opinión limpia, ya que para ello deberíamos comparar los presupuestos a lo largo de muchos años, en períodos de expansión y en períodos de recesión. Como lógicamente eso no puede ser así en el análisis de la prensa diaria y sí, es sólo para expertos, vamos a realizar otro tipo de enfoque.

            Primero, se supone que los presupuestos llevan encima la marca del Gobierno, y que según éste sea de izquierdas o de derechas la estructura de los mismos será muy diferente. ¿Es eso cierto? No. Es posible que si el ejecutivo hubiese sido socialista los presupuestos no habrían variado excesivamente. De hecho, cabe recordar que el PP llegó a subir los impuestos a un nivel superior al propuesto por Izquierda Unida (IU). No parece, visto así, que la ideología pese tanto.

            Segundo, se supone que los Presupuestos dan fe de la política fiscal, que es la realizada por el Gobierno. Ahora bien, ¿es la política fiscal tan importante? Pues no tanto como se piensa. Existe una gran cantidad de gastos que ya están predeterminados de antemano: todas las pensiones, el pago de los funcionarios o el mantenimiento de la sanidad y de la educación entre otros servicios semejantes. Es decir, ¿cuánto dinero queda disponible para otros gastos? Muy poco. Y además, con muchas presiones. Así que una cosa está clara: los Presupuestos no pueden hacer mucho para mejorar la situación económica de un país. Más importante es la estructura de los impuestos en sí mismos. Me explico. En la reciente reforma propuesta por los expertos de la comisión Lagares se buscó redefinir los impuestos manteniendo la carga global, que era un valor fijo (alrededor del 34%).Eso genera cambios en los incentivos de los diferentes agentes económicos. Por ejemplo, se compran menos viviendas si suprimimos su deducción fiscal. Por otro lado, el plan PIVE incentiva la compra de coches. Desde ese punto de vista, las políticas son muy importantes. Pero no lo son desde el punto de vista de los Presupuestos, ya que el objetivo es ingresar la misma cantidad de dinero.

            Tercero, el tema de los intereses de la deuda. En un año en el que vamos a superar el 100% de deuda pública, el pago en intereses asciende a la cantidad de 35.000 millones de euros. Unos 800 euros por persona. Es una cantidad de dinero sideral. No comprendo la razón por la que no se genera un debate global. El ciudadano debe comprender que si el Gobierno pide prestados 1.000 euros en bonos a 10 años, eso va a suponer (ahora están un poco por encima del 2%, bajísimos) un pago de 20 euros al año y la devolución final de la deuda de 1.000 euros. Eso supone que con ese dinero no podremos hacer otras cosas. Por otro lado, es absurdo hablar de austeridad por una razón muy simple: los gastos son mayores que los ingresos. Y es que por mucho que el déficit disminuya la deuda aumenta. Si un año me endeudo en 1.000 euros, otro en 800 y otro en 500 (que es lo que está ocurriendo al persistir el déficit público) es claro que la deuda aumenta, ¿no?

            Así, si los presupuestos no llevan encima una ideología y además no dan tanto margen, ¿qué puede hacer la política? Si desde que comenzó la crisis la política no ha sido efectiva, ¿ha muerto la política? ¿Existe algún camino de mejora?

            Diviso dos posibilidades.

            La primera, la gran cantidad de corrupción existente en nuestro país ha hecho que se haya perdido la confianza en la política. Si no hay confianza sólo hay una solución: la transparencia total. De la misma forma que Hacienda puede ver todas nuestras cuentas, un ciudadano debe tener derecho a ver todas las cuentas de Hacienda euro a euro. Es decir, cualquier ciudadano debería tener a un click todas las cuentas de su ayuntamiento, de su comunidad autónoma y del Estado.

            Dos, legislar mejor y adaptarse a los tiempos sociales, económicos y tecnológicos. A veces uno tiene la sensación de que los Gobiernos legislan más para los grupos de presión que para los ciudadanos. Dos ejemplos. El “roaming” es la cantidad adicional de dinero que pagamos por hablar de un país a otro. ¿Qué sentido tiene eso en la Unión Europea? Es más caro llamar de Irún a Hendaya que a las Canarias. Y eso, ¿a quién beneficia? A las compañías telefónicas. Por otro lado, aparecen aplicaciones de Internet (Uber, Aribnb) que pueden beneficiar a los ciudadanos y, ¿qué se hace? Poner más pegas a su desarrollo para defender los grupos de interés.

            ¿Avanzaremos?

            Creo que sí.

            Los últimos movimientos sociales dan a entender que se va a acabar aquello de que “la política es el arte de servirse de los ciudadanos haciéndoles creer que se les sirve a ellos”.

Enfoque 29 septiembre 5 de octubre: relacionado con toda la teoría del crecimiento y ahora que se habla de una posible recesión, veamos la parte oscura del crecimiento económico. Desde este punto de vista, no está tan mal que no exista, no....je,je,je!

Crecimiento económico, decrecimiento humano.

                ¡Alegría, alegría! El ansiado crecimiento económico ha llegado a España…¡todos estamos de enhorabuena! ¡Que suenen las campanas, que empiece la fiesta, que vuelvan las sonrisas, que un nuevo mundo comienza a florecer!

                ¿Seguro? La teoría económica arregla todo con el maravilloso maná del crecimiento económico. Si hay más crecimiento económico, hay más empleo, todos somos más felices y pasamos de la comida basura a las perdices. Eso es lo que dice la teoría, claro. Pero tiene dos matices. Y no son pequeños, no.

                El primer matiz es de tipo metodológico. ¿Qué mide el crecimiento económico? El aumento del PIB (producto interior bruto o cantidad de bienes y servicios que se generan dentro de un territorio en un período de tiempo determinado) de un año para otro en términos reales, es decir, sin tener en cuenta el aumento de los precios. Lo que ocurre es que existen causas del aumento del PIB más que curiosas. Por ejemplo, un embotellamiento del tráfico. Se gasta más gasolina y por lo tanto, el PIB sube mientras que el humor de los conductores baja. Un accidente de coche también: hay que arreglarlo o comprar otro nuevo. La fabricación de cárceles o armas (que son negocios seguros). Catástrofes como el naufragio del Prestige o la destrucción dela central nuclear de Fukushima también, ya que se deben movilizar muchos recursos para arreglarlos. Talar bosques tropicales o extraer material de la tierra, pese a la pobreza que generan en términos de recursos o de biodiversidad. Y desde hace poco, la prostitución y el consumo de drogas también. Un río contaminado sube el PIB por dos posibles vías: la limpieza del mismo o la producción de agua embotellada para el consumo humano, ya que ni los peces beben agua del río.

                De la misma forma, se pueden analizar también causas que no hacen que suba el PIB curiosas. Si tengo un huerto y lo uso como autoconsumo, el PIB no sube. Si compro productos en el supermercado que se me caducan y los tiramos a la basura, el PIB sí sube. Si me construyo un panel y lo uso para generar mi electricidad, el PIB no sube. Si lo compro de la red (a precios de oligopolio), entonces sí sube. Si los padres o abuelos cuidan al niño en la casa, el PIB no sube. Si lo llevan a la guardería, sí. Si alguien de la familia limpia la casa, el PIB no sube. Si lo limpia un profesional, sí. Por eso siempre se ha dicho que si alguien se casa con quien le limpia la casa el PIB baja.

                Como explica muy bien Carlos Taibo en su libro ¿Por qué el decrecimiento?, para eso, mejor que el PIB no suba…

                Por supuesto, el PIB no tiene en cuenta ni las necesidades humanas más básicas ni la conservación de la naturaleza. Desde luego, más capital natural y menos capital financiero, ¿no? Y cuidado, que no estoy pidiendo la desaparición del PIB como indicador económico. Sólo pido que no sea el único.

                El segundo matiz es que el PIB se mide a nivel medio, de manera que lo dividimos entre todos los habitantes de un territorio y sale el PIB per cápita. Dar la medida económica así es una trampa miserable, ya que el PIB importante es el mediano. Vamos a verlo de forma sencilla. Sí cinco personas ganan 1.000, 2.000, 3.000, 4.000 y 5.000 euros su sueldo medio (la suma de todos dividido por el total, 5) es 3.000. Y su sueldo mediano (lo que gana la persona situada en el centro) es de 3.000. Si a cada persona le suben en sueldo un 10%, los salarios serían 1.100, 2.200, 3.300, 4.400 y 5.500 euros respectivamente. La media sería 3.300 y la mediana, de nuevo, 3.300. Crecimiento económico, 10%. Pero si las cuatro primeras personas ganan la mitad y la quinta gana mucho más, por ejemplo 500, 1.000, 1.500, 2.000 y 70.000 euros, la media sería 15.000 euros, pero la mediana sería de 1.500. ¿Qué valor es el más representativo de la muestra? La mediana. La subida en términos de crecimiento económico es del ¡400%!

Actualmente, los indicadores económicos han perdido mucha consonancia respecto de los indicadores humanos. ¿Cómo estamos de esperanzas, ilusiones, necesidades o perspectivas? Sólo hay un indicador digno: proporcionar a los ciudadanos la estabilidad que les permita vivir de forma que su vida merezca la pena. Punto. ¿Ocurre eso?

                Podemos pensar que al menos, la entrada de la prostitución y las drogas aumentará el PIB y generará más crecimiento económico. De nuevo, hay truco. ¿Esta subida nos hace más ricos? Claro que no. Ni siquiera a las prostitutas o a los traficantes de droga. A quien hace más rico es a la Unión Europea, ya que a cada país le cobra una cantidad de dinero que depende de su PIB nominal. Y también sirve para “mejorar” la política del gobierno, que ahora tiene un colchón de 2.000 millones de euros para gastar sin sobrepasar el objetivo de déficit público del 5,5%. Lógico, ya que la base es mayor (recordemos que el déficit público se mide dividiendo los gastos menos los ingresos del gobierno entre el PIB total. Al aumentar el denominador, puedo aumentar el numerador manteniendo el cociente del 5,5%).

                Ahora seguirán diciéndonos que podemos estar tranquilos ya que “pese al ligero parón, seguimos teniendo crecimiento económico”.

                Pero nosotros vemos lo que vemos.

                Ya lo dijo Groucho Marx.

                ¿A quién vas a creer, a mí o a tus ojos?

Enfoque 22-28 septiembre: el comienzo del curso de "economía humanista" en la UPNA de Tudela nos lleva a una reflexión acerca de la misma, ya que estamos tan agobiados con la inmediatez, ¿verdad?

Economía humanista.

                “Erase una vez un hombre que vivía en la Rareza. Luego de muchas aventuras y de un largo viaje a través de la Ciencia Económica, encontró la Sociedad de la Abundancia. Se casaron y tuvieron muchas necesidades” (Jean Baudrillard).

                ¿Qué necesidades tenemos hoy en día? ¿Cuáles son básicas, cuáles son creadas? Es conocida la pirámide de las necesidades Maslow, aunque muchos autores piensan que la clasificación correcta es la de Manfred Max-Neef. Así, necesitamos afecto, subsistencia, protección, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad. ¿Está la ciencia económica orientada hacia la satisfacción de estos objetivos en el conjunto de la sociedad? Claro que no. Los objetivos estándar son que suba el PIB (producto interior bruto), que la inflación tenga un nivel razonable y que baje el desempleo. Desde luego, hay muchos más. Pero todos ellos están formados por indicadores económicos. ¿Y los indicadores humanos? ¿Nos orienta la educación a desarrollarlos? ¿O nos prepara única y exclusivamente a entrar  en el “mercado laboral”? ¿A qué se deberían dedicar los Estados?

                Posiblemente la orientación más útil, en un contexto de crisis, sea la de Michael Lewitt: “La finalidad de la reconstrucción de las economías occidentales es (se supone) proporcionar a los ciudadanos la estabilidad que les permita vivir de forma que les merezca la pena y disfrutar de una vida que les resulte satisfactoria. Sin unas economías saneadas, las personas tienen dificultades para encontrar trabajo, alimentar a sus familias, educar a sus hijos, desarrollar relaciones sociales, emprender nuevos negocios, alcanzar metas científicas y ayudar a otros menos afortunados que ellos. Una economía saneada es sin duda la base de una sociedad productiva cuyo objetivo es mejorar la suerte de sus ciudadanos y hacer del mundo un lugar mejor”. Puede originar cierta controversia la insistencia en tener una “economía saneada” ya que habrá quien piense que lo mejor es endeudarse para poder lograr estos objetivos. Menos discutible es todo lo demás.

                Y es que con el parámetro principal al que están orientados las economías globales, es decir, la subida del PIB, se dan diversas paradojas. Las más interesantes las nombra Carlos Taibo en su interesante libro (del que he sacado alguna idea más para ilustrar este artículo) “¿Por qué el decrecimiento?”. Y es que, hay formas curiosas de subir el PIB. Por ejemplo, los embotellamientos de tráfico suben el PIB (y bajan nuestro buen humor) ya que se gasta más gasolina. Los accidentes de coche también lo suben, ya que hay que arreglarlos o comprar nuevos. Talar bosques sube el PIB ya que toda la materia obtenida se usa en diferentes procesos productivos. La fabricación de tabaco, de cárceles o de misiles también es muy positiva para la economía. Según este enfoque, es mejor llevar a los niños a la guardería y no dejarlos al cuidado de sus padres o abuelos. En el primer caso el PIB sube; en el segundo no. De forma todavía más divertida, los alimentos que compramos y no consumimos suben el PIB mientras que tener una huerta usada para el consumo autosuficiente no lo hace. Un río contaminado también tiene su utilidad, ya que como no se puede beber agua del mismo se embotella. Y más PIB al bote.

 

                Todavía hay más. ¿Qué ocurre con la naturaleza? Se olvida. Pensemos en la Tierra. En nuestra querida amiga Gaia, según la hipótesis de James Lovelock. Vamos a clasificar, según el criterio de los economistas naturalistas, la tierra en cinco tipos de objetos. Primero, aquellos apropiados y valorados que producimos nosotros, como las casas, los coches o las mesas. Segundo, los apropiados y valorados que no producimos como el petróleo, el carbón, los minerales o los bosques. Como ha quedado claro, su extracción aumenta el PIB. Tercer tipo de objetos, aquellos directamente útiles que han sido apropiados, como los ríos, lagos, costas o playas. Cuarto tipo, los objetos útiles para ser usados por el hombre en sus elaboraciones o industrias. Aquí tendríamos la luz solar, los saltos de agua, el viento o el calor. Este tipo de objetos es cada vez más usado en las diferentes energías alternativas. Quinto tipo, los objetos que componen la biosfera y los recursos naturales no apropiables como el   ozono el material interior a la tierra que expulsan los volcanes. Como de todos estos objetos sólo se evalúan económicamente los dos primeros, no nos hemos preocupado de los demás hasta que ha llegado el cambio climático con las “rebajas”.

                En un mundo formado por humanos que habitan en su patria – tierra las preocupaciones principales deberían ser, precisamente, los humanos y su patria, ¿no?

                De eso debe tratar la economía humanista. Por eso, la vida no es tener y parecer. La vida es más. Aspiramos a más. En palabras de Edgar Morín: “en todas las épocas, los humanos han sido conformistas, sometidos, relegados a tareas monótonas, dedicados a la repetición permanente del ciclo de nacimiento y muerte, sin olvidar que los jóvenes, antes de ser adultos domesticados, arden en deseos de aventura”. Según este enfoque, ¿qué personas son dignas de admiración? Las que forman “las minorías valientes y aventureras que cruzaron el horizonte, intentando llegar más allá de lo visible, de lo concebible, y que arrastraron a la humanidad en esa prodigiosa aventura que es su historia”.

                No hay viaje más hermoso.

Enfoque 15-21 septiembre: la dimisión de Gallardón como ministro de interior enseña que todo se debe, simplemente, a estrategias políticas para sacar más votos.

Heurísticas (sept 14).

                “Elena conduce un monovolumen”, “Jorge lleva cresta”. ¿Qué nos dice esta información de Elena y de Jorge? Muy poco, pero nos hacemos supuestos con rapidez. De Elena pensamos que es una madre de unos 40 años de vida acomodada, y de Jorge pensamos que es un chaval de unos 20-30 años contrario al sistema. En ambos casos estamos usando una heurística, un atajo mental.

                Puede parecer que no usamos las heurísticas a menudo, pero lo hacemos muchas veces. Es un proceso cerebral inevitable ya que es tanta la información que recibimos al día que no hay otro remedio que procesarla y resumirla. Y eso ocurre cuando conocemos a una persona, por eso la primera impresión es tan importante. Es sabido que “no hay una segunda oportunidad de dar una buena primera impresión”. Así, tenemos personas que nos caen bien o nos caen mal por mínimos detalles. Por ejemplo, si un vecino no nos saluda un día (puede no habernos visto, puede estar pasando un mal momento) entra en nuestra lista negra. Sin embargo si nos espera amablemente sujetando la puerta cuando no nos habíamos percatado de su presencia nuestra impresión es completamente contraria. Y eso puede ocurrir de manera aleatoria. Todos somos personas y como tales unas veces realizamos buenas acciones mientras que otras veces realizamos acciones no tan buenas que, por supuesto, no contamos a los demás.

                Así, también usamos las heurísticas con las regiones de un país o, a más nivel, con países enteros. ¿Quién no ha oído hablar de que los catalanes son tacaños o que los vascos son nobles? Claro que eso no nos sirve para juzgar a todos los catalanes o todos los vascos, pero algo es algo.

                La escala de los países también es muy clara. Mediante las heurísticas nos fiamos más de un alemán (los consideramos meticulosos y trabajadores) que de un griego o un rumano.

                Y es que, ciertamente, en la vida muchas veces es difícil elegir. ¿Qué colegio es mejor para los niños? ¿Uno público o uno privado? Si escojo un privado, ¿en qué me baso para definirme por uno u otro? En general el factor más importante es la distancia, pero hay muchos otros. Y los estudios realizados por diferentes investigadores son tajantes: cuando tenemos que elegir entre unas cuantas opciones sólo nos fijamos en una o dos características. Claro que esa relación no es fija y existen personas que harán impresionantes estudios analizando todos los ingresos y gastos, sean del tipo que sean, que conlleva tomar una decisión. Pero no es lo común.

                Nos acercamos a épocas electorales: a corto plazo tenemos las elecciones municipales y autonómicas, a medio plazo tenemos las elecciones generales. ¿A qué partido votamos? De nuevo, la información de cada uno de ellos es enorme. Lo lógico sería estudiar cada programa electoral a fondo para  elegir un partido según se adapte más a nuestros valores y creencias en los asuntos que nos parezcan más relevantes. Pero usamos heurísticas.

 

                Según este análisis, ¿por qué el ascenso de Podemos ha sido tan alto? Por una razón: “estos por lo menos van a eliminar muchos privilegios de los políticos”. Punto. Al menos, “que no estén siempre los mismos”.

                Podemos ha recibido muchas críticas, sobre todo acerca de que sus soluciones son de corte populista y como tal son inviables. Es verdad que muchas de estas críticas pueden ser fundadas, pero no se ha comentado una cuestión que me llama mucho la atención. Pensemos en la anterior campaña electoral, cuando el PP tenía un programa y luego, como es sabido por todos, tomó muchas medidas que eran contrarias a lo que había prometido. ¿No es eso populismo? No voy a entrar en el debate relacionado con la validez de las críticas a Podemos y en el hipotético cumplimiento de sus promesas electorales, pero criticar a un partido debido a que tiene “soluciones inviables” cuando en las últimas elecciones tú has hecho lo mismo no es lo más consistente del mundo, no.

                Más. En la célebre llamada de Pedro Sánchez al programa de Sálvame el presentador, Jorge Javier Vázquez,  comentó que no iba a votar al PSOE debido a que no había hecho todo lo posible por evitar la fiesta del Toro de la Vega en Tordesillas. Hay muchas razones para votar o dejar de votar a un partido, pero Vázquez usaba sólo una.

                Así, una parte importante de las campañas electorales  es tratar de  que  el público asocie al otro partido con algo negativo y al nuestro con algo positivo. Es célebre la campaña en la que el PSOE asoció al PP con un doberman, o al revés, cuando el PP asoció al PSOE con latrocinio y corrupción. Más célebre es la campaña del PSOE “por el cambio”.

                Hemos asistido a la reciente dimisión de Alberto Ruiz Gallardón como consecuencia de la retirada de la ley del aborto. La tesis sugerida por este artículo es que el objetivo fundamental es  evitar  la asociación PP – derecha ultraconservadora. Así funcionan las heurísticas.

ENFOQUE 7-14 SEPTIEMBRE: viene dado con este artículo. Eso sí, no deja de enseñar lo relativas que son las noticias, las medidas del Banco Central Europeo o el recientemente aprobado plan de empleo por parte del gobierno ya no parecen existir.

Barea y Botín (sept 2014).

                En el transcurso de los días que van del 7 al 10 de septiembre han fallecido dos personas tan relevantes en la vida económica española como José Barea y Emilio Botín. Merece la pena analizar ciertas características de sus vidas ya que nos enseñan de forma muy pedagógica lo mejor y lo peor del sistema en el que nos encontramos.

                José Barea es menos conocido ya que fue uno de los economistas más influyentes de la transición. De hecho, había nacido en Málaga el 20 de abril del año 1.923, con lo cual murió a los 93 años. Barea había sido presidente del Banco de Crédito Agrícola, consejero delegado de Iberia, consejero del Banco Exterior de España, vocal del consejo de administración del Instituto Nacional de Industria (INI), además de tener diversos puestos dentro del sector público. Si a eso añadimos su puesto de catedrático de Hacienda Pública, se entiende que  José María Aznar le reclamase para su equipo en La Moncloa cuando ganó las elecciones. Como vemos, además de llamar a diferentes “amigotes” para colocarlos en Telefónica (Juan Villalonga) o Caja Madrid (Miguel Blesa) también, de vez en cuando, se buscan personas con valía para ocupar diferentes puestos de responsabilidad.

                El puesto que iba a ocupar Barea era el de director de la Oficina económica del Presidente del Gobierno. Su labor, vigilar el déficit público y estudiar los posibles desequilibrios económicos de la política del Gobierno, cuyo “superministro” de Economía era Rodrigo Rato. Pese a la entrada en Maastricht y a la bajada del desempleo, Barea realizó un informe confidencial en el que argumentaba que la política aplicada no era sostenible ya que, entre otros efectos, iba a crear una burbuja financiera que hipotecaría el futuro económico de España. Aunque alguna de sus medidas para resolver estos problemas eran discutibles (reforma laboral, recorte de las pensiones o copago sanitario entre otras) su análisis se demostró certero. Por supuesto, toda esta historia no le hizo ninguna gracia a Rato. Así, Barea fue relevado de su cargo, con lo cual la Oficina económica se convirtió en una subvención más para el funcionario de turno sin ninguna utilidad práctica para el conjunto de la sociedad, que es de lo que se trata. Vamos, que ningún presidente quiere tener un Pepito Grillo particular.

                De Emilio Botín, nacido en Santander el 1 de octubre de 1.934, es mucho más conocida su biografía. Destaca, sin duda, el exitoso proyecto de internacionalización que ha tenido con su Banco, el cual es un coloso mundial. No se le puede quitar ningún mérito a su enorme valía como banquero, eso nadie lo discute. Sin embargo, tiene varias sombras.

                A mi juicio, lo más destacable es el proceso de regularización que realizó con sus cuentas ocultas. Debido a que la estimación era de 2.000 millones de euros, tuvo que pagar 200 millones de euros a la Hacienda Pública. Según algunas estimaciones, casi cuatro veces más que lo que puede tener en cuentas ocultas Jordi Pujol. Obviamente, no es lo mismo ganar el dinero con negocios legítimos que ganarlo a limpia comisión como parece ser el caso, pero no está muy bien que el dinero quede oculto al fisco.

               Esto conlleva una reflexión a nivel humano. Con la inmensa cantidad de dinero que algunos ricos pueden llegar a  tener, ¿qué importa, a esos niveles, tener un poco menos? Y más aún cuando se trata de una cantidad que estamos robando a los demás (se supone que Hacienda somos todos, aunque unos lo sean menos que otros). Es algo que no entra en mis esquemas mentales, a no ser que sea cierto ese dicho de que “el dinero es como el agua del mar. Conforme más se bebe, más se quiere.

                Si los banqueros deben estar bien relacionados con el poder, Botín lo hacía a las mil maravillas. Con el poder político independientemente del partido: no parece casualidad que muchos de sus consejeros hayan sido altos cargos de diferentes gobiernos. Con el poder judicial, de forma que si hay riesgo de que don Emilio puede ir a un juicio (sólo a un juicio, para que hablar de la cárcel), se cambia la ley y se crea la célebre “doctrina Botín”, la cual se reinterpreta según el caso. Con el poder mediático también, basta pagar cantidades enormes de publicidad y así no puede existir el menor atisbo de crítica ya que existe un pequeño riesgo: quedarnos sin ingresos publicitarios. Con el conjunto de la sociedad también: se financian muchos eventos deportivos y culturales para tener una imagen más amable, lo cual logró a las mil maravillas. Desde luego, otras labores como las facilidades de crédito para empresas, ayudas a la investigación o los programas de becas en colaboración con diferentes universidades merecen todo el reconocimiento general.

                Resumiendo, Barea tuvo una labor profesional honesta y dijo lo que pensaba. Se fue a la calle, el gobierno priorizó el corto plazo y así nos va. Botín fue un gran banquero y empresario, pero se aprovechó  de una estructura institucional que le beneficiaba. Además, no se comprende cómo se pudo permitir manchar su  reputación con el asunto de las cuentas opacas.

                En todo caso, estas dos historias tienen mucho que enseñar. La primera, sobre el funcionamiento de la política. La segunda, sobre el funcionamiento de las instituciones  y la condición humana.

Políticas monetarias (set 2014).

                El BCE (Banco Central Europeo) acaba de aprobar una serie de medidas especiales para intentar reflotar la economía de la zona euro. Consisten, a grandes rasgos, en una bajada de los tipos de interés, en una penalización mayor para los depósitos de los bancos comerciales y en la compra de diversos activos financieros. ¿Cuáles son las opciones que tiene el BCE de hacer política? ¿Son éstas políticas adecuadas? ¿Hacia dónde nos pueden llevar?

Debemos recordar que hay dos tipos de políticas, las fiscales y las monetarias. Las fiscales, como la estructura impositiva, las subvenciones, las regulaciones jurídicas o la provisión de bienes públicos las aplican los gobiernos. Las monetarias las aplican los bancos centrales. La entrada en la zona euro trasladó las decisiones de política monetaria del Banco de España al BCE.

Por supuesto, las políticas monetarias son aquellas relacionadas con el dinero. La razón por la que se separaron de las fiscales fue evitar políticas electoralistas. Así el Banco Central Europeo tiene un objetivo fundamental: mantener la inflación en un 2%. ¿Por qué la inflación? Es debido a que la ortodoxia económica entiende que si los precios no se disparan la cantidad de dinero no creará interferencias en el proceso productivo. ¿Por qué el 2%? Es un poco arbitrario, aunque los expertos entienden que en las condiciones actuales es lo más adecuado.

¿Qué políticas monetarias se pueden aplicar? Existen cuatro medidas principales. La primera, es subir (política contractiva) o bajar (política expansiva) los tipos de interés. El BCE ha decidido bajar el tipo de interés del 0,15% al 0,05%. Eso quiere decir que prestará a los bancos comerciales a un tipo muy bajo, con lo cual éstos podrán prestar a los particulares, también, a un tipo más bajo. Así se moverá dinero y habrá más actividad económica. ¿Cuál es el inconveniente de esta política? Ya no queda casi margen de bajada, con lo cual en el futuro no se podrá realizar. Vamos, que nos estamos quedando sin balas.

La segunda medida es la compra (política expansiva, introduce dinero en el sistema) o venta (al revés que el caso anterior, política contractiva) de activos financieros. El BCE ha decidido comprar activos formados por bonos titulizados, cédulas hipotecarias o bonos garantizados. Así, introduce dinero y de nuevo, se espera que aumente la actividad económica. ¿Cuál es el inconveniente de esta política? La inflación, que suban los precios. ¿Por qué? Está demostrado que si introducimos dinero en un sistema económico lo normal es que los precios suban en la misma magnitud y que las cosas queden como antes. Esa es la razón por la que los alemanes son tan reacios a introducir dinero en el sistema. Además, en ese país pesa sobre manera la hiperinflación de los años 20 del siglo pasado.

La tercera medida es cobrar a los bancos por los depósitos ingresados en el BCE, de forma que el tipo de interés ha pasado del 0,1% al 0,2%. Es fácil comprender el efecto de la medida: si a nosotros los bancos nos cobrasen por los depósitos que realizamos lo más razonable sería invertir en otros activos financieros o realizar cualquier tipo de compras. En definitiva, moveríamos nuestro dinero. Eso es lo que desea el BCE que hagan los bancos con el suyo. El inconveniente (si se puede llamar así) de esta política es que el BCE no cumpliría su labor de depositario del dinero de los bancos.

El coeficiente de caja es la proporción de nuestros ingresos en los bancos que éstos deben custodiar. Actualmente, el coeficiente de caja es del 1%. Eso quiere decir que los bancos deben guardar en reservas, de cada 1.000 euros que ingresamos, 10 (parece poco, ¿no?). En consecuencia, pueden reinvertir los otros 990. Ventaja: más movimiento de dinero. Inconveniente: si todos los depositarios desean retirar su dinero, el banco quebraría. Políticas como las del “corralito” argentino sirven para evitar este efecto. La cuarta medida, que no se ha aplicado en esta ocasión, es variar el coeficiente de caja. Si sube, la política es restrictiva (se mueve menos dinero). Si baja, por el efecto inverso, la política es expansiva (se mueve más dinero).

¿Serán efectivas estas políticas? Esa es la pregunta. Como el escenario económico en el que nos encontramos en la actualidad es de una alta incertidumbre, el resultado es incierto. En Japón o Estados Unidos se han aplicado políticas de este estilo con resultados aceptables.

Eso sí, la evidencia empírica enseña que una buena política monetaria lleva la economía por la senda adecuada, mientras que una mala política monetaria la puede hundir. En otras palabras, que la política monetaria puede destrozar una economía, pero no puede revitalizarla. Vamos, que no hace brujería.

En conclusión, hay acuerdo en que las últimas medidas del gobernador del BCE, Dragui, nos pueden llevar por el buen camino. Pero por sí solas no servirán de nada.

 

 

Otras crisis (septiembre 2.014).

                La crisis económica que nos ocupa está emborronando otras muchas que también se están dando dentro de nuestro planeta. Lo que ocurre es que en los informativos sólo hay sitio para unas pocas noticias. El tamaño, sea en tiempo (si es la radio o en televisión) o en espacio (si es un periódico) es siempre el mismo, a no ser que haya alguna noticia excepcional. En ese caso aparecen los especiales informativos o los suplementos extraordinarios. Pero bueno, es así. Por todos es admitido que, por desgracia, el cambio climático ha dejado de ser una prioridad.

            Entonces, ¿a qué tipo de crisis nos estamos enfrentando y qué tipo de peligros llevan aparejadas?

            Poco se puede añadir a la crisis económica, los efectos son conocidos y sufridos, de manera directa o indirecta, por todos. Aunque en este aspecto quiero remarcar un aspecto lingüístico: el nombre. Y es que me surge una duda; ¿es correcto llamar a esta situación económica crisis? La palabra crisis lleva aparejada un componente cíclico, es decir, presupone que tarde o temprano vamos a volver a estar como antes. Pero en un debate abierto por Larry Summers, antiguo secretario del tesoro norteamericano, se ha planteado la posibilidad de llegar a un escenario de escaso crecimiento y estancamiento secular. De momento, los hechos parecen darle la razón. Y en ese caso, no estaríamos en una situación de crisis. ¿Qué nombre deberíamos poner, pues, a esta situación? Dejamos el interrogante abierto para los historiadores del futuro. Ahora vamos a estudiar las otras crisis.

            Crisis geopolítica: aunque siempre ha habido conflictos, en cierta manera no nos preocupaban demasiado ya que los veíamos muy alejados y decíamos eso de “es una pena, pero como a mí no me toca…”. Sin embargo, los problemas de Ucrania y del EI (Estado Islámico) parecen ser, esta vez, graves. Así lo atestigua la reciente reunión de la OTAN y el efecto de los conflictos que, esta vez sí, nos afectan. Dos ejemplos. Primero, los problemas de exportación de muchos productos agrícolas que antes se enviaban a Rusia y que han afectado a nuestros productores. Segundo, la amenaza constante para la vida de los occidentales que acudan a las zonas del conflicto islámico, el cual puede lograr algo inaudito: una posible alianza entre Estados Unidos e Irán.

            Crisis medioambiental: lleva aparejada todo lo relacionado con el cambio climático. Y no sólo el efecto invernadero, que amenaza con subir el nivel del mar o las temperaturas globales, no (una curiosidad: parece demostrado que el efecto invernadero no comenzó ayer; empezó hace 200 años junto con la revolución industrial).

            Hay muchos aspectos más relacionados con la crisis medioambiental. Así, se están perdiendo muchas especies animales y vegetales, lo cual empobrece a la Tierra en sí misma y a nosotros como seres vivos. Y no sólo con efectos de biodiversidad, también con efectos económicos, ya que muchos animales o vegetales nos han ayudado a evolucionar al servir de diversas formas a los humanos como alimentación o medicina. Y eso sin olvidar el equilibrio de los ecosistemas. Más. La crisis del agua, el denominado “oro azul”. Cada vez es más difícil extraerla y en consecuencia puede retroalimentar la crisis geopolítica que estamos viviendo. Aunque no lo parezca, muchas de las guerras se deben a diferentes accesos hídricos.

            Crisis poblacional: aunque en occidente el crecimiento poblacional no cubre la tasa de reemplazo, la cual viene dada en 2,1 hijos por mujer, en muchos países el crecimiento poblacional genera dos desequilibrios enormes. Uno, predominan los varones debido a que en algunas culturas son más importantes. Dos, el crecimiento no está ajustado a las necesidades del país con lo que se generan flujos migratorios que afectan a otros países vecinos…y no tan vecinos. Por supuesto, si las familias tienen más hijos es debido a que tienen incentivos para ello, aunque eso no sea lo mejor para el conjunto del país.

            Crisis energética: que olvidada está, que importante es. Posiblemente, la más importante. Al fin y al cabo, si encontrásemos una fuente de energía perpetua, el resto de problemas serían menos problemas. No es momento para debatir acerca del petróleo, el fracking, el gas natural o las energías renovables. Lo importante es que existen científicos que piensan que estamos cerca de la energía perpetua. ¿Cómo? Mediante el helio 3. En la tierra sólo hay 15 toneladas (se estima que cada tonelada vale 2.000 millones de euros), y con 25 toneladas se cubren todas las necesidades energéticas de la Unión Europea o de Estados Unidos durante un año. Es verdad que todavía hay que desarrollar la tecnología necesaria para poder desarrollar el potencial del helio 3, pero da la casualidad de que en la luna se estima que hay entre uno y cinco millones de toneladas. La cantidad necesaria para cubrir las necesidades de la humanidad durante 10.000 años.

            Como se suele decir, “si el sabio señala la luna, el necio mira el dedo”. Y mientras el necio mira el dedo, algunos países mandan sondas allí para buscar algo. ¿Qué será?

 

 

Regeneración política y personal (Agosto 2014).

                Septiembre es un buen mes para iniciar nuevos proyectos, ya que coincide con el comienzo de muchas competiciones deportivas o de los colegios. Además, no deja de ser la época que marca el retorno de las nuevas actividades laborales y temporales. Es por eso que junto con enero es el mes de los nuevos planes.

            Debido a que el próximo año va a ser electoral, ya han aparecido las nuevas regeneraciones políticas. Lo que ocurre es que algunas son más bien degeneraciones, como la idea de que una mayoría del 40% sea suficiente para lograr alcaldías. La verdad es que muchas veces se pierde hasta el descaro. Pero es un patrón recurrente a lo largo de la historia humana: revestir de bien común lo que realmente es bien personal. Resumiendo, nada nuevo bajo el sol.

            Puestos a buscar regeneraciones políticas, se pueden sugerir las siguientes. Primero, separación real de poderes, con un especial hincapié en el punto de vista de la justicia. Cuando nos nombran a los miembros del Tribunal Constitucional, todos los jueces son o “conservadores” o “progresistas”. En otras palabras, del PP o del PSOE. Así, muchas veces conocemos la resolución de los casos voto por voto antes de que se produzca. Ridículo. Aunque más que ridículo es lastimosa la forma de prosperar en la carrera judicial. Miguel Ángel Torres, juez instructor del caso Malaya, lo explica: “basta con no molestar al de arriba”. Segundo, limitar los privilegios (como el aforamiento), las prebendas y los mandatos de manera que ningún político pueda repetir en un puesto de alta responsabilidad más de dos legislaturas. Tercero, reducir la libre asignación en los diferentes puestos públicos, que da un poder enorme a los partidos y por desgracia genera poco debate en la sociedad. Cuarto, aumentar el contacto con los diferentes agentes sociales a lo largo de las legislaturas y reducirlo en las campañas electorales. Quinto, delimitar y cumplir los casos de conflictos de interés que se dan en los casos en los que personas que han trabajado en el sector público pasan al privado y viceversa (puertas giratorias). Sexto, compromiso de investigar de forma fehaciente los posibles casos de corrupción del partido propio y no los del resto, que si no siempre acabamos con partidos de tenis (tú más). Séptimo, de la misma forma que nuestras cuentas son “públicas” para Hacienda, que las cuentas de los partidos políticos sean públicas para los ciudadanos, o al menos para sus afiliados .Es decir, que se pueda consultar en una web sus movimientos bancarios. Octavo, listas abiertas.

            Por desgracia, la historia nos enseña que pocas de estas medidas se van a cumplir. Sólo lo harán cuando la presión ciudadana sea mayor. Así que pensemos en medidas de regeneración para nosotros mismos.

            Curiosamente, tendemos a predecir mal nuestro futuro. Creemos que vamos a tener más tiempo del que realmente vamos a tener, ya que no dejan de surgirnos imprevistos. Incluso muchos negocios funcionan sabiéndolo. Por ejemplo, después de los excesos del verano queremos adelgazar, así que nos apuntamos a un gimnasio. Hay dos posibilidades: o pagar 40 euros al mes o pagar 300 euros por todo el año. Como en la primera opción nos gastamos 480 euros, elegimos la segunda. Y para cuando nos damos cuenta, ya hemos vuelto a nuestros hábitos de siempre. Y del gimnasio, nada de nada.  Eso no debe apurarnos, es algo común. Sobreestimamos la capacidad de cambio de los demás cuando ni siquiera cambiamos nosotros mismos.

            Conociendo lo anterior, ¿qué podemos intentar? Veamos ideas de expertos en desarrollo personal. Las sugerencias son mantener cierta armonía entre lo que pensamos, decimos y hacemos (equilibrio interno) junto con la consistencia entre lo que queremos, sabemos y podemos hacer (equilibrio externo). Siempre nos ayudará seguir nuestro “locus interno” o voz interior, ya que “en algún momento entre su infancia y hoy en día, sin saber cómo ni porqué, la claridad se desvaneció y usted comenzó a prestar más atención al mundo que a su propia voz interior. El mundo le habló con voz fuerte y convincente de manera que usted se resignó a someterse a sus exigencias” (Marcus Buckingham). En eso consiste el locus interno: en “decidir por uno mismo lo que uno quiere hacer si dejarse influir por agentes externos”. Y es que, como dicen los consejeros de carrera, “si tu trabajo y tu propósito no van acompañados, vas a cambiar de sitio el problema”.

            Otra expresión de la idea anterior nos la ofrece  George Kinder: “todos llevamos dentro un ansia secreta. Un ansia que a medida que pasa el tiempo se convierte en pesar secreto. Este ansia es diferente para cada uno de nosotros, pues es la expresión anhelada en lo más profundo de nuestro ser. Nuestras vidas serán satisfactorias y valiosas en la medida en que podamos, cada uno de nosotros, llevar a cabo todo lo que se esconde en nuestro corazón”.

            Sin duda, una forma muy profunda de buscar nuestra regeneración personal. Aunque, ¿quién es más fácil que se regenere? ¿Nosotros o los partidos políticos? ¿O son cosas que van de la mano?

La era del caos (Agosto 14).

                Las noticias que vemos estos días no permiten percibir un futuro mejor. Si entrásemos a analizar  las tres más importantes serían los siguientes. Primero, el aumento del conflicto pero cuidado, no entre países. En general son dentro de los países. A nivel histórico, es algo novedoso. Claro que en Ucrania los rusos apoyan de diferentes formas a la parte del este. Pero también los occidentales apoyan a la parte del oeste. Es decir, se dan conflictos dentro de países de manera que a veces hay intereses ocultos por parte de las grandes potencias como demuestran el caso de Ucrania, Siria o Israel. Eso sí, este patrón no es fijo: en conflictos como los de la República Centroafricana las grandes potencias se pueden permitir el lujo de dejarlos estar. En todo caso, existen muchos conflictos internos en los cuales ya se han desatado guerras inciviles y otros larvados que pueden estallar en cualquier momento como los de Bahrein, Pakistán, Egipto o Indonesia.  Por último, no podemos olvidar los conflictos  que nos pueden pillar de improviso como ya ocurrió en la primavera árabe.

                El segundo punto de interés es el del virus del Ebola, el cual ha generado gran atención mediática como consecuencia de la gran cantidad de muertos en la zona de Sierra Leona y países vecinos. Además, la reciente muerte del sacerdote Miguel Pajares ha incrementado más nuestro interés. ¿Por qué nos preocupa tanto esta enfermedad? Además de la lógica tristeza por las muertes de seres humanos, por la posibilidad (remota, pero posibilidad) de contagio. La malaria, el SIDA o la tuberculosis causan más muertos y sin embargo no los percibimos como amenaza alguna. En todo caso siempre está latente la posible propagación de algún virus mortal por el mundo, y más aún en esta época de globalización.

                El tercer punto de interés sigue viniendo dado por la crisis económica. Es verdad que ha bajado el desempleo y más importante todavía, han aumentado las personas contratadas. Pero también es verdad que las desigualdades han aumentado, que los empleos son de menos calidad y que los salarios son más bajos. Además, pese a las promesas de mejora económica la percepción global sigue siendo la misma: incertidumbre generalizada ante lo que nos traerá el futuro.

                ¿Aumentará la violencia, tendremos alguna epidemia global, se arreglará la crisis?

                Niall Ferguson es uno de los pensadores más influyentes de la actualidad. Después de estudiar durante más de diez años las causas de las turbulencias entre países observó que existían tres factores que permitían prever la aparición de la violencia organizada mortal. El primero era la desintegración étnica: a más tensiones, más violencia. El segundo era la volatilidad económica: a más convulsiones, más posibilidad de conflicto. El tercero era el declive de los imperios: si las estructuras del poder imperial son más débiles, las batallas por el poder político son más factibles.

                Analicemos ahora los tres factores. Los conflictos antiguos persisten y lo seguirán haciendo como demuestra el caso de Israel y Palestina. Aparecen nuevas tensiones.  La volatilidad económica se mantiene. Además, es obvio que en los últimos años Estados Unidos ha intervenido en menos conflictos. El ejemplo de Siria es claro. Obama prometió entrar en guerra si se usaban armas químicas y sin embargo no cumplió su palabra. Así, el poder del imperio se ha tambaleado y estructuras como el EI (Estado Islámico en Irak) lo están aprovechando.

                Entonces, ¿hay esperanza?

                El virus del Ebola nos enseña la única posibilidad: el desarrollo de organizaciones mundiales con poder ejecutivo. El OMS (Organización mundial de la salud) impone un protocolo para el tratamiento de estas enfermedades a nivel global. ¿Los cumplen los países? Claro que sí, ningún gobernante en un sano juicio desea que una enfermedad de este estilo se propague por su país. Por desgracia, no existe ningún tipo de poder ejecutivo global para otros problemas como la Inmigración, las Mafias, el Medio Ambiente o la Justicia internacional. Y no va a seguir existiendo ya que los países están encerrados en sí mismos intentando afrontar su crisis económica y sus intereses particulares sin atender la crisis mundial.

                El futuro, parafraseando a Paul Valery, ya no es el que era. Basta ver las predicciones de todos los “expertos mundiales” hace cinco años para comprobarlo. Tenemos varias amenazas latentes, pero preferimos estar ocho horas al día delante de una pantalla (al menos eso es lo que dicen las estadísticas) de televisión, de ordenador o de una tableta. Mientras, siguen apareciendo casos de corrupción sin parar que generan una sensación de “sálvese quien pueda” lastimosa. Personalmente, no comprendo como en los casos de corrupción persiste la presunción de inocencia. Propongo lo contrario. O al menos una dimisión temporal inmediata mientras se investiga cada caso. Por supuesto, sólo para la corrupción. Ya se sabe que la mujer del césar no sólo debe ser honrada: también debe parecerlo.

                En definitiva, ya podemos hacer un diagnóstico global.

                Bienvenidos a la era del caos.

Ebola, enfermedades y esperanza de vida (Agosto 14).

                El terrible virus del Ebola se ha puesto de moda por dos sucesos conocidos: en primer lugar la propagación de la epidemia en Sierra Leona y en sus países vecinos y en segundo lugar por la muerte reciente del sacerdote Miguel Pajares.

                Una cuestión que ha surgido es que esta enfermedad nos importa por simple egoísmo: como es transmisible, existe una posibilidad, quizás remota, de que venga a Europa. Sin embargo otras enfermedades que maten a más personas como la malaria, la tuberculosis o el SIDA nos preocupan mucho menos ya que no vemos posibilidad alguna de que nos puedan afectar. ¿Deberían preocuparnos todas las enfermedades por igual?

                Podemos clasificar las enfermedades graves en tres tipos: las que tienen más incidencia en nuestra sociedad como el cáncer o los infartos, las que tienen menos incidencia como el mal de Chagas (denominadas las “enfermedades raras”) y las que matando a muchas personas no tienen incidencia en nuestras vidas como la malaria. En este grupo estarían la tuberculosis o el SIDA, cuya incidencia en Europa es relativamente baja. En un mundo ideal, se investigarían todas las  enfermedades. Sin embargo, los recursos son limitados y hay que elegir. Lo más lógico es investigar las enfermedades que nos afectan más.

                ¿Cómo afrontar las enfermedades raras y las que afectan a muchas personas del Tercer Mundo? Curiosamente, si un rico tiene una de estas enfermedades puede crear una fundación o aportar recursos económicos para investigar más. Tiene sentido, ya que surge, de manera espontánea y natural, cierta empatía con todas las personas que sufren el mismo mal.  Por desgracia, este método no sirve para el resto de enfermedades del Tercer Mundo, aunque si existen fundaciones que desarrollan labores fundamentales. Por cierto, el máximo responsable mundial en la investigación de la malaria es español: Pedro Alonso.

                La OMS,  organización mundial de la salud, cuya directora es Margaret Chan, nos ofrece una enseñanza capital: se entienden que todas las enfermedades pueden afectar a todas las personas independientemente de su país de origen. En consecuencia, lo normal es que sea una organización supranacional la que se dedique a  estos problemas. ¿Por qué no hay una organización mundial dedicada al Medio Ambiente, la Inmigración ilegal, la Justicia Internacional o la deuda global? Por supuesto, me refiero a organizaciones con un poder ejecutivo real como la OMS. Me figuro que es debido a intereses particulares. Como siempre.

                Ahora bien, ¿existe solución para el resto de enfermedades? Propongo una: la creación de un fondo global dedicado a la investigación con aportaciones del Banco Mundial, por ejemplo. Es decir, de todos los países. Si una farmacéutica descubre un método de curación se le paga un dinero del fondo de manera que no tenga que cobrar precios abusivos para compensar su investigación. Si no lo descubre, que siga investigando. Con la gran cantidad de dinero que hemos usado en los rescates bancarios, ¿Por qué no hacer eso? Incluso frenaría la inmigración ilegal al sentirse los ciudadanos más seguros en sus países de origen.

                Por otro lado y ya que estamos en materia: ¿de qué morimos? Los miembros de las sociedades más avanzadas moriremos, con un 90% de probabilidad, de diabetes, hipertensión, apoplejías, cáncer o problemas cardiacos. En definitiva, enfermedades no  transmisibles. Los miembros de sociedades menos avanzadas tienden a morir de accidentes varios, diarreas mal tratadas, malaria, SIDA, tuberculosis, parásitos, desnutrición o diversas infecciones. Muchas veces enfermedades  transmisibles. La diferencia es enorme.

                Todos conocemos los métodos para vivir más tiempo: un estilo de vida saludable, alta actividad física, alta alimentación con fibra, nada de tabaco, muy poco alcohol y mesura en el consumo de azúcar y sal. Pero no es muy conocida la razón por la que surgen estas enfermedades: se trata del desequilibrio existente entre la constitución genética de nuestro cuerpo (más adaptado a la dieta y al estilo de vida del paleolítico) y nuestro estilo de vida actual. Por esta razón en todas las tribus que todavía persisten en nuestro planeta nadie muere de cáncer o de infarto.

                Entonces, ¿podemos alargar nuestra vida?

                Los cálculos más optimistas son los de Laurent Alexandre, autor de “La muerte de la muerte”, donde predice que ya han nacido personas que vivirán mil años. Optimista, sí.

                 Uno de los estudios más útiles se hizo en las islas de Okinawa, al sur de Japón, donde existe un gran número de personas con más de 100 años. Casi todos comían mucho pescado con una gran cantidad de omega 3 (buena noticia, España es el segundo consumidor de pescado per cápita después de Japón) y cuando realizaban sus comidas nunca se saciaban. Es decir, siempre se quedaban con un poco de hambre.

                Además, se ha restringido la dieta de los ratones en unas pruebas médicas y se ha comprobado, en efecto, que su vida aumenta un 30%.  No parece mala idea, esto de comer menos. Pero no deja de ser un intercambio. Placer inmediato por figura física a medio plazo y años de vida a largo plazo.

¿Qué elegimos?

¿Capitalismo solidario o economía social de mercado? (Agosto 14)

                De forma constante y reiterada se buscan políticas económicas que nos ayuden a salir de la situación de crisis o de cambio estructural que estamos viviendo. Y en este contexto sólo se permiten dos soluciones: una asociada a la derecha y otra asociada a la izquierda, aunque cada vez más gobiernos de Europa estén aplicando las políticas exigidas por la Troika, es decir, por la UE (Unión Europea), FMI (Fondo Monetario Internacional) y BCE (Banco Central Europeo).

                Por un lado,  la izquierda busca un reparto más equilibrado de las rentas. Por otro,  la derecha busca más eficiencia pensando que si los de arriba ganan mucho dinero algo les caerá a los de abajo. Respecto de esta idea me gustaría recordar el experimento social más interesante asociado a la misma: el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo en el mar del Norte en los años 80. Mientras que el Reino Unido privatizó la extracción del petróleo Noruega la hizo pública. Así, pudo invertir en fondos soberanos (por cierto, el de Noruega es uno de los más potentes del mundo) de manera que la riqueza generada revirtiera en toda la población. Los resultados, pasados más de 30 años, son claros; mientras que en el Reino Unido todo fue a parar a unas pocas manos en Noruega fue a parar a toda la población creando una de las sociedades más prósperas del mundo. Es curioso este asunto ya que si a un norteamericano le preguntamos cual es el mejor país para vivir elige el suyo propio: ya se sabe, el sueño americano, la libertad o la igualdad de oportunidades. Sin embargo, si le damos las características de varios países sin decir sus nombres, elige un país escandinavo (Dinamarca está considerado el país más feliz del mundo). Es como una cata de vinos; si vemos la marca elegimos la de nuestra zona o nuestro pueblo. Si no la vemos, en general elegimos la de más calidad.

                ¿Entonces? ¿Qué hacemos? ¿Cuál es el sistema más adecuado?

                Haremos la valoración según el peso del Estado, suponiendo que cuanto más regula y tiene una proporción mayor de PIB está más a la izquierda y conforme menos regula y tiene menos proporción de PIB está más a la derecha. Sí, es un poco simplista, pero por eso mismo la idea es  útil.

                El caso extremo de la izquierda sería Cuba o Corea del Norte. Es claro que en esos países no se ha alcanzado una gran prosperidad para el conjunto de la población. Tiene lógica. El exceso de intervencionismo por parte del Estado cercena el potencial creativo de las personas y el espíritu empresarial ya que nadie está a salvo de una posible expropiación. Y lo más útil para comprender este hecho nos lo proporciona la evidencia empírica: a lo largo de la historia, ningún Estado ha prosperado sin un sistema económico dinámico.

                ¿Qué ocurre en el extremo opuesto? Observamos que las desigualdades están aumentando de tal manera que por primera vez en mucho tiempo se teme la posibilidad de que haya fuertes movimientos sociales o posibles aumentos de la delincuencia (curiosamente, en España ha disminuido). Es decir, parece que unos pocos cada vez se llevan más.

                Si haríamos una encuesta a historiadores y economistas, una inmensa mayoría diría que  las claves del avance de los países vienen dadas por la existencia de competencia y la libre empresa junto con el buen funcionamiento de las instituciones de manera que proporcionen seguridad física y jurídica junto con un Estado de Bienestar  sólido.

                Entonces, ¿qué falla?

                Estas condiciones teóricas…¡no se cumplen!

                La libre competencia no existe en muchos mercados. Por ejemplo, los financieros; ¿cómo va a existir si unos pocos fondos hacen variar el precio de una acción o más aún,  pueden tumbar un país? Otras veces  no existe transparencia y si encima alguna empresa quiebra (bancos; en España, cajas) el Estado les ayuda ya que se puede hundir todo el sistema. ¿Cómo puede ser?

                La libre empresa no se da ya que existe una regulación que favorece a las grandes empresas ya que son las que están más relacionadas con los grandes poderes. En España hay muchos ejemplos. Se llega a la situación en la que para algunos analistas aquí gobierna…¡el IBEX 35! Además, es absurdo hablar de libre empresa con las trabas jurídicas tan enormes existentes para quien desee abrir un negocio.

                Del prestigio de muchas instituciones en España mejor no hacemos comentarios.

                Es cierto que en Estados Unidos existe una regulación más favorable para la libre empresa.  Pero los lobbies siguen siendo muy influyentes. Además,  el Estado de Bienestar no es tan sólido ya que existe una multitud de personas que están fuera del sistema. Y eso por no hablar del sistema sanitario.

                ¿Entonces?

                Nos han estafado hasta con el nombre, ya que no vivimos un capitalismo real. Vivimos un capitalismo de amiguetes que se dan premios entre sí y se reúnen en los principales foros mundiales para darse un poco de autobombo. Este modelo no tiene futuro. Y no lo cambiarán desde arriba.

                Sólo existe un sistema razonable, y tiene dos nombres. Capitalismo solidario o economía social de mercado. El nombre que usemos es indiferente. Sólo sé que si no usamos ninguno vamos directos al abismo.

Riesgo moral (julio 14).           

                En economía hablamos de riesgo moral cuando un agente tiene incentivos a tomar más riesgos de los necesarios en una situación determinada. Un ejemplo muy sencillo sería el de un seguro a todo riesgo para un coche. El que lo contrata puede no poner el cuidado suficiente ya que en caso de accidente (desde luego, a no ser que sea muy grave) sabe que no tiene nada que perder. Y es más, el que lo contrata puede darse algún “golpecito” para que le pinten todo el coche y se lo dejen como nuevo.

                ¿Qué hacen las compañías de seguros para evitar este tipo de riesgo? La forma más sencilla es poner primas muy altas, pero también existen mecanismos para detectar posibles fraudes.

                El problema del riesgo moral no pasaría de ser un ligero fraude en contratos privados si no se elevase a tres niveles: el deportivo (en especial en los equipos de fútbol), en la política y en los bancos. Vamos a analizarlos uno a uno.

                Si bien con excepción del Real Madrid, el Fútbol Club Barcelona, el Osasuna y el Athletic de Bilbao todos los clubs son sociedades deportivas, la argumentación es válida para todos los casos. Muchos equipos de fútbol saben que pueden tomar más riesgos de los debidos invirtiendo en fichajes arriesgados o en infraestructuras exageradas ya que en caso de apuro primero hacienda es más permisivo con ellos en el pago de la deuda y segundo los gobiernos les van a ayudar. Ya se sabe, “es muy importante para la ciudad tener un equipo en primera división”. Desde luego, no es la situación más apropiada para las personas que no son aficionadas al fútbol o para otras entidades que hacen competencia a los equipos de fútbol como el baloncesto, el fútbol sala o el balonmano. Resultado: una burbuja gigantesca y muchos jugadores sin cobrar.

                Siguiente caso: la política. Muchos ayuntamientos y comunidades autónomas han invertido en una gran cantidad de servicios sin evaluar de forma debida su impacto. Es inútil recordar los aeropuertos transitados sólo por palomas o la gran cantidad gastada en infraestructuras radiales que no han servido más que para generar montañas de deuda. Cuidado, que es útil gastar dinero cuando esa cantidad revierte en el conjunto de la economía como ha demostrado el plan PIVE (por eso se han hecho tantos) para impulsar la venta de coches. Pero hay que evaluar con el máximo rigor la viabilidad del plan. Al fin y al cabo, se puede pagar a un obrero para que haga un agujero y luego lo tape, ¿no? Habría sido más útil que el gasto en algunas infraestructuras ya que al menos no hay costes de mantenimiento. En todo caso, resultado: generaciones futuras comprometidas por el pago de la deuda.

                No se debe confundir el problema del riesgo moral (los políticos tienen incentivos a gastar sin evaluar de forma correcta la viabilidad del plan ya que “el dinero público no es de nadie”) con el de la interdependencia temporal, que consiste en decir unas promesas y no cumplirlas después de las elecciones ya que las únicas cuentas que se van a rendir por ello será la pérdida de votos futuros. Ya se sabe, “las promesas están hechas para no cumplirlas”. Lo que sí es cierto es que, a mi juicio, por muy buena voluntad que tengan los políticos, es muy difícil evitar el problema del “riesgo moral” y de la “interdependencia temporal”.

                Por último, el caso más conocido por todos: el de los bancos. Todos conocemos la cantidad enorme de miles de millones que hemos gastado en el rescate de los bancos. La buena noticia es que las autoridades europeas se han dotado de nuevos organismos como el MUS (mecanismo único de supervisión, sí, pero menudo órdago al euro echaron algunos bancos o cajas) o el MUR (mecanismo último de resolución). La mala noticia viene dada por la fiabilidad de las cuentas de los bancos. Sí, se realizan diferentes test de estrés. Y se tiene cada vez más cuidado. Pero fraudes como el de Gowex es normal que hagan dudar al pequeño inversor de la viabilidad de todo el sistema financiero. En todo caso, muchos bancos tomaron más riesgos de los debidos ya que “eran demasiado grandes para caer” y claro, siempre está el Estado por detrás para echar una manita. Resultado: gran inestabilidad monetaria, deuda privada de los bancos que se convierte en deuda pública de los gobiernos para evitar la quiebra del sistema.

                Ha llegado el momento de poner el cascabel al gato. ¿Cómo demonios arreglar el problema del riesgo moral?

                Lo primero y aunque parezca una obviedad: detectar los casos en los que pueda darse. Así, como dice el refranero popular, “muerto el perro se acabó la rabia”.

                ¿Y una vez que se ha dado?

                Ahí van algunas sugerencias.

                Para el caso del deporte, no queda otra que cumplir la ley. Es muy simple, lo sé. Para el caso de los políticos, que existan mecanismos de rendición de cuentas. ¿Cómo? Eso es otro debate. Pero la idea era abrirlo. Para el caso de los bancos, muy sencillo. Aplicar la ley Glass Steagall, derogada por Bill Clinton. Es decir, separarlos en bancos comerciales y bancos de inversión. Y el que quiera arriesgar, que lo haga. Pero bajo su responsabilidad.

Piketty, deuda y prostitutas (julio 14).

                Thomas Piketty es un economista francés que ha generado un gran debate mundial con su libro, publicado en septiembre del año 2.013, “El capital en el siglo XXI”. Todavía no ha sido publicado en español, pero en Estados Unidos ha generado una gran controversia. El libro habla de la desigualdad, expone una gran cantidad de datos estadísticos y demuestra cómo después de unos años de bajada la desigualdad está volviendo a aumentar.

                Es curioso lo de la desigualdad. Se calcula mediante un indicador estadístico llamado índice de Gini, y su valor oscila entre cero y uno. Así, si vale cero todos tendrían la misma riqueza. Si vale uno, una única persona tendría toda la riqueza del país. Lo que ocurre es que según se valore (por países, por zonas de países, ciudades…) su valor puede oscilar. Vamos, que eso hace que para unos economistas (los más) la desigualdad está aumentando y para otros (los menos) esté pasando lo contrario. Estadísticas, estadísticas. Ya se sabe, “si tienes un conjunto de datos y los torturas lo suficiente acaban demostrando lo que quieres”.

                Volvamos a Piketty para comprender su tesis central. Para ello, pensemos en una empresa que desea crecer, para lo cual pide dinero prestado a un tipo de interés “r”, por ejemplo el 3%. Si lo hace, es debido a que espera tener una rentabilidad mayor del 3%, ¿no? En caso contrario su negocio se va a la ruina.

                Traslademos este argumento a los países. En este caso, lo que esperamos no es una rentabilidad, claro está, lo que queremos en una mayor tasa de crecimiento económico, “g”. Si la economía crece más del 3% es rentable pedir prestado, ya que habrá más movimiento de dinero y no tendremos problemas para pagar la deuda. Un ejemplo estándar de este supuesto viene dado por el plan PIVE, que son las subvenciones que da el gobierno cuando una persona se va a comprar un coche. Aunque es razonable gastar dinero para sostener un sector económico estratégico, todavía es mejor si lo que recupero vía impuestos es mayor que lo gastado, ¿verdad?

                Y así hemos llegado al punto central de la discusión. Como el crecimiento económico (g) es menor que el tipo de interés medio (r), lo que ocurre es que vamos a estar pagando intereses de forma perpetua (casi mil euros por cabeza en España). Ahora bien, esa cantidad de dinero, ¿dónde va? Pues a los grandes bancos y a los fondos de inversión.  Así, la desigualdad aumenta de forma perpetua e irreparable. Es cierto que parte de ese dinero revierte a las clases medias (ahorros o planes de pensiones privados) pero la mayoría va a “hacia arriba”. Más aún, la injusticia todavía es más lacerante para las clases más bajas, las formadas por las personas que no pueden ahorrar ya que sólo aspiran a pagar su hipoteca y a tener una mínima pensión pública. Resulta que parte de lo que pagan de impuestos son rentas de ahorro para las clases más altas. Es el efecto de Robin Hood al revés.

                Piketty ha recibido críticas enormes ya que ha sugerido para arreglar el problema unos impuestos enormes a las rentas más altas, entre el 70 y el 80% de la renta. Entiendo que eso es discutible, pero ya se sabe que “cuando una mano apunta a la luna el necio mira el dedo”. Y el problema central es el que es: como r es mayor que g, las desigualdades aumentan.

                Así estamos en el gran dilema de las políticas económicas actuales: si gasto más, me endeudo y tengo que pagar unos intereses enormes en el futuro, intereses que acaban siendo muchas veces la deuda inicial. Si gasto menos, muchas personas se quedarán sin recursos presentes y tengo graves altercados sociales.

                Una solución muy sencilla sería que el Banco Central Europeo preste a los gobiernos al tipo básico, ¿no? Lo que ocurre es que los bancos se quedan sin sus ganancias “regaladas”  y eso no puede ser. En fin, eso es un debate al que habrá que volver en alguna otra ocasión.

                A partir del próximo 22 de septiembre el tráfico de drogas y la prostitución entran en el cálculo del Producto Interior Bruto, PIB. Una forma muy elegante de generar crecimiento económico, sí señor. Pero no hay que olvidar un requisito fundamental: debe ser un intercambio libre. Francia considera que muchas mujeres son víctimas de la explotación sexual y en consecuencia como no se cumple ese requisito no va a incorporar ese dato a sus cuentas.

                Muchas prostitutas tienen deudas con las mafias que les han traído hasta Europa. En la calle controlan todos sus movimientos y sus ingresos. Además las mafias les venden todo lo que necesitan para vivir, de manera que idean mecanismos para que las prostitutas no dejen nunca de pagar la deuda de manera que así el negocio es eterno.

                Si ahora comparásemos países endeudados con prostitutas, ¿qué diríamos?

Más tendencias globales (julio 14).

                ¿Qué más tendencias pensamos que existen ya entre nosotros y no nos hemos dado cuenta? Vamos a seguir investigando.

                Uno.- Wearable, es la tendencia que tenemos a vestirnos con tecnología. El caso estándar vendría dado por las Google Glass, pero están llegando los relojes inteligentes o cualquier dispositivo que pueda ser útil para orientarnos o manejarnos. Eso sí, como la inteligencia siga desarrollándose de esa manera al final va a ser todo inteligente menos las personas. Y es que recuerdo lo que comentó previamente un astronauta que había pasado muchos meses en la estación espacial internacional: “todavía no hemos encontrado ningún planeta en el que hay vida inteligente. Y cuando digo ningún planeta, es eso. Ningún planeta”.

                Dos.-  Autotélico, es algo que merece la pena hacerse por sí mismo, de manera que es intrínsecamente gratificante. Auto quiere decir yo, telos quiere decir meta. En otras palabras, es cierto que con todos necesitamos trabajar para vivir. Pero si no existe alguna catástrofe extraña lo más normal es que con el tiempo busquemos actividades que merezcan la pena hacerse por sí mismas, ya que si existe un consenso entre todos los pensadores es el siguiente: el 5% de las personas pueden fabricar lo que necesita el resto de la humanidad para vivir, aunque eso genera dos problemas que son los grandes retos futuros. Primero, que los propietarios de los factores de producción se lleven todo el pastel de manera que la desigualdad económica desequilibra la sociedad global. Dos, que el resto de personas se queden fuera del sistema. Lo reitero, éste es el gran problema de nuestro tiempo.

                Tres.- Sistemas complejos. Aquellos en los que existen diversos agentes económicos muy conectados entre sí en los cuales se da cierto comportamiento adaptativo. En este contexto, un cambio pequeño origina cambios exponenciales generando, con cierta facilidad, Cisnes Negros. Un Cisne Negro es un concepto acuñado por Nassim Taleb y que se refiere a un suceso totalmente inesperado como el 11S, el 11M, las primaveras árabes o el impresionante avance del ISIS en Irak. Hoy en día vivimos en un sistema global muy complejo en el cual no se puede olvidar la siguiente idea: “todo problema difícil tiene una solución sencilla y equivocada”.

                Cuatro.- Heurística. Sistema por el cual cogemos una información global a partir de unas pocas señales. Por ejemplo, cuando vamos a comprar un ordenador nos cuesta mucho elegir uno, ya que cada aparato tiene muchas características. Así, usamos heurísticas, de manera que suprimimos, por ejemplo, todos los ordenadores fabricados en Africa, ya que no asociamos la palabra “tecnología” con este continente. De la misma forma, eliminamos los más baratos ya que pensamos que son muy malos y los muy caros, ya que pensamos que tendrán demasiadas prestaciones. Al final, elegimos por características incontrolables. Lo mismo nos ocurre cuando conocemos una persona, compramos un coche o tenemos que elegir un lugar de destino. Funcionamos por heurísticas y controlar los sesgos asociados a nuestra condición humana nos hace tomar mejores decisiones.

                Cinco.- Mind’s Eye u ojo mental. Proyecto del Pentágono que pretende equiparar todos los sistemas de vigilancia de la vida cotidiana a un sistema de control global. Ello se hace teniendo como soporte las maquinarias que dominan el mundo, es decir, los ejércitos, los mercados y los ordenadores. ¿Seguiremos siendo libres conforme pase el tiempo? No podemos olvidar que el mejor control de la población se da cuando ésta tiene la sensación de que no está controlada y de que es libre. Más aún,  cuando se desarrollen los sistemas de pago por móviles puede llegar un momento en el que todos los pagos que realicemos estarán controlados. ¿Estamos cerca de  ese nivel?

                Seis.- Antifragilidad. Concepto acuñado, como el Cisne Negro, por Nassim Taleb. Una organización, persona, animal o corporación es antifrágil si mejora con el desorden. Si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo caótico, conviene ser antifrágil como las cucarachas, las mafias, los grupos terroristas, los traficantes de drogas o las hidras. Según este enfoque, ¿Qué problema tenemos? Que las personas somos frágiles. Las instituciones que nos gobiernan también. Eso origina grandes problemas de adaptación a los nuevos tiempos.

                CONCLUSIÓN: Estructuras mentales. Frank Schirrmacher estaba considerado uno de los 10 pensadores más influyentes del mundo. Su inesperado fallecimiento como consecuencia de un infarto el pasado 12 de junio ha causado una conmoción enorme en su país, Alemania. Si bien al comienzo de su carrera era conservador, pensaba que “la izquierda tiene razón. La desinhibición de la economía financiera nos ha llevado a un exitoso programa de resocialización que ha cambiado la crítica social”.

Merece la pena reflexionar  acerca de su pensamiento final,  el cual se podría resumir así: “Nos hemos visto arrastrados al interior de un sistema de pensamiento y comportamiento que nos enseña que es razonable ser egoístas. Eso es algo totalmente nuevo. Hemos traspasado una gran racionalidad de gran repercusión codificada en máquinas (algoritmos bursátiles o medición de riesgos) a la vida cotidiana de las personas. La cadena de montaje de alta eficiencia de Henry Ford todavía persiste, y peor aún, ahora dura 24 horas diarias. ¿Dónde queda lo demás? ¿Dónde queda el placer de pensar, escribir, caminar, comer o comunicarse?”.

                Y en estas líneas que pretenden ser un homenaje a su figura yo me pregunto lo mismo.

                ¿Dónde?

Nuevas tendencias actuales (julio 14).

                Muchas veces el mundo cambia sin que nos demos cuenta de ello. Para valorar esta afirmación, he escogido ocho tendencias que se han quedado ya dentro de nuestras vidas. Vamos, pues, a conocerlas.

                Uno.- Fluir. Las personas fluyen cuando ven que superan su propio nivel medio de retos y de habilidades. Cada vez se habla más de la relación del desarrollo humano con el hecho de fluir en contraposición con el  crecimiento económico consistente en tener cada vez más dinero. Cuando fluimos, nos sentimos transportados por una fuerza externa. Nos movemos sin esfuerzo. Tenemos una cantidad de energía tan alta que nos lleva, en la actividad que estamos realizando, al disfrute supremo (no hay que confundirlo con el placer). Lo ideal es fluir cuando estamos en el trabajo, ya que con eso logramos tener una personalidad autotélica, esto es, hacemos las cosas que merecen la pena hacerse por sí mismas.

                Dos.- Internet de las cosas. Cada vez está más claro que más electrodomésticos van a estar conectados a la red, de manera que sabremos en cada momento del tiempo lo que estamos gastando y lo que necesitamos. Es más: se piensa que en el futuro tendremos aplicaciones de móvil que nos dirán o bien lo que falta en el frigorífico o bien la cantidad de contaminación que generamos, por ejemplo, cuando nos trasladamos en coche al lugar de trabajo. Esto llevará a comprar el producto más eficiente posible a partir de las características de cada persona, aunque también nos puede llevar a una sociedad todavía más controlada.

                Tres.- Nomofobia. Se llama así a la ansiedad que sentimos cuando no llevamos el móvil encima. Y es que es verdad: cuando salimos de una actividad que no permite consultar el teléfono móvil (como el cine o el trabajo) lo primero que hacemos es consultar nuestro querido aparatito. Y es que las cosas avanzan: si antes la parte más sensible del cuerpo humano era el bolsillo ahora ya existe una nueva, el teléfono móvil. Como dicen algunos pensadores, estamos entrando en la Edad Media Tecnológica.

                Cuatro.- Capitalismo de la información (no de bienes y servicios). Transforma el mundo en un estado mental de manera que el comportamiento racional y egoísta se ve como normal. En otras palabras, deseamos maximizar nuestro beneficio personal cambiando así la escala de los valores sociales a un nivel asombroso. En este nuevo capitalismo estamos completamente llenos de información, y así es muy difícil distinguir lo relevante del ruido. Más aún. Este capitalismo nos está llevando a una desmaterialización de las cosas de manera que el tener ya no es tan importante. Y es que si pensamos un poco cada vez hay más industrias cuyo producto es puro espíritu. Por ejemplo, Google (no es otra cosa que un algoritmo matemático) o Apple (que es un software). Este espíritu implica que hoy en día los negocios sean cada vez más emocionales.

                Cinco.- Gamificación. Es el efecto por el cual la vida se convierte en un juego de medallas, premios y promociones de manera que asociamos nuestra prosperidad, además de con el dinero, con nuestra situación social. Eso sí, es cierto que muchas veces una cosa lleva a la otra, ya que a más posición más dinero. Pero no siempre a más dinero más posición, ya que se dan casos de personas que saltan momentáneamente a la fama y luego desaparecen quedándose sin nada.

                Seis.- Caveat Venditor. Es una nueva tendencia a nivel de trabajo por la cual cada vez nos vendemos más. Es como si fuésemos nuestra propia marca personal.  En otras palabras, sería la “capacidad de influir, persuadir y cambiar el comportamiento de los demás a la vez que se busca un equilibrio entre lo que quieren los demás y lo que pretendemos ofrecerles”. Sin llegar a la famosa frase de Jobs “la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo ofrecemos” es cierto que el mundo será, es,  de este tipo de personas.

                Siete.- Consumo colaborativo. El caso de la aplicación Uber, usada para el traslado entre personas dentro de una misma ciudad y que ha generado amplias protestas por parte del colectivo de los taxistas nos lleva a ver que este tipo de consumo ya no tiene vuelta atrás. Se comparten coches, casas, diferentes servicios….Este efecto está revolucionando la economía. Como dicen las personas que se dedican al consumo colaborativo, “tener cosas ya no está de moda”.

                Ocho.- Big Data o revolución de los grandes datos. Se trata de predecir lo que van a hacer las personas conociendo a qué se dedican, dónde navegan por Internet o los tipos de comportamientos que realizan. Cuando los almacenes Target contrataron a Andrew Pole, experto en Big Data, las ventas pasaron de 44.000 millones de dólares en 2.002 a 67.000 millones en 2.010.

                Para comprender el poder del Big Data, veamos un ejemplo.

                Un padre de una chica de secundaria llamó enfadado al director de Target ya que su hija recibía publicidad relacionada con los bebés. A los dos meses, la chica les dijo a sus padres que estaba embarazada.

                Las técnicas de Big Data descubrieron el embarazo antes que su propia familia.

El fútbol y la vida (MUNDIAL 2014).

                El acontecimiento del mundial hace que sea una buena época para reflexionar acerca del efecto del fútbol en nuestras vidas.

                ¿Es tan importante el fútbol? Digamos que hay tres niveles, el famoso de Bill Shankly (“el fútbol no es cuestión de vida o muerte. Es algo mucho más importante”), el intermedio que pregona Ancelotti, técnico del Real Madrid (“de las cosas menos importantes, el fútbol es la más importante”) y el de cualquier persona que lo ve como un mero circo en el cual (“11 tíos en calzoncillos corren detrás de una cosa redonda y encima se llevan millonadas”).

                Desde luego, cada uno puede ocupar el nivel que desee, aunque no podemos olvidar un tema central: el fútbol es un negocio emocional, y cada seguidor cuenta. En los negocios emocionales cada cliente puede llegar a durar toda la vida. Es por eso que no hay mejor negocio posible. No olvidemos que es mucho más fácil cambiar de religión que de equipo de fútbol (la excepción son aquellos que justo antes de morir se pasan, por ejemplo, del Betis al Sevilla para que “así ya haya un sevillista menos”). De hecho, el nivel emocional que abarca es tan alto que ya se han llegado a ver esquelas en las que al lado del difunto aparece el escudo de su equipo. En un nivel parecido, algunos equipos ofrecen crematorios para que las cenizas de los fallecidos queden siempre ligadas al club de sus amores.

                Hay estudios relacionados con el fútbol muy divertidos. Mi favorito es uno realizado en Manchester en el que preguntaban a cada aficionado el tiempo que dedicaban a la semana a pensar en su equipo. Salía 30 horas, una media 15 veces superior a lo que pensaban en la familia. Así, no es de extrañar que se viesen carteles como éste: “Manchester. Hijos. Mujer. Por ese orden”.

                Pero todavía hay un estudio que puede ser mucho más divertido: el de la relación que tiene el fútbol con la vida. Así que vamos a ello.

                En el fútbol como en la vida están aumentando las desigualdades. Lo estamos viendo en la liga española. Después del fracaso de los dos grandes (atenuado en el caso del Real Madrid al ganar la Champions) ya se sabe lo que toca: a fichar a los mejores de los equipos que destacan. Así, los mejores jugadores del Atlético de Madrid ya están preparando el pasaporte para ir a la élite formada por los clubs más ricos de Europa. Luego nos venderán el producto como “la mejor liga del mundo”. Pero eso es falso. Aquí sólo se vende un producto: el duelo Madrid - Barcelona. Al estilo de duelos míticos como el de Larry Bird y Magic Johnson (NBA), Senna y Prost (fórmula uno) o  Karpov y Kasparov (ajedrez).

                Encima, la gestión de la liga deja mucho que desear. Meditemos: ¿qué haría yo si quisiera arruinar la liga española?

                Dar una cantidad inmensa de derechos de televisión a los dos grandes para que los partidos ya no tengan emoción. Poner unos horarios malísimos para que los socios prefieran borrarse (como dijo un entrenador de 45 años: “con estos horarios no pueden ir al fútbol ni mis padres ni mis hijos”). Ante la duda, ayudar siempre al grande. Tener siempre al mismo presidente en la federación durante años para no tener que renovarnos. Y así sucesivamente.

                Y es que, si lo pensamos, el espectáculo no está en el juego en sí mismo. Están ¡en lo que se juegan los equipos! Si no habría descensos la liga sería lo más aburrido del mundo.

                Ahora vamos a las situaciones más escandalosas.

                En el fútbol como en la vida las leyes están pensadas para favorecer a los grandes. ¿Por qué no añadir ya tecnología para las jugadas polémicas? No olvidemos que hay jugadas de difícil interpretación en las es difícil saber lo que ha ocurrido, pero hay otras muchas en las que con un simple vistazo podemos saber, por ejemplo, si un gol ha sido en fuera de juego. No se hace así por dos razones. Una, alimentar polémica y debate. Dos, ante la duda favorecer al grande, que es el que vende, o en el caso de los mundiales, al anfitrión (en el mundial 82  las ayudas arbitrales a favor de España fueron escandalosas).

                En el fútbol como en la vida se premia al tramposo.  Si un jugador de nuestro equipo realiza una triquiñuela que engaña al árbitro (simular una agresión o un penalti) decimos que ha sido “listo”. Este aspecto es demencial: desde niños lo vemos. Y como tal lo repetimos de mayores. Se debería sancionar de forma ejemplar a quien realiza actuaciones de este tipo.

                En el fútbol como en la vida disfrutan los que tienen más dinero y se hacen nuevos contactos (palcos). ¿Quién va a ver el mundial a Brasil? No hace falta pensar mucho para razonar que el presupuesto de un viaje de estas características es enorme. Es decir, van los ricos.

                Sí. En el fútbol como en la vida ganan los que más tienen.

El problema de las pensiones (junio 14).

En general siempre hemos asociado el mundo de las pensiones a una operación matemática. Así, el sistema de las pensiones sería una cuestión numérica: basta estimar el número de pensionistas, el número de cotizantes, las tendencias demográficas y las tendencias en crecimiento económico. A partir de ahí, se ajustan las cifras y punto. Sin embargo, las pensiones no son sólo eso. Son mucho más. Son una transacción entre un sistema económico presente y un reparto de rentas futuro. Y ahí olvidamos nuestra responsabilidad y la del Estado. Y más aún cuando no se divisa otro problema mayor de aquí a medio y largo plazo.

                Es más que conocido que  el nuevo sistema económico está generando una brecha cada vez mayor a nivel de rentas. Esto nos lleva a una dualidad más acusada en el mercado de trabajo entre las personas más solventes, las que están situadas en puestos de trabajo seguros con una alta remuneración, la clase media, los trabajadores intertemporales (tienen unas épocas en las que trabajan, tienen otras épocas en las que no lo hacen) y las personas que se están quedando fuera del sistema. Cada una de estas clases tiene unos patrones de consumo que influyen en el reparto de riqueza futuro, unos patrones de consumo que están cambiando la estructura económica de nuestra sociedad.

                 Si continúa la tendencia actual, muchas de las personas fuera del sistema que viven de las pensiones de sus padres se van a quedar sin recursos. Otros cuando lleguen a la jubilación tendrán una renta ridícula, y con las tendencias demográficas actuales, menos familia en la que apoyarse. ¿Cómo vamos a afrontar la explosión social que puede generar esa situación?

                Muchos escépticos del cambio climático piensan que todos los problemas futuros los va a arreglar la tecnología. Personalmente, soy muy escéptico ante esa solución. Pero lo que es indudable es que no hay tecnología futura que pueda arreglar esta cuestión tan delicada de las pensiones.

                No podemos olvidar que  los problemas del futuro se deben arreglar en el presente. Y en este caso existen tres posibles vías de solución. Primero, que las personas sigan “tirando”. “De momento vivo de la familia y después ya viviré con los ahorros de los padres. Y si tengo suerte y mis padres tienen algún bien que genera renta, como un alquiler, un campo o un negocio, tanto mejor”.  Segundo y relacionado con lo anterior, “como ya está el Estado, ya me complementará mi riqueza. Bien con una renta social inclusiva, bien con alguna subvención, bien con alguna casa de acogida”. Tercero, afrontar el problema desde ya. ¿Cómo?

                Aquí está la clave de la cuestión y es donde debería radicar el debate más importante de la economía actual. Sí, muchos estarán pensando que todavía más crucial es el tema del trabajo. Pero es que ¡los dos problemas son iguales! El que no tenga trabajo hoy no va a tener pensión mañana. Y lo que es peor, hoy tiene la ayuda familiar y de vez en cuando, la del Estado. ¿Qué ayuda tendrá en el futuro?

                Por desgracia, el único debate que nos venden es el tema de la privatización de las pensiones. Cada vez nos meten más miedo con el tema de que “como los jubilados van a ser mayoría en comparación con los trabajadores no habrá dinero para nadie y en consecuencia la pensión será ridícula, así que más vale que complementes tus ahorros con un buen plan de pensiones”. Otros dicen “no existe el problema de las pensiones en el futuro ya que el hecho de que haya menos personas trabajando se compensa con el aumento de la productividad y en consecuencia más renta para repartir entre todos”.

                La verdad es que no sé si tienen razón unos y otros. Cuando oímos debates entre expertos parece que nos estén explicando una factura eléctrica.

                Pero sí sé dos cosas.

Primero: el tema de la desgravación de los planes de pensiones ha beneficiado (para variar) a las entidades financieras, ya que así han ganado una gran cantidad de recursos debido a que el incentivo para invertir en pensiones es muy sabroso. Para colmo, impuestos que eran para el Estado se han dejado de cobrar en el presente, cuando tenemos el déficit por los suelos.

Segundo: el desequilibrio futuro de rentas (con peligro de tener muchos excluidos en el mundo de las pensiones) sólo se arregla con más puestos de trabajo. Y este trabajo no va a venir con el hada madrina del crecimiento económico que parece que todo lo cura.

 No abordar el problema trabajo-pensiones supone que las personas no tengan expectativas. Supone caos. Supone miseria. Supone decadencia.

¿Posibilidades? Sólo una. Fomentar el crecimiento y el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas sin olvidar las más importantes: las microempresas. Esto es, aquellas formadas por un solo individuo.

                Si seguimos como estamos, nos quedaremos sin futuro.

De cuentos de hadas (junio 14).

 

                La noticia de la abdicación del rey realizada el día 2 de junio del 2.014 ha condicionado, posiblemente de forma desmesurada, toda la semana. Una primera reflexión nos debe llevar a valorar el hecho de lo que es importante y no que no: depende del momento, ya que las noticias diarias no son importantes en términos absolutos. Lo son en términos relativos.

                Por ejemplo, la bajada del paro del mes de mayo (aunque es más importante valorar el gran incremento de afiliados a la Seguridad Social) ha pasado casi desapercibida por los medios. Es más importante que el Príncipe Felipe de un discurso en una entrega de premios que cualquier otra cosa. No es lo más justo, pero el mundo es así. Y es normal que lo sea, ya que los periódicos, los programas de radio o los informativos de televisión tienen una duración semejante, y salvo los típicos programas especiales, deben llenarse con cualquier tipo de noticia.

                 No es cuestión de hablar de las luces y de las sombras del reinado de Juan Carlos I ya que la gran cantidad de información recibida nos debe de servir para tener una opinión clara y concisa. Tampoco es cuestión de comentar si es mejor una Monarquía o una República ya que de nuevo habrá opiniones para todos los gustos. Así mismo, es difícil saber las razones de dicha abdicación. Por último, tampoco es cuestión de comentar si la abdicación ha sido realizada en el momento justo o no, de nuevo cada uno tiene su opinión.

 ¿Qué podemos comentar entonces? Cuestiones que pasan más inadvertidas y que no deben comprenderse como críticas o alabanzas a la Casa Real.

Primero, ¿por qué la noticia ha sido tan importante? Por el impresionante papel de los medios. Hemos visto repetidas muchas veces imágenes como las del 23F, la petición de disculpas después de la cacería de elefantes o la coronación del rey. En otras palabras, el papel de los medios hace que la noticia sea todavía más noticia.

Segundo, se comenta que este reinado ha sido el mejor de la Historia de España. Esa argumentación contiene una trampa, ya que está comparando el presente con el pasado, y eso no tiene sentido. Lo que deberíamos hacer es comparar España con otros países en el presente, ya que la tendencia de aumento de prosperidad ha sido constante en toda Europa hasta la llegada de la crisis. Recordemos que sólo queda una dictadura: la de Bielorrusia.

Tercero, cuando uno acude a otros países, en especial si son dictadura, se observa cómo los aeropuertos, estaciones, hospitales o pabellones se llaman como sus políticos. Lo que nos parece mal en otros países, aquí nos parece bien. Tenemos “Pabellón Príncipe Felipe”, “Centro Infanta Elena”, “Hospital Reina Sofía” o “Centro de Juan Carlos I”. Todo ello deja un poso mental.

 

Cuarto, se habla de que el rey actuó muy bien la noche del 23F. Pero es que obviamos la opción contraria: ¡no se va a quedar en su casa! Es como decir que si el capitán de un barco se queda cuando se está hundiendo es un valiente. La argumentación correcta es la contraria: si el capitán abandona el barco cuando se hunde es un cobarde (que se lo pregunten al del Costa Concordia, en Italia). El rey esa noche, simplemente, cumplió con su obligación.

Quinto, a menudo se argumenta que el rey es muy campechano y gana mucho en las distancias cortas. Y yo digo, ¿quién no gana en las distancias cortas? Pocas personas, y más si son públicas, se muestran antipáticas en el momento de conocer a otras, ¿no?

Sexto, hay que admitir que el tema de los premios “Príncipe de Asturias” está muy bien como manera de prestigiar…¡al Príncipe de Asturias! Por supuesto, está muy bien la propuesta de incentivar las actividades que premia, pero el efecto que tiene es de un doble sentido.

Séptimo, dicen que Felipe está muy preparado para el puesto. ¿Cómo no va a estarlo si le han educado para ello desde que nació?

Octavo, el poso que va dejando el tema de la realeza comienza desde el colegio, cuando los niños hacen actividades como “¿Qué se un Rey para ti?”. Por cierto, esta idea la han comentado medios de otros países.

Quiero reiterar que no se trata de criticar a la Familia Real. Se trata de ver las cosas con otro prisma. Es verdad que en actividades de representación del Estado puede tener su utilidad y que la historia pesa mucho. También es verdad que hoy en día puede parecer un poco arcaico que el relevo sea familiar y al varón.

Pero como ha quedado claro, ese no es el tema central.

La cuestión es que hoy en día muchas personas conocen más al rey de algún país (sobre todo europeo) que a su presidente. Y es que la realeza sigue vendiendo. Acontecimientos como las bodas se televisan, venden revistas y son seguidos por muchas personas.

Sólo le encuentro una explicación.

Necesitamos seguir creyendo en los cuentos de hadas.

 

 

 

 

Perspectivas del mercado laboral (Feb.14).

                Sí, el paro sigue siendo muy alto. Y quitando la reforma laboral, no se divisan soluciones. Cuestiones como la imputación de la Infanta, la soberanía catalana o la composición de las listas de los partidos políticos para las europeas o las autonómicas podrán ser más o menos importantes, pero me recuerdan a la fábula de los dos conejos que mientras discuten si los perros que los persiguen son galgos o podencos son cazados. La cuestión capital que nos debe ocupar es sin duda el paro, y la siguiente la corrupción, ya que la corrupción genera desconfianza, y es muy difícil que una sociedad funcione sin confianza. Vamos con ello.

                Uno. La tasa de paro estructural ha aumentado debido a la crisis económica que nos azota. Si antes estaba alrededor del 10%, ahora ha subido al 22-23% según diferentes expertos. Además, no podemos olvidar que no es más alta debido a que las listas de la población activa bajan ya que muchas personas se desaniman o deciden irse de nuestro país.

                Dos. Asociado al problema del paro surge el problema del subempleo, que es de tres tipos. Personas que trabajan por debajo de su nivel educativo, personas que desean trabajar más horas pero no pueden y personas a las que les han reducido las horas para ir a trabajar “just in time”. Por ejemplo, pensemos en dos camareros que trabajan en un bar de cuatro a doce de la noche. Como de cuatro a ocho hay menos trabajo durante ese rato nos quedamos sólo con uno. A nivel de las listas de paro los dos camareros están trabajando, pero uno pasa a cobrar la mitad. Se admite que si evaluásemos el subempleo en España el paro real sería del 30%.

                Tres. Cada vez parece más claro que estamos llegando a una nueva época social: aquella en la que no es necesario que todo el mundo trabaje para que haya crecimiento económico. El trabajo mecánico está disminuyendo debido a la revolución tecnológica, los avances en logística, la información por Internet y los efectos de la globalización. La Global Trends Alternativa Worlds predice para el año  2.030 el fin del moldeado y el mecanizado.

                Cuatro. Asociado a lo anterior, la mayor desgracia que tenemos es el sistema educativo, que nos prepara para un mundo que no existe. La educación debe ser liberadora, de manera que fomente el desarrollo personal y el pensamiento crítico. Es domesticadora. La enseñanza debe ser creativa, de manera que cada persona desarrolle la imaginación y salga de su “zona mental de confort”. Es algorítimica o mecánica. La enseñanza debe ser abierta, de manera que los temas permiten abrirse a más ramas generando conocimiento nuevo. Es cerrada. La enseñanza debe ser colectiva, de manera que todos los cerebros trabajen en equipo debido a que 100 cerebros juntos son más útiles que 100 cerebros separados. Es individual.

                Cinco. Se cree que la próxima clase media estará formada por artesanos autosuficientes (Lawrence Katz) o makers (Chris Anderson). Es decir, personas que se crean su propio nicho particular. Un bar con unas tapas únicas, alguien que decora muñecas con un estilo muy personal o un profesor que enseña algo generado por él mismo.

                Seis. Todos seremos de una forma u otra vendedores que nos dedicaremos a persuadir, influir y convencer buscando el equilibrio entre lo que quiere mi cliente y lo que le ofrezco (Daniel Pink). La persona que mejor definió esta filosofía fue Steve Jobs, cuando dijo que “las personas no saben que desean algo hasta que se lo ofrecemos”.

                Siete. De una vez por todas, cuando una persona desee crear un empleo la ventanilla única no será una ventanilla más. Los empresarios estiman que los costes de la apertura de un empleo están alrededor del 5% del PIB. Es algo inasumible.

                Ocho. El gran desequilibrio existente entre la oferta y la demanda de trabajo genera salarios a la baja en puestos que pueden ser ocupados por personas que no necesitan ningún tipo de especialización. Esto conlleva al nacimiento de una nueva clase social: aquellos que trabajando más y más horas no salen de la miseria. Por desgracia esta clase social ya existía en otros países. Ahora está comenzando a llegar a países más avanzados.

                Nueve. Uno de los mayores expertos en la búsqueda de empleo es Richard N.Bolles. A su juicio, la ruta que realizan los trabajadores para buscar empleo es contraria a la que realiza un empresario para buscar un empleado. El empresario primero contrata a quien ha visto trabajar, sea en su empresa o en otras. Segundo, contrata a un desconocido con pruebas de su habilidad. Tercero, contrata a alguien recomendado por un amigo. Cuarto, usa una agencia de confianza. Quinto, pone un anuncio en los medios. Sexto, mira los currículums que ha recibido.

                Diez. Todavía los gobernantes piensan que “Debemos devolver los puestos de trabajo perdidos” (Barack Obama). Pero como nos recuerda Ricardo Hausmann, “Los puestos de trabajo no vuelven, evolucionan”.

                Entonces, ¿qué hacer?

                Se pueden dar algunas sugerencias: un sistema educativo abierto, liberador, colectivo y creativo, tener una plataforma online que permita crear empresas desde ya, realizar estrategias públicas para la creación de clusters (diversas empresas especializadas en una rama productiva), eliminar la ingeniería fiscal que permite competir a las grandes empresas con ventaja, en la misma línea, dar ventajas fiscales a las nuevas empresas o fomentar el acceso al crédito con medidas como la eliminación del carry trade (se usa el dinero del Banco Central Europeo para comprar deuda pública con menos riesgo) o la posibilidad de avalar ciertos proyectos.

                ¿Por dónde empezamos?

                Javier Otazu Ojer.

                Profesor de Economía de la UNED de Tudela.

Ideologías (feb 14).

                El 11S de 1789 se reunía la Asamblea Nacional Constituyente, organismo creado al albur de la Revolución Francesa. En el mismo, se debatía si el rey iba a tener la posibilidad de vetar las leyes que aprobase la futura Asamblea legislativa. Los que estaban a favor de mantener el veto, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, a la izquierda. De ahí es de donde viene la separación entre ser de izquierdas o de derechas.

                Desde luego, esta disyuntiva política ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. De manera simplista, en economía a veces se debate en términos de eficiencia y equidad. Una sociedad eficiente es aquella que explota al máximo todos sus recursos, sin importar como se repartan. Desde este punto de vista, lo mejor es que el peso de los impuestos sea más bajo para que así las empresas puedan producir más y mejor. Eso sería, siempre de manera aproximada, ser de derechas. Por otro lado, una sociedad equitativa es aquella que prefiere repartir más, aunque eso suponga que la producción global sea más baja. Ello es debido a que los impuestos suelen ser más altos de cara a compensar más a los que menos tienen. Sería el caso de una sociedad de izquierdas.

                Existen casos extremos de sociedades de derechas y de izquierdas. Guinea Ecuatorial cuenta con una gran riqueza petrolífera, de manera que económicamente “maximiza” su producción. Sin embargo, todo los recursos generados por el petróleo son para la el presidente Teodoro Obiang y toda su camarilla. Máxima eficiencia, mínimo reparto. Por otro lado, aunque ahora pensemos en Corea del Norte o en Cuba como gobiernos más a la izquierda o comunistas, el caso extremo lo protagonizó Pol Pot en Camboya, cuando su cruel mandato entre 1.975 y 1.979 instauró la abolición de la moneda, del mercado y de las escuelas, de manera que todos los habitantes del país pasaban a ser campesinos. Era la dictadura de las jemeres rojos, en la cual llevar gafas se asociaba a clase media y por lo tanto era un peligro real de muerte. Máximo reparto, mínima eficiencia. Eso sí, no podemos olvidar que en este conflicto murió casi la cuarta parte de la población camboyana. Las estimaciones no están claras, se habla de más de un millón y medio de personas.

                ¿Dónde estamos ahora?

                Si aproximamos los dos casos extremos de Guinea y de Camboya hacia el centro observamos que las cosas ya no son lo que eran. Se supone que los partidos de derechas tienden a bajar los impuestos y observamos que precisamente en España está ocurriendo lo contrario.  La famosa “Agenda 2.010” alemana, a partir de la cual comienzan a instaurarse los famosos “minijobs” la hizo el partido de Gerald Schroeder,  socialista. Francois Hollande, presidente francés socialista, se he desdicho de sus promesas y ha impulsado nuevos recortes. Merkel, de la CDU (derechas) ha instaurado el salario mínimo, aunque es verdad que ello ha sido debido a su pacto con la izquierda de Sigmar Gabriel. ¿Quién no recuerda aquello de que “bajar impuestos es de izquierdas” (Zapatero)?

                Todo esto nos lleva a un doble dilema: ¿las ideologías ya no existen? ¿Mandan entonces los mercados realmente?

                Existe la sensación de que gobierne quien gobierne las políticas económicas van a ser las mismas y que las diferencias ideológicas ya sólo afectan a cuestiones como la ley del aborto, los matrimonios homosexuales o la asistencia sanitaria a personas sin papeles. También existe la sensación de que las grandes fortunas no pagan en consonancia con sus riquezas debido a cuestiones como los paraísos fiscales o la ingeniería financiera. Este es un problema enorme ya que harían falta políticas globales y no particulares para arreglar este tipo cuestiones. No olvidemos que siempre que se habla de subir impuestos se dice que “cuidado no sea que los ricos se vayan a otros países y nos quedemos todavía peor”.

                Así, podemos intuir la contestación de las dos cuestiones anteriores.

                Primero, las ideologías han cambiado mucho. Sólo permanecen dos. Una, la del culto al dinero, la fama y el poder. Recuerdo un deportista de élite al que llaman “el rojo”. Decía que era comunista pero que no daba su dinero ya que “me lo he ganado yo”. Sí, el comunismo que más se lleva es el de “lo mío para mí y lo de los demás a repartir”. Dos, todos aquellos que, de buena fe, se introducen en diferentes organismos como partidos políticos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales u otros movimientos semejantes para intentar mejorar este mundo tan difícil en el que vivimos. Eso sí, ¿en qué grupo está cada persona? No es fácil saberlo, ¿verdad?  

                Segundo, es muy fácil saber los que gobiernan. Nadie gobierna contra sí mismo, por lo tanto deben ser los más beneficiados por el sistema. Esto nos lleva a las grandes corporaciones empresariales mundiales. ¿Se ha hecho algo por atajar estos problemas de inequidad fiscal, fuente de la gran desigualdad que sigue aumentando? Muy poco. Sólo se hará algo cuando haya grandes posibilidades de tener una revuelta social, pero ésta surge donde menos se espera como enseña el reciente caso de Bosnia. En definitiva, como dijo Warren Buffet, cuando vio que su secretaria pagaba más impuestos que él: “en esta batalla entre clases sociales la mía va ganando”.

Burbujas, pirámides y estafas (feb 14).

                ¿Quién no ha oído hablar del estallido de la burbuja inmobiliaria? Precios que suben y suben sustentados en el siguiente pensamiento: “los pisos siempre suben” hasta que al final llega un momento en el que las personas que están dispuestas a vender superan a las que están dispuestas a comprar y entonces los precios bajan, bajan, bajan. Estallido. Eso sí, que no nos digan que no estábamos avisados. En Japón las hipotecas eran de 100 años –sin duda, una bonita herencia de padres a hijos- y un centímetro cuadrado de terreno valía unos 600 euros. Se dice que sólo el terreno del palacio imperial de Tokio valía más que toda California.

                ¿Quién no ha oído hablar de los negocios piramidales? Son aquellos en los cuales los nuevos inversores ponen dinero para pagar los rendimientos  a los que ya lo habían puesto antes hasta que finalmente todo el sistema queda al descubierto. El caso estándar es el de Bernard Madoff en Estados Unidos, con una estafa valorada en unos 50.000 millones de dólares, en la cual prometía rentabilidades mucho mayores que las dadas por el mercado. Se llegaron a dar casos de personas que invertían todos sus ahorros en su “chiringuito” financiero y además pedían prestado al banco, por ejemplo al 3%, para ganar un 10% en este tipo de inversiones. Cuando se descubrió la estafa, perdieron sus ahorros y en algunos casos se quedaron endeudados de por vida. Incluso Madoff coincidió en la cárcel con un karateka que había invertido en sus productos financieros y que le rompió varias costillas.

                ¿Quién no ha oído hablar de estafas? Sí, lo primero que se nos vienen a la cabeza son las participaciones preferentes pero debemos hacer un matiz: hay personas que han ganado dinero en participaciones preferentes…si eran de las empresas adecuadas. Por supuesto, la estafa no está en la participación en sí misma, ya que ésta cumple ciertas condiciones financieras por las que el inversor paga. El problema está en el engaño, en que te prometen un rendimiento perpetuo cuando el mismo está sometido a los vaivenes de la empresa emisora. Como acertadamente señaló Manuel Conthe, antiguo presidente de la comisión nacional del mercado de valores (por sus iniciales CNMV, organismo que en teoría trata de proteger al inversor) el timo empezaba ¡en el nombre! La razón es que, en términos técnicos, las participaciones preferentes deberían haberse llamada obligaciones de deuda ultrasubordinada. Con ese nombre no habría vendido tanto, no.

                No es tan fácil distinguir una burbuja de una pirámide y de una estafa. Es cierto que una pirámide (llamadas de Ponzi debido al estafador italiano Carlo Ponzi en los años veinte del siglo…veinte) es un tipo de estafa. Pero a veces no es tan fácil detectarlas. Un ejemplo actual serían algunos casos  de marketing multinivel en el cual un inversor debe poner dinero para tener derecho a captar más inversores o clientes. No digo que toda empresa de este estilo sea una pirámide, por supuesto. De hecho, para evitar este tipo de problemas éste marketing está muy regulado. Sólo digo que hay que tener mucho cuidado.

                ¿Y las burbujas? Históricamente, la más conocida es la de los tulipanes en Holanda, la cual se dio en el Siglo XVII. En esta época, los bulbos de tulipán se pusieron de moda y en el caso más extremo se llegaba a cambiar un simple bulbo…¡por una casa! Fue famoso el caso del marinero que confundió una cebolla con un bulbo, se lo comió y estuvo un año en la cárcel. Se había comido el sueldo de todo el barco durante un año.

                En España, ¿quién no recuerda el caso de Terra? El precio de la acción bajó desde 157,65 euros hasta 2,75 euros. Era la famosa burbuja de las empresas punto com.

                ¿Qué burbujas, pirámides o estafas existen ahora?

                La primera idea es remarcar que las “mejores” son las que no se ven. Por ejemplo, existe un acuerdo generalizado en que la burbuja del deporte, en especial del fútbol, todavía debe estallar y bajar más, ya que no se generan todos los sueldos que se pagan. En otros deportes, como el baloncesto, balonmano o ciclismo parece que poco a poco las cosas vuelven a la normalidad.

                Es curioso observar cómo algunas burbujas que han explotado no han llamado mucho la atención. Un ejemplo tipo es el de las bodegas: como veíamos a famosos invertir en ellas, parecían un chollo. Sin embargo, han cerrado muchas.

                ¿Hay otras? El oro puede ser un ejemplo. En algunas inversiones se debe tener cuidado: acciones de Twitter y  Facebook, consultorías o incluso algunas franquicias. Llaman la atención  los cursos de formación y de emprendimiento, a mi juicio, muy saturados. En todo caso, nunca se sabe, ya que toda inversión depende de lo que hagan los demás.

                ¿Y las pirámides y las estafas?

                Cualquier producto financiero que de un rendimiento mayor que el habitual suele ser una estafa o una pirámide. Sabiduría popular: “nadie da duros a cuatro pesetas”.

                Las peores estafas son las legales: terrenos que se revalorizan de un día para otro, personas con ciertos privilegios, ingeniería fiscal, paraísos fiscales o algunas licitaciones públicas. También están las ilegales: sobornos, información privilegiada o economía sumergida.

                ¿Qué hacer?

                Uno: aprender a valorar una burbuja, una pirámide y una estafa.

                Dos: cuando las detectemos, denunciarlas.

Bienes, servicios, tiempo, emociones (feb 14).

                Siempre que se mide el PIB (Producto Interior Bruto) evaluamos los bienes y servicios que se producen en un país a lo largo de un período de tiempo. Y tiene su lógica, ya que cuando pensamos en negocios y en empresas observamos que la manera de generar valor es ofrecernos un bien (una barra de pan, un coche o un piso) o un servicio (un viaje, una gestión o cierta enseñanza).

                Lo que ocurre es que esa visión ha quedado anticuada ya que debemos tener en cuenta dos niveles superiores: el tiempo y las emociones. Vamos a ver cómo.

                La llegada de Internet ha cambiado el uso del tiempo de las personas. No hace tanto tiempo era común la reunión familiar de las diez de la noche en torno a la “caja tonta” para ver el programa de moda. Después llegaron las televisiones digitales pero resultaron ser una burbuja (una más) ya que ahora están desapareciendo canales o se están integrando unos con otros. Para empezar, esto ha cambiado el mercado publicitario: un programa de televisión puede tener un share del 12%, pero también habrá que tener en cuenta la cantidad de personas que están viendo dicho programa, ¿no? Al fin y al cabo, en términos de rendimiento publicitario es lo mismo un 12% de dos millones de espectadores que un 6% de cuatro millones de espectadores.

                Por supuesto, este cambio está afectando a los medios de comunicación impresos, que ven reducidos su difusión y sus ingresos publicitarios en un círculo retroalimentado por la “traslación” de gasto en publicidad a medios digitales. Pero es que el cambio es más profundo: el tiempo que estamos navegando en Internet no estamos haciendo otras cosas como ir al cine, a otro espectáculo o de compras. Es más, es conocido el caso de personas que van a las tiendas, se prueban la ropa y después cuando ya están seguras de que su talla es la correcta realizan la compra por internet.

                Uno de los mayores desarrollos de Internet son las redes sociales, las cuales han generado dos cambios fundamentales: la competencia en tiempo y los mercados en los que todo se lo lleva un único actor con todo lo que eso conlleva. Recientemente la red social Twitter estaba preocupada debido a que el tiempo medio que permanecía cada usuario en la misma había bajado de 15 a 12 minutos.

                Y esta competencia de tiempo no es sólo de internet, me llamó la atención la apertura de una cafetería en Londres en la que cada cliente consumía el café y el té que quería pagando únicamente por el tiempo que permanecía allí.

                Pero es que el principal negocio es el que viene dado por las emociones. ¿En qué consiste? En aquello de lo que hacemos un propósito  de vida. Existen varias posibilidades.

                El principal, el del fútbol. Es lógico y normal ser de un equipo de fútbol, pero si alguien decide volcarse en el mismo, el propietario del equipo y los medios de comunicación que viven de él ya tienen el negocio hecho. Y es que un negocio en el cual un aficionado llega a pensar…¡30 horas a las semana en su equipo! (es el caso del Manchester United según un estudio) es una fuente de ingresos para toda una vida. Pensemos en el negocio de las camisetas. Sólo por decir “producto oficial” se pagan barbaridades. Y que yo sepa, no están hechas de oro. Cuidado, que no defiendo las ventas ilegales. Sólo se trata de comprender el dinero generan estas emociones. Más. Se llega a pagar dinero por depositar las cenizas de las personas en los campos de fútbol o incluso se han visto esquelas con ¡un escudo de un equipo de fútbol!

                Hay más, por ejemplo, los partidos políticos. Lo mejor que pueden tener es muchos y muchos votantes dispuestos a votar a su partido o bien para que no gane el rival o bien ya que lo sienten como suyo, cuando hoy en día la ideología no existe salvo para algunas medidas como la reciente ley del aborto o de la educación. Las políticas que se han seguido estos años en España ya sabemos de dónde vienen, gobierne quien gobierne.

                Un ejemplo extremo sería una secta, en la cual los adeptos están dispuestos a dar una gran cantidad de dinero a su “gurú” y a tener una gran obediencia hacia el mismo.

                Seguidores acérrimos de grupos de música o diferentes artistas también estarían en este negocio de las emociones.

                El tema de las religiones es más profundo y personal y no lo incluyo en este tipo de negocio salvo una excepción: los fanáticos dispuestos a hacer cualquier cosa por su causa. En general los altos cargos de las religiones (sean obispos, rabinos o mulás) no pretenden enriquecerse  con las mismas.

                Sin embargo, en los casos anteriores sí. Es más, incluso están más unidos de lo que parece: recordemos la petición de un reciente indulto para un presidente de un equipo de fútbol o los rápidos acuerdos existentes en la alta política para mantener sus privilegios.

                Esto nos lleva a dos conclusiones:

                1.-  Una persona totalmente integrada en el negocio de las “emociones” será mucho menos crítica con el poder establecido.

                2.- Ponga un negocio de emociones en su vida. Sus clientes le serán siempre fieles.

 

 

 

Protestas (enero 14).

                Por desgracia, el mundo es un lugar en el que se dan muchas injusticias. Además, a los temas de siempre (hambre o guerras) se les añaden todos los relacionados con la crisis. En consecuencia, protestamos. Movimientos como el 15M, el PAH, manifestaciones, escraches o huelgas son ahora habituales. Ahora bien, ¿son eficientes? ¿Sí? ¿No? ¿Qué los diferencia? Es evidente que pocas personas estarán de acuerdo en usar la violencia pero si nos dicen que mediante la misma vamos a cumplir los objetivos, ¿la aplicamos al estilo de “el fin justifica los medios”?

                La forma más sencilla de protestar comienza mediante los dispositivos móviles. Las redes sociales son, en cierta medida, útiles para ello, aunque quizás son más un medio que un fin. Y son más una correa de transmisión que una protesta en sí misma. Gracias a ellas nos informamos de cosas que pasan, y sí, existen webs muy útiles para poder informarnos.

                Muchas veces aparecen también motivos reivindicativos en los whatsapp. Todos hemos visto amigos y conocidos que se solidarizan con el cáncer de mama, que critican los recortes o que protestan contra los políticos mediante fondos amarillos. También se puede añadir la gran cantidad de vídeos o historias que circulan con el famoso “pásalo”. ¿Son cosas útiles? Pienso que no. Es más, pueden llegar a ser contraproducentes, ya que dejan el efecto “pues yo ya me he quejado” y en consecuencia no se hace nada más.

                Eso sí, cuidado. En este contexto sí me parecen muy útiles campañas en las que mandando un mensaje aportamos una pequeña cantidad de dinero (suele ser de un euro) a una buena causa. Pero como siempre, cuando una protesta toca nuestro tiempo o nuestro bolsillo nos lo pensamos dos veces, ¿verdad?

                Vamos subiendo el nivel. Existen plataformas de internet donde se pueden ejercer diferentes peticiones; yo participo en una en la cual solicito al comisario de la Unión Europea Olli Rehn la separación de la banca en pública y privada. Además no puedo soportar el hecho de que el Banco Central Europeo preste a los bancos comerciales a un tipo y ellos presten a un tipo mayor o bien compren bonos de deuda a un interés mayor ganando dinero de la nada. Sí, lo sé. Lo he dicho muchas veces. Pero es una de las mayores estafas de nuestro tiempo. Pienso que este mecanismo se debe publicitar más y que en un futuro existirán plataformas en las cuales, además de protestar, se podrá poner dinero para evitar alguna injusticia. En definitiva, este tipo de plataformas (la más conocida es www.change.org) todavía tienen mucho recorrido.

                Llegamos a las movilizaciones ciudadanas. ¿Cómo son efectivas? La revista “El Jueves” (me parece indispensable leerla para conocer más asuntos de corrupción; no es una broma) realizó una clasificación que me dejó asombrado. En la misma, se estudiaban cinco características de las protestas: si mueven mucha gente, si toman la calle, si toman la calle mucho tiempo, si se convierten en un fenómeno mediático, si había desobediencia civil y enfrentamientos y a partir de ahí se valoraba si cumplían o no sus objetivos.

 

                El caso de Gamonal en Burgos cumple las cinco características y ha logrado sus objetivos. El 15M movió mucha gente, tomó la calle, además la tomó mucho tiempo y se convirtió en fenómeno mediático sin provocar desobediencia civil. No logró sus objetivos.

                El PAH (plataforma de afectados por la hipoteca) cumple las dos últimas condiciones: se convirtió en un fenómeno mediático y hubo desobediencia civil. Cumplió sus objetivos. Las mareas (por ejemplo, la blanca en defensa de la sanidad pública) mueven mucha gente, toman la calle poco tiempo y se convirtió en un fenómeno mediático. No suelen cumplir sus objetivos.

                Las huelgas generales mueven mucha gente y toman la calle poco tiempo. No suelen lograr sus objetivos. Las Femen se convirtieron en un fenómeno mediático y realizan desobediencia civil y enfrentamientos. Tampoco han logrado sus objetivos.

                ¿Qué conclusiones podemos sacar de todo ello?

                Es muy triste, pero sólo han logrado sus objetivos aquellas reivindicaciones que se han convertido en fenómenos mediáticos y promueven la desobediencia civil y los enfrentamientos. Por supuesto, no se trata de incentivar los enfrentamientos entre todos, basta observar situaciones extremas como las vividas actualmente en Ucrania y en Egipto.

                Pero está claro que existen una serie de privilegios enormes (impunidad, indultos a discreción, justicia a medida, concesiones públicas interesadas, corrupción política, puertas giratorias, favores regulatorios a grandes empresas; resumiendo, el capitalismo de amiguetes) difíciles de borrar.

                ¿Qué podemos hacer?

                Implicarnos con tiempo y/o dinero. Informarnos. Colaborar en diferentes organizaciones. Luchar por un mundo mejor. No conformarnos con lo que tenemos. Ser críticos. Pensar soluciones de forma constructiva. Leer. Aprender. Contrastar opiniones diferentes. Tener la mente flexible, sin ideas rígidas.

                ¿Y cuál es el futuro?

                No tengo dudas. Plataformas participativas en Internet donde se debatirán soluciones a problemas globales y se evaluarán las diferentes políticas de los gobiernos que no tendrán otro remedio que adaptarse a este avance social.

                ¿Lo veremos nosotros?

 

 

 

Davos (enero 14).

                Como todos los años desde 1.987, a comienzos de año se reúne en Davos la flor y nata de la élite económica mundial para debatir nuevas tendencias o circunstancias que pueden marcar el mundo en el que vivimos. Davos es una ciudad suiza y es la base del inolvidable libro de Thomas Mann, “La montaña mágica” en la cual se narran las peripecias de Hans Kastorp en un sanatorio para enfermos mentales.

                A esta reunión se le llama el Foro Económico Mundial (WEF) y fue fundada por Klaus Schwab. Este año el tema de la reunión es “La remodelación del mundo: consecuencias para la sociedad, la política y los negocios”. Como Schwab argumentaba en un reciente artículo en “El país”, el objetivo es “expresar la necesidad de que los dirigentes reevalúen de arriba abajo cómo se están moviendo las placas tectónicas mundiales para predecir los terremotos que sabemos que se avecinan y reaccionar de forma más adecuada a ellos” ya que “los líderes tendrán que saber estar por encima del torbellino de crisis inmediatas”.

                Ahora bien, ¿estas reuniones sirven para algo? ¿Se generan ideas que sirven para mejorar el mundo? ¿O son ideas debatidas por parte de la élite mundial para mantener sus privilegios?

                Actualmente están aumentando las desigualdades ya que según Noam Chomsky 100 familias tienen el 76% de la riqueza mundial y la tendencia parece aumentar. El paro juvenil se estima en 73 millones de personas. Persisten tensiones geopolíticas en oriente próximo o Africa (ahora el caso más sangrante, no el único, es el de la República Centroafricana). Además aparecen nuevas tensiones entre superpotencias como Japón y China, o la reciente inestabilidad en Ucrania.

                Sí, el diagnóstico no es bueno, no. Entonces, ¿qué soluciones hay?

                Las soluciones que nos den son las que nos van a decir si, en efecto, los allí reunidos buscan mantener su estatus o mejorar el mundo. En este caso hay dos posibilidades: una mejora pequeña para que “no me toquen lo mío” y no haya un gran levantamiento popular o una mejora real renunciando a muchos privilegios. Por supuesto, abogo por la primera opción.

                De la misma forma que en la reciente reunión entre Obama y Rajoy ya sabíamos que el presidente norteamericano iba a decir que alababa los esfuerzos de España para contener el déficit pero que seguía muy preocupado por la tasa de paro, también ahora podemos aventurar las conclusiones:

                Nos dirán que la crisis mejora y que ya no hay peligro de ruptura del euro.

                Nos dirán que la sociedad avanza y que ahora lo importante es la igualdad de oportunidades, no la económica.

                Nos dirán que las personas deben preocuparse por su futuro y que el Estado de bienestar ya no puede cubrir a toda la población, sólo puede hacerlo (y no siempre) en el caso de los más desfavorecidos.

                Nos dirán que los gobiernos no deben dormirse en las reformas estructurales y que todavía falta mucho por hacer.

                Nos dirán que no hay que dormirse con el asunto del cambio climático y que todos los países deben hacer un pequeño esfuerzo.

                En resumidas cuentas, nos dirán que sí, se ve luz al final del túnel.

                Lo importante es lo que no nos dirán:

                No nos dirán que los gigantes tecnológicos y globales usan la ingeniería fiscal y los paraísos fiscales para pagar menos impuestos (en España los gigantes tecnológicos sólo dejan 1,2 millones en impuestos) y que hay que arreglar esta competencia desleal.

                No nos dirán que el sueldo de los grandes directivos, que llega a ganar más de 350 veces el salario de un trabajador normal, es inmerecido. Al fin y al cabo ellos son muy buenos y por eso están ahí.

                No nos dirán que el desigual reparto de la renta hace que los más ricos inviertan sus excedentes en la bolsa o el sector inmobiliario generando burbujas que desestabilizan la economía.

                No nos dirán que esta crisis mezcla falta de demanda, gran capacidad de producción global e infraconsumo y que la única solución posible es repartir mejor la renta para fomentar el consumo y así salvar el capitalismo (lo harán cuando la cosa esté al límite de la misma forma que llevaron la prima de riesgo española al límite para poder ganar más dinero en intereses).

                No nos dirán que en los niveles más altos el mercado es corrupto con diferentes oligarquías compinchadas entre sí: es el llamado capitalismo clientelista. Si no fuese así, ya habrían metido mano al problema de las multinacionales que tienen filiales como empresas diferentes según les interese en términos fiscales y de costes.

                No nos dirán que la economía ha pasado a ser del 99-1; el 99% de la riqueza para el 1% de los actores.

                Eso sí,  no descarto declaraciones tipo “hay que refundar el capitalismo”.

                Es un patrón recurrente en la historia humana.

                Cambiar las cosas para que sigan igual.

                Javier Otazu Ojer.

¿Es posible otra política? (enero 14)

                Comenzamos un nuevo año con los partidos políticos en la lista como uno de los mayores problemas, junto con el paro y la corrupción, que existen aquí en España.

                El margen de soluciones va desde los antisistema que piden un cambio absoluto hasta los propios partidos que dicen “haber aprendido de los errores para así poder enmendarlos en el futuro”. Recuerdo las elecciones del año 1.993, cuando  Felipe González ganó las elecciones a José María Aznar pese a estar enfangado en casos de corrupción, la crisis posterior a los fastos del 92 o a tener el problema de la guerra sucia del GAL. Una vez conocida la victoria electoral, Felipe González dijo: “ya he entendido el mensaje de los electores. No volverá a ocurrir”.

                Por desgracia no hemos aprendido. Es verdad que posteriormente hubo una época de gran crecimiento económico súbitamente paralizado con el comienzo de la crisis financiera en el año 2.008. ¿Hubo más o menos corrupción en esa época?

                   Según múltiples análisis existió la corrupción de siempre como supuestamente demuestran los papeles de Bárcenas o como ha quedado bastante verificado mediante la trama Gurtel o la de los EREs en Andalucía.  Lo que ocurre es que por la razón que sea, cuando la economía va bien parece que la corrupción no importa tanto. Cuando va mal, se ve peor. Cosas de nosotros, los seres humanos.

                Desde luego, la corrupción no es sólo aplicable a España. Existen casos en casi todos los países, aunque unas culturas sean más proclives que otras a tener este tipo de comportamientos.

                Ahora bien, se quiera o no, en todo este tiempo no ha aparecido ninguna solución aceptable para este problema. Es más, es posible que si el sistema es tan corrupto habrían aparecido algunos políticos, sobre todo aquellos que no tienen incentivos económicos (que los hay, o bien debido a que son ricos, o bien debido a que lo hacen por aportar algo a la sociedad o bien lo hacen por las dos razones conjuntas), que habrían denunciado el sistema.

                Ahora bien, ¿ha aparecido alguno?

                Que yo sepa, no. ¿Entonces? ¿Dónde está el problema?

                Está claro: en la estructura de incentivos del sistema. Dicho de otra forma, el funcionamiento del sistema de partidos políticos hace que cada persona deba rendir cuentas al partido de lo que haga ya que la estructura de poder es muy rígida y fuerte. En términos técnicos esta estructura llega a ser (como han denunciado algunos expertos) incluso dictatorial. Eso hace que las críticas y debates internos disminuyan. Vamos, el efecto de estar rodeado de “palmeros”. Pero es que todavía hay más. El circo mediático que rodea a los políticos de más alto nivel también influye en la percepción que tienen de la realidad ya que les hace parecer más importantes de lo que son. Y eso les lleva a aislarse más; es el famoso efecto de la “torre de marfil”.

                ¿Hay alguna solución posible? ¿Qué se puede hacer?

                Están apareciendo nuevos tipos de partidos, unos de corte populista y asociados a la extrema derecha (de ahí viene su gran desarrollo con Amanecer Dorado en Grecia, el Frente Nacional francés o incluso los efectos de políticas como las de Orban en Hungría o Cameron en Gran Bretaña), otros que creen en una posible reforma del sistema.

                En un contexto en el que la población está dejando de creer en los partidos, ¿hay alguna posibilidad? ¿Qué se debería exigir a un partido?

                Uno, que sepa diagnosticar la situación económica. Pocos lo han hecho. Vivimos un cambio de sistema económico y social con una tasa de paro estructural que va a ser enorme durante muchos años. Y eso hay que gestionarlo. Situaciones nuevas exigen soluciones nuevas.

                Dos, diálogo con todos los sectores de la sociedad. Reuniones con ONGs, ancianos, colectivos desfavorecidos, estudiantes universitarios, parados o intelectuales diversos. Todos tienen su visión y sus ideas. Todos pueden aportar algo. Ya basta de sacarse sólo fotos con grandes empresarios y otros líderes políticos.

                Tres, posibilidad de discrepar, dentro de un orden, dentro del partido. Un diputado se debe a sus votantes, no al aparato. Ello nos lleva a la necesidad de realizar primarias. Es decir, al fin del procedimiento digital.

                Cuatro, que sea capaz de afrontar con valentía el fin de los derechos adquiridos como coches oficiales, grandes subvenciones, viajes en primera clase o la facilidad para entrar al sector privado en empresas con las que se ha colaborado anteriormente (puertas giratorias).

                Cinco, que tenga un relato creíble. Que inspire. Que sea transparente. Que ofrezca confianza. Que piense que la política es servir, no servirse. Que crea en la figura del profesional de la política, no del político profesional. En resumidas cuentas, que piense que se puede usar la política para mejorar al mundo y a la sociedad.

                ¿Dónde puedo ir?

Del precio-coste al precio de reserva-valor (ene 14).

                ¿Qué vale más? ¿Un diamante o un litro de agua? Está claro, ¿verdad? Sin embargo el primero no es necesario para la vida y el segundo sí. De hecho, en circunstancias críticas podríamos cambiar muchos diamantes por un litro de agua, ¿no?

                En economía siempre ha existido un debate acerca del valor real de las cosas, debate que se expone mediante la conocida “paradoja del agua y los diamantes”.

                Ya advirtió Antonio Machado que “sólo el necio confunde valor con precio”. Y para comprender estas ideas existen cuatro conceptos básicos: coste, precio, valor y precio de reserva.

                El coste de un bien es, aunque sea una redundancia, lo que cuesta fabricarlo. Es fácil evaluar, para un agricultor, el coste que le supone recoger cada kilo de uva: basta dividir los gastos totales entre la cosecha total. Sin embargo, otras veces no es tan fácil: pensemos en una gran empresa que fabrica diversos bienes. ¿Cómo asignamos el gasto en contabilidad o en marketing a cada bien? ¿Por cantidad vendida o por precio unitario? Es difícil, sí. Además, permite la denominada “ingeniería contable”.

                El precio de un bien es la cantidad de dinero que pide quien lo posee por su entrega. Salvo casos en los que se ejerce un regateo es fijo y se supone que está por encima del precio de coste. Eso sí, puede ocurrir que una empresa ofrezca precios por debajo del coste para copar un mercado y luego recuperar el dinero perdido subiendo precios. También puede ocurrir que un gran centro comercial ofrezca “ofertas golosas” bajo coste ya que las personas suelen comprar muchos bienes cuando acuden a estos centros. En ambos casos, ésta es una práctica prohibida llamada dumping que sin embargo es difícil de demostrar.

                El precio de reserva es la máxima cantidad de dinero que un comprador está dispuesto a pagar por la adquisición de un bien. Es variable, depende del momento del día o del ánimo. A media mañana el precio de reserva por consumir un cubata puede ser muy bajo, pero de madrugada dicho precio sube. En Japón existen supermercados en los que el precio de un bien ¡cambia varias veces a lo largo del día! En Estados Unidos tiendas que abren durante toda la noche son más caras ya que a esas horas los consumidores están dispuestos a pagar más por sus compras.

                   Para que exista la compraventa el precio de reserva debe ser mayor que el precio de venta, es decir, si me venden un periódico a 3 euros el comprador debe a estar dispuesto a pagar por el mismo al menos tres euros (yo tengo mi propio precio de reserva para comprar periódicos pero lo voy a omitir…). Un buen vendedor es aquel que sabe percibir el precio de reserva de un comprador y además posee dialéctica para elevarlo, sobre todo si se dedica a vender productos negociables como pisos o coches de segunda mano.

                   Queda el valor. Eso sí es difícil de medir, ya que en un mundo dominado por la economía muchas cosas quedan fuera del mercado: el agua del río, el aire, el paisaje, nuestras ilusiones o penas, la luz de un atardecer o partes del ser humano (por desgracia, existen mercados negros de riñones u otros órganos vitales).

                    Una nueva rama de conocimiento que se está desarrollando es la Bioeconomía, que busca enlazar, como su nombre dice, la biología y la economía. Tony Juniper, profesor de esta área en la universidad de Cambridge, evalúa en 73 billones de euros la cantidad de dinero que nos “regala” la naturaleza en forma de fotosíntesis, polinización, fertilidad de la tierra, reciclaje de residuos, limpieza del aire, captura de CO2 o protección natural contra los desastres. Mucho menos que el PIB mundial, de unos 45 billones de euros. Es más, la destrucción de la naturaleza, a efectos económicos, aporta PIB: pensemos en la extracción de petróleo o en la desforestación de los bosques y las cifras son ya para echarse a temblar. En este contexto, el economista francés René Passet ha escrito en gigantesco ensayo donde expone todas éstas teorías. Su título: “Bioeconomía”. No podemos olvidar, si nombramos pensadores en éste ámbito, al español José Manuel Naredo o el rumano Nicholas Georgescu Roegen.

                   Por desgracia, muchas de las decisiones que tomamos en nuestra vida están basadas en la relación precio – coste. Yo, sin embargo, prefiero la relación precio de reserva – valor.

                     Cuando nos hacemos nuevos propósitos (en especial enero o septiembre) siempre escuchamos las mismas cosas: aprender inglés, perder kilos, enfadarnos menos o ganar más dinero. Es aburrido, todos los años tenemos la misma canción. ¿Por qué no revisar el precio de reserva de lo que compramos o el valor que damos a las cosas?

                    Muy sencillo. Sólo sabemos evaluar aquello que tiene precio. Y eso, en términos de valor, suele ser lo que menos vale.

Circo mediático (dic 13).

                Un patrón recurrente a lo largo de la historia es el del “pan y circo” romano, el cual es más que conocido por todos.

                También es conocido por todos que hoy en día hay tres escenarios en los que se puede hablar de “pan y circo”; el deporte (en especial el fútbol, ya que la fórmula 1, el tenis y el baloncesto están sobredimensionados debido al efecto que causan en los mismos deportistas difícilmente repetibles como Fernando Alonso, Rafael Nadal, Pau Gasol o Juan Carlos Navarro), el corazón y la política.

                Pues bien, a estos tres escenarios quiero añadir uno que tiene una importancia especial en el mundo en el que vivimos: el circo mediático.

                Conocemos muchos tertulianos que entran en estos círculos, de estos que vemos en debates de televisión, y ahí están: en programas de televisión, en la radio, escribiendo columnas en prensa, comentando cuestiones obvias como que “es una vergüenza que los violadores y los pederastas están en la calle”. Sí, claro. Pero es que eso ya lo veo yo.

                Y este problema es gravísimo, ya que condiciona nuestra forma de ver el mundo. Y si no vemos el mundo como es, no podemos diagnosticar bien los problemas. Y si el diagnóstico es malo, la solución no puede ser buena. Y así nos va.

                Nadie mejor para expresarlo que Mario Vargas Llosa, cuando comenta el riesgo de que desaparezcan los libros de papel: “si los libros de papel desaparecen porque los entierran las tabletas temo mucho que suceda lo que sucedió con la televisión: que vayamos hacia una literatura quizá divertida, pero absolutamente banal. Y no sólo perderemos una fuente del placer intelectual, sino de espíritu crítico. El arte del puro entretenimiento (contar el que no tengo nada) no estimula la conciencia crítica y no permite entender la sociedad como algo problemático. Es un estupefaciente pasajero. Y eso es gravísimo para la cultura. En esa dirección podríamos tener una sociedad completamente controlada por la técnica”.

                A veces ese aspecto de la televisión lo diviso en los diferentes medios. Pienso que un buen analista debe cumplir una de estas tres condiciones. Primera, ser experto de un tema puntual como el mal de las vacas locas, el clima o la energía nuclear. Por supuesto, este tipo de analistas sólo podría salir de cuando en cuando. Segunda: ver lo que nadie ve o divisar patrones ocultos. La visión anterior de Vargas Llosa es un buen ejemplo, otro es comprobar que las catedrales de nuestro tiempo son los campos de fútbol. Tercera: tener una amplia cultura general acompañada de una gran visión histórica que le permita relacionar unos problemas con otros en el espacio y en el tiempo. Observar que para la segunda condición no es necesaria la tercera, aunque ayuda, ¿verdad?

Un intelectual de categoría sería alguien que cumpliese las tres condiciones. Y estas personas son las que nos deberían ayudar a ver el mundo como realmente es. Y por lo tanto, deberían ser las referencias de un país, como Jurgen Habermas en Alemania o Edgar Morin en Francia, por citar algunos de los más famosos. No entro en su ideología, ya que cada uno debe tener la suya, lo que deseo destacar es su influencia.

                Sin embargo, ¿qué debates  tenemos en España?

                Escándalos de corrupción. Cotilleos del corazón como ciertos embarazos. Debates interesados en el deporte la suplencia de algunos jugadores o el tipo de juego de algún equipo. Aparecen nuevas “esperanzas” políticas que van a lograr la regeneración del partido del Gobierno o del de la oposición. La verdad, es un absurdo absoluto: desde el fracaso del gran filósofo griego Platón al intentar hacer política en Siracusa sabemos que un político no tiene los incentivos ni los medios adecuados para desempeñar efectivamente su tarea con cargo al bien común (ya decía Churchill que sus enemigos estaban en su partido).  Y el colmo de los colmos es que luego estos políticos ganan dinero vendiendo libros explicando ¡¡cómo nos mintieron!!

                El circo mediático estimula unos debates, elimina otros.

                Yo quiero otros debates. Me gustaría ver un debate sobre las diferentes fuentes de energía, para discutir si nos interesa invertir en gas,  en energía eólica o en energía solar. No se hace. Me gustaría ver un debate donde se desglosase el gasto público fijo (administración, profesores, policías…) y el variable (infraestructuras, ayuda social, incentivos fiscales, subvenciones a partidos, sindicatos o patronales). No se hace. Me gustaría ver un debate para conocer con números reales el problema de las pensiones futuras. No se hace. Me gustaría ver un debate acerca de los diferentes tipos del Islam, para comprender mejor las disputas entre chiíes y suníes. No se hace. Me gustaría ver un debate sobre cómo podemos crear un futuro mejor para los jóvenes cuya solución no sean las dichosas “reformas estructurales”. No se hace.           

                Mañana, como todos los días, leeré varios periódicos, oiré la radio.

                Me dirán las noticias: nuevos escándalos, más desgracias, alguna estadística interesada, alguna declaración grandilocuente de personas involucradas en todos los circos que conocemos.

                Como todos los días, intentaré comprender mejor el mundo que me rodea.

                Como todos los días, no dejaré que el pensamiento crítico me abandone.

 Memes (dic 13).

             Recuerdo la epidemia de las “vacas locas”, cuando todos teníamos miedo de que algún virus se nos infectase y acabásemos enfermos. Muchas películas de cine, muchos libros, han advertido sobre riesgos de una pandemia global o sobre otro tipo de enfermedades generadas por virus. De hecho, es sabido que es más fácil atacar a una bacteria que atacar a un virus. Y eso está bien. Pero hay una serie de virus a los que no hacemos mucho caso: los virus mentales.

                Para comprender su efecto, pensemos en los “memes”. Una vez que el ser humano desarrolló la cultura (“la cultura es, en líneas generales, todo lo que hacemos nosotros pero no hacen los monos”; Fitz Roy Richard Somerset) aparecen las ideas. Y con ellas, los replicadores culturales que existen en nuestra mente y cuyo propósito es hacer que se transmitan a otras mentes. Es también sabido que Richard Dawkins acuño el término “meme” para definir a “estas unidades de evolución cultural, que como los parásitos cerebrales biológicos, no tienen por qué desarrollarse en pro de nuestros intereses, sino de los suyos propios. Por lo tanto, cuando repetimos lemas publicitarios, contamos chistes o somos incapaces de quitarnos una canción de la cabeza, se apropian de nuestro cerebro cosas que no tienen ningún valor para nosotros y hasta adquieren boca y cuerdas vocales a fin de invadir el de otro individuo” (de Mark Pagel en su libro “Conectados por la cultura. Historia natural de la civilización”).

                Pues bien, a mi juicio estos denominados parásitos cerebrales biológicos son peligrosos para nuestra vida. No en el sentido de la salud. Sí en el sentido de que sea más plena. Incluso en el sentido de luchar por un mundo más justo.

                Ejemplos de memes son ideas como “los pisos siempre suben”, “hay que estar siempre conectado a Internet”, “hay que buscar un trabajo fijo”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “la culpa de la crisis es de los inmigrantes que nos roban los puestos de trabajo”, y tantos otros.

                Ahora que he nombrado a los inmigrantes, deseo indicar la noticia que más me ha asombrado últimamente, con mucha diferencia. Los inmigrantes suelen mandar remesas a sus tierras de origen para ayudar a sus familias. Pues bien, en España ya es más el dinero que mandan los emigrantes españoles a nuestro país que al revés .Entre abril y junio de este año, 1.591 millones de euros enviaron los españoles que viven fuera (dos millones de personas) a sus familias. Esa debería haber sido la noticia de la semana. En fin, son cosas que no puedo comprender. Volvemos a los memes.

                Existen memes culturales como los de los chinos “levántate 360 días al año antes del amanecer y la prosperidad de tu familia verás crecer” (¡¡¡por esto están programados para trabajar tanto!!!), u otros memes como los de la edad media: “debes vivir en la pobreza más absoluta que hallarás la recompensa en el reino de los cielos”.

                Nuestro meme cultural actual es: “hay que casarse, tener empleo fijo, tener hijos y ver que hace tu equipo de fútbol el fin de semana” (sí, lo he dicho muy simplista, pero a veces es así).

                Otro meme cultural famoso es el del “sueño americano” (si trabajas duro y peleas por tus sueños llegarás lejos”). Por cierto, ¡¡¡¡Este meme es falso!!!! Está demostrado que es más fácil prosperar en Europa en comparación con Estados Unidos.

                Es más. Si a los americanos les preguntan el tipo de país en el que desean vivir, sin saber el nombre (sólo dicen sus características principales) eligen Suecia (que está considerado el país más igualitario del mundo). Sin embargo, si les dan una lista de países, eligen, claro, Estados Unidos.

                Pero es que voy a otra idea preocupante: los memes falsos que nos han transmitido las élites financieras con unos medios que muchas veces…¡están controlados por ellos mismos! (Fuente: “Un reportero en la montaña mágica. Cómo la élite económica de Davos hundió el mundo”, Andy Robinson”).

1.- Es justo que un consejero delegado cobre 350 veces más que un trabajador, ya que está preparado para ello y ha tenido que estudiar y prepararse mucho para llegar hasta allí.

2.- Subir impuestos a las grandes fortunas es malísimo ya que en ese caso siempre irán a un país donde se tribute menos. Aunque nos parezca mentira, después de la crisis del 29 la ostentación de riqueza y consumo estuvo mal vista durante tres décadas. ¿Ha pasado eso ahora? ¡No! Queremos ser como los ricos aunque los critiquemos de forma brutal. Muchas veces es envidia.

3.- El filantrocapitalismo es mejor que el Estado para arreglar los problemas de la desigualdad, ya que el Estado es un ente formado por burócratas con una ineficiencia enorme (esta es una de las grandes estafas de nuestro tiempo: grandes empresas que pagan menos impuestos mediante ingeniería fiscal mejoran su imagen financiando eventos deportivos o semejantes).

                A mi juicio, el meme más perverso que aviva en nuestra mente es: “ya saldremos de la crisis, de las crisis siempre se sale. De una forma o de otra, todo se arreglará”.

                ¿Por qué es perverso?

 Nos deja pasivos, pensando que “otros” nos sacarán del atolladero. Así, olvidamos nuestra propia responsabilidad individual.

                Aunque a veces es difícil abstraerse de todo lo que es nuestro mundo, uno procura usar un único meme: “revisa de forma constante tu sistema de creencias, duda de todo”.

                En definitiva, menos revisiones de virus naturales, más revisiones de virus artificiales.

                Y ante la duda, consulta a tu médico.

Efecto manada (nov 13).

“La mejor fortaleza de los tiranos es la inacción de los pueblos” (Nicolás Maquiavelo).

                ¿Dónde va la gente?

                Uno de los aspectos que mejor explica el funcionamiento de la bolsa es el llamado efecto manada, aunque muchos autores le llaman también efecto manada o efecto rebaño. Consiste en que los inversores tienden a hacer lo que hacen los demás.

                Es decir, cuando sube la bolsa todos a comprar, y cuando baja todos a vender. Es así. De hecho, un experto financiero contestó, cuando le preguntaban cuál era su truco para vender en bolsa, que lo hacía cuando “mi limpiabotas me dice que compre”. Una recomendación semejante a ésta es “compra miedo, vende euforia”. Y sí, ahora parece un buen momento para comprar, ya que las perspectivas son crecientes.

                El efecto manada explica muchas compras de activos, por decirlo en forma suave, dudosos, como las célebres “participaciones preferentes”. Muchas personas, estafas aparte, compraban participaciones debido a que compraba todo el mundo (por cierto, la estafa empezaba desde el nombre. Como señaló con acierto Manuel Conthe, antiguo presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, deberían haberse llamado “participaciones de deuda ultrasubordinada”). Lo mismo ocurrió en casos como el de Fórum Filatélico, con pueblos enteros arruinados.

                Y es que para muchos expertos de la bolsa la clave de su éxito está en la siguiente máxima: “un individuo puede equivocarse. La manada (el vulgo, en términos de Maquiavelo) se equivoca siempre”. Y ganan así, apostando en contra de todos.

                Veamos otros casos de efecto manada, como cuando estamos de visita en una ciudad que desconocemos, y no sabemos cuál puede ser el mejor restaurante. ¿Dónde vamos? Pues está claro: donde hay más gente. Si vemos uno vacío decidimos ya que pensamos que “por algo será”. Y es que no podemos olvidar un principio básico: no siempre lo que hace la mayoría es lo mejor. Es más, puede que sea lo peor.

                Una de las formas más excitantes de aprender economía y comprender el funcionamiento del mundo es trasladar una regla de comportamiento, como la que hemos definido “comportamiento manada”, a otras pautas.

                Pensemos en nuestra forma de vida. ¿No es un poco manada? Nacemos, estudiamos, buscamos un trabajo, nos emparejamos, tenemos hijos, éstos crecen y se van de casa, nos jubilamos (mientras se pueda) y ya está. Terminamos viviendo de una forma completamente mecanizada, pensando cada vez menos. Hacemos lo que hacen los demás ya que “es lo correcto”. Y cada vez estamos más atontados con la tecnología. No sé, si como dicen algunos expertos, tanta tecnología está cambiando nuestro cerebro. Posiblemente sí, debido a la capacidad ya demostrada de la neuroplasticidad cerebral. Pero es que la tecnología ya ha cambiado…¡el manejo de los dedos de los niños!

                Los mayores todavía manejan mejor el dedo índice. Los niños, acostumbrados a jugar con los móviles, manejan mejor el dedo pulgar.

                Hoy en día las tertulias son un poco más pobres: suelen consistir en la vida de los demás, en acontecimientos deportivos, en como roban los que están arriba, en los programas del corazón y por supuesto, en el intercambio habitual de fotos y vídeos por teléfono móvil. Y es que no podemos dormirnos; como todos lo tienen todos nos subimos al mismo carro: Internet, correo electrónico, móvil de penúltima generación (cada día sale uno nuevo). Las opiniones tienden a ser comunes en muchos temas y nos vamos adormeciendo. Por cierto, hay un aspecto muy divertido en estos debates. Antes de la crisis, nos comparábamos con el que ganaba más dinero y queríamos llegar al menos a su nivel. Después de la crisis nos comparamos ¡con alguien que está peor! Es un consuelo humano e inevitable.

                En este contexto, es curioso como (lo admito, a mí también me pasa) vemos a los demás como “borregos” y a nosotros mismos como personas con más capacidad de razonamiento y con una vida más libre. Pero, ¿seguro que es así?

                Creo que la sociedad civil se está aletargando y que nos estamos quedando a vivir en un sálvese quien pueda. Amigo lector, echa un vistazo a tu alrededor. ¿Cuántas personas de las que conoces tienen proyectos con los que esperan subir el sueldo? Sin duda, la mayoría firmamos seguir como estamos y punto. Como los demás.

                Esta idea la explica de forma sensacional Delia Rodríguez en su libro “Memecracia. Los virales que nos gobiernan” según los comentarios de uno de mis intelectuales de referencia; Mihaly Csikszentmihalyi: “Si no conseguimos controlar nuestra atención viviremos en piloto automático y decidirán por nosotros los genes con los que nacimos y los memes (aspectos culturales que se propagan) que aprendimos. Los instintos biológicamente programados nos usarán para replicar material genético que llevamos; la cultura se asegurará de que la usamos para propagar sus valores e instituciones y otra gente intentará coger la máxima energía nuestra posible para conseguir su propia agenda. No podemos esperar que nadie nos ayude a vivir, debemos descubrir cómo hacerlo por nosotros mismos”.

                Muchas veces tengo la sensación de que nos han programado, de una forma u otra, para vivir así, ya que no hay mejor manipulación que tener la sensación de no estar manipulado y ser libre.

                ¿Lo somos?

                ¿O seguimos juntos, en la manada, haciendo lo “correcto” y sin movilizarnos pensando que “total, todo va a seguir igual”?.

                ¿Dónde va Vicente?

La política del interés personal y del corto plazo (nov.13)

Una célebre película de James Bond se titula “el mañana nunca llega”. En cierta medida es verdad, ya que siempre es hoy. Pero esta filosofía, junto con la del “Carpe Diem” (vive la vida al instante) puede generar un futuro tenebroso. Y mucho cuidado, que entiendo que se debe aprovechar cada día como si fuese el último. Pero no haciendo actividades que sólo repercutan en nuestro bienestar a corto plazo, puesto que a menudo, lo que es bueno hoy (una copa, un gasto con dinero que no tengo) es malo mañana (resaca o peor salud, devolver una deuda con intereses).

                La derogación de la doctrina Parot ha traído múltiples controversias. Hay a quien le parece justa debido a que no se puede legislar de forma retroactiva, hay a quien no le parece justa debido a que no puede ser que cada asesinato de Inés del Río le suponga únicamente un año de cárcel. El Gobierno ha optado, como acostumbra, a quedarse por el camino de en medio: acatar la norma y decir que le parece injusta reseñando aquello de que “a veces el derecho no va de acuerdo con la justicia”.

                Si el Gobierno habría estado en contra de una derogación que se veía venir, posiblemente habría tomado otra serie de iniciativas jurídicas. El modelo más conocido es el de Gran Bretaña, que tiene potestad para no hacer cumplir, si así lo desea, los dictámenes del Tribunal de Estrasburgo. Por supuesto, hay quien piensa que todo estaba pactado, hay quien piensa que ha sido desidia. Las dos razones son lamentables.

                ¿Qué ocurre con las políticas actuales? Las evaluamos tan sólo a corto plazo, y olvidamos medidas que se hicieron hace mucho tiempo y que todavía pueden ser perversas. Es el doble drama de las instituciones, las cuales las llevan personas. Estas personas, como es normal, piensan primero en sí mismos y gobiernan a corto plazo. Por desgracia, las instituciones deberían gobernar para los demás y a largo plazo. Aquella célebre frase de la ministra alemana que al dimitir dijo “primero Alemania, después el partido y por último yo” aquí es “primero yo, después el partido y por último España”. Claro que ningún político es tan necio como para decir esta última frase, aunque se pueda comprobar con hechos.

                La mejor forma de evaluar esta idea es con ejemplos.

                Primero, si se gobernase a largo plazo seguro que se podrían haber tomado medidas jurídicas para evitar la salida de la cárcel de asesinos no convictos o de violadores.

           Segundo, si los políticos no gobernasen para su interés habrían eliminado muchas de las subvenciones que tienen ¡¡¡para ellos mismos!!!

              Tercero, si se gobernase a largo plazo no se habría emitido la deuda de una forma tan irresponsable como se hizo, llegando a tener un déficit de más del 10%. Más aún, en la época en la que la economía iba bien se habría ahorrado para cuando llegase la época de “vacas flacas”.

              Cuarto, si los políticos no gobernasen para su interés se habrían preocupado de reducir una gran parte del gasto público improductivo.  

               Quinto, si se gobernase a largo plazo se habría realizado, de verdad, un análisis coste beneficio de inversiones ruinosas como el AVE (todas ciudades querían su estacioncita), las autopistas, los aeropuertos o semejantes. No se hizo.

                Sexto, si los políticos no gobernasen para su interés existiría un régimen de incompatibilidades para entrar de consejeros en las grandes empresas (puertas giratorias), no habría subido el número de asesores o permitirían más transparencia y participación en los presupuestos.

                Si hoy en día se gobernase a largo plazo se invertiría más en investigación (lo que le ha costado al CSIC lograr dinero…¡no le ha faltado nada para ir a “entre todos” a pedir!).

                Si hoy en día se gobernase por el interés común los partidos principales habrían pactado leyes tan importantes como la educación.

                Si hoy en día se gobernase a largo plazo se habrían acometido planes estratégicos de industrialización o de mejora rural para crear un desarrollo económico sostenible en el tiempo, un desarrollo económico que no sea un pelotazo.

                Si hoy en día se gobernase por el interés común los gobiernos habrían tomado medidas más duras para evitar las evasiones fiscales de las grandes fortunas o para dinamitar los paraísos fiscales que sólo benefician a los que más tienen.

                Si hoy en día se gobernase a largo plazo los poderes públicos trabajarían para crear una mayor concienciación medioambiental y con la pobreza mundial (son dos problemas que pueden dejar lo que estamos viviendo como una crisis ridícula).

                Si hoy en día se gobernase por el interés común la justicia no estaría politizada y la corrupción sería combatida con la mayor energía para que no mereciera la pena ejercerla.

                Si hoy se gobernase a largo plazo se estaría preparando un plan para un próximo estallido social: el de personas sin trabajo ni dinero, el de personas sin ninguna pensión debido a que no han podido trabajar el tiempo necesario para generarla, sea por la circunstancia que sea.

                Es una pena que las motivaciones humanas no encajen con el bien común.

                Es una pena mayor que no se busquen, sabiendo esto, mejores mecanismos de gobernanza.

                La mayor de las penas es que si seguimos así vamos a peor.

Cambiarnos a nosotros mismos: el modelo de negocio personal (oct.13).

                Son tiempos difíciles para la búsqueda de trabajo. Pese a todo lo que dicen los indicadores económicos, se está perdiendo alegría. Es difícil vivir sin expectativas, sin ilusiones, sin sueños o esperanzas. Y sí, el mundo es injusto, y como se dice de manera conformista, “es lo que hay”. Pero, ¿nos gusta lo que hay? Posiblemente a los nuevos millonarios españoles (que han aumentado) sí, pero a la mayoría de la gente, no.

            Hay dos formas de cambiar lo que hay: una es cambiarnos a nosotros mismos, otra es buscar mecanismos para mejorar el sistema. En este artículo voy a desarrollar la primera opción de manera que los cambios globales los dejamos para el siguiente artículo.

            Desde niños hemos oído la siguiente cantinela: “tienes que estudiar”. Sí, nadie lo niega. Así, muchas personas comienzan con los estudios primarios, la ESO (enseñanza secundaria obligatoria), bachiller. Después, hay que pensar una carrera. Se elige una y cuando el alumno llega al último año de carrera le entra cierta sensación de vértigo: “esto es todo. Y ahora, ¿qué? ¿He tomado el camino adecuado? ¿Voy bien?”. Muchas veces se da el denominado sesgo del resultado, por el cual si encuentro un trabajo de acuerdo a mis expectativas he acertado y si no, no. Y a vivir que son 48 horas.

            Ahora bien, ¿es todo esto correcto? Pues la respuesta es….¡no! ¿Dónde está el fallo? En que nos hemos olvidado de lo más importante: conocernos a nosotros mismos. Y es que ya lo dijo el legendario jugador de baloncesto Larry Bird: ““Un ganador es alguien que reconoce sus talentos dados por Dios, trabaja para convertir esos talentos en habilidades y usa estas habilidades para conquistar sus metas”. ¿Cómo demonios vamos a prosperar si no nos conocemos?

            En el camino para conocernos debemos distinguir entre talento, habilidad, personalidad, intereses y competencias. El talento (genético) es aquello para lo que tenemos más facilidad, por ejemplo pintar. Una vez conocido, se debe practicar. Así se desarrolla una habilidad. La personalidad es nuestra manera de ser, que es a la vez genética y contextual, ya que nuestras vivencias cambiar la personalidad. Nuestros intereses, que es lo que nos gusta, son contextuales, ya que es muy difícil que a un español le guste el cricket o que a un paquistaní le guste la pelota vasca. Teniendo todo claro ya podemos desarrollar competencias, las cuales se adquieren con trabajo y conocimiento. Atención, que aquí está la clave del cambio personal: nuestro talento no puede variar, la personalidad a medias, los intereses todos. Y competencias, podemos adquirir las que queramos. ¿Cómo? ¡A nuestro gusto!

Así ya estamos en nuestra zona óptima personal y profesional, formada por la intersección de las habilidades, personalidades, intereses y competencias. Los expertos reconocen seis tipos de categorías que son: convencional, realista, investigador, artístico, social y emprendedor.

            Bien, querido lector, ahora que ya te conoces ya puedes desarrollar el canvas o  modelo de negocio personal. Es algo sencillo, de la misma forma que una empresa busca beneficios tú también necesitas ingresos para vivir. Y de la misma forma que una empresa se hace un modelo de negocio, tú debes hacer el tuyo propio.

            Para ello debes generar valor. ¿Y qué es eso? Una forma de ayudar a alguien. Si estás en una empresa, el salario te lo pagan debido a que generas al empresario más dinero del que ganas tú (por supuesto, a largo plazo; puede ocurrir que en alguna época puntual no ocurra eso). Pero en un mundo en el que el trabajo es fuente de preocupación continua, para no salirnos del sistema debemos reevaluar los siguientes aspectos personales (recuerda que si trabajas por cuenta ajena tu cliente es tu empresa):

            1.- Recursos personales; quién soy (intereses, competencias, habilidades y personalidad) y qué tengo (conocimientos, experiencias, contactos).

            2.- Actividades clave: lo que puedo hacer en lugar de mis clientes.

            3.- Valor añadido: cómo voy a generar valor a mis clientes.

            4.- Relaciones: el tipo de contacto que voy a tener con mi cliente.

            5.- Clientes: a quién me voy a dirigir (jubilados, ricos o ciertas empresas).

            6.- Canales: cómo me voy a dar a conocer (conocidos, internet o anuncios).

            7.- Asociaciones clave: quien te ayuda.

            8.- Costes: en términos de dinero, tiempo y energía.

            9.- Ingresos: en términos de salario, satisfacción y sensación del deber cumplido.

            En resumen: saber quién eres, qué haces, que ayuda ofreces y cuál es tu propósito personal.

Creo que el objetivo principal de una persona debe ser buscar la armonía entre lo que pensamos, decimos y hacemos equilibrando el querer, el saber y el poder.

Y sí, admito que es más fácil escribirlo que hacerlo.

Pero con una visión es más fácil manejarse en este mundo tan complicado, ¿no?

Ya lo dijo O.Matsumoto: “Apunten a la estrella polar, no al polo norte”.

 

Cambiar el sistema. ¿Es posible un mundo más justo? (oct 13).

            Toca hablar del sistema. ¿Cómo cambiarlo? ¿Cómo podemos hacer un mundo más justo? De forma constante vemos “recetas” de expertos para salir de la crisis pero por muy bien que se hable y se expresa no ha habido ningún cambio radical. Si nos dicen en los cinco años que llevamos de supuesta crisis (que no lo es tal, es un mundo nuevo) que cambio ha habido vemos que no hay nada de nada. ¡Nada! El antiguo presidente francés Nicolás Sarkozy dijo aquello de “vamos a refundar el capitalismo”. Y salvo algunas medidas como el protocolo de Basilea III o la Ley Dodd Frank impulsada en Estados Unidos para mejorar el sistema bancario y proteger más al consumidor han podido tener su utilidad pero se han quedado lejos de lo esperado.

            Entonces, ¿qué? ¿Cómo estamos? Existen cuatro tipos de clases de personas: los “nadies” o “nininis” (ni estudian ni trabajan ni tienen expectativas de ello), los “no me puedo quejar” (virgencita, virgencita que me quede como estoy), los “otro mundo es posible” (pueden estar en cualquier puesto de trabajo, incluso pueden ser políticos: basta con tener una actitud positiva ante lo que nos rodea; y saber que lo que hacemos mejora un poco el mundo) y los “extractivos” (personas que no generan el sueldo que ganan: algunos políticos, algunos consejeros de grandes empresas colocados por amigotes, puestos improductivos que se mantienen debido a que “siempre ha sido así”). Están también los jubilados o las personas con algún tipo de incapacidad pero nadie discute que el Estado (es decir, entre todos) debe proveerlos.

            Además de eso, tenemos otro problema: el conformismo social. Frases como “es lo que hay”, “no roba el que no puede”, “no podemos hacer nada, todo está podrido” son muy comunes y se han propagado entre todos como si fuesen un verdadero virus.

            Por lo tanto, dos cosas están claras. Primero, hay que aumentar la clase “otro mundo es posible”, hay que eliminar la clase “extractiva”, disminuir en la medida de lo posible a los “nininis” y la clase “no me puedo quejar” está más o menos estable. Por desgracia nos han educado para trabajar sin pensar que eso podía ser un motivo de autorrealización personal y eso sí que es difícil de cambiar. Segundo, hay que disminuir el conformismo social.

            Pensemos en la Historia. Los grandes cambios vienen de dos formas: o de arriba abajo en forma de decisiones personales de personas que ocupan puestos relevantes o de abajo arriba, movimientos sociales que van ejerciendo presión (hay muchas formas de ejercerla: las principales son las manifestaciones sociales o la violencia, aunque también están las “pequeñas decisiones”, aquellas que parecen minúsculas pero que si se mueven como un virus cambian el mundo; por ejemplo, el caso de Nike, cuando mucha gente dejó de comprarla debido a las condiciones inhumanas en las que trabajaban muchos niños).

            ¿Se van a eliminar los privilegios los de “arriba” por sí solos? Claro que no, nadie se dispara a sí mismo. ¿Cuándo cedió Mohamed VI parte de sus privilegios? Cuando en plena Primavera Arabe temió por su puesto. Lo mismo ha hecho la Casa Real con su nueva política de transparencia. La bajada de aceptación de la Opinión Pública en la imagen del Rey y su familia nos lleva a medidas que hace años parecían inimaginables.

            No se puede olvidar: sólo se ceden privilegios cuando un puesto se ve, en cierta medida, amenazado. Es la Historia del ser humano y es un permanente juego en el cual se lucha sin cesar.

            ¿Entonces? ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál es la solución?

            La solución viene por dos caminos;

            UNO.- las “pequeñas decisiones”. Realizar las compras con vista; por ejemplo, cuando compramos ropa, ver si parte de la misma se fabrica en lugares en malas condiciones como Bangladesh. Más posibilidades: invertir el dinero con responsabilidad. Saber lo que ocurre e informarse desde diferentes medios, no sólo desde los clásicos. Estar de buen humor. Recordar que un pesimista se queja de todo y que un optimista tiene un proyecto. Todas nuestras decisiones por pequeñas que sean hacen que el mundo sea un lugar diferente. No podemos olvidarlo.

            DOS.-   la “presión hacia arriba”. Esto sí que es difícil, ¿verdad? Sin embargo, hay tres opciones fundamentales. Uno, apoyar alguna ONG es una posibilidad básica. Es ridículo que nos quejemos de lo que ganan los futbolistas cuando aunque nos parezca mentira cuando nos tomamos una cerveza hablando del próximo partido del siglo estamos generando parte de su sueldo. Creo que una persona responsable con el mundo que le rodea y con cierta holgura económica debe hacer algo. Dos. Apoyar los medios que se rebelan contra el sistema. Apoyar las movilizaciones que ayudan a las causas en las que creemos. Ejemplo: en Estados Unidos la presión de parte de la sociedad en los congresistas hace que se debata la posibilidad de separar los bancos en comerciales y de inversión (la antigua ley Glass Steagall). Ese tipo de movimientos son escasos en España. Tres, muy importante: la verdad es que existe alguna plataforma (como www.change.org) donde se realizan peticiones para hacer cambios globales. Estoy seguro de que ese es el futuro. Pero debemos participar más.

            ¿Te apuntas?

Tres ajustes estadísticos y una paradoja (oct 13).

                ¡Ya están aquí los ansiados brotes verdes! El crecimiento se revisa para el año 2.014 y parece que va a subir un 0,7%, el déficit parece ser más bajo del previsto (diez mil millones más, diez mil millones menos no importa, es sólo un pequeño despiste contable, a cualquiera le puede ocurrir, ¿no?), se vuelven a comprar pisos (además según comentan el 70% se pagan al contado, la verdad, eso es una maravilla), fondos de inversión observan buenas oportunidades, las revistas internacionales están tan animadas que dicen  ¡viva España! y nuestro ministro de economía habla de que vamos a ser el nuevo gran mercado europeo. Fenomenal, fenomenal.

            La verdad es que con esta gran cantidad de buenas noticias podríamos a estar dando saltos de alegría, pero, ¿qué ha ocurrido? Nada. ¿Existe más ánimo en las personas? No. ¿Se ven más inversiones? No muchas. Entonces, ¿qué falla? Pues algo fundamental: los indicadores económicos no sirven para expresar cuestiones sociales básicas. Nos bombardean con datos y más datos económicos y vemos debates donde cada tertuliano lleva un montón de cifras. Por supuesto, son las que les interesan ya que respecto a los datos y estudios estadísticos hay que recordar el siguiente dicho: “si torturas a los datos de forma conveniente acaban confesando lo que quieres”.

            Además de todos los desfases el principal y el más dramático es éste: para que crezca la economía no es necesario que todas las personas o un porcentaje muy alto de las mismas esté trabajando. Es más, es posiblemente nos vamos a tener que acostumbrar a vivir con una parte amplia de la sociedad fuera del sistema. Y ese es el mayor problema. ¿Hay debates acerca de eso? Claro que no. ¿Por qué? Es debido a que los dramas personales salen de uno en uno. Cada día hay algún parado más o una pensión menos en una familia que la necesita para sobrevivir. Encima el problema es a medio-largo plazo (muchas personas que viven de sus padres no podrán generarse rentas futuras) y las políticas suelen estar pensadas a corto plazo.

            Entonces, ¿cómo leer los datos económicos? Propongo un ajuste en los tres indicadores principales (PIB, inflación y paro) para que así expresen mejor la realidad social.

 El PIB, producto interior bruto, está formado por la cantidad de bienes y servicios que produce un país. Si dividimos el PIB entre el total de la población tenemos el PIB per cápita, la media por persona. No está mal, pero sería mejor que nos dijesen la renta mediana (si fuese de 1.200 euros quiere decir que el 50% de la población gana 1.200 euros o menos y que el otro 50% gana 1.200 euros o más). Ello es debido a que si una persona se hace multimillonaria y varias van al paro puede que incluso suba la renta media. Sin embargo, bajaría la renta mediana.

            El siguiente indicador importante es la inflación, la subida de precios de un año para otro. Es malo que suba mucho ya que el país pierde competitividad al vender más caro y los ahorros de las personas pierden valor al ser los productos también más caros. Lo que importa aquí es que la inflación se usa para saber si una persona gana o pierde poder adquisitivo: si me suben el sueldo pero los precios suben más mi salario en términos reales bajaría. En definitiva, lo importante no es el salario nominal (dinero). Lo que hay que saber es el salario real (se calcula dividiendo el salario nominal entre el nivel de precios). Por eso cuando el gobierno revaloriza las pensiones debería decir cuál es su subida en términos reales, no en términos nominales.

            Seguimos. La tasa de paro se calcula dividiendo el número de desempleados entre el total de población activa (aquella que desea trabajar). Puede ocurrir que haya más desempleados y sin embargo baje el paro debido a que la población activa disminuye en una proporción mayor, con lo cual esta tasa puede ser engañosa.

            Entonces queda claro lo que nos deberían decir: el PIB en términos medianos (no la media o el PIB global), la subida real (no la nominal) de los diferentes salarios junto con la inflación y el número de personas desempleadas y la población activa (no la tasa de paro). Así los índices económicos se asociarían más a la vida real. Para colmo, otros indicadores como el índice de Gini (que mide la desigualdad en un país y que en España ha subido) o el índice de confianza de los diferentes agentes económicos deberían ser más usados.

            Por desgracia no existen indicadores que midan la ilusión o la alegría de las personas. Recuerdo como en Argentina muchas personas comentaban en pleno corralito que “habían perdido la alegría”. Un paseo por la calle, un diálogo con personas dentro de nuestro microcosmos nos hace ver que, en efecto, estamos perdiendo cierta alegría.

            Y es algunos indicadores económicos están alejados de la vida real y eso nos lleva a la gran paradoja: “para que la economía crezca no hace falta que todas las personas trabajen”.

            No se me ocurre ningún debate más importante que éste.

Reparto de rentas: la economía del 99-1.(sept-13)

            En los tristes casos de maltrato doméstico se detecta un patrón común: la situación va empeorando poco a poco hasta que se llega a un nivel en el cual cosas como recibir insultos o desplantes parecen normales.

            De la misma forma, hay una cuestión que nos parece normal en nuestra economía: el reparto de rentas. ¿Es justo? Es inmediato contestar de forma negativa ya que las desigualdades están aumentando, claro está. Pero lo que aquí interesa es escarbar un poco esta idea con una pregunta semejante a la anterior, esto es: ¿recompensa el mercado de forma eficiente la aportación de cada persona al conjunto de la economía?

            Existen dos reglas económicas que inciden en esta cuestión: la de la mano invisible y la de Pareto. De forma simplificada, la regla de la mano invisible indica que si un mercado cumple ciertas condiciones (competencia perfecta) la asignación de recursos será eficiente. Por otro lado, la regla de Pareto está basado en dos números: 80-20. Quiere decir que el 80% de la población tiene el 20% de la riqueza o al revés, que el 20% de la población tiene el 80% de la riqueza. Lo mismo ocurre en otros aspectos de la vida como el poder político o empresarial.

            Teniendo en cuenta estas reglas, podemos decir que el mercado no recompensa la aportación de cada persona al conjunto de la economía debido a que primero, la competencia perfecta rara vez existe y segundo, la regla de Pareto ha degenerado.

            Vamos a pensar en algunos ejemplos para comprender esta idea:

            Uno.- los actores de cine están sobrevalorados. El que genera valor es el guionista o el director si sabe transmitir de forma correcta una historia a la pantalla. Pero en nuestra cultura se lleva eso de ir a ver una película protagonizada por  algún actor famoso.

            Dos.- los consejeros de administración están sobrevalorados, en especial en empresas con cierta regulación estatal como las energéticas o en los bancos. También lo que cobran los consejeros de grandes medios de comunicación es enorme cuando el mérito es de la historia en sí misma o del periodista que ha realizado una investigación.

            Tres.- el caso de los banqueros es una de las mayores estafas de nuestro tiempo. Pero cuidado: no me refiero al gestor del banco que invierte de forma correcta en negocios rentables. Me refiero a dos cuestiones vergonzosas: uno, que se permita hacer negocio de la nada (el Banco Central Europeo me presta a un tipo de interés y el banco presta a un interés mucho mayor) y dos, que no se pague por errores de gestión que se cubren  con dinero público.

            Cuatro.- los que ganan mucho dinero son los gestores de grandes empresas, no los investigadores o los que generan valor, que están infravalorados. Entiendo, en cierta medida, que Julio Iglesias, Lebron James o Bill Gates ganen mucho dinero ya que lo generan. Pero no entiendo que gane más un gestor de una empresa farmacéutica que un investigador que ha descubierto una pastilla para una enfermedad grave como la malaria.

            Sin duda, el mercado debería recompensar de forma más eficiente a todas estas personas. No lo hace. Y ahora vemos la razón:

            Primero, en muchos casos no existe la competencia perfecta como tal. Los mercados están mucho más regulados de lo que se dice con conexiones político-económicas que llevan a decisiones como implantar un impuesto para las personas que deseaban tener su propia energía eléctrica con paneles solares. Al final dicho impuesto era tan alto que era mejor contratar la electricidad a una compañía. No es de extrañar que los políticos pasen después a esos consejos de administración.

            Segundo, la regla de Pareto ha degenerado hasta llegar a ser la regla del 99-1. Ejemplos sobran: el 1% de los escritores (premios Nobel, escritores de best sellers) se llevan el 99% de los ingresos; lo mismo ocurre con los deportistas (el 1% de la élite se lleva el 99% del dinero), con los empresarios (1% de empresas, 99% de ingresos) o con los políticos (el 1% toma el 99% de las decisiones relevantes).

            Hay quien piensa que existe un uno por ciento o un uno por mil de personas que toma las decisiones que competen al mundo. Se reúnen todos los años en Davos, Suiza, en el Foro Económico Mundial.

            Quizás sea cierto que nos mandan, no lo sé. Pero de todo lo que hacen y dicen hay una cosa que no deja de asombrarme: nos han convencido de que el reparto de rentas (en especial las suyas) es  razonablemente justo y merecido. Y no me extraña ya que como afirmaba Lloyd Bankfein, consejero delegado de Goldman Sachs: “nosotros hacemos el trabajo de Dios”.

            ¿Se creerá lo que dice?

De Gran Recesión a Gran Retroceso (sept-13).

            El 15 de septiembre se cumplió el quinto aniversario de la caída de Lehman Brothers, fecha que ha quedado marcada como referencia del inicio de la “Gran Recesión”. Es peligroso indicar fechas cuando todavía estamos inmersos en una crisis y los adivinos, junto con los economistas, no se ponen de acuerdo en cuándo podemos salir de la misma. Se oyen “expertos” que vaticinan la salida de la crisis en el año 2.018, otros que dicen que ya hay brotes verdes para comienzos del año 2.014, otros dan otras fechas. Para valorar estas noticias no debemos olvidar dos cosas:

            Primero, hace tiempo todas las previsiones económicas eran a corto plazo. Había tantas  que alguien tenía que acertar. Ese salía en la televisión y en los periódicos. Ahora se dan más las previsiones a largo plazo. La estrategia es sencilla, si quien lo ha dicho acierta, seguro que lo recuerda: “yo ya lo dije”. Si falla, tiene la ventaja de que ya ha pasado tanto tiempo que nadie va a recordar sus predicciones. Respecto a este tema, ya nos advirtió John K.Galbraith que “hay dos tipos de economistas, los que no saben nada y los que no saben que no saben nada”. El tipo de estudios realizado en este contexto, que es la econometría, es muy útil para saber las razones por las cuales el pasado ha sido como fue y para intuir como puede ser el futuro si las condiciones iniciales no cambian. Pero está claro que siempre cambian.

             Segundo, el tema de los brotes verdes, género creado por un antiguo ministro del Premier Británico John Major, es un pequeño espejismo. Sí, es verdad que están mejorando varios indicadores económicos. Pero si pasamos de un paro del 10% a otro del 25% y luego gracias a un ligero crecimiento económico nos quedamos en un 21% tampoco hacemos mucho.

             Merece la pena recordar  como se calcula la tasa de desempleo. Usamos como referencia para calcular el paro la denominada población activa, formada por personas que están en edad de trabajar y que desean hacerlo. La manera de indicar que una persona desea trabajar es apuntarse a las listas de paro cuando no está empleada. Así tenemos la población activa: los que trabajan, que ya están registrados por sus empresas, y los que no lo hacen, que están registrados en las listas del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal). Dividiendo los que no trabajan entre el total tenemos la tasa de paro. A veces el registro de aquellos que no están trabajando puede bajar por dos razones: o bien las personas emigran o bien como no están cobrando ninguna prestación se desaniman y no se preocupan de apuntarse en las listas. Supongamos que tenemos una economía de 100 personas, de las cuales 25 están en paro, y 75 trabajan. La tasa de paro es del 25%.

                Si de las personas que están en paro emigran o no se apuntan en el registro 10 quedan 15 paradas con una población activa de 90 personas. Si de las 75 que trabajaban despiden a dos quedan 73 empleadas. Tenemos entonces una economía en la que hay 90 personas, de las que trabajan 73 y no lo hacen 17 (las 15 paradas de antes más las dos que han despedido). La tasa de paro sería 17/90, es decir, el 18,88%. Vamos, ahora hay menos personas trabajando que antes (han pasado de 75 a 73) y sin embargo ¡el desempleo ha disminuido! Una estadística de paro nunca será completa, nunca, si sólo es una división. Deberían darnos la evolución de dos datos: la del número de personas desempleadas y la de la población activa. Sin embargo prestamos más atención al cociente. Y no, no puede ser.

                    Más. En economía existe la denominada “tasa de desempleo natural” que consiste en evaluar para un país cuál sería el desempleo razonable teniendo en cuenta su territorio, sus habitantes y su capital. Por supuesto, es una tasa intuitiva, ya que es imposible conocer su valor con exactitud. Sin embargo, es muy útil por una razón: sirve para saber si una economía está desarrollando o no todo su potencial. Antes de estallar la crisis la tasa natural de desempleo en España podría estar en una horquilla entre el 8 y el 10%. Está claro que por muchos brotes verdes que haya esta tasa de desempleo natural ha subido, quizás entre el 19 y el 21%. Sí, puede bajar algo el desempleo en el futuro. Pero esta “tasa de desempleo natural” va a quedar en unos niveles sociales absolutamente inaceptables. ¿Se ha tomado alguna medida para mejorar esta tasa a largo plazo, que es lo que importa? Que yo sepa, no.

                     Han pasado 5 años. ¿Qué ha ocurrido? Los grandes bancos han aumentado su poder, ya que son “demasiado grandes para caer” (hay 29 bancos de este estilo en el mundo; en esta lista está incluido el Santander). La prometida “refundación del capitalismo” ha beneficiado a las clases más altas. No dejan de perderse más y más derechos sociales. Las desigualdades están aumentando. Los paraísos fiscales son refugio de grandes empresas y grandes fortunas. En definitiva, el mundo está empeorando.

                  Y es que nos han estafado hasta en el nombre. Esta época no debería llamarse la “Gran Recesión”. Debería llamarse el “Gran Retroceso”. ¿Cuál es la diferencia? La recesión incluye vuelta al estatus anterior. Retroceso, sin embargo, no.

El oxímoron y el pleonasmo como instrumentos manipuladores (ag-13).

                Un oxímoron consiste en usar una expresión contradictoria para dar una idea nueva. Un ejemplo sencillo se dio después de la muerte de  Osama Bin Laden, cuando los norteamericanos dijeron que “lo habían enterrado bajo el agua”. La contradicción está en que los entierros son, por definición, debajo de la tierra. Existen muchas personas que consideran la expresión “banca ética” como un oxímoron, ya que por definición un banco no podría ser ético. Lo contrario del oxímoron es el pleonasmo, que consiste en una expresión en la que aparecen dos o más términos redundantes. Siguiendo con el ejemplo anterior, un pleonasmo sería que “lo habían enterrado bajo la tierra”. Mi pleonasmo favorito es “totalmente gratis” ya que si algo es gratis se supone que lo es todo ello, no sólo una parte.

            Los problemas aparecen cuando estos conceptos se usan como instrumentos de manipulación. Así, dicen una cosa y en realidad son la contraria (oxímoron) o dicen una cosa y la refuerzan (pleonasmo, aunque se usa mucho menos). Veamos los más usados.

            Democracia: quiere decir “gobierno del pueblo”. Es bien conocida la expresión de que Churchill de que la democracia es la mejor forma de gobierno excluidas todas las demás. Ahora bien, ¿vivimos en democracia? Claro que no. Es verdad que en otros países la democracia funciona mucho mejor que en España: recientemente el Parlamento Británico rechazó la entrada en la guerra incivil de Siria debido a que cada diputado vota en conciencia sin someterse a la disciplina de partido. Pero todos sabemos que en general se gobierna beneficiando más a ciertos grupos de interés. Recuerdo en tiempos de Manuel Fraga la anécdota que contaba un diputado de su partido. Al ver entrar a Fraga en un restaurante fue directamente a saludarlo. Como se dice vulgarmente, a hacerle la pelota. La razón, obvia: el diputado se debe al aparato de partido, no a sus votantes.

            Participaciones preferentes: tristemente conocidas por todos, en su nombre lleva la trampa. Deberían haberse llamado “bonos de deuda ultrasubordinada” que realmente es lo que eran. Pero con ese nombre las ventas hubiesen sido mucho menores. Normal. La palabra “preferente” es muy atractiva.

            Ley de Transparencia: oculta mucho más de lo que ofrece. Jamás entenderé, jamás, las razones por las cuales las obras (aeropuertos, pabellones, autopistas) que salen con un presupuesto luego siempre aumentan un 150% o más sin saber las razones. Nos hemos quedado tan felices y no le damos más vueltas, cuando debería ser conocido el movimiento de dinero público  para saber las razones por las que se producen  diferentes desviaciones presupuestarias.

            Indemnización de sueldo diferida en el tiempo: es otra de mis favoritas. Cuesta comprender como personas supuestamente inteligentes pueden hablar así a los demás sin reírse.

            Subida de impuestos temporal: ejemplo de pleonasmo. Todas las subidas de impuestos son, por definición, temporales ya que no existe ningún impuesto de por vida. Pero la palabra “temporal” suaviza dicha subida.

            Ley de emprendimiento: no me la he leído pero muchos expertos dicen que no ha cubierto las expectativas. Es verdad que por mucha ley que haya hasta que no haya facilidades de financiación para las empresas las mejoras serán muy difíciles. Además se crea el triste efecto de la “ventanilla única” como una ventana más.

              Comisión de investigación: también es conocido el dicho a partir del cual si quieres ocultar algo crea una comisión de investigación para ello. Una vez más, el efecto de la comisión (que suele ser dilatar la investigación en el tiempo) es contrario a lo que se pretende.

               El gobierno está haciendo todo lo que está en su mano para resolver este problema: suele querer decir que no está haciendo casi nada.

                La contradicción puede estar en el nombre de la institución misma: el Tribunal de Cuentas, muy politizado, llega a dar su veredicto cuando el hecho imponible está prescrito. La CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores) ha fracasado en la evaluación de diferentes productos financieros. Senado viene de senil, anciano. Los romanos lo usaban para consultar diferentes problemas a sus mayores. Hoy se usa para premiar carreras en un partido o para aforar a los políticos con pasado dudoso.

                 Por supuesto, existen otras aplicaciones fuera de la política: las redes sociales (entiendo que no lo son ya que no generan más relaciones sociales), productos naturales (es un pleonasmo: todo es natural ya que de una forma u otra viene de la tierra), economía del conocimiento o crecimiento sostenible (oxímoron ya que se dice que si alguien cree que en una economía de recursos finitos podemos crecer de forma ilimitada o está loco o es economista).

Sí. Muchas veces las palabras no son lo que parecen.

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